Misiones | Comunidad Mbya Puente Quemado II pide “frenar la presión de Arauco de reforestar con pino” en territorialidad indígena tras los incendios sufridos

En forma pacífica, frente a la Casa de Gobierno de Misiones, se expresaron comunidades Mbya Guaraní con el fin de reclamar por sus derechos territoriales y por políticas ambientales efectivas en la provincia para la comunidad de Puente Quemado II, en Garuhapé que desde febrero esperan respuestas para frenar el avance de Arauco con planes de reforestación en áreas quemadas que afectaron a la comunidad.

 

Por Patricia Escobar

@argentinaforest 

Foto: Gentileza EMIPA

 

MISIONES (25/4/2022).- Comunidades mbya guaraní de la provincia se manifestaron este lunes frente a la Casa de Gobierno en la ciudad de Posadas a fin de reclamar por sus derechos territoriales y por políticas ambientales efectivas en la provincia.

El reclamo se dio a raíz de la afectación de incendios que se desataron en febrero dentro de la territorialidad indígena en la que conviven rodeados de plantaciones de monocultivo de pino de la empresa forestal Arauco en la localidad de Garuhapé, territorio donde actualmente viven 13 familias de la comunidad mbya Puente Quemado II.

La Reforma Constitucional del año 1994, en el artículo 75, inciso 17, reconoce su preexistencia y sus derechos humanos indígenas, entre ellos la ocupación de sus territorios ancestrales, que en caso de la comunidad Mbya Puente Quemado fue relevada en el marco de la Ley 26.160 y está en proceso de titularización comunitaria de las mismas, que determinó le corresponden 659 hectáreas, de las cuales 333 están forestadas con plantaciones de Arauco.

Las autoridades de la comunidad consideran que las quemas y el desmonte para plantación de pinos generan que “no haya recursos para nosotros, no tenemos de dónde sacar para hacer nuestra medicina natural, tampoco para cazar” declaró Santiago Ramos, cacique de la comunidad.

En el mes de febrero realizaron una presentación ante la justicia y el ministerio de Ecologia para impedir que la empresa Arauco reforeste el área quemada nuevamente con pinos, y no consulte previamente el plan de restauración conveniente a realizar desde la visión de las comunidades indígenas afectadas.

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“Frente a falta de respuestas por parte de las autoridades y sin políticas ambientales adecuadas para la zona, reclamamos nuestros derechos territoriales y por hacer cosas que mejoren la vida de las familias indígenas”, explicaron en la manifestación.

En este sentido, el cacique Ramos contó que hace años sufren en la comunidad por la falta de perforaciones de agua potable ante el aumento de las familias asentadas en el lugar, así como también reclaman de más conexiones de energía eléctrica.

Otra preocupación es la demora en los trámites de títulos de propiedad comunitaria.

En este sentido, Ramos insistió en que haya “una solución para nuestra tierra, para que nuestros hijos vivan tranquilos”.

En este contexto de crisis climática, familias y ambientalistas reclaman que “se implementen políticas ambientales que protejan la salud de los misioneros y la biodiversidad de la provincia”, sostuvo Clarisa Néstor, integrante de la ONG “Extinción o Rebelión” sede Misiones. “Lo que impulsa esta lucha es -contó la ambientalista- es la masividad de monocultivos de pino de grandes extensiones en la provincia”, planteó.

Sobre ello, dijo que “no es normal la cantidad de monocultivo en la provincia; no es la selva nativa, y en este contexto de crisis climática y ecológica que atravesamos tenemos que limitar la deforestación”, afirmó Néstor, aunque en sus declaraciones expone que desconoce que por leyes vigentes en Misiones, no se hace reconversión de suelo con bosques nativos para plantar pinos, ya que está prohibido por normativas vigentes desde hace dos décadas. La deforestación ilegal se registra en propiedades con problemas de intrusión,  por delitos de robo de madera en áreas de bosques nativos, o por el avance de la frontera agrícola o ganadera, de cultivos de tabaco u otra actividad de subsistencia e informalidad, principales amenazas sobre la selva misionera de la que excede al sector forestal.

La penalización de los delitos ambientales y los controles más rigurosos sobre quienes desmontan en forma ilegal es uno de los principales reclamos a los organismos provinciales desde el sector social.

Frente a esta problemática, las comunidades indígenas aseguran que “no tenemos  respuesta por parte de los ministerios de Asuntos Guaraníes, Ecología y Cambio Climático de la provincia”, a quienes reclaman que “cualquier tipo de acción, emprendimiento o proyecto, que afecte sus intereses, no puede hacerse sin consulta previa, libre e informada”.

La manifestación se organizó como cierre de la Semana de los Pueblos Indígenas, del 19 al 25 de abril, bajo el lema “Biodiversidad y Pueblos Indígenas, Vida para Más Vida, de la que participaron las Comunidades mbya Ka’a Kupe, Puente Quemado II, Tuna í y Koeju.

Ricardo Benítez, mburuvicha de la Comunidad Tuna í, de Puerto Leoni, expresó: “Sin territorio nosotros no tenemos vida, es vida para todos, por eso defendemos la biodiversidad”.

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En el marco de la semana de los Pueblos Indígenas, el mensaje fue que “el cuidado de la biodiversidad se encuentra en su sabiduría ancestral, que son saberes fundamentales para dar solución a las innumerables problemáticas ambientales que se presentan. Desmonte, quemas, plantaciones de ecosistemas productivos como árboles de pino y eucalipto, contaminación por plaguicidas y materiales radiactivos son algunas de las causas de la pérdida global de la biodiversidad y el cambio climático”, expresaron en un documento difundido por EMIPA.

“Quienes tienen la capacidad de leer la naturaleza y dialogar con ella, tienen las estrategias, conocimientos y respuestas para sobrevivir ante tanto mal causado por la humanidad, somos los Pueblos Indígenas. Por eso en esta semana tan relevante, lo que más importa es transmitir sus pensamientos y reflexiones genuinas acerca de un problema que afecta a toda la sociedad, -sin distinción de culturas ni idiomas- alrededor de todo el mundo”, señalaron.

“Lo que estamos haciendo ahora es defender la biodiversidad, que es muy importante no solo para nosotros sino para todos los seres vivos, seres humanos y todo lo que tiene vida dentro del monte”, asegura Ricardo Benítez, mburuvicha de la Comunidad Tuna í, Puerto Leoni.

Para él, como para todos los Pueblos Indígenas, el monte es vida y también casa de cultura, donde se dan las condiciones para vivir como guaraní. “Pedimos que el monte sea apto y suficiente, reclamamos el territorio para defender la vida en general. No pedimos nada económicamente ni para beneficiar a una persona o familia, es para todos”.

También lamentó que sus derechos “solo están escritos en papel” y que el Estado no cumple con lo que le corresponde. “Los abuelos y abuelas están muy preocupados por el futuro, no solo de los Pueblos Originarios sino de todo ser viviente. Todo lo que está en el monte, las plantas, los animales, todo tiene vida”, reflexiona.

 

“Se habla mucho del cambio climático, pero no se tiene en cuenta por qué pasa. A veces llueve demasiado, o hace mucho calor, o no llueve como antes, y eso tiene una explicación”.
Los jóvenes mbya también son poseedores de una conciencia ambiental y cultural que trasciende fronteras. Saben que la respuesta está frente a nosotros, pero no sabemos decodificarla, a diferencia de ellos.

Neris Benítez, de la Comunidad Azul, en Ruiz de Montoya, sostiene que “como mbya tenemos una cultura muy diferente de los no indígenas, en nuestra cultura respetamos mucho la biodiversidad, el monte, y todo lo que nos da la naturaleza. Sin el monte no hay biodiversidad”.

“Tenemos una cosmovisión muy diferente también, no vemos el monte como dinero, los no indígenas venden la madera para producir dinero, nosotros no queremos eso. Respetamos la biodiversidad, a los animales, los árboles tienen vida”, afirma.

Mientras que su par, Keila Zaya, lamenta con profundo dolor la discriminación que sufren a diario. “No somos aceptados por la gran mayoría de la sociedad porque desconocen nuestra historia. Nosotros queremos cuidar y proteger la biodiversidad, quiero invitarles a que luchen con nosotros, que nos apoyen”.

La Semana de los Pueblos Indígenas es un momento para dar a conocer su espiritualidad, su pluralidad cultural y formas de vida, pero también para exponer la realidad en la que viven, la discriminación y el abandono que sufren por parte del Estado.

“Esta consigna sobre la biodiversidad es un llamado de atención a la sociedad toda y una invitación a reflexionar acerca de una problemática que nos atañe a todos. El futuro llegó hace rato y urge tomar conciencia para activar por el ambiente”, concluyeron desde EMIPA.

 

 

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