Entrevista a Horacio Simes, economista y académico de la UNaM: “Es necesario revalorizar la perspectiva ética del desarrollo en relación al ambiente”

“Es necesario clarificar el punto de partida de nuestra concepción sobre la economía y el ambiente. Allí ya encontramos diversas discusiones sobre el lugar que ocupa la naturaleza en los distintos enfoques económicos, así como en relación a los objetivos perseguidos por el sistema productivo y su relación con toda la estructura social”, reflexionó el especialista.

 

Por Patricia Escobar

@argentinaforest

 

MISIONES (20/11/2021).- En el marco de la Especialización y Maestría en Gestión de Desarrollo Socio Territorial que desde este año se dicta en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), el módulo sobre Economía y Desarrollo Sustentable estuvo a cargo de Horacio Simes, Profesor titular de la Cátedra de Economía y Desarrollo Sostenible. El profesional es Magister en Economía, vicedecano de la Facultad de Ciencias Económicas y presidente del Fondo de Créditos Misiones.

En una entrevista con ArgentinaForestal.com explicó respecto a la nueva oferta académica que el dictado “está planteado desde un enfoque del desarrollo sostenible, en la cual se incorpora a partir del conocimiento técnico y científico, en el marco de un campo disciplinar que fue adquiriendo a lo largo de los últimos años una relevancia creciente”. “Esta especialización está vinculada a los desafíos, problemáticas y oportunidades ambientales, económicas y sociales acuciantes que enfrenta el mundo”, señaló.

Consideró que la temática requiere del involucramiento de actores con capacidades adecuadas para intervenir en los procesos de desarrollo a diferentes niveles en el territorio, y esto constituye -además- un objetivo fundacional del programa.

Durante el seminario dictado, el profesional aportó herramientas a los asistentes a lo largo de los diferentes módulos. “Hemos reflexionado acerca del lugar que la naturaleza ha ocupado, y ocupa, en el marco del pensamiento económico. A esto, le sumamos la discusión sobre las principales problemáticas económicas actuales (pobreza, desempleo, desigualdad, crisis ambiental, entre otras), así como las herramientas de políticas públicas y acciones comunitarias, que resultan utilizadas para enfrentar las mismas, y generar un sendero de desarrollo sostenible”, precisó Simes.

Es por ello, que ante las complejidades que se presentan al momento de planificar una gestión territorial, se involucran factores de la economía, el ambiente y la sociedad en forma integral, con el foco en el bienestar humano.

Pero antes de avanzar hacia los conocimientos básicos, Simes consideró que “es necesario clarificar el punto de partida de nuestra concepción sobre la economía y el ambiente. Allí ya encontramos diversas discusiones sobre el lugar que ocupa la naturaleza en los distintos enfoques económicos, así como en relación a los objetivos perseguidos por el sistema productivo y su relación con toda la estructura social”, planteó el docente.

Desde su concepción, la naturaleza (o nuestra “Casa Común” como la denomina el Papa Francisco), constituye la base para la vida y, por tanto, de todo sistema de organización social. “Esto implica que no puede pensarse al sub-sistema económico sin encontrarse en interrelación armónica y sostenible con el (sub)-sistema ambiental”, remarcó Simes.

Economía Verde, la base del desarrollo sostenible

En la entrevista, el académico compartió su visión de lo que considera se define como “Economía Verde”, tema que tiene actualidad global y que esta semana incluso concentró en Posadas a empresarios, profesionales y funcionarios de primera línea del gobierno de Misiones para debatir en un seminario organizado por la IERAL NEA de la Fundación Mediterránea.

“Desde mi punto de vista, la Economía Verde representa un esfuerzo dirigido a incorporar a la naturaleza y a la sociedad en la mirada de la economía; pero desde una óptica que se aparte y trascienda la habitual concepción económica (neoclásica) de la naturaleza, es decir, como mero insumo o recurso económico”, respondió Simes.

Aportando una definición técnica y vinculada al desarrollo socio territorial, mencionó que el Programa de la Organización de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) define a la “economía verde”  como aquella que resulta “en un mejor bienestar humano y equidad social, reduciendo significativamente los riesgos ambientales y la escasez ecológica”.

Agrega, además, a esta definición elementos como la eficiencia en el uso de los recursos y la inclusión social. “De esta manera puede observarse que la economía verde entiende sobre cuestiones económicas, ambientales y sociales”, remarcó Simes.

¿Cómo llevar adelante procesos de desarrollo económico continuo y sostenibles?

Desde el momento que hablamos de sistemas de organización social, siendo las sociedades complejas, diversas y dinámicas, es difícil referirse a un ABC determinado para lograr el éxito de un proceso de desarrollo económico continuo y sostenible.

Pero el economista no dudó en que se podría pensar en 4 aspectos que tendrían que tenerse en cuenta en forma particular a los fines de alcanzar el desarrollo continuo y sostenible planteado.

Estas cuestiones serían:

  1. El crecimiento y el desarrollo no han de ser un fin en sí mismo.
  2.  La mirada economicista de la naturaleza (y, profundizando aún más, de la organización social), ha de ser superada por un enfoque que integre la pluralidad de miradas e intereses sobre la actividad económica y social.
  3. Han de desarrollarse instituciones que obtengan mejores resultados en la compensación de poderes económicos y sociales entre los países, y hacia adentro de éstos.
  4. Es necesario revalorizar la perspectiva ética del desarrollo.

Algunos datos económicos compartidos por el docente durante el seminario, permiten reflexionar sobre la transversalidad de la cuestión ambiental en otras problemáticas, por ejemplo, la igualdad, la esperanza de vida, entre otras.

En el caso puntual del crecimiento poblacional, la relación parece bastante clara: a mayor población, mayor presión sobre los recursos naturales, y por tanto, sobre el ambiente.

Al ser consultado respecto a la pobreza y cómo esta problemática debe revertirse para que no se constituya en una amenaza sobre los recursos naturales y el cuidado del ambiente, Simes respondió: “Pobreza y ambiente se encuentran relacionados. Podemos plantearlo desde una discusión habitual en economía: cuidado del ambiente vs. desarrollo. Los países han debatido largamente sobre el crecimiento sostenido y su incidencia en el daño ambiental”.

Seguido, sostuvo que hoy el mundo exige a todos por igual (o casi) el cuidado del ambiente, “pero los países subdesarrollados reclaman el derecho al crecimiento del que han gozado los países desarrollados hace algunas décadas. Por lo tanto, reclaman compensaciones. Es esta línea que ha estado realizando presentaciones desde la Provincia de Misiones”, explicó.

Misiones, “motor” del desarrollo sostenible

Las perspectivas de crecimiento económico en el marco de un desarrollo sostenible, por ejemplo en Misiones, son positivas para el docente, considerando que el Estado Provincial ha venido trabajando desde hace muchos años a partir de una mirada de cuidado de sus recursos naturales.

“En la actualidad esto se vuelve tangible, por ejemplo, en la extensión de sus selvas y en la conservación de su biodiversidad. A esto le ha sumado políticas activas para el desarrollo de la agroecología, el agroturismo y otras variables vinculadas con la ecología, apoyados principalmente sobre una estructura productiva minifundista y ampliamente diversificada. Quizás, como escribió hace muchos E.F. Schumacher: en “Lo pequeño es hermoso” podemos volver a encontrar el motor de un desarrollo sostenible”, concluyó Simes.

Tecnología como herramientas de transformación

Mucho se habla, pero aún es un desafío establecer una metodología que permita medir la productividad y acciones que mitiguen o reduzcan el impacto ambiental y aporten a la economía. Algunas empresas e industrias, incluso algunos municipios se encuentra iniciando este proceso para demostrar resultados concretos de mitigación ambiental con la incorporación de nuevas tecnologías.

Simes explicó que los países y los organismos internacionales han desarrollado técnicas diversas de medición de la relación entre productividad e impacto ambiental. “Pero luego, la aplicación de éstas resulta un proceso más lento y largo, debido ya no solo el costo de las readecuaciones y su incidencia en la competitividad en el corto plazo, sino también la dimensión idiosincrática, entre otras”, indicó.

En ese contexto, se refirió al papel de la tecnología y el uso ético de la misma en el crecimiento sostenible.

“A lo largo de la historia, la tecnología ha sido una herramienta importante para el desarrollo, pero también para la destrucción. Al hombre le corresponde encuadrar la misma en un marco ético adecuado al bien común. Hoy tenemos la posibilidad de producir cada vez más en espacios más reducidos, con utilización de menos tierra o agua, y en cantidades adecuadas a las necesidades de gran parte de la población mundial. Pero, para que dichas tecnologías puedan estar al alcance de todos, es necesario repensar la estructura institucional de nuestros sistemas económicos y políticos, de manera de garantizar mayores niveles de igualdad, equidad y justicia en el acceso a los factores productivos, bienes y servicios derivados del desarrollo”, consideró el académico.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *