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Del bosque a la funga: el desafío pendiente de la política forestal en Misiones

En los últimos años, en Misiones ha registrado un crecimiento sin precedentes en el interés institucional, científico y productivo en torno a su biodiversidad fúngica. Este fenómeno, traccionado por políticas emergentes de organismos provinciales y renovadas investigaciones académicas, abre un horizonte de oportunidades para el manejo forestal sostenible y la bioeconomía regional. Sin embargo, este impulso técnico aún encuentra un limitante estructural: la falta de una integración sistemática de la funga dentro de los marcos regulatorios y las políticas públicas del sector foresto-ambiental, señala en su artículo de opinión Santiago Andrés Martínez, Técnico Agrónomo con orientación forestal, estudiante avanzado de Ingeniería Forestal (UNaM) e investigador en biodiversidad y dinámica poblacional fúngica.

 

MISIONES (Mayo 2026)..- En el presente artículo de opinión técnica, el autor  Samtiago Andrés Martinez (*) propone una reflexión analítica sobre la urgencia de acortar la brecha entre el conocimiento científico y la legislación vigente. A través de un abordaje que conecta la conservación biológica, el aprovechamiento sustentable de los recursos no maderables del bosque y el desarrollo de nuevos modelos de base biológica, se examinan los vacíos normativos actuales y los desafíos estratégicos necesarios para consolidar a la funga misionera como un activo clave del patrimonio natural y productivo de la provincia.

Durante muchos años, cuando se hablaba de recursos forestales, la discusión giraba principalmente en torno a la madera, las plantaciones y la industria. Sin embargo, los bosques son mucho más que árboles. Son sistemas complejos donde interactúan flora, fauna y también la funga, un componente históricamente invisibilizado dentro de las políticas ambientales y forestales.

En Misiones, esta situación comenzó a cambiar lentamente en los últimos años. Jornadas de micología, salidas de campo, capacitaciones, investigaciones científicas y nuevas iniciativas institucionales muestran que el interés por los hongos ya no pertenece únicamente al ámbito académico. La funga empezó a ocupar espacios en la discusión productiva, ambiental y social de la provincia.

Pero este proceso no surgió de un día para el otro.

Desde distintos espacios académicos y científicos, particularmente vinculados a la Facultad de Ciencias Forestales, se vienen desarrollando investigaciones relacionadas con biodiversidad fúngica, dinámica poblacional, abundancia de especies, potencial productivo y aprovechamiento sustentable de hongos asociados a sistemas forestales de Misiones.

Durante años, gran parte de ese trabajo avanzó silenciosamente, casi como el propio micelio dentro del bosque: poco visible, pero fundamental para sostener procesos ecológicos y generar conocimiento.

Hoy, ese conocimiento comienza a reflejarse en políticas públicas concretas. La creación de programas provinciales vinculados a la investigación y promoción de hongos medicinales y comestibles, junto con la articulación de actores institucionales como el IMiBio, evidencia que Misiones probablemente sea una de las provincias argentinas con mayor desarrollo emergente en materia micológica.

Sin embargo, el crecimiento de la actividad también deja expuesto un problema importante: la política pública comenzó a avanzar más rápido que la integración de la funga dentro del derecho y la política forestal tradicional.

Históricamente, el derecho forestal argentino se construyó alrededor del aprovechamiento maderero y, posteriormente, de algunos productos forestales no maderables. Pero los hongos casi nunca fueron incorporados explícitamente dentro de la planificación forestal, a pesar de su enorme importancia ecológica y de su creciente potencial productivo.

Y justamente ahí aparece uno de los mayores desafíos actuales.

La funga nativa cumple funciones fundamentales dentro de los ecosistemas forestales:

  • ·        participa en el reciclado de nutrientes,
  • ·        interviene en procesos de descomposición,
  • ·        contribuye al equilibrio ecológico,
  • ·        y mantiene relaciones complejas con numerosas especies vegetales.

A pesar de esto, históricamente quedó relegada dentro de las estrategias de conservación y manejo.

A su vez, la protección de Rickiella edulis representa un antecedente muy importante para el país y particularmente para Misiones, al tratarse de uno de los primeros hongos reconocidos legalmente dentro de instrumentos de conservación.

Más allá de su valor simbólico, este tipo de medidas muestran que la funga comienza lentamente a ser considerada como parte del patrimonio biológico que necesita manejo y protección específica.

Pero al mismo tiempo, la provincia también presenta escenarios productivos emergentes vinculados al aprovechamiento foresto-fúngico.

Uno de los casos más conocidos es el de especies ectomicorrícicas introducidas como Lactarius deliciosus y especies del género Suillus, asociadas principalmente a plantaciones de Pinus spp. Estas especies dependen directamente de la relación simbiótica con los pinares, por lo que su presencia se encuentra fuertemente condicionada por los sistemas silvícolas implantados.

Hasta el momento, no existen evidencias claras de comportamiento invasivo agresivo ni desplazamiento significativo de especies nativas en la provincia, lo que permite pensar su aprovechamiento como una alternativa complementaria dentro de sistemas forestales ya establecidos.

De esta manera, los hongos asociados a plantaciones forestales podrían interpretarse como productos forestales no maderables capaces de agregar valor económico al manejo forestal sin modificar el uso del suelo ni generar nuevas presiones sobre el bosque nativo.

A su vez, el cultivo de hongos saprofíticos utilizando residuos forestoindustriales abre otra posibilidad interesante para Misiones. Aserrín, virutas y otros subproductos generados por aserraderos podrían transformarse en sustratos para la producción de hongos comestibles, incorporando conceptos de economía circular y bioeconomía forestal dentro de una actividad que actualmente continúa en desarrollo.

Sin embargo, pese al crecimiento institucional y productivo de la temática, todavía persisten importantes vacíos regulatorios:

  • ·        ausencia de integración explícita de la funga dentro de la política forestal,
  • ·        falta de criterios técnicos de manejo,
  • ·        escasa regulación sobre recolección silvestre,
  • ·        limitaciones en el monitoreo de poblaciones nativas,
  • ·        y superposición de competencias entre distintos organismos.

Mientras algunas regiones europeas ya integran el aprovechamiento micológico dentro de sus esquemas de gestión forestal, en Argentina el tema todavía se encuentra en una etapa inicial de construcción institucional y normativa.

Tal vez el verdadero desafío no consista únicamente en producir más madera, sino también en aprender a gestionar de manera integral todos los recursos biológicos que forman parte del ecosistema forestal.

Y dentro de esa discusión, la funga empieza lentamente a ocupar un lugar que durante mucho tiempo permaneció oculto bajo la superficie.

 

(*) Autor: 

Santiago Andrés Martínez, Técnico Agrónomo con orientación forestal, estudiante avanzado de Ingeniería Forestal (UNaM) e investigador en biodiversidad y dinámica poblacional fúngica..

 

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