La plantación y la restauración forestal: cuando la protección del bosque ya no alcanza

Alejandro Dezzotti, del Departamento de Ecología Sede San Martín de los Andes, de la Universidad Nacional del Comahue, reflexiona sobre una temática de vigencia global en la Década de la Restauración de los Ecosistema. “La restauración forestal es parte de un conjunto amplio de prácticas. Sin embargo, la protección de los ecosistemas es fundamental, desde la ética ambiental, la conservación del patrimonio natural y cultural del mundo, y el sostenimiento del flujo de elementos materiales e inmateriales esenciales para el bienestar humano”, remarca el investigador.

 

RÍO NEGRO (19/11/2021).- El bosque tiene atributos singulares determinados por los del componente dominante, los árboles, que son organismos longevos de crecimiento lento y con un ciclo de vida que puede extenderse a lo largo de varios siglos. Este ecosistema tiene una historia de manejo que narra la forma cambiante de resolver éstas y otras particularidades, las cuales se relacionan con la competencia con la agricultura y el uso múltiple.

El manejo forestal representa esencialmente la interacción entre la necesidad de regular el bosque para abordar estos temas y las limitaciones inherentes a su manipulación. El concepto moderno de manejo, cuyo origen se puede encontrar en el libro “Silvicultura económica” de H. C. von Carlowitz (1713), se expresa en términos que tratan estos aspectos. Sin embargo, la idea básica de obtener no más de lo que el bosque puede volver a proveer, dentro de un determinado período de tiempo, proviene de la agricultura.

Aunque la agricultura y la silvicultura son inter-dependientes, el aumento de la superficie para producir más alimento destinado a una población humana siempre creciente es la principal causa histórica directa de la deforestación. Alrededor de la mitad del área habitable del planeta se utiliza para la agricultura.

Paralelamente, 1/3 de la superficie de bosque que había hace 10.000 años ya no existe más, la mitad de esa proporción se perdió durante los últimos 100 años y la pérdida neta anual se estima en más de 7 millones de hectáreas. Una infinidad de otros factores de presión directos, tales como la tala, los incendios y el pastoreo, y subyacentes, como la pobreza rural, que interactúan y conforman un clima cultural complejo, también provocan la degradación y destrucción del paisaje forestal.

Este proceso es otra expresión de la Gran Aceleración, un concepto que representa el aumento intenso y continuo de un conjunto amplio de indicadores de la actividad humana (e.g., tamaño poblacional, consumo de agua y fertilizantes, concentración atmosférica de gases de efecto invernadero, acidificación oceánica, declinación de las pesquerías), que ocurre ininterrumpidamente desde mediados del siglo XX.

La narrativa paralela a la destrucción forestal es el surgimiento de la plantación y la restauración del bosque, como parte de un enfoque científico que intenta remediar el potencial de colapso ecológico, social y económico que está innegablemente asociado a este fenómeno.

Bosque de Nothofagus pumilio y Araucaria araucana degradado por la tala rasa en el noroeste de Neuquén (fotografía A. Dezzotti)

Plantar árboles

Plantar árboles es una actividad recurrente en la historia de la humanidad, que comenzó hace más de 10000 años. El hallazgo arqueobotánico de higos subfosilizados provenientes de alrededor de 9300 a.C. en el Valle del Jordán, en Oriente Medio, indicaría que el cultivo de la higuera (Ficus carica) se practicó ampliamente y con anterioridad a la domesticación de cereales y legumbres. El hecho que estos frutos partenocárpicos (es decir, sin semillas) y que procedieran de individuos estériles, sugiere que la plantación fue intencionada.

Estos higos, almacenados junto con otras plantas silvestres como la cebada (Hordeum spontaneum), la avena (Avena sterilis) y el roble (Quercus ithaburensis), muestran que la estrategia de estos agricultores del Neolítico era la recolección de plantas y frutos en proceso de domesticación. El olivo (Olea europea) fue otro árbol seleccionado y plantado tempranamente en las costas de Siria y Anatolia desde alrededor de 4000 a.C. Posteriormente, esta especie fue trasladada a la región mediterránea oriental donde, por ejemplo, en Grecia su cultivo fue conocido en el 3000 a.C.

Ejemplares muertos de Nothofagus antarctica debido al fuego y el pastoreo en el noroeste de Neuquén (fotografía A. Dezzotti)

El sistema de uso de la tierra que integra hierbas, árboles y animales se practicó durante miles de años, y fue un elemento clave del paisaje tradicional en las regiones tropicales y templadas de todo el mundo. Las primeras etapas de la historia agrícola estuvieron dominadas por el cultivo migratorio, que mantenía una estrecha conectividad espacial y temporal entre la agricultura, la ganadería y la silvicultura.

Esto se transformó en sistemas más asentados que incluían el pastoreo en el bosque y la transferencia de fertilidad al cultivo a través del fertilizante de origen animal. El deseo de plantar árboles para obtener madera es probablemente más reciente; existen registros escritos de plantación de sauces (Salix), álamos (Populus) y pinos (Pinus) con propósitos constructivos en la Grecia Antigua de hace más de 2000 años. La motivación para plantar árboles siempre es variada, pero tiene consecuencias evidentes en la obtención de resultados exitosos.

Restaurar el bosque

La plantación de árboles nativos suele considerarse una actividad equivalente a la restauración forestal. Sin embargo, ambas son diferentes, aunque la primera puede ser una parte clave de la segunda. La restauración forestal es una tarea deliberada que involucra el diseño, la planificación y la implementación de actividades de largo plazo, que contribuyen a la recuperación estructural y funcional de un paisaje forestal degradado o destruido, utilizando como referencia un ecosistema natural compuesto por árboles nativos. Este modelo de referencia es el objetivo que se pretende alcanzar, y cuyas características se derivan de fuentes variadas de información histórica y actual. Pero al mismo tiempo, el modelo puede implicar ajustes que representan los eventuales cambios ocurridos o predichos en las condiciones físicas y bióticas. De tal modo que un modelo apropiado para la restauración forestal se basa en la conceptualización de la comunidad como un sistema dinámico.

La restauración se basa esencialmente en plantar árboles, la denominada “restauración activa”, o promover su establecimiento y desarrollo, la denominada ” restauración pasiva”. La elección de la estrategia depende de la intensidad y extensión de la degradación, el potencial de recuperación espontánea, los recursos disponibles, el marco legal y las características locales. La plantación extensiva, o en pequeños agrupamientos que mejoran la regeneración y reducen el costo de plantación, son las formas más eficientes de establecer árboles en áreas intensamente degradadas y donde la regeneración natural es más lenta que la deseada.

La siembra o plantación de arbustos intolerantes a la sombra, que pueden actuar como “plantas nodriza” para facilitar la regeneración arbórea durante la sucesión, puede ser una estrategia eficiente en sitios donde los árboles nativos tienen la capacidad de rebrotar o colonizar rápidamente. La promoción de la regeneración natural, a través de la protección física del área y los renovales contra la herbivoría y el pisoteo, y el control de plantas competitivas, es la forma más adecuada de aumentar la superficie arbórea en sitios con fuentes cercanas de semilla y uso de la tierra menos intensivo.

Plantación de Nothofagus pumilio en un bosque natural del noroeste de Neuquén (fotografía A. Dezzotti)

Observar principios básicos

La plantación de árboles nativos a menudo se considera como el punto final de una iniciativa que consiste, básicamente, en cavar un pozo y colocar una plántula. Sin embargo, esta visión ingenua y de corto plazo ha resultado en proyectos de restauración forestal que han fracasado por completo. La plantación debe considerarse no como un fin en sí mismo, sino como parte de un proceso multidisciplinario que permite lograr objetivos de restauración claramente especificados.

Este proceso permite tener en cuenta los riesgos y las compensaciones de cualquier iniciativa, sobre todo teniendo en cuenta que la plantación no es intrínsecamente buena: puede tener consecuencias negativas no deseadas a múltiples escalas (e.g., reducción de las tierras de cultivo y desplazamiento del uso agrícola a otras áreas).

Los principios y reglas básicas que mejoran el desempeño de los proyectos de restauración forestal, desarrollados a partir del resultado de diferentes iniciativas, son:

–      Implementar proyectos de largo plazo y escala espacial mayor, particularmente la de paisaje, que representa el mosaico de unidades interactuantes con diferente valor, uso y tenencia

–      Implementar un enfoque adaptativo para que los resultados de las diferentes acciones permitan llevar a cabo correcciones y ajustes

–      Utilizar una variedad de perspectivas y herramientas basadas en el conocimiento científico y tradicional, y adaptadas al contexto ecológico y socioeconómico local

–      Establecer indicadores que permitan medir el desempeño de las diferentes etapas del proyecto

–      Identificar y eliminar o limitar las fuentes directas e indirectas de degradación forestal

–      Priorizar la protección, restauración y expansión del bosque natural primario y secundario existente

–      Involucrar a todas las partes a través de la gestión participativa, que permite, entre otras cosas, identificar la compatibilidad de los diferentes intereses

–      Atender las múltiples funciones ecológicas, sociales y económicas del bosque

–      Identificar las estrategias y los sitios más apropiados de restauración para lograr los diferentes objetivos

–      Diseñar un mosaico que incluya unidades de restauración en las áreas donde el medio de vida de la población local depende de un paisaje alterado

–      Priorizar la restauración de la diversidad, porque facilita el logro de otros beneficios ambientales y socioeconómicos

–      Determinar qué especies plantar en función de la disponibilidad y el conocimiento sobre el crecimiento, la sobrevivencia, el ciclo de vida, el comportamiento ecológico, el valor de conservación, y el uso económico y cultural

–      Priorizar la plantación de una mezcla de especies nativas durante la restauración de bosques mixtos

–      Obtener semillas o plántulas con variabilidad genética y procedencia adecuadas para maximizar la resiliencia ecológica, que representa la capacidad del ecosistema de recuperarse luego de un disturbio

–      Generar ingresos económicos para las diferentes partes, por ejemplo, a través de la comercialización de productos forestales madereros y no madereros y el ecoturismo; la sustentabilidad del proyecto puede depender de que estos ingresos superen los de los usos de la tierra alternativos

Regeneración natural de Austrocedrus chilensis en un área alambrada contra la herbivoría en el sur de Neuquén (fotografía A. Dezzotti)

Conservar es necesario

En muchas regiones del mundo, la pérdida de bosque continúa sostenidamente y, al mismo tiempo, la presión para que continúe proveyendo bienes y servicios ambientales y socioeconómicos ha alcanzado niveles insostenibles. ¿Es posible conciliar la demanda creciente por el bosque y la preservación del que aún persiste?, ¿sólo subsistirá el bosque que se encuentra en el área menos apta para la agricultura?

La restauración forestal es parte de un conjunto amplio de prácticas (e.g., recuperación, rehabilitación, revegetación, remediación), diseñadas para intentar resolver estos dilemas. Sin embargo, la protección de los ecosistemas forestales es fundamental, desde la ética ambiental, la conservación del patrimonio natural y cultural del mundo, y el sostenimiento del flujo de elementos materiales e inmateriales esenciales para el bienestar humano.

Además, el bosque remanente proporciona el material biológico y el modelo de funcionamiento destinados a la restauración. Lamentablemente, la protección por sí sola ya es insuficiente. Se debe asegurar una ganancia neta en la extensión y el funcionamiento de los ecosistemas forestales, invirtiendo además en la reparación ambiental.

 

 

Este artículo forma parte del espacio mensual de la REDFOR.ar, en ArgentinaForestal.com, que busca divulgar y generar debate sobre la problemática forestal del país. Las opiniones pertenecen a los autores.

 

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *