En un artículo especial para ArgentinaForestal.com, el productor forestal y consultor Matías Gyukits, analiza la evolución del negocio de la resina, a pesar de enfrentar en la actividad forestal una crisis climática sin precedentes por las prolongadas sequías y los incendios forestales que afectan el rendimiento de las plantaciones. «La producción de resina avanza», remarca.
CORRIENTES (2/3/2023).- El 2022 fue un año que quedará en la memoria de la actividad resinera por varios motivos. Plagas y desastres hacían pensar en un escenario apocalíptico, aunque la unión una vez más hizo la fuerza. Con los incendios ocurridos entre enero y febrero de 2022 se han perdido muchas hectáreas de montes y muchísimas de ellas dedicadas a la producción de resina de pino.
En cuanto a un reciente informe hecho por la Asociación Forestal Argentina (AFoA Corrientes), durante los incendios del año pasado las pérdidas ascendieron a unos 615.000 millones de pesos.
Luego de esto, probablemente producto de la sequía, apareció una plaga de pulgones que se adhirieron a los árboles y quedaron atrapados en la resina.
La calidad de la resina está determinada en primer lugar por su claridad visual. Cuanto más clara, mejor es su calidad. Por razones que aún no se lograron identificar del todo, el pulgón que invadió los montes tiñe la resina, la oscurece, y deteriora considerablemente la calidad.
Luego de casi un año, aún se sigue cosechando resina afectada por este pulgón y se estima que por unos meses más se está cosechando resina afectada.
Hasta el momento no ha habido nuevas invasiones de este pulgón, por lo que se supone que una vez que se termine de cosechar la producción afectada, desaparecerá del mercado esta oferta de menor calidad. Y por la afectación de la calidad de la resina la pérdida de valor ronda los 1.900 millones de pesos, según estimaciones de la AFoA Corrientes.

Mercado y precios internacionales
Como en toda actividad productiva, el precio es el principal indicador para la toma de decisiones. En el caso de la resina de pino en el último año el precio internacional ha venido cayendo paulatinamente, y conjuntamente con el tipo de cambio atrasado, los ingresos de los productores se han visto muy reducidos.
Actualmente el precio ronda los 800 dólares en el monte, y la demanda se mantiene estable.
A eso se le suma que dada la presencia de los pulgones que afectan la calidad del producto, el precio se ha desdoblado en dos, uno para la resina afectada y otro para la resina clara.
Con respecto a la superficie en producción, si bien fue afectada, increíblemente se ha podido reponer con arboles jóvenes en la mayoría de los casos, logrando volver a niveles de producción anteriores a los incendios.
De todas maneras esto es relativo, dado que en cada caso en particular hubo pérdidas totales, parciales o pérdida ninguna. Y reponer las los árboles en producción lleva al menos 12 a 15 años.

Capital Social, la nueva clave
Todos estos eventos adversos permitieron fortalecer la actividad de dos maneras novedosas. Por un lado los incendios sirvieron para demostrar el potencial de capital social que había en la actividad y quedó demostrado que en los peores momentos la ayuda mutua y mancomunada lograron que la catástrofe no sea peor.
Esto ya quedó instalado, y el nivel de preparación y coordinación entre todos los involucrados ya es superior para próximos eventos.
Otra novedad irrumpió en la actividad: la primera jornada nacional de resina de pino. Organizada por el INTA en el marco de la Feria Forestal Argentina permitió reunir en un solo lugar a todos los actores y mostrar al público en general de qué va la actividad.
Es un primer y gran paso para la generación de capital social en la actividad, que con seguridad le aportará cuestiones que cada productor forestal o industrial de esta rama por sí solo no podrá obtener.
Si bien es una producción milenaria y en Argentina hace ya más de 5 décadas que se viene desarrollando, en los últimos 5 años ha experimentado un crecimiento enorme.
Con la entrada en producción de muchas superficies boscosas ha demostrado ser una opción más para el productor forestal, especialmente para aprovechar suelos donde otras especies no pueden desarrollar su potencial.
Y con los primeros pasos en dirección a formar el capital social requerido para pasar al próximo nivel de desarrollo, el futuro de esta producción va por buen camino.
(*) Por Matías Gyukits. Economista Agrario, Productor Forestal y Consultor.
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