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¿El caso Linor es el espejo de la cultura empresarial maderera misionera? El drama de Azara que expone el retraso del «trabajo decente»

Mientras el sector foresto-industrial a nivel nacional se jacta de su modernización y exigencias internacionales, el cierre intempestivo de un histórico aserradero deja a más de 130 familias en el desamparo absoluto. Un escenario de explotación, informalidad y destrato que otras firmas utilizan como “disciplinamiento” ante los reclamos salariales, denunció el gremio.

 

Por Patricia Escobar

@argentinaforest

Entrevista con Agustín Báez, secretario general del Sindicato de Obreros de la Industria de la Madera de Posadas en el programa Arriba Misiones, de MisionesonlineTV

MISIONES (28/5/2026).- El sector foresto-industrial y de la madera en Misiones ha sido históricamente uno de los eslabones productivos más complejos del país. Diversas tesis de universidades latinoamericanas e informes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) reflejan una transición tensionada entre las prácticas tradicionales de explotación laboral y la modernización hacia el denominado «trabajo decente». Sin embargo, la realidad actual de la provincia demuestra que este proceso de evolución está lejos de ser uniforme.

La crudeza de esta brecha estructural quedó expuesta en el pequeño municipio de Azara con la quiebra y el colapso del aserradero Linor SRL, reconocida fabricante de pallets en el NEA. Más de 130 operarios formales -y otra veintena que sobrevivía en la informalidad absoluta- quedaron en la calle tras más de tres décadas de actividad continua.

Lejos de cumplir con los canales legales, el propietario, Juan Carlos Lorenzo, optó por esconderse, interrumpir la comunicación y evadir los procesos de notificación y despidos que dicta la Ley.

Con el asesoramiento legal del Sindicato de Obreros de Industrias de la Madera de Posadas y USIMRA, iniciaron el correspondiente proceso judicial para reclamar por sus derechos laborales e indemnizaciones correspondientes.

El caso conmueve a la sociedad por lo inhumano del trato hacia trabajadores que, en muchos casos, superan los 25 años de antigüedad en la firma. Arrastran más de un año de conflicto, explotación, pagos en cuotas en sus haberes, entre otros beneficios que no percibían en tiempo y forma, pero siempre cumplieron con los turnos asignados y producción solicitada.

El fantasma del disciplinamiento

Mientras se esperaba que este sea un hecho aislado repudiado por el sector, fuentes gremiales advierten que propietarios de otros aserraderos de la provincia están utilizando la quiebra de Linor como un «espejo de advertencia» o factor de disciplinamiento.

Desde el gremio sostienen que “el caso se expone ante los obreros como el ejemplo directo de lo que les puede suceder si avanzan con reclamos de mejoras salariales, realmente indignante”, expresan.

La explotación sobre el operario maderero y la informalidad en el sector son ejes de permanente denuncia pública por parte de los gremios del sector como UATRE en el caso rural y el Sindicato de Obreros de la Industria de la Madera adherido a USIMRA.

Investigaciones de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM) y la Fundación Mediterránea demuestran que las fases primarias de la cadena (tala, extracción y transporte) arrastran elevados índices de precariedad en el NEA, detectándose aún campamentos forestales que carecen de agua potable, conectividad y condiciones básicas de higiene.

A esto se suma la ingeniería de la tercerización. Un estudio publicado en la revista Salud Colectiva (2018) detalló cómo las grandes corporaciones forestales de Misiones, Corrientes y Entre Ríos subcontratan a PyMEs o contratistas locales. Esta dinámica diluye la responsabilidad empresarial directa y fragmenta la representación sindical, propiciando salarios de subsistencia.

Es un área marginal tan crítica que organismos como el RENATRE mantienen mesas técnicas activas para detectar indicios de trabajo forzoso y erradicar el trabajo infantil en la región.

Cultura empresarial obsoleta y trabajo de riesgo

Misiones combina gigantes productivos de estándar internacional con un vasto ecosistema de microaserraderos rezagados. En industrias de pequeños y medianos empresarios subsiste una cultura organizativa orientada a la informalidad técnica, donde conviven procesos artesanales con maquinaria pesada sin las debidas salvaguardas.

Linor SRL operó bajo esta matriz: en treinta años de actividad, nunca trasladó a sus trabajadores las mejoras de infraestructura ni los espacios de trabajo seguros que por derecho correspondían. Hoy, la empresa arrastra una deuda millonaria con la obra social de sus empleados, dejándolos sin cobertura médica en una de las actividades con mayor tasa de siniestralidad del país.

Según la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), la industria maderera es críticamente peligrosa debido al uso de motosierras, sierras circulares y el riesgo de aplastamiento por caída de troncos. Asimismo, tesis de grado en Higiene y Seguridad Laboral de la Universidad Siglo 21 y la UNaM alertan sobre los daños crónicos invisibles: la exposición constante al polvo de madera (aserrín en suspensión) —clasificado como carcinógeno por la OMS—, las afecciones respiratorias, la dermatitis y la severa fatiga física por jornadas prolongadas sin pausas activas.

El contraste con el discurso de la sustentabilidad

El drama de Azara con Linor, al igual que la paralización de Forestadora Tapebicua en Virasoro (Corrientes) son dos ejemplos que chocan de frente con el relato de un sector que se jacta de ser el principal motor del empleo verde en la provincia y de una actividad sostenible.

Es real que el tránsito hacia un modelo sostenible avanza en la región traccionado por el mercado internacional: la adopción de Certificaciones Internacionales como FSC y PEFC obliga a las firmas exportadoras a cumplir con el «Principio 5» sobre derechos de los trabajadores, provisión de Equipos de Protección Individual (EPI) y libertad sindical para poder vender a la Unión Europea.

Por su parte, el Estado provincial ejecuta políticas de asistencia subsidiando programas de capacitación en Centros Tecnológicos de la Madera. El enfoque estatal sostiene que un operario calificado deja de ser «invisibilizado», forzando a la PyME a blanquearlo para sostener la productividad.

Asimismo, se articula con la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA) para certificar competencias laborales.

Sin embargo, el piso de informalidad estructural sigue siendo el gran talón de Aquiles de la provincia. Aunque la actividad primaria creció aceleradamente desde mediados de los 2000 bajo regímenes de promoción fiscal, las estimaciones gremiales señalan que en los municipios del interior la informalidad en los aserraderos periféricos se ha mantenido históricamente en niveles superiores al 50% y 60%.

El intempestivo cierre de Linor, sintetizado en el frío «no hay plata» de su dueño, demuestra que bajo la corteza de la competitividad forestal misionera, todavía laten las formas más arcaicas de la precarización humana.

 

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