Día Mundial de los Bosques: la historia de Alejandro Benítez, cacique de Pindo Poty, un guardián de la selva en la Reserva Yabotí

“La selva es nuestra, vivir del monte es una herencia ancestral que dejaron nuestros abuelos, es la forma tradicional de vivir de los Pueblo Indígenas. Pero cada vez hay menos monte, menos árboles, y esto nos preocupa. El bosque para nosotros es vida, es alimento, es medicina, es fortaleza espiritual, es nuestra casa y nuestra protección, por eso enseño a los niños y jóvenes de nuestra comunidad a cuidar el monte”, expresa el líder indígena de la etnia Mbya Guaraní, desde El Soberbio, Misiones. Compartimos su historia, en reconocimiento a esos “guardianes invisibles” de los bosques y su biodiversidad.

Por Patricia Escobar 

@argentinaforest

 

ARGENTINA (21/3/2020).- El cacique o Mburubichá de Tekoa Pindó Poty, Alejandro Benítez (56) es un líder reconocido y respetado por el Pueblo Mbya Guaraní, en la provincia de Misiones, ubicada al norte del país.

En el marco de la celebración por el Día Internacional de los Bosques, el 21 de marzo, desde la FAO se enfocan este año en resaltar la importancia de la biodiversidad y la necesidad de su protección, compartimos la historia de uno de los guardianes invisibles, silenciosos, pero que en territorio hacen, y mucho, por sostener el mensaje en el tiempo de la importancia de la conservación de los bosques para “la vida”.

La comunidad de Pindo Poty se encuentra ubicada muy cerca de Colonia La Flor, a 42 kilómetros del área urbana del municipio de El Soberbio, en Misiones, Argentina. Alejandro Benítez (56) tiene una especial capacidad de visión no solo por el bienestar de su comunidad sino por toda la cultura de su pueblo. Quienes lo conocen, sostienen que es un cacique que en forma permanente está pensando en cómo llevar beneficios sustentables a su familia. Y en ese contexto, el mensaje que trasmite a los jóvenes y niños de su aldea está relacionado al cuidado del monte, su tierra, su casa, su alimento, su medicina, y su fortaleza espiritual: “Los bosques nos protegen, es la vida para nuestra familia para el futuro”, explica el cacique.

Compartió su historia en una entrevista con ArgentinaForestal.com para dar a conocer más sobre su cultura y hacer un llamado respecto al cuidado de los bosques, a su conservación, ya que para los indígenas la selva misionera representa su forma de vida, guarda sus costumbres y tradiciones, y garantiza la existencia de su pueblo, y que en la actualidad enfrentan muchas necesidades básicas.

En varios momentos de la entrevista se denotaba en el cacique el tono de preocupación por el avance sobre los territorios indígenas en cuanto a la explotación de los árboles nativos y como ello hace al cambio de la vida de la selva ante la pérdida de biodiversidad.

“Antes, hace 50 o 60 años atrás, nuestros abuelos cazaban, pescaban, toda la aldea podía vivir del bosque. Esa era nuestra forma tradicional de vida. No había dueño de la selva. Hoy esto ya no es así, no tenemos suficiente de estos recursos naturales en el monte para poder vivir, no podemos cazar ni pescar como antes. Pero tenemos mucho para mostrar de nuestra comunidad, tratamos de cuidar los árboles que quedan, las plantas que son medicinas, hoy vivimos de vender nuestras artesanías con el turismo, y buscamos la forma de aprender a trabajar en nuestros propios cultivos para poder comer. Por eso los bosques y la tierra son nuestra casa, nuestra fortaleza espiritual, nuestra protección, nuestra vida”, recalca Alejandro.

Alejandro Benítez es un maestro en artesanías con guambé (planta epífita)

En ese contexto, dijo que “hoy es todo mucho más difícil, ya no podemos vivir de la misma manera que usaban nuestros abuelos la naturaleza. Los bichos salvajes, decían los abuelos, nos creaban a nosotros, de chiquito nos elegían. La selva, los peces, el animal salvaje. No había sociedad cercana a la aldea, no existía nadie cercano dentro de la selva. Nosotros armábamos nuestras trampas para animales salvajes, no había conocimiento de vaca, ni pollo, ni nada de eso que hoy tenemos en las chacras. Nuestros abuelos no sabían nada de esto”, describió sobre sus costumbres pasadas.

Frente a esta realidad, le preocupa, mucho, el futuro de su gente y la lucha de todo el Pueblo Indígena por lograr que prevalezca en el tiempo la cultura guaraní en Misiones. Lograr mantener sus costumbres, su lengua, sus tradiciones, su forma de vida, la cosmovisión guaraní. Le pesa un pensamiento: “Creo que ya es tarde para recuperar la naturaleza”, dice.

“Hoy tenemos que asegurar a la comunidad con lo que tenemos, llegamos a este lugar y hay que cuidar la tierra, el agua y la selva, que se conserven para siempre por el futuro de todo el Pueblo Guaraní”, reflexiona.

El cacique, junto a los más ancianos de la aldea, se ocupa de transmitir las costumbres ancestrales de sus abuelos a los hijos y a los más jóvenes de la comunidad indígena. Sus tradiciones, sus medicinas naturales, su espiritualidad, son su herencia y el legado más preciado que dejaron sus antepasados.

La comunidad de Pindo Poty

Alejandro Benítez  lidera una comunidad en la que viven unas 24 familias, más de 130 personas. El arroyo Paraíso, bellísimo, es el más cercano a la aldea. “Pindo Poty es parte de una cultura ancestral Mbya Guaraní que sabe vivir del monte misionero”, dice el cacique.

El nombre de la aldea, en lengua guaraní, significa “La flor de la Palmera”. La comunidad indígena se ubica dentro de la Reserva de Biosfera Yabotí (que tiene una extensión total de 253 mil hectáreas con un remanente de Selva Paranaense), a una distancia de 42 kilómetros del área urbana del municipio de El Soberbio, cerca de la zona rural Colonia La Flor, camino a los Salto del Moconá. De Posadas la distancia sería de unos 280 km.

Viviendas construida en barros, caña y hojas de pindó.

Benítez nació en 1963, y su comunidad se constituyó en Yabotí en 1999. Este año Pindo Poty cumple 20 años. Muy cercano a ellos, se encuentra la aldea Jejy y Jejy Miní, y mucho más arriba, ya limitando con el Parque Provincia Moconá viven otras cuatro aldeas más, todas dentro de la reserva de Biosfera de Biosfera Yabotí. Misiones tiene en total 112 comunidades indígenas de la etnia Mbya Guaraní relevadas en toda la provincia.

La esposa de Alejandro, su compañera de vida se llama Norma Villalba (54). Durante la entrevista, en todo momento asentía cada palabra del relato del cacique, y en momentos hasta le apuntalaba para recordarle detalles o situaciones que también quería que su esposo las refleje durante el reportaje propuesto por el Día Internacional de los Bosques, como un reconocimiento a uno de los tantos “guardianes invisibles” de la selva misionera.

“El monte vivo es nuestra guía espiritual. Nosotros cuidamos la selva porque así nos enseñaron nuestros abuelos. Por más que sea un árbol grande, nosotros mezquinamos esos árboles porque son salud, semillas, humedad, nos protegen”, repite en su relato como esforzándose en que se entienda su mensaje, incomprendido en su real dimensión aún por la sociedad.

El cacique de Pindo Poty explicó que en su comunidad se sabe que puede haber “aprovechamiento bueno” del bosque. “Nosotros para subsistir cortamos algunos árboles, para hacer nuestras viviendas o para alimentos. Pero no invadir nuestras tierras por el monte, no dañar la naturaleza. El árbol sana la tierra, y eso es lo que queremos. Para nosotros es triste que invadan la tierra indígena para cortar los árboles, porque es dañar nuestra forma de vida, la manera en que nos enseñaron a vivir nuestros abuelos y esa cultura queremos mantener”, expresó Alejandro.

Insistió en que “sin monte, la comunidad no tiene salud, no tiene agua, no tiene donde vivir. Somos sustentables propios, porque con la tierra segura y con el monte vivo nosotros también vivimos. Tenemos nuestra forma de vivir, armamos trampa para cazar, construimos las casas típicas de nuestros padres y abuelos, sin invadir o dañar la selva”, relata el cacique respecto a la importancia que tiene para su supervivencia el bosque natural.

En la zona donde habita, asevera que “la sociedad siempre invade la selva. Entra con zanello (máquina) al bosque, y eso es hacer mal al territorio indígena. Porque después no crece igual el monte natural, crece otro yuyo cualquiera que no deja crecer las plantas del lugar. No es lo mismo, nada es lo mismo. Desde nuestro punto de vista crece de otra forma, no es naturaleza, cambia todo”, se expresa Alejandro, y comparte desde su experiencia en el territorio, una aldea que vivió la transformación del lugar con 20 años en Yabotí.

Los pueblos indígenas son bastante nómades, las familias se van corriendo de áreas buscando la manera de sobrevivir. Por eso, explica, que se “enseña a los jóvenes y niños de la comunidad a cuidar el bosque, a mezquinar la selva, a proteger el territorio. Esa es la forma que nos enseñaron nuestros ancestros a vivir, con lo que nos brinda la naturaleza, con medicina natural, con artesanías y tallado de madera”, dijo.

Fotos: Comunidad Pindo Poty. Gentileza Proyecto AAGUA

 

Desarrollo local, con integración indígena

En la aldea se dedican a elaborar artesanías para ofrecer a los turistas, cultivan sus alimentos en sus huertas, y el cacique Alejandro promueve que los chicos asistan a la escuela y participen de tareas comunitarias con proyectos sostenibles con cultivos, o trabajos de cesterías y tallado de madera, porque “tienen que aprender a sobrevivir”.

Por ello, aceptó formar parte del proyecto Kaa’guy Porá de plantación de stevia, que benefició en una primera etapa, a la comunidad guaraní de Pindó Poty y apunta a erradicar, en forma progresiva, el cultivo nocivo de tabaco entre los pobladores locales.

Estas acciones son desarrollados con Carlos Persini, propietario de la Reserva Privada Aponapo, y presidente de la Fundación Huellas para un Futuro. “Con los años hemos generado un vínculo muy sano, hay afecto mutuo, hemos construido una amistad, y llevamos adelante un trabajo sostenido de colaboración mutua por mejorar el entorno natural y social de la zona rural. Alejandro forma parte del esfuerzo que implica llevar adelante en la zona el primer proyecto REDD+ en la Argentina, que es todo un desafío, a la vez una oportunidad de avanzar hacia la seguridad alimentaria que se necesita en territorio”, sostuvo Persini.

En estos momentos, transitan una etapa de mucho diálogo e intercambio con talleres del proyecto “Acercando REDD+ a niños, jóvenes y mujeres que participan del proyecto Kaa’guy Porá”, que es ejecutado por Fundación Huellas para un Futuro (ACICAFOC-FCPF-Banco Mundial).

El cacique Alejandro y su esposa comparten el sueño de hospedar en sus típicas construcciones de viviendas a los visitantes, son hospitalarios y se preparan a recibir a los turistas.

Caminar senderos, escuchar el canto de los pájaros, acercarse a los saltos de agua, cuidar la selva que la considera vida para el presente y para el futuro, son los temas de su vida cotidiana que quiere compartir el cacique y que invita a conocer en terreno. “Queremos mostrar al mundo nuestra historia, y decirles que conserven el bosque, que cuesta recuperarse, aunque a veces pienso que ya es tarde”, reflexiona el guardián del bosque.

Es una oportunidad para conocer sus costumbres, sus comidas típicas, con un fogón junto al cacique y el líder espiritual de la comunidad, disfrutando del coro de niños, de sus relatos y leyendas.

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