Bonos verdes, sociales y sostenibles en los mercados: qué hacer para que sean “furor”

Por Pablo Cortínez, economista de la Fundación Vida Silvestre Argentina.

 

BUENOS AIRES (10/2/2021).- Durante los últimos años, cada mes de enero nos enteramos que el volumen de Bonos Verdes emitidos a nivel global rompe el récord del año anterior. La novedad es que en diciembre de 2020 se llegó a USD 1 trillion (americanos) de bonos verdes emitidos desde la primera emisión relacionada con el clima, allá por 2007, a manos del Banco Europeo de Inversiones (BEI).
La respuesta podría surgir, parcialmente, del Foro de Davos, que cada año ratifica la importancia de los riesgos ambientales tanto por su probabilidad de ocurrencia como por su impacto negativo, minimizando así los riesgos económicos y geopolíticos, entre otros. O tal vez la pregunta se responda a partir de la carta anual que el CEO de Blackrock envía a sus clientes a principios de cada año.

Larry Fink

Hablamos de Larry Fink, manager del fondo más grande del mundo, quien hace años sorprendió al mundo financiero con su primera carta instando a empresas e inversores a considerar e incluir los aspectos ambientales y sociales en sus negocios. Otra fuente pueden ser los informes que reportan que se necesita 1,6 planetas, o que los recursos que genera el planeta en un año se agotan aproximadamente en julio, lo cual constituye otra manera de medir el nivel de consumismo actual.

El Acuerdo de París sostiene que el incremento de la temperatura promedio no debe superar 2°C (tendiendo a 1,5°C) comparado con la era preindustrial. Sin embargo, diversos cálculos estiman que, al ritmo actual, ese aumento superaría los 3°C, lo cual implica un punto de no retorno. El acuerdo también mencionaba la importancia de redireccionar los flujos financieros con el fin de llegar a buen puerto. Esto no sucedió: los países desarrollados no aportaron los USD 100.000 millones anuales a que se habían comprometido para apoyar los esfuerzos de los países en desarrollo y, si bien los Bonos Verdes emitidos en 2016 (al año siguiente de la firma del acuerdo) duplicaron los emitidos en 2015, ese ritmo no se mantuvo durante los años siguientes. Actualmente, los bonos verdes representan menos del 5% del total de bonos emitidos en el mundo.

Si bien la pandemia frenó las emisiones de green bonds en 2020, en particular en el segundo y tercer trimestre dada la explosión del Covid-19 en todo el mundo, permitió el salto al estrellato de los Bonos Sociales. Los destinos de estos bonos incluyen la salud, la reconstrucción de los tejidos social y productivo, infraestructura básica y vivienda social. También los Bonos Sostenibles (mix entre Verdes y Sociales) tuvieron protagonismo. Ambos casos pueden considerarse una muestra de que las finanzas también pueden ser resilientes.

El gap de financiación sostenible se cuenta de a miles de millones de dólares por año. El esfuerzo de los organismos multilaterales de crédito no alcanza, menos aún ante preocupantes déficits fiscales de la mayoría de los países como consecuencia del coronavirus. En consecuencia, el rol del sector privado será crucial para complementar el esfuerzo. No se trata de donaciones, sino de financiar actividades que ya probaron ser rentables desde todo punto de vista, y de invertir en nuevas tecnologías que logren el triple impacto. Las energías renovables constituyen el ejemplo más visible, pero no el único. En América Latina, el 45% de los Bonos Verdes tuvo este destino, porcentaje que se duplica si hablamos sólo de Argentina, y que nos desafía a lograr mayor diversificación.

La buena noticia es que el camino para que los bonos verdes y sus primos hermanos se transformen en mainstream  ya comenzó.

 

 

 

(*) Economista, Focal Point en Fundación Vida Silvestre.

 

 

Fuente: publicado en Ambito.com

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