Golpes climáticos consecutivos causaron una sequía tras otra, dejando casi nada de pastura para los animales y a más de 8,5 millones de personas necesitadas de asistencia alimentaria. Crédito: FAO

Ocho mil millones de habitantes

El Centro Argentino de Ingenieros Agrónomos (CADIA) analiza el registro de la ONU sobre la población mundial y el significado que tiene este hito para el mundo. “El problema no es la población, son las formas de consumo y las nuevas pautas que se deberán adoptar en un mundo cada vez más finito y comunicado”, reflexionan.

 

 

BUENOS AIRES (18/11/2022).- El 14 de noviembre de 2022 el contador automático universal de las Naciones Unidas registró la cifra de 8.000 mil millones de humanos en el planeta Tierra, nuestra casa. Si bien la cifra es simbólica, trae implícita las conductas presentes y los presupuestos futuros que adoptarán individualmente y en conjunto los países del mundo.

Las grandes preocupaciones sobre la población giran en torno a la energía, agua, alimentación,
trabajo, infraestructura, educación, viviendas y recreación. La situación no es la misma en los
países desarrollados, como en el resto.

Los EE.UU., el tercer país en población después de China y la India, tiene un nivel de vida que si se quisiera transpolar al resto de los habitantes no alcanzarían cinco planetas Tierra para lograr ese objetivo. ¿Cuál es el futuro entonces? ¿Qué hará la humanidad en su conjunto para superar los problemas que se avecinan? ¿Se instrumentarán programas de planificación familiar? ¿Habrá emigraciones masivas?

La ONU informa que la población alcanzará alrededor de 8500 millones en 2030, 9700 millones en 2050 y 10.400 millones en 2090.

El 70% vivirá en ciudades superpobladas. En 1798, el economista inglés Thomas Malthus presentó la idea básica de que mientras la población del mundo aumenta en proporción geométrica, los recursos alimenticios se incrementan en proporción aritmética. ”De allí resulta un desequilibrio que se cancela tan solo al actuar algunos factores limitantes externos tales como las hambrunas, las epidemias y las guerras, las cuales aumentan la mortalidad y obran como diques de contención en el desarrollo fisiológico de la especie. La revolución industrial y comercial del siglo XIX derrotó las concepciones pesimistas de Malthus, pero para algunos el dilema tuvo un aplazamiento de su vigencia.

Entre los años 1938 y 1946 disminuyó la producción mundial de alimentos un 5% mientras la población creció un 10 por ciento.

La agricultura y la tecnología en toda la cadena agroalimenticia pudieron hasta ahora con–
tribuir a paliar la situación alimentaria. Entre otras, la ingeniería genética aplicada, organismos
modificados, prácticas de cultivo renovadas, siembra directa, ocupación permanente del suelo, aprovechamiento eficiente del agua de lluvia y utilización del riego complementario, la producción extensiva de los rumiantes para transformar la celulosa y la producción intensiva de animales para proveer de proteínas animales.

Toda la complejidad de las producciones, industrialización y comercialización han permitido que las cifras de necesidades no crezcan en demasía. Se dice que la producción de alimentos es suficiente lo que a veces falla es la distribución. También hay pérdidas en toda la cadena que podrían sumar al inventario de las disponibilidades.

Dice Jorge Molina en su libro (El Petróleo verde) “la energía solar recibida por el planeta es de 15 a 20 veces superior a todo el consumo actual de energía realizada por el hombre. La biomasa, producto de esta ENERGÍA SOLAR, es la fuente de energía renovable más abundante y disponible en el planeta Tierra. Ella podría teóricamente proveer todo el alimento y una parte muy apreciable de la energía necesaria para la humanidad en un futuro inmediato”.

 

La situación mundial se presenta con bajos ingresos per cápita y un índice de pobreza superior
al 50%. Hay claras muestras de agravamiento de la situación alimentaria, principalmente en el continente africano y lejano oriente. El 75% de la población de esas regiones vive en condiciones sanitarias deficitaria. El 50% no tiene acceso a agua potable. Su población es mayoritariamente joven, el 50% con menos de 18 años. La situación se agravó en los últimos años por el COVID 19.

También por conflictos regionales y particularmente por la invasión Rusa a Ucrania (inflación, pobreza, alimentos, energía, fertilizantes). Actualmente 2000 millones de habitantes padecen desnutrición y 900 millones disponen menos de 2000 calorías/día.

La Argentina es un país con riquezas, no es como se cree un país rico. Con 2,78 millones de
kilómetros cuadrados, nuestro país ocupa el octavo lugar en el mundo por su extensión. Con
recursos territoriales y mineros para explotar. El ingreso por habitante en la Argentina es de
apenas 10.340 dólares con un PB de 0,45 billones.

El contrapunto es la escasa población argentina e insuficiente desarrollo alcanzado. Los mayores complejos exportadores de la Argentina son el sector oleaginoso (soja, harina y pellets de soja, aceite, porotos y biodiésel); el cerealero (maíz, trigo entre otros); el bovino y el automotriz.

En el país debemos cambiar las relaciones entre lo particular y lo público, liberar recursos, movilizar la inversión y promover el empleo privado. Bajar la dependencia laboral de lo público y dejar que esos recursos promuevan la creación de valor y el fomento del trabajo.

El crecimiento de la población mundial traerá nuevos problemas que deberán ser abordados
en conjunto y definir las soluciones para un Planeta único.

La noticia que se comienza una nueva etapa de conquista del espacio exterior, primero con base en la Luna y después con destino al planeta Marte trae la esperanza de que la humanidad no puede seguir mirando sólo a su entorno si quiere sobrevivir como especie en las próximas décadas.

El desafío futuro será reducir la pobreza y las desigualdades. Habrá más competencia por los recursos hídricos. Considerar el cambio climático en su triple impacto (Económico, Social, Ambiental) y su relación con las diferentes culturas.

“Durante los últimos 25 años, el 10% más rico de la población mundial ha sido responsable de más de la mitad de las emisiones de carbono”.

El problema no es la población, son las formas de consumo y las nuevas pautas que
se deberán adoptar en un mundo cada vez más finito y comunicado.

 

(*) Centro Argentino de Ingenieros Agrónomos (CADIA)  –  Buenos Aires, 18/11/2022

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.