Desarrollo sostenible | La foresto-industria, su aporte a la economía circular y carbono neutralidad

En este contexto de urgencia en la agenda global, la Lic. Claudia Peirano de la Asociación Forestal Argentina (AFoA) presenta en este artículo los aportes del sector forestal y foresto-industrial en los Objetivos de Desarrollo Sostenible al 2030, tanto en lo que se refiere a contribuir a una economía circular como a la descarbonización de la economía de una manera sostenible e inclusiva. Y detalla cuáles son las condiciones habilitantes para lograr una expansión forestal sostenible en el país.

 

BUENOS AIRES (12/8/2022).- El sector foresto-industrial de Argentina tiene el potencial de crecer bajo el paradigma de economía circular y aportar en forma responsable en la agenda de sostenibilidad y carbono neutralidad.

Mientras que las plantaciones de árboles colaboran en la mitigación, el uso de la madera en sus múltiples aplicaciones permite el almacenamiento del carbono y la sustitución de productos no renovables e intensivos en Gases de Efecto Invernadero (GEI) al mismo tiempo que se crea valor, empleo y resuelven necesidades de las personas.

El sistema de producción y consumo actual está sobre-utilizando los recursos globales y las pérdidas en biodiversidad, impacto en el agua, en el suelo y en el clima son insostenibles.

De acuerdo con la UE, el consumo mundial de materias como la biomasa, los combustibles fósiles, los metales y los minerales se duplicarán en los próximos cuarenta años y la generación anual de residuos se incrementará en un 70 % de aquí a 2050.

De mantenerse la tendencia actual de producción y consumo, se estima que se necesitarán los recursos de tres planetas para el año 2050. Por ello, para revertir esta tendencia, se está impulsando revisar los sistemas lineales de producción actuales y el concepto de economía circular se está imponiendo como paradigma y método para lograr sistemas de producción y de consumo más sostenibles.

 

Economía circular

La Economía Circular comprende no solo gestionar el ciclo de vida de un producto desde “la cuna a la tumba”, sino que además incluye compartir, alquilar, reutilizar, reparar, renovar y reciclar materiales y productos existentes todas las veces que sea posible para crear valor agregado y reducir los residuos al mínimo.

La transición hacia una economía circular y carbono neutro implica necesariamente una reconfiguración de los sistemas de producción y de consumo.

Requiere cambiar los sistemas lineales actuales de extracción, producción, uso y disposición por otro que contemple el ciclo de manera circular, tal como se muestra en el gráfico 1. Esto implica considerar el ciclo de vida completo: la producción sostenible de materias primas; el ecodiseño, que debe contemplar el ciclo de vida del producto; la producción y reelaboración; la distribución; el consumo (con vida extendida a través de reparación y reutilización); la disposición y el reciclado.

El objetivo final es reducir los desperdicios al mínimo y optimizar el uso de los recursos en todo el ciclo de vida de un producto.

Gráfico 1. Esquema que representa la economía circular

Fuente: https://s3-eu-west-amazonaws.com/europarl/circular_economy/circular_economy_es.svg

 

A la visión integral de la cadena productiva y de consumo se le agrega la necesidad de avanzar hacia sistemas productivos y de consumo que reduzcan su huella de carbono y contribuyan a la carbono-neutralidad requerida para evitar llegar a 2 grados de aumento en la temperatura media para el año 2050.

Por ello, la medición y contabilización del carbono como un atributo más de los productos y procesos será cada vez más mandatorio.

Este requerimiento tendrá profundas consecuencias en todas las cadenas productivas, pero principalmente en aquellas de uso intensivo de energía y/o basadas en petróleo y carbón (especialmente combustibles y plásticos), que actualmente son de uso masivo en prácticamente todas las instancias de consumo y parte de nuestro estilo de vida.

La países y bloques económicos, las cadenas globales de producción y las empresas financieras están convirtiendo estos conceptos en un plan de acción, requisitos y normativa específica para sus políticas de compra y financiamiento, con el objetivo explícito de avanzar hacia una economía limpia y carbono neutro y alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible para el 2030 y la carbono neutralidad para 2050.

La era de la transición

La transición hacia una economía más limpia y carbono neutro implica necesariamente una reconfiguración de los sistemas de producción y de consumo.

Una pregunta importante es cómo realizar esta transición en forma inclusiva. Es decir, que la transición se realice de manera gradual, generando empleos verdes y manteniendo el bienestar de las personas.

La transición energética y la transición productiva requieren identificar sistemas de producción y de servicios que aporten a sistemas más sostenibles y que, al mismo tiempo, creen empleo y mantengan e incrementen el bienestar de la población.

En este contexto de urgencia en la agenda global, este artículo presenta los aportes del sector forestal y foresto-industrial en estos objetivos, tanto en lo que se refiere a contribuir a una economía circular como a la descarbonización de la economía de una manera sostenible e inclusiva.

  • La cadena foresto-industrial en la bioeconomía circular y mitigación del cambio climático

Los árboles son reconocidos ampliamente por su aporte a la mitigación del cambio climático, ya que se aceptan como el sistema basado en la naturaleza más eficiente para absorber CO2 de la atmósfera en su proceso de crecimiento.

Esto ha disparado diferentes políticas de plantación de árboles, como es el caso de la UE (3 Billion Trees Pledge), WWF (A Trillon Trees Iniciative), Cordón Verde en África,etc. El Acuerdo de París, en su Art. 6, reconoció la importancia de desarrollar tanto mercados regulados como mercados voluntarios de carbono como forma de promover la gestión y mitigación. Estos mercados están en pleno desarrollo y el Art. 6 aún no está completamente reglamentado; pero, sin dudas, el aporte de los bosques y de los árboles a la mitigación del cambio climático es reconocido y una herramienta importante para las políticas de mitigación en todo el mundo.

Menos reconocido e investigado es el aporte que el uso de la madera realiza al sustituir productos no renovables y de uso intensivo de energía.

La madera no solo tiene la capacidad de almacenar el CO2 en sus usos sólidos, tal como en la construcción, muebles, pisos, entre otros, sino que además ofrece alternativas para sustituir productos de origen fósil, no renovables y/o de alto consumo de energía en sus aplicaciones a través de bioproductos y bioenergía. Por otro lado, en su disposición final, es renovable y reciclable.

En Argentina, alrededor del 60% de la producción de papel se realiza a partir del reciclado. Estas características no solo aportan a la mitigación del cambio climático en toda la cadena productiva, sino también a una bioeconomía circular y, con ello, a opciones más sostenibles para el crecimiento y desarrollo económico nacional y global.

Recientemente, una investigación realizada por el Comité Asesor en Industrias Forestales sostenibles (ACSFI en sus siglas en inglés) para FAO ahondó en esta línea de trabajo con un documento que explora cómo los productos en base a la madera pueden sustituir a los de origen fósil e intensivos en uso de energía, reduciendo la huella de carbono de las cadenas de suministro, aportando a una bioeconomía circular global y colaborando en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2030 (ODS 2030).

                                          Gráfico 2: Ciclo de vida de un producto

 

El gráfico 2 sintetiza las fases de estos aportes. El ciclo de vida de un producto incluye la obtención de materias primas, su industrialización, consumo y disposición final. En cada una de estas etapas, el uso de productos forestales y sus derivados colabora con una producción con menos impacto ambiental al ser de base renovable, reciclable y de menor huella de carbono.

Los árboles proveen la materia prima para productos tradicionales como los papeles y cartones, el uso de madera para la construcción, las fibras celulósicas para textiles y el uso de resinas para químicos.

A partir de la innovación, se agregan nuevos productos como bioplásticos, espuma de madera, nuevas fibras textiles, y productos de nanotecnología y bioingeniería que permiten el uso de la madera en múltiples aplicaciones. En este sentido, es importante destacar que la innovación motoriza esta transición.

En el documento elaborado por ACSFI, se menciona la revisión de 64 estudios que evaluaron los efectos de la sustitución del uso de la madera por otros funcionalmente similares, pero de origen no renovables, y hallaron una evidencia sólida que el uso de la madera está asociada a menores emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en el ciclo de vida del producto.

A pesar de ello, alertan que la información disponible para medir la contribución en las distintas líneas de productos es aún insuficiente.

Mientras hallaron que está muy bien documentado el aporte de la construcción con madera, que reduce alrededor del 65% de la huella de carbono comparado con los sistemas tradicionales, el documento indica que el resto de las actividades requiere aún más información que es difícil de medir por falta de estándares y por la variabilidad que pueden tener las mediciones, dependiendo del origen de la madera, las tecnologías utilizadas y los productos que sustituyen.

Estos requisitos de medición de huella de carbono y trazabilidad de los productos en las cadenas de suministro son crecientemente solicitados por los bancos (lo que se denomina “finanzas verdes”), las cadenas globales de producción y por las normativas de los bloques y países, en las que ya están avanzando, por ejemplo, la Unión Europea y China.

Oportunidades y desafíos en Argentina

El sector forestal y la industrialización de madera aportan tanto para la mitigación del cambio climático como para adaptarse al paradigma de economía circular, y responden a la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030 y a la carbono-neutralidad señalada como objetivo para el año 2050.

Para cumplir con estas metas, se debe promover un crecimiento de las acciones de restauración, la conservación y gestión sostenible de bosques nativos y el aumento de la superficie forestada planificada y gestionada en forma sostenible, por un lado, y expandir la inversión y producción en el agregado de valor de productos provenientes de los árboles (construcción, muebles, pisos, papeles y embalajes, pellets, bioproductos, químicos, textiles), incluyendo el carbono como atributo.

Argentina tiene actualmente un patrimonio de 55 millones de hectáreas de bosques nativos y 1,3 millones de hectáreas de plantaciones forestales. La foresto-industria de Argentina se provee en un 95% de madera proveniente de esas plantaciones.

El agregado de valor incluye la producción de celulosa y papel, madera y tableros para viviendas y muebles, energía eléctrica y térmica y diversos productos químicos.

Con 13.000 productores forestales y más de 6.000 empresas, la foresto-industria emplea en forma directa y formalmente a unas 100.000 personas y exporta alrededor de 700 millones de dólares anuales. Históricamente, tiene una balanza comercial negativa, principalmente, por la importación de papel.

Argentina se encuentra en una situación excelente tanto para ampliar la superficie plantada como para avanzar en el agregado de valor de la madera.

Para ello, se deben cumplir varios requisitos:

Condiciones habilitantes para lograr una expansión forestal sostenible:

1-    Superficie disponible: Argentina tiene una amplia superficie para expandir las plantaciones forestales en forma ambientalmente sostenible. Un estudio realizado por el FAO (2020) en el marco de Probiomasa para evaluar el potencial de plantaciones dendroenergéticas en Argentina, detectó cerca de 15.252.878 hectáreas potencialmente aptas para plantaciones forestales en todo el país. En dicha estimación no incluyeron suelos utilizados en agricultura ni superficies consideradas en el ordenamiento de bosques nativos.

A esta superficie se le puede adicionar lo aportado por otros estudios realizados por INTA para especies de alto valor, como la Toona (que reemplaza el cedro), que identifica alrededor de 2 millones de hectáreas de alta y media aptitud para esta especie en la zona de Salta y Jujuy, así como los interesantes avances genéticos que se están logrando para la plantación de quebracho y algarrobo en la región del Gran Chaco.

Esta disponibilidad de tierras supera ampliamente las previsiones del sector público y privado de aumento de la superficie de plantaciones forestales, que se ha limitado a alcanzar los 2 millones de hectáreas para el año 2030.

2-    Ordenamiento territorial: Para que la expansión sea realmente sostenible, se coincide con la propuesta de UE en que se debe plantar el árbol correcto, en el lugar correcto, de la manera correcta y con el destino correcto. Para ello, la Ley 25080, en su modificación efectivizada por la Ley 27487, incluye avanzar en la zonificación para realizar análisis de impacto ambiental a nivel de cuenca forestal en lugar de hacerse a nivel de predio, en función a criterios de sostenibilidad ambiental, económica y social.

Se está avanzando en este sentido, pero se debe acelerar la disponibilidad de esta herramienta de ordenamiento territorial.

 

3-    Certificación por gestión sostenible: la trazabilidad de productos de base forestal a su origen legal y de gestión sostenible ya es un requisito para el comercio a diferentes países, bloques comerciales y cadenas globales.

Argentina ya cuenta con alrededor del 55% de sus plantaciones certificadas bajo los sellos internacionales FSC y/o PEFC. Es deseable que la superficie certificada siga creciendo. En particular, que la certificación se expanda en los bosques nativos, en donde es prácticamente inexistente.

4-    Inversión en agregado de valor: Es imprescindible promover las inversiones en valor agregado considerando las amplias posibilidades del sector para optimizar el uso de la madera bajo el concepto de economía circular.

Mientras que las plantaciones de árboles colaboran en la mitigación, el uso de la madera en sus múltiples aplicaciones permite el almacenamiento del carbono al mismo tiempo que se crea valor, empleo y resuelven necesidades de las personas, como es la expansión de la construcción con madera y el uso de la madera en múltiples destinos.

Por otro lado, los desperdicios de aserraderos y manejo de bosques son subproductos de alto valor que se utilizan en la industria de la celulosa, papel, tableros y biorefinerías; en estos casos, la nanotecnología y la biotecnología permiten nuevos biomateriales más sostenibles.

Por último, el uso de chips y pellets en su uso como bioenergía permite la sustitución de combustibles fósiles. Argentina tiene la posibilidad de lograr las inversiones en todos estos segmentos que hacen a una economía circular e inclusiva, pudiendo crear 100.000 nuevos empleos para el año 2030, tal como se presenta en el Plan Estratégico Foresto-Industrial 2030.

5-    Investigación y transferencia: Tanto la gestión de bosques nativos como la expansión forestal sostenible requieren del acompañamiento de la investigación y transferencia. Igualmente, una agenda de economía circular y carbono-neutralidad requiere el acompañamiento en investigación, tecnología y transferencia en múltiples dimensiones. En ambos casos, deben integrarse en un sistema de diálogo público-privado que identifique y priorice las líneas más importantes a seguir.

6-    Desafío gerencial: la incorporación de la gestión del carbono y el paradigma de economía circular tienen el gran desafío de su implementación. En el caso del carbono, se está avanzando con sistemas de medición, certificación y desarrollo de los mercados regulados y voluntarios.

Se espera que en pocos años esté completamente desarrollado y su uso sea masivo. En el caso de la economía circular, el tema es aún más reciente y son incipientes las metodologías para su inclusión en los planes de negocios, en las proyecciones de producción y en las evaluaciones financieras de los proyectos y de las empresas.

Modificar décadas de análisis productivos y financieros desde sistemas lineales a uno circular exige diferente información, nuevas herramientas de análisis y otro set de indicadores. A pesar de ello, es imprescindible que cada empresa pueda empezar a hacer este ejercicio innovador contribuyendo a ser parte de la solución para un mundo más sostenible.

Fuentes consultadas
·       https://eur-lex.europa.eu/legal-content/EN/TXT/?qid=1583933814386&uri=COM:2020:98:FIN
·       ONU, 2019. Global Resources Outlook. https://www.resourcepanel.org/reports/global-resources-outlook
·       https://s3-eu-west-1.amazonaws.com/europarl/circular_economy/circular_economy_es.svg
·       FAO. 2020. Potencial de desarrollo de plantaciones dendroenergéticas en la Argentina. Colección Documentos Técnicos N.° 18. Buenos Aires. https://doi..org/10.4060/ca8031e
·       Foresto Industria Argentina https://forestoindustria.org.ar/
·       https://environment.ec.europa.eu/strategy/biodiversity-strategy-2030/3-billion-trees_es
·       https://www.wwf.org.uk/what-we-do/projects/trillion-trees-venture-saving-our-trees
·       https://www.greatgreenwall.org/
·       https://www.un.org/es/climatechange/paris-agreement

 

Este artículo forma parte del espacio mensual de la REDFOR.ar, en ArgentinaForestal.com, que busca divulgar y generar debate sobre la problemática forestal del país. Las opiniones pertenecen a los autores.

 

 

 

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.