El fuego en los ecosistemas de Córdoba

Un artículo de María Victoria Vaieretti, del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal, CONICET – Universidad Nacional de Córdoba; María Poca, del  Grupo de Estudios Ambientales, Instituto de Matemática Aplicada San Luis, CONICET – Universidad Nacional de San Luis; María Lucrecia Lipoma, del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal, CONICET – Universidad Nacional de Córdoba.

Entre los meses de agosto y septiembre de 2020 ya se han quemado más de 90.000 hectáreas de bosque nativo en las Sierras de Córdoba. Aún muchos de esos focos continúan prendidos.

Foto de portada: Las fotografías se corresponden a los incendios producidos durante el mes de agosto del 2020 cercanos a la localidad de La Calera (Córdoba).

 

Fuegos naturales

Los ecosistemas de la provincia de Córdoba tienen un clima estacional. En la época húmeda, que se corresponde con las estaciones de primavera y verano, se producen los eventos de lluvia más importantes, que favorecen el crecimiento de las plantas. En la época seca, que se corresponde con las estaciones de otoño e invierno, en cambio, prácticamente no llueve, y allí se acumulan las hojas muertas de muchos árboles e inclusive algunas plantas mueren por completo.

Como en muchos ecosistemas del mundo, en los ecosistemas de Córdoba, particularmente en los bosques del centro-oeste de la provincia, pueden ocurrir incendios por causas naturales, por ejemplo por rayos.

Estos incendios suceden normalmente durante la primera parte de la estación lluviosa, es decir en los meses de finales de primavera y comienzos del verano. En esta época del año, las lluvias se presentan en forma de tormentas con alta actividad eléctrica. Los rayos que se generan antes de la caída de las precipitaciones son el factor determinante en la iniciación de este tipo de incendios.

Si bien en esta época todavía hay mucha biomasa vegetal acumulada que actúa de combustible, producida durante la época seca, la humedad ambiente es mayor que en el invierno y, por lo general, el fuego que pudiera iniciarse por la actividad eléctrica termina apagándose naturalmente con el avance de la tormenta y la caída inminente de las precipitaciones.

Como cualquier evento de fuego, estos incendios reducen la biomasa vegetal y pueden causar perjuicios a la fauna, como así también en ciertas propiedades del suelo. Sin embargo, el impacto de estos fuegos sobre el ecosistema no suele ser severo debido a las condiciones ambientales que no permiten que adquiera una gran intensidad ni se propague extensamente.

Por los tanto, ante este tipo de incendios el ecosistema puede recuperarse rápidamente. Incluso en ciertos casos donde el incendio persiste, porque las precipitaciones caídas no fueron suficientes para apagarlo, algunos expertos recomiendan no intervenir, permitiendo de esa manera que el sistema tenga su dinámica natural de regulación de este tipo de disturbios.

Cabe destacar que los fuegos naturales son bastante impredecibles y no representan un factor de disturbio necesario para la dinámica de los ecosistemas, como lo es, por ejemplo para los ecosistemas del Mediterráneo, que tienen especies que necesitan del paso del fuego para germinar.

Si bien, en los ecosistemas boscosos de Córdoba hay especies que parecieran estar adaptadas al fuego, ya que se recuperan rápidamente luego de los incendios, existen pocas evidencias de que esas adaptaciones se deban justamente al efecto del fuego en sí mismo, sino que están más relacionadas al efecto de la herbivoría por grandes mamíferos o a la marcada sequía estacional.

 Foto: gentileza Ivana Moyano. La imagen del día 25/08/2020 en Casa Bamba, Sierras de Córdoba. En colaboración para la asamblea de vecinos Casa Bamba y la Asamblea por la Reserva Hídrica Natural y Recreativa Bamba

Fuegos producidos por el humano

En los ecosistemas de Córdoba, principalmente en las zonas serranas, los incendios fueron, y siguen siendo en la actualidad, producidos en su mayoría por las actividades humanas.

Existen algunas evidencias que los pobladores nativos utilizaban el fuego como una herramienta en sus jornadas de caza, de esta manera disminuían la cobertura boscosa y favorecían la formación de pastizales donde se congregaban los herbívoros.

En épocas más recientes, el fuego fue utilizado con el propósito de extraer del bosque las especies arbóreas de gran porte para la producción de carbón y combustible, y también para preparar la tierra para la agricultura. Como consecuencia de estas prácticas, los ecosistemas boscosos de la provincia poco a poco han sido transformados.

En los llanos esta conversión fue principalmente para la agricultura, mientras que en los ambientes serranos fue predominantemente para ganadería extensiva, transformándolos en sistemas de matorrales y pastizales.

En la actualidad, la mayoría de los incendios también son producto de las actividades humanas, ya sean intencionales o accidentales. Ciertos incendios intencionales están relacionados a las prácticas antiguas de quemas de pastizales para rebrote para el ganado.

Muchos de los pobladores rurales serranos actuales siguen ejerciendo este tipo de manejo de la vegetación natural: queman los pastizales secos para que, por un lado, la apertura de la vegetación permita el crecimiento de otras hierbas y, por otro lado, se produzca el rebrote de las gramíneas, que son el alimento principal del ganado doméstico.

Sin embargo, en las últimas décadas, la mayoría de los incendios intencionales producidos en la provincia de Córdoba estuvieron asociados a los intereses económicos de ciertos grupos vinculados a la producción ganadera a mayor escala, la actividad minera y, sobre todo pareciera que hay una estrecha relación con el avance de emprendimientos inmobiliarios, particularmente en zonas de bosques serranos.

De esta manera, los incendios son producidos para limpiar la tierra y quitar la cobertura vegetal, principalmente la cobertura boscosa, y así avanzar con dichas actividades productivas. También existen los fuegos accidentales, por ejemplo aquellos que se propagan en grandes extensiones por el descontrol de la quema de basura, o limpieza de algún terreno particular, o simplemente un fuego para hacer un asado en lugares inapropiados.

En contraposición a los incendios naturales, los incendios intencionales y accidentales son provocados en su mayoría durante la salida del invierno y comienzos de la primavera, donde la extrema sequía, los frecuentes vientos y la acumulación de biomasa vegetal combustible propician las condiciones ambientales ideales para que los fuegos, que no son debidamente controlados, destruyan todo a su paso.

¿Cuáles son las consecuencias de los incendios intencionales y accidentales en Córdoba?

Los incendios intencionales y accidentales, a diferencia de los naturales, en su gran mayoría se vuelven incontrolables. Esto se debe a la magnitud e intensidad que va adquiriendo a medida que avanza el frente de fuego debido a las condiciones ambientales en las que ocurren.

Las consecuencias son sumamente severas para el ecosistema, así como para la población que se beneficia de ellos. Los daños más evidentes se perciben en la pérdida de la cobertura vegetal, así como en la fauna. Sin embargo, las pérdidas “invisibles” pueden ser muy significativas también.

La quema de la vegetación, que puede o no producir su mortalidad dependiendo de la severidad del fuego, expone el suelo a procesos erosivos y a alteraciones, tanto de su composición química como su actividad biológica.

Por ejemplo, una gran cantidad del nitrógeno que puede estar contenido en la materia orgánica del suelo se libera a la atmósfera como óxidos de nitrógeno, que son altamente contaminantes para el ambiente.

A esto se le suma el carbono que se libera como dióxido de carbono, uno de los principales gases de efecto invernadero. La mayor parte de la hojarasca que está depositada sobre la superficie del suelo también se quema ante fuegos de alta intensidad, dejando el suelo expuesto a eventos de erosión producidos por el agua y el viento; notablemente procesos que no suelen desencadenarse ante incendios naturales.

La erosión conlleva al transporte masivo de sedimentos ante las primeras lluvias luego de estos incendios, lo cual puede derivar en problemas de colmatación y eutrofización de los diques aguas abajo.

Los procesos hidrológicos también se ven perturbados por los incendios de alta intensidad. La fuerte reducción de la cobertura vegetal como consecuencia de un incendio de gran magnitud genera una disminución en la capacidad de infiltración y almacenamiento de agua en los suelos en la siguiente época de lluvias y/o un aumento del consumo de agua por parte de la vegetación capaz de rebrotar en la estación de verano siguiente.

El balance resulta en una disminución del agua almacenada en el suelo capaz de alimentar el caudal de los ríos de la estación seca, momento crítico para la provisión de agua en sistemas estacionales como los serranos de Córdoba.

Por lo tanto, este tipo de incendios tiene consecuencias profundas en los ecosistemas serranos y en la población, principalmente a corto y mediano plazo, ya que afectan a los principales recursos que nos brindan los ecosistemas como es el agua, con una influencia directa sobre la calidad de vida de las personas.

Los fuegos intencionales y accidentales en la época seca contribuyen a aumentar las crisis hídricas, lo cual trae aparejados conflictos sociales vinculados a la falta de provisión de agua en calidad y cantidad en las sierras de Córdoba.

La Provincia de Córdoba ha perdido en los últimos 100 años el 74% de los bosques maduros que la ocupaban, siendo una de las principales causas de esta pérdida el cambio en el uso del suelo. Si bien las especies de árboles y arbustos de nuestros bosques nativos tienen una alta capacidad de recuperación luego de los incendios, si estas tendencias continúan, en las próximas décadas se verá una conversión aún más dramática.

Hasta el momento, las regulaciones y normativas vigentes en Córdoba no lograron proteger los bosques nativos. Aunque existen leyes tanto nacionales como provinciales para ello, no existe un control exhaustivo del cumplimiento de las mismas.

Los ecosistemas del centro-oeste de Córdoba presentan bosques en distintos estadios tempranos de maduración, que si se pudieran proteger de las acciones humanas y de las quemas reiterativas, el mismo sistema se volvería menos inflamable al aumentar la cobertura boscosa.

Las presiones sobre los bosques de Córdoba han sido y siguen siendo intensas por la actividad humana, por lo que la continuidad de estos ecosistemas está en riesgo, así como la provisión de los bienes y servicios asociados a ellos, que son fundamentales para la vida de los Cordobeses.

 

(*) Autoras

María Victoria Vaieretti – Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal, CONICET – Universidad Nacional de Córdoba – vvaieretti@imbiv.unc.edu.ar

María Poca – Grupo de Estudios Ambientales, Instituto de Matemática Aplicada San Luis, CONICET – Universidad Nacional de San Luis – pocamaria@gmail.com

María Lucrecia Lipoma – Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal, CONICET – Universidad Nacional de Córdoba – lucrecialipoma@gmail.com

 

 

Este artículo forma parte del espacio mensual de la REDFOR.ar, en ArgentinaForestal.com, que busca divulgar y generar debate sobre la problemática forestal del país. Las opiniones pertenecen a los autores.

 

Gentileza Ivana Moyano, quien fotografío el día 25/08/2020 en Casa Bamba, Sierras de Córdoba. En colaboración para la asamblea de vecinos Casa Bamba y la Asamblea por la Reserva Hídrica Natural y Recreativa Bamba

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