En el marco del Día Internacional de los Bosques 2026, la Comisión Directiva de la Federación Argentina de la Ingeniería Forestal (FAIF) presenta la columna titulada “Bosques & Economías”, alineada con el eje global impulsado por la FAO. Bajo la premisa de que “los bosques son indispensables para economías sanas, hoy y para las generaciones futuras”, el espacio propone reflexionar sobre el rol estratégico del sector forestal en la generación de desarrollo, empleo y sostenibilidad, en un contexto donde la articulación entre ambiente y producción resulta cada vez más determinante.
Los Bosques en Argentina
Los bosques argentinos se distribuyen en una amplia diversidad de ecosistemas nativos, organizados en siete ecorregiones, que junto con los bosques implantados, conforman paisajes variados que se extienden por distintas regiones fitogeográficas del país y poseen un alto valor estratégico para la conservación del territorio y el desarrollo socioeconómico de numerosas jurisdicciones provinciales.
Las siete eco-regiones forestales nativas
Las siete (7) eco-regiones forestales nativas están constituidas por: Bosque Andino Patagónico, Delta e Islas del Río Paraná, Espinal, Monte, Parque Chaqueño, Yungas, y Selva Paranaense. Los que definen una diversidad de ecosistemas boscosos que se conforman en cada una de sus respectivas eco-regiones con bosque de clima frío y húmedo que se desarrollan en ambientes predominantemente montañosos; un conjunto de macro-sistemas de humedales de origen fluvial; bosques xerófilos caducifolios, alternados con palmares y sabanas graminosas, estepas graminosas y estepas arbustivas; estepas arbustivas xerófilas; bosques caducifolios, xerófilos que se alternan con pajonales, praderas y palmares, con dos estratos arbóreos, un estrato arbustivo, un estrato herbáceo y un estrato con musgos, líquenes y abundancia de plantas epífitas y lianas; y bosques subtropicales heterogéneos, con una alta diversidad biológica, multi-estratificadas, con tres estratos arbóreos, un estrato de bambuceas y arbustos, estrato herbáceo y estrato muscinal.
La superficie total de bosques nativos
La superficie total de Bosques Nativos, según los resultados del segundo Inventario Nacional de Bosques Nativos (INBN2), es de 46.319.745 hectáreas (casi un 16% de la superficie territorial), de la cual depende en gran medida el desarrollo de economías regionales fuertemente productivas.
La superficie por eco-región forestal
- Bosques Andino Patagónico: 3.238.172 has (Abarca las provincias de Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur).
- Delta e Islas del Río Paraná: 73.470 has (Abarca principalmente las provincias de Entre Ríos, Buenos Aires y Santa Fe).
- Espinal: 5.539.311 has (Se extiende en forma de arco, abarcando partes de las provincias de Corrientes (sur), Entre Ríos (norte), Santa Fe, Córdoba, San Luis, La Pampa y Buenos Aires (sur)).
- Monte: 776.571 has (Es una franja árida que se extiende de norte a sur, abarcando principalmente el oeste del país desde Salta hasta Chubut, cubriendo áreas de las provincias de Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, San Juan, San Luis, Mendoza, Neuquén, La Pampa, Río Negro, Buenos Aires y Chubut).
- Parque Chaqueño: 31.646.885 has (Las provincias que abarca principalmente son Formosa, Chaco y Santiago del Estero, y se extiende parcialmente sobre Salta, Jujuy, Tucumán, La Rioja, Catamarca, San Juan, San Luis, Córdoba, Santa Fe y Corrientes).
- Yungas: 3.617.086 has (Provincias que abarca: Salta, Jujuy, Tucumán y Catamarca).
- Selva Paranaense: 1.428.250 ha (abarca la Provincia de Misiones y Norte Correntino).

Los bosques nativos motores de la prosperidad
Los bosques nativos son motores de la prosperidad económica y desarrollo sostenible, son sostenedores principalmente de la agricultura familiar y comunitaria, como así también de iniciativas empresariales regionales, mejoran la productividad agrícola y salvaguardan la salud de las cuencas hidrográficas.
Los bosques implantados
Los bosques implantados, según la FAO, “son bosques intensivamente gestionados, caracterizados por pocas especies, edad uniforme y espaciamiento regular, enfocado en la producción industrial eficiente de madera, fibra y energía y en los servicios ecosistémicos que los mismos brindan.”
En el País estos bosques se concentran principalmente en la Mesopotamia argentina, localizándose también en zonas de la Patagonia (Neuquén, Chubut) y Córdoba, con predominio de las coníferas (Pinus elliottii, Pinus taeda, Pinus ponderosa) y los eucaliptos (Eucalyptus grandis, Eucalyptus camaldulensis), especies introducidas que se adaptaron rápidamente a las condiciones de los sitios imperantes en dichas regiones. Álamos y sauces se plantan en la zona del Delta del Paraná.
Estas especies, bajo criterios de gestión forestal sostenible, son los pilares para la provisión de materia prima rolliza maderable a las industrias de transformación química y mecánica de la madera (celulosa, madera, energía), las que generan empleo y desarrollo sostenible en dichas regiones forestales.

La superficie con bosques implantados
La superficie con bosques implantados es de 1,27 millones de hectáreas (con un potencial de incremento de 3,5 millones de hectáreas, sin competir con otras actividades en el uso de esos suelos), en función a datos de la Dirección Nacional de Desarrollo Foresto-Industrial de la Subsecretaria de Producción Agropecuaria y Forestal dependiente de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía de la Nación.
Las superficies de bosques implantados certificadas por FSC y CERFOAR rondan aproximadamente las 800.000 ha. en manejo forestal, ambos procesos no validan proyectos que hayan incurridos deforestación.

Enfoque de paisaje para la gestión territorial de los bosques
“La tendencia en este siglo es manejar el bosque de una visión ecosistémica, paisajista, integral, participativa y de uso múltiple, orientado a la obtención del rendimiento sostenido de diversos productos, bienes y servicios que ofrece, con el fin de mejorar las condiciones y calidad de vida de la sociedad” (Rodrigo Severo Arce Rojas – “Educación Forestal en el Perú y Complejidad” – Vol. 2 – Núm. 3 (2024) – Revista Iberoamericana de Complejidad y Ciencias Económicas).
El enfoque de paisaje constituye una perspectiva integral para enfrentar las crecientes presiones sobre la tierra, el agua, los bosques y otros recursos naturales, permitiendo atender las necesidades de las generaciones presentes y futuras.
Este enfoque facilita la articulación de objetivos de conservación y desarrollo, y ofrece conceptos y herramientas para orientar la gestión territorial hacia escenarios sociales, económicos y ambientales deseables, especialmente en contextos donde los usos productivos de la tierra compiten con la protección ambiental y la biodiversidad.
Desde esta mirada, la gestión del paisaje se concibe como un proceso dinámico, multidisciplinario y sostenible, orientado a equilibrar la conservación de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos con beneficios sociales y económicos.
En el ámbito forestal, ello requiere una planificación territorial y una ordenación forestal adecuada, donde los profesionales de la ingeniería forestal, en articulación con otras disciplinas, desempeñan un rol clave en la conciliación entre conservación y desarrollo.
Los forestales no pretendemos que el uso forestal sea excluyente. Los bosques pueden subsistir en asociación con otros usos del suelo, en tanto y en cuanto, ello ocurra bajo modalidades racionales de un planeamiento acordado (gobernanza forestal/ambiental) con todos los sectores que compiten y concurren por espacios y tiempos.
Asimismo cabe acotar que, con respecto a los bosques implantados, como monocultivos a gran escala en paisajes homogéneos, generan impactos ambientales-territoriales que pueden ser cuestionables desde una perspectiva socio-cultural, técnica-científica, y eco-ambiental; de allí la necesidad de hacer esta aclaración, pues muchas veces organizaciones ecologistas hacen sus críticas hacia a los mismos, considerándolos que no son bosques, porque tienen graves efectos sobre el entorno natural y socio-cultural donde se localizan.
El Colega Chileno Pablo Donoso Hiriart claramente lo define esta cuestión cuando afirma que: “…las plantaciones como monocultivos a gran escala en paisajes homogéneos son el problema, no las plantaciones en sí.”

La Gestión Forestal Sostenible
“La silvicultura debe ser un derecho esencial del hombre pues, además de cumplir una función primordial proveedora, incorpora un principio fundamental: el de conservación y mejora de los recursos naturales sobre los que se sustenta.” “…La silvicultura sostenible crea empleos sostenible”.
La silvicultura representa una oportunidad estratégica para el desarrollo de la economía argentina, al promover el uso sostenible de los recursos forestales, generar empleo y agregar valor a la producción. En este contexto, el/la ingeniero/a forestal cumple un rol clave en la planificación, manejo y conservación de los bosques, integrando criterios productivos, ambientales y sociales, y contribuyendo al fortalecimiento de economías regionales y a un desarrollo territorial sostenible.
La gestión sostenible de los bosques nativos se da bajo el marco normativo de la Ley 26.331 “de Presupuestos Mínimos a la Protección de los Bosques Nativos” y los marcos normativos jurisdiccionales complementarios y/o concurrentes con la ley nacional.
Los bosques tienen multiplicidad de funciones, brindan distintos de servicios ecosistémicos que contribuyen indudablemente con un estilo de vida sostenible, los que están condicionados por la gestión forestal sostenible, donde el rol de los profesionales de la ingeniería forestal es estratégicamente clave, y esencial para garantizar que los mismos satisfagan las necesidades de las generaciones presentes y futuras, contribuyendo al desarrollo sostenible del país y región.
GESTIÓN FORESTAL
La FAO la define como: “un proceso de planificación y ejecución de prácticas para la administración y uso de los bosques (nativos y plantados) y otros terrenos arbolados, con el fin de cumplir con objetivos ambientales, económicos, sociales y culturales específicos”.
Los ejes temáticos de referencia:
1) La dimensión de los recursos forestales,
2) La diversidad forestal (contempla la diversidad biológica),
3) La salud y vitalidad de los bosques,
4) Las funciones productivas y protectoras de los recursos forestales,
5) Las funciones socioeconómicas de los bosques, y
6) El marco jurídico, normativo, institucional y político.
Fortalecer el manejo forestal sostenible como política de estado
Fortalecer el manejo forestal sostenible como eje del desarrollo forestal, del desarrollo rural, como política de estado, reforzando los mecanismos de control, fiscalización y evaluación ambiental, garantizando institucionalidad y recursos presupuestarios, es de importancia estratégica, y en dicho contexto los profesionales de la ingeniería forestal son muy necesarios.

La agenda forestal de Políticas Públicas
Las claves para garantizar el desarrollo forestal sostenible y desarrollo rural en nuestras regiones pasan por el aprovechamiento forestal racional, la restauración de los ecosistemas forestales; la conservación de la biodiversidad; la bio-economía circular y la adaptación/mitigación del cambio climático (el mercado de carbono forestal).
La agenda forestal de política publicas debe priorizar, propiciar, garantizar y consolidar la construcción de un futuro verde, saludable y resiliente con los bosques; y a su vez, la articulación de estrategias forestales comunes entre las distintas jurisdicciones con los actores público-privados, tanto más, entre aquellas que comparten un mismo ecosistema forestal nativo.
Se hace indispensable fortalecer una cultura forestal (conocimiento, valores, prácticas, actitudes) en nuestra sociedad, si a ello se refiere a la interacción entre las comunidades y los ecosistemas forestales, buscando equilibrar la necesidad económica de los recursos forestales, con su conservación y la valorización de los servicios ecosistémicos a través de una conciencia colectiva, lo que conlleva a darle una importante jerarquización técnica, un alto valor y fuerte respaldo político, en lo que respecta a las decisiones públicas y al accionar territorial jurisdiccional

El rol de los bosques argentinos
Es parte de nuestra historia forestal, y no lo podemos negar, que con el transcurrir del tiempo, se produjo una «expoliación» constante, de aquellas especies madereras de mayor valor de mercado (el manejo de diámetros mínimos responde más a una lógica maderera, que a lógica técnica del ordenamiento forestal).
Estas prácticas de extracción selectiva tienen un eslabonamiento repetitivo. Cuando una especie de valor se agota, su lugar es reemplazado por otra nueva de supuesto menor valor, y así de manera sucesivamente, hasta alcanzar la degradación total e irreversible del recurso, pasa y pasó en muchos de nuestros ecosistemas boscosos nativos, tendencia que debemos, mediante el esfuerzo de toda la sociedad y un alto compromiso técnico, revertirlo, porque esto va, muchas veces más allá de los marcos meramente normativos, y en donde la ciencia (la universidad/facultades) debe hacer sus aportes.
En los últimos 40 años hemos perdido 10,5 millones de has de bosques nativos en el país, siendo la deforestación un proceso territorial de cambio de uso de suelo, que se agrava con los distintos grados de degradación de bosques primarios.
Los profesionales de la ingeniería forestal consideramos extremadamente necesario tener certezas sobre qué rol se quiere asignar a los bosques, en especial a los distintos ecosistemas forestales nativos de la argentina, para los próximos decenios; tener en claro que pretendemos territorialmente, y como paisaje, de cada uno de nuestros bosques nativos, con visión de largo plazo (garantizando: perpetuidad, la capacidad de resiliencia y adaptación al cambio climático, etc.); y que modelo de desarrollo forestal sostenible se busca alcanzar en esas eco-regiones forestales.
Un debate técnico-académico, y también político, muy necesario, que involucra a los gobiernos locales, propietarios, pueblos originarios, sociedad civil, académicos, científicos y técnicos, que va más allá de las normativas vigentes, las que sin dudas, hay que sostenerlas y fortalecerlas en su implementación, con un claro y definido norte político.
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La ordenación forestal
La ordenación forestal contribuye a construir un mundo más saludable para las generaciones presentes y futuras, contribuyendo a conservar la biodiversidad, y a su vez, garantizar los servicios ambientales de los mismos. Según el Ing. de Monte Enrique Mackay Monteverde (1876-1974), el Padre de la Ordenación del Monte Hispano: «Ordenar un monte es organizarlo conforme a las leyes económicas, sin infringir las biológicas que la investigación selvícola y la epidometría revelan;» teniendo como objetivos principales la persistencia, la regularidad de las rentas y el máximo beneficio.
Persistencia: “conceptualmente implica la utilización por el vuelo de las energías del suelo y del ambiente sin interrupciones imprevistas”, la silvicultura debe garantizar la conservación y mejora de la capacidad productiva del suelo y del vuelo por medio de una producción forestal continua. Este principio, al igual que los restantes, puede ser tomado de forma más o menos estricta. En sentido estricto se cumple la condición de persistencia cuando a la corta del vuelo de un rodal prosigue su regeneración inmediata, ya sea por brote de cepas o semillas o por el recurso de la repoblación artificial. En la práctica esta condición de persistencia se toma en un sentido menos riguroso y se supone cumplida cuando la regeneración cubre el suelo en los plazos previstos y justificados de acuerdo a un límite de tiempo.”
Regularidad de las rentas: “Supone la previsión de las rentas, que según Mackay pueden ser anuales o periódicas, variables o constantes, pero siempre previstas anticipadamente. El aprovechamiento de los productos debe tener una periodicidad preestablecida en cuanto a época y cantidad de acuerdo a la conveniencia del propietario y/o la demanda del mercado. La previsión viene dada anticipadamente por el modelo de organización de las masas que se escoge como alternativa al elegir los tratamientos de regeneración y mejora.
Inicialmente la ordenación demostró como ideal la renta anual y constante que satisfacía las necesidades continuas del propietario, la organización anual de los trabajos y la mano de obra. Esta condición tomada en sentido estricto hace surgir un conflicto de intereses con el principio de máximo rendimiento que exige en la empresa forestal la concentración de aprovechamientos dada por la necesidad creciente de inversión en maquinarias y el costo de las intervenciones silvícolas intermedias.”
Máximo rendimiento: “Optimización de los beneficios que pueden obtenerse del bien que se administra, el bosque, es un principio económico en el que intervienen.”
La ordenación forestal de los bosques nativos es indispensable para la sostenibilidad de nuestros bosques, estrechamente ligada al desarrollo forestal sostenible, lo que debe ser un desafío permanente de la ciencia forestal, la profesión (ingeniería forestal), y una meta colectiva a alcanzar como sociedad.
Los bosques son mucho más que producción maderera, eso nadie lo cuestiona, pero seamos conscientes, que es a través de la silvicultura que vamos a poder garantizar la perpetuidad de los mismos y su uso sostenido en el tiempo.
La sostenibilidad nadie duda que es multidimensional e integral, pues contempla aspectos: biológicos (biodiversidad), ecológicos (salud del bosque), económicos (beneficios a perpetuidad) y socio-culturales (preferencias sociales, participación). es vital equilibrar los objetivos económicos, socio-culturales y ambientales a fin de mantener y mejorar los valores de los bosques, la perpetuidad, asegurando la biodiversidad, resiliencia y múltiples beneficios (madera, agua, suelo, cultura, etc.) para generaciones presentes y futuras, en donde hay que involucrar a todas las partes interesadas, y adaptándose a los cambios.
Desafío de la Ciencia Forestal Argentina para la Innovación
“La Ciencia Forestal para la adaptación de los bosques a la crisis global”
Un gran desafío para la ciencia forestal argentina y afines, y en particular de lo/as ingeniero/as forestales, que va más allá de la ley de presupuestos mínimos de protección de los bosques nativos (Ley 26.331 la que debe implementarse de manera eficaz y eficiente por las instituciones públicas con responsabilidad y competencia en su faz instrumental, y de asignaciones de los recursos presupuestarios) es el cómo conservamos y garantizamos técnicamente la perpetuidad, la sostenibilidad ambiental, económica y socio-cultural de los bosques zonificados como categoría II (amarillos) y categoría III (verdes), con qué tipo de silvicultura se puede lograrlo en cada uno de los ecosistemas forestales nativos del País; habida cuenta que en estos territorios es donde es proclive, y de hecho se dan, algunas de las tensiones: socio-culturales, económicas-productivas, eco-ambientales, jurídico-legales y político-institucionales, entre su aprovechamiento racional y preservación. La gobernanza forestal es muy necesaria para atemperar esas tensiones lógicas.
La Gobernanza Forestal: “es la manera en que las entidades públicas y privadas elaboran y hacen cumplir las decisiones sobre la ordenación, uso y conservación de los bosques. Los procesos eficaces de gobernanza forestal involucran a las partes interesadas y sectores relevantes y abordan las cuestiones clave relacionadas con los bosques. Es el conjunto de normas, instituciones y procesos (formales e informales) mediante los cuales se toman y ejecutan decisiones sobre la gestión. Involucra a una multiplicidad actores públicos (de los distintos ámbitos de gobierno e institucionales), sector privado y sociedad civil, con el fin de asegurar la sostenibilidad y la transparencia, creando un entorno favorable para la gestión forestal.”
Un problema que suele afectar la ordenación forestal
Un problema, no resuelto hasta la fecha, que afectan a la ordenación forestal en la mayoría de las regiones forestales del país, es la ausencia de desarrollos aquilatados de sistemas silviculturales para los diferentes tipos de bosques existentes. Ello impacta a veces en la calidad y resultados de los Planes de Ordenación.
Conocer las dinámicas de los distintos ecosistemas forestales nativos (las tasas de crecimiento de las distintas especies arbóreas que componen dichos ecosistemas y su evolución en el tiempo), es esencial para los manejos silvícolas y ecosistémicos, necesarios para técnicamente ordenar los bosques, desde una perspectiva biológica, silvícolas, ecológica, socio-cultural (tener presente el componente étnico), territorial, ambiental y económica.
Sin investigación e innovación nacional y/o jurisdiccional silvícola, no hay ordenación forestal posible que garantice la perpetuidad de nuestros bosques.
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PACTO SOSTENIBLE CON LOS BOSQUES 2050
«Los FORESTALES son de los pocos HOMBRES y MUJERES que viven ocupados en el futuro más que en el presente y el pasado.” Ing. Orlando D´ Adamo[1] – Conferencia pronunciada el 11 de abril de 1949, en el Colegio de Ingeniería de Buenos Aires – Libro: Política y Legislación Forestales de Ing. Ftal. Héctor Martín Gartland.
La visión forestal es de largo plazo, implica garantizar la perpetuidad, el uso sostenible, los servicios ecosistémicos; con un enfoque estratégico y conceptual que propicia el manejo sostenible (ordenación forestal), la conservación y el aprovechamiento racional y responsable de los ecosistemas forestales, implica integrar la gestión de los bosques con el desarrollo social/cultural y económico de sus regiones, simulando procesos naturales y promoviendo la protección de la biodiversidad, a menudo con metas de detener la deforestación y la degradación.
Debemos ver a los bosques como una verdadera herramienta transformadora de nuestro sistema económico, como base en la bio-economía circular, y en virtud de ello, y a fin de tener certezas sobre su rol en nuestras comunidades, es que consideramos estratégicamente necesario y oportuno propiciar un PACTO SOSTENIBLE CON LOS BOSQUES 2050, en pos de garantizar bosques resilientes, económicamente viables/rentables, ecológicamente diversos, ambientalmente sostenible, socialmente inclusivos y culturalmente poniendo en valor a los pueblos originarios y comunidades circundantes, a fin de asegurar justamente un futuro forestalmente sostenible, y en dónde no puede estar ausente la industrialización forestal integrada.
Necesitamos un modelo económico que valorice adecuadamente los bosques y estimule la inversión en paisajes, crecimiento y desarrollo sostenible.
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