Un joven ingeniero forestal escribió una carta abierta al presidente de la Nación desde la “desesperación” por los incendios en el país: “Lidere esta batalla, el fuego está arrasando con los bosques, humedales y las sierras”

Se trata de Sebastián M. Bonnin, un joven profesional de 27 años, becario doctoral del INTA-CONICET, de Entre Ríos. A través de sus redes sociales, se tomó el “atrevimiento” de publicar una carta abierta para ser escuchado por el presidente de la Nación, Alberto Fernández, y generó empatía con cientos de personas que lo ayudan a llegar con su mensaje hasta el mandatario. “Le escribo desde el corazón y la desesperación, como persona y profesional“… a continuación, el texto completo de la misiva que refleja la preocupación ambiental de muchos argentinos y argentinas.

Argentina, 25 de agosto de 2020

 

Sr. Presidente de la Nación

Dr. Alberto A. Fernández

 

                                               Querido Alberto, me voy a tomar el atrevimiento de escribir esta carta tuteándote y de modo informal, pues te he escuchado varias veces decir que sos “un simple ciudadano con responsabilidades extraordinarias”. Me llamo Sebastián Bonnin, tengo 27 años y nací en Villa Elisa, Entre Ríos. Me fui a los 18 años a estudiar a La Plata y aunque todavía no regresé, “la villa” es el pueblo de mi corazón. Soy un hijo de la educación pública, como vos: hace 3 años me recibí de Ingeniero Forestal en mí amada Facultad de Ciencias  Agrarias y Forestales de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Actualmente soy becario de CONICET-INTA, entre otras cosas, porque quiero devolverle a mi país un poquito de lo mucho que hizo por mí. No sé si lo voy a lograr, pero estoy orgulloso de pertenecer al sistema científico tecnológico que hoy tanto nos está ayudando a enfrentar la pandemia.

Los y las ingenieras forestales tenemos la suerte de estudiar uno de los sistemas más maravillosos que hay en la Tierra: los bosques y sus comunidades. Si un árbol suele enamorar a cualquiera que lo contempla, no te imaginas los sentimientos que moviliza estudiarlos, comprenderlos, analizarlos, admirarlos. Son una verdadera maravilla, de esas que me hacen dudar de mi escepticismo sobre la existencia de Dios. Así que, acá estoy Alberto, escribiéndote desde lo profesional pero también desde lo emocional, desde el corazón.

En Argentina perdemos alrededor de 300.000 hectáreas de bosques nativos por año, algo así como 15 veces la superficie de la Ciudad de Buenos Aires o 5 veces el tamaño de la ciudad de Córdoba. Hace ya varios años que la principal causa del desmonte es el llamado “avance de la frontera agrícola”, como si fuese un ente autónomo que arrasa todo a su paso. Pero no, es el resultado de un modelo de producción agrícola que hace tiempo perdió el rostro humano. Y no es una metáfora, quedan pocos campesinos Alberto… Muchos arrendaron sus tierras y migraron a las ciudades, otros directamente las perdieron a punta de pistola.

En 2011, Cristian Ferreyra tenía 23 años cuando fue asesinado por defender su monte en Santiago del Estero. Una patota irrumpió en una reunión del MoCaSE y le disparó. La violencia que sufren las comunidades originarias es vergonzante para quienes encontramos en la defensa de los derechos humanos una bandera irrenunciable. Allí, querido Alberto, la democracia se enflaquece y la injusticia se hace norma.

Como verás, la situación es muy angustiante. No creo haberte sorprendido con lo que dije, seguro lo escuchaste anteriormente. Pero vengo a pedirte que te pongas al frente de esta batalla, Alberto. Sé que es un momento muy duro para todos, estamos atravesando una situación que no imaginábamos. Pero también sé que no querés quedarte paralizado por ello, que necesitamos mirar hacia adelante. Ahora bien, ¿qué podemos ver hacia adelante? Que cuando la pandemia pase, el monte seguirá sufriendo este lento pero constante sangrado. Tengo en mi casa una copia del Primer Inventario Nacional de Bosques Nativos. Está firmado por Néstor y vos, cuando hacía poco habían llegado a la Casa Rosada. En él se habla de algo más de 30 millones de hectáreas de bosques en el país. Está finalizando el segundo inventario, ¿superaremos los 20 millones?

Ya vimos que mientras perdíamos el monte, nos amontonábamos en los centros urbanos. Ya vimos cómo se inundaban esos centros urbanos. Ya vimos que a los pocos años la tierra se degrada, los rendimientos bajan y los pooles de siembra se retiran. Ya vimos que no producimos alimentos para todos, producimos mercancías para pocos. Ni siquiera tenemos la excusa de decir que el monte fue el costo que pagamos por mejorar la vida de la gente, Alberto.

Cada hectárea de bosque nativo que reemplazamos por cultivos agrícolas enriquece a una minoría, mientras la salinización, erosión y pérdida de suelos son para la mayoría. Ya vimos que las catástrofes ambientales pegan más fuerte abajo que arriba. Ya vimos que somos capaces de llorar por koalas australianos, pero no inmutarnos por los apenas 250 yaguareté que nos quedan. ¿Sabías que cada uno necesita al menos 40.000 hectáreas de bosque continuo y en buen estado para sobrevivir?

Ya vimos que tener una Ley de Bosques no alcanza si no tiene presupuesto. Ya vimos que nuestros ríos desbordan de rabia, como queriéndonos devolver las millones de dosis de agroquímicos que les inyectamos. Ya probamos con este modelo de desarrollo y no funcionó: vivimos en una sociedad con más de la mitad de los y las niñas bajo la línea de la pobreza, Alberto.

Necesitamos un país más justo, un ambiente más sano, una vida más digna. Te pido que te pongas al frente de este desafío, que levantes esta bandera como propia. Como parafraseaste varias veces en la campaña: no pretendas tener diferentes resultados haciendo las mismas cosas. Es ahora, es hoy y es por mañana.

 

Desde el corazón, Seba.

 

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