Fuegos en Corrientes: ¿proceso natural o desidia humana?

Por Alejandro D. Brown, Presidente Fundación ProYungas.

 

CORRIENTES (1/3/2022).- “Los pantanos cubren casi la mitad de la superficie de Corrientes. Los de Iberá son inmensos, sin abarcar empero a toda la provincia, como podría hacerlo pensar la observación de los mapas. No se secan nunca y dan nacimiento a varios ríos, el Corrientes, el Miriñay y el Batel. Los pantanos de la Maloya ocupan la mitad de la comarca. Están entrecortados de bosques por grupos aislados y de numerosas palmeras empleadas como techado. Dan nacimiento a casi todos los arroyos del país.

Durante las grandes sequías, queda todavía la mitad de ellos con agua. Prescindiendo de los que alimentan los ríos, hay muchos otros sin salida, generalmente cubiertos de juncos, llamados esteros, o de agua límpida, que son lagunas. Se los halla a cada paso en las ensenadas y en los alrededores de Caa caty. En esos lugares el agricultor y el granjero tienen la fortuna asegurada y todos los elementos de prosperidad. La vegetación que verdea por doquiera, el agua límpida y los bosques aislados en todas partes, que sirven para construcción y leña, mantienen, además, una humedad favorable a la agricultura. Es también en esos lugares donde los panoramas más pintorescos y todas las bellezas de la naturaleza encantan incesantemente la vista del viajero.” Alcide d’Orbigny,  naturalista francés año 1828

Este paisaje bucólico descripto por d´Orbigny hace casi 200 años, es el reflejo ayer como hoy, de dos fuerzas ecológicas que han modelado la distribución de pastizales y bosques en la Provincia de Corrientes: el agua y los fuegos.

Estas dos fuerzas en forma intermitente  y cíclica se han ido alternando a través de los siglos manteniendo ese “equilibrio” entre las áreas abiertas cubiertas por pastizales y palmares y aquellas cubiertas por bosques, ya sean en isletas o en  apretadas hileras a lo largo de ríos y arroyos.

Un paisaje que parecería contradecirse abruptamente con las imágenes más cercanas a nuestra visión apocalíptica del infierno, que reinan hoy en una parte importante de la provincia, particularmente en el norte de la misma, motivado probablemente por la conjunción de distintas formas de uso de la tierra, en un contexto de sequía extrema, potenciada posiblemente por el cambio climático global.

Asociado al modelo tradicional de uso ganadero del territorio, es muy probable que gran parte de la geografía provincial ha sido quemada anualmente y ello explica las grandes extensiones de pastizales y los cosques en parches. Cuando esa práctica es ejecutada anualmente y le sumamos el intenso pastoreo vacuno, se mantiene controlada la acumulación de biomasa seca, estado que se exacerba en períodos de sequía intensa como el que estamos viviendo.

Por otra parte las crecientes y bienvenidas acciones de conservación de la naturaleza (estatal o privadas) que muchas veces prescriben el fuego, favorecen la acumulación de biomasa, muy positiva para mantener buenos niveles de biodiversidad, pero muy vulnerable a la acción del fuego.

A ello se suma además el incremento de la superficie forestal implantada que agrega biomasa al sistema y por supuesto riesgo de incendios en situaciones climáticas favorables para los mismos.

Sin embargo, al contrario de las prácticas ganaderas tradicionales, esta nueva forma de uso del territorio, que tiene al fuego como una clara amenaza, trae consigo el conocimiento, la articulación y la organización adecuada para prevenir, controlar y actuar adecuadamente cuando la situación ígnea lo amerite.

Es decir en la conjunción de los dos modelos aparentemente contradictorios de uso del territorio está también la solución al problema. Prácticas tradicionales que implican mantenimiento de niveles controlables de biomasa y articulación operativa necesaria para combatir situaciones complejas, manteniendo a su vez sistemas naturales de combustibilidad manejada a través del uso racional y controlado del fuego.

El mensaje de la situación actual que se vive en Corrientes, como también pasa en otras provincias argentinas, es que el fuego ha estado, está, y estará con nosotros, y debemos aprender a coexistir con el mismo, estudiando, cooperando y actuando de manera apropiada en tiempo y forma.

La situación actual de Corrientes no debería ser asociada per se a las distintas formas de uso del territorio, sino a la falta de una coordinación efectiva entre quienes producen y entre quienes tienen la responsabilidad de disponer los recursos operativos necesarios para las acciones de prevención y control. El peor escenario es de buscar culpables.

Más tarde o temprano la lluvia contribuirá a apagar los distintos focos y facilitará el reverdecer de los campos y todo esto será un mal recuerdo que ojalá nos enseñe que estas situaciones deben ser encaradas de otra manera, potenciando las alianzas positivas y el conocimiento acumulado en el territorio.

No es el apocalipsis inevitable, sino el reflejo cruel de nuestra manera de encarar los problemas.

 

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.