Entre misterios y leyendas, el Carau es una de las aves acuáticas más conocidas de los humedales del norte argentino

Infaltable presencia en ambientes acuáticos del litoral, el Carau es portador de una de las leyendas más conocidas de la región, inmortalizada por varios cantores de la movida chamamecera. Es una de las aves acuáticas más conocidas de los humedales del norte argentino, bien visible por tener un porte mediano (mide unos 60 cm) y una voz aguda y penetrante que podemos percibir desde distancias considerables.

 

Fotos: Miguel Ángel Rodas.

 

BUENOS AIRES Y MISIONES (23/11/2019).- Infaltable presencia en ambientes acuáticos del litoral, el Carau es portador de una de las leyendas más conocidas de la región, inmortalizada por varios cantores de la movida chamamecera. Es una de las aves acuáticas más conocidas de los humedales del norte argentino, bien visible por tener un porte mediano (mide unos 60 cm) y una voz aguda y penetrante que podemos percibir desde distancias considerables.

A través de una alianza con Aves Argentinas, la centenaria organización ambientalista que impulsa su Programa Bosque Atlántico, compartimos en forma semanal algunos de los secretos sobre la biodiversidad de las especies de aves del país, y de nuestra Maravilla Natural Argentina, la Selva Misionera. Exclusivo de Misiones On Line.

En esta oportunidad te contamos del Carau, un ave bastante solitaria, pero pueden verse parejas y grupos y en otoño e invierno grandes bandadas. Su color es pardo amarronado oscuro, con un finísimo punteado parejo de color blanco en la cabeza y en el cuello incluso pecho y dorso.

La silueta del Carau es inconfundible. Habitualmente se lo puede ver caminando, bien pausado, en los bañados y cunetas y también en bordes de arroyos. Puede posar en árboles a media altura, siempre cerca del agua. Su vuelo es casi único en las aves sudamericanas, porque pega unos aletazos fuertes, de la horizontal hacia arriba y sus patas las lleva colgando.

 

 

El legendario naturalista argentino, que conoció y describió a Misiones como pocos, Andrés Giai, en sus campañas a mediados del siglo XX descubrió el carau para esta provincia. Su pluma mágica retrató como nadie el vuelo de esta especie: “… En Misiones nunca hemos observado al carau en vuelos de altura. Sus desplazamientos eran bajos y a trechos cortos. En tales circunstancias, vuelan como si estuvieran sostenidos por un paracaídas, con el pescuezo estirado, las patas colgantes y aleteando fuerte”. Giai también cita a otro ornitólogo quien describía al carau como una mariposa gigante.

Las vocalizaciones del Carau son, como comentamos, bien conocidas. Como gritos lastimeros, pueden oirse en cualquier momento del día, también durante el atardecer e incluso a la noche. En el corazón del Iberá, en época de nidificación, toda la madrugada pueden estar vocalizando.

 

 

Tiene un pico largo y recto, fuertísimo. Algunos lo han comparado a un rompenueces. Es que su alimentación está basada casi exclusivamente en caracoles y lo usa de potente herramienta para quebrar los caparazones.

Giai sugiere que el Carau era habitual en el arroyo Urugua-í, aguas arriba, por la ausencia de grandes peces predadores que en otras latitudes son de los principales consumidores de caracoles.

Anida en primavera y verano; en los ambientes de estero, sobre la vegetación palustre, como los totorales y juncales. Pero cuando hay monte lo hacen a una altura media sobre árboles construyendo su plataforma con ramas y palos chicos, siempre revistiéndola de hojas secas donde ubica sus huevos. Puede tener hasta seis pichones. En Misiones se lo ha visto también aprovechar la base de los nidos del anó grande, otro habitante de las riberas vegetadas de los cursos de agua.

 

 

Dejamos para el final al Carau como leyenda. Porque su porte y andar casi humanos, sumado a su voz y goteado blanco en el cuerpo lo han señalado como un joven que se refugió en el estero para llorar arrepentido por su indiferencia ante la muerte de seres queridos. Con algunas variantes, esa es la leyenda. La de un muchacho apuesto y bailarín, que de juerga durante una noche y ante la noticia que su madre (en algunos casos otros parientes) había fallecido, su respuesta había sido “Ya habrá tiempo para llorar”, quedándose en el baile sin importar o creer la noticia que le arrimaban. Pero al comprobar la veracidad de los comentarios cuando llegó a la casa y su madre estaba siendo velada, culposo se retiró con sigilo a los humedales, vestido de luto para llorar por siempre y dejar su cuerpo chorreado de lágrimas.

 

Una estrofa de la leyenda en tono de recitado nos reza:

El patrón de los esteros

Como no tuvo perdón

Soporta la maldición

Vestido de luto entero.

Sigamos conservando las leyendas populares y las aves silvestres que las inspiran.

 

 

Por Andrés Bosso / Aves Argentinas

Fotos: Miguel Ángel Roda. 

www.avesargentinas.org.ar

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