Arbolado urbano: Lo que sale caro es no saber… una mirada al entorno

Por: Ing. Ftal. Carolina E. Enebelo (*)

 

MISIONES (Enero 2020).- Todas las ciudades comparten una infraestructura física similar que comprende, una infraestructura gris (edificaciones residenciales, comerciales, calles pavimentadas, áreas de servicio, etcétera), una infraestructura azul (ríos, arroyos, lagos, estanques, etcétera) y una infraestructura verde (árboles, arbustos, césped en parques, plazas, bulevares, calles, etcétera); a los efectos de pensar en ciudades sostenibles es necesario optimizar la interacción entre estos tres elementos.

Solo por mencionar algunos de los beneficios sociales del arbolado urbano, menciono las siguientes consideraciones:

El árbol en la ciudad ayuda a mejora la salud física y mental de la comunidad, ofrece oportunidades para la educación ambiental, atrae el turismo y produce desarrollo económico.

Como generador de beneficios económicos podemos mencionar que nos lleva a la creación de fuentes de trabajo, regula las temperaturas locales permitiendo el ahorro de energía en refrigeración, mejora las valuaciones inmobiliarias, permite la recuperación de tierras degradadas, aporta a la producción de alimentos, pueden ser fuente de provisión de insumos para la medicina no convencional.

En cuanto a beneficios ambientales, el árbol en la ciudad es productor de oxígeno, regula la humedad del medio, recupera la biodiversidad local, remueven los contaminantes del aire, fungen como barrera acústica, disminuyen la velocidad del viento, mejora de la calidad del aire, fijan carbono atmosférico (mitigación del cambio climático), contribuye a controlar las inundaciones y la erosión, gestiona las aguas pluviales, son dotación sostenible y fuente de agua segura, regula las cargas de calor y aumenta la eficiencia energética produciendo confort térmico en sendas peatonales y espacios públicos, mucho de estos beneficios ya se sabe hace mucho.

Sin embargo, arborizar una ciudad significa más que simplemente plantar árboles en sus calles y debe ser realizada teniendo en cuenta la infraestructura urbana presente y futura, como la pavimentación de calles y paseos, el saneamiento, la electrificación, la comunicación, y el paso peatonal.

Los bosques urbanos se pueden clasificar de diferentes maneras, por su ubicación respecto de los asentamientos urbanos, por la superficie que ocupan, por su función específica.

No existe una receta universal para los planes de gestión forestal urbano ya que cada bosque urbano tiene un conjunto de condiciones económicas, sociales y ambientales únicas y en constante cambio, pero toda ciudad debería tener un plan de gestión de riesgo del arbolado urbano.

La vida del árbol, depende de dos factores: -su vitalidad (capacidad para realizar sus funciones vitales) –estabilidad: (capacidad para mantenerse de pie):

  • La poda, es un tratamiento silvicultural de corrección que se debe evitarse lo más que se pueda, ¿cómo?, con una buena elección de la planta desde el vivero especialista, conjugado con el espacio donde se planifica su desarrollo y función (la especie, tamaño, tipo de raíces, tipo de follaje, frutos, floración, rusticidad, longevidad), no es lo mismo una vereda de una calle de alto transito que un bulevar o un paseo, una plaza, o un bosque periurbano. Normalmente se observa la mayor dificultad en el arbolado de línea o de vereda, donde la falta de conocimiento en estos temas termina convirtiendo al árbol de la vereda en una molestia al vecino (rotura de veredas, obstrucción de desagües, roturas de cables o frente de edificios o en el peor de los casos en un elemento totalmente inútil e indeseable (falta de sombra en el verano, oscurecimiento de calles por proyección de sombra en la luminaria).

La altura mínima aconsejable del árbol de reposición de vereda, es aquel que tenga entre 1,80 m. 2,00 m. de altura al llevarlo a la vereda, y que la primera ramificación del tronco se dé recién a esa altura lo que evitara la intervención de poda y por tanto el consecuente ahorro de recursos económicos al erario público, los primeros 3-4 años.

La altura de copa recomendada para el tránsito de peatones es de 2,5 m., en tanto para el tránsito vehicular el despeje será de 3,5 a 4,5 m., según circulen automóviles o colectivos.
La poda debilita al árbol con los sucesivos cortes (que lo necesita, o que lo hace más fuerte, es un mito muy arraigado), sin lugar a dudas es una agresión al árbol, que produce heridas en los tejidos de la corteza, constituyendo una puerta de entrada a diferentes patógenos afectando su vitalidad, por ello, las podas deben estar a cargo de un especialista y la cuadrilla a cargo de la ejecución debe estar formado tanto en los criterios como en las técnicas de poda del arbolado urbano.

Fotos cedidas Proy SPU-UNaM2017 Eldorado-Ing Ftal. C Pitsch

Otra intervención muy común, es la presencia de cables en la línea de plantación, esto obliga a formar un túnel dentro de la copa, por donde se conduzca el cableado. Esta intervención debe ser gradual y a medida que crece el árbol eliminando ramas pequeñas para formar el túnel y evitar afectar el equilibrio del árbol, modelando la copa, lo mismo sucederá con los artefactos de iluminación, procurando que estos queden situados debajo de la copa, siempre que sea posible.

En las megaciudades ya no se discute hoy la importancia de la infraestructura verde, donde el embellecimiento y ornato es uno más en el listado de beneficios que es extenso.
La visibilidad y disfrute de los servicios eco sistémicos del arbolado urbano depende de resolver los conflictos que presentan una gestión pública poco asertiva en cuanto a la gestión del arbolado urbano.

La gestión del arbolado urbano debe tomar los nuevos conceptos de silvicultura urbana, no es nada fácil cambiar muchos mitos aceptados en la arboricultura antigua. Es ahora, ante la necesidad de adaptación y mitigación contra el cambio climático, que las prácticas tradicionales sean contestadas con argumentos prácticos de arboricultura moderna, no más mutilaciones de árboles, no más plantaciones inadecuadas, no más intentar obtener árboles pequeños de árboles de gran desarrollo.

El éxito de un proyecto de ciudad depende del respeto a la visión global y a la importancia de su patrimonio: la calidad de vida de los ciudadanos.

 

 

(*)Vicepresidenta Colegio de Ingenieros Forestales de Misiones (Co.I.For.M)
Docente Curso Gestión y Manejo de Arbolado Urbano -FCF-UNAM

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