Región Chaqueña | Aprendizajes adquiridos durante el muestreo de carbono acumulado en madera muerta y suelo en bosques nativos

Los Doctores Ingenieros Forestales José Antonio Díaz Zirpolo (Laboratorio de Anatomía de Madera – Cátedra de Dendrología) y María de los Ángeles Basualdo (Cátedra de Ecología Forestal) de la Facultad de Ciencias Forestales (FCF) de la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE), responden interrogantes sobre carbono almacenado en bosques.

 

SANTIAGO DEL ESTERO (Octubre 2022).-Docentes de la Facultad de Ciencias Forestales (FCF) de la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE), participaron del proyecto denominado “Análisis para la determinación de factibilidad de incorporación de los reservorios Madera Muerta y Carbono Orgánico del Suelo para la Región Chaqueña en el Segundo Inventario Nacional de Bosques Nativos”, en el marco del Programa Nacional ONU-REDD, por parte del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MAyDS) de la Nación.

El Programa ONU-REDD es el programa de colaboración de las Naciones Unidas para la Reducción de Emisiones debidas a la deforestación y la degradación forestal en países en desarrollo.

El estudio se realizó mediante un convenio entre la Universidad Nacional de Santiago del Estero y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), a través de un equipo intercátedra del Instituto de Silvicultura y Manejo de Bosques de la FCF, coordinado por los Doctores Ingenieros Forestales José Antonio Díaz Zirpolo (Laboratorio de Anatomía de Madera – Cátedra de Dendrología) y María de los Ángeles Basualdo (Cátedra de Ecología Forestal).

Acumulación de carbono

En la actualidad, existe interés en conocer el aporte que realizan los distintos reservorios biomasa viva (aérea y subterránea), biomasa muerta y suelo, en la acumulación de carbono de los bosques. Este conocimiento resulta de vital importancia para la gestión sostenible de los bosques, la conservación, así como en los planes de reducción de emisiones por deforestación y degradación forestal.

A nivel nacional se viene trabajando en la determinación de los niveles de referencia para la reducción de emisiones a escala subnacional, cubriendo el 65% de las regiones forestales del país, abarcando las emisiones brutas de CO2 por deforestación, contemplando sólo los depósitos de biomasa aérea y subterránea de los bosques nativos.

En ese sentido, se plantea el interrogante: ¿Cuál es la situación de la Argentina respecto del conocimiento de los reservorios de madera muerta y suelo en sus bosques nativos?

Hasta el momento la información a nivel país es escasa, debido a la no inclusión de los depósitos de carbono madera muerta y suelo en los inventarios de bosque nativo.

La experiencia desarrollada consistió en un muestreo piloto (exploratorio) de carbono correspondiente a madera muerta y suelo en las provincias de Santiago del Estero y Chaco.  De esta manera, comenzamos a generar valores de referencia para la región Chaqueña, más allá del número limitado de muestras e incertidumbre asociada a esta primera aproximación.

 

¿Con qué medios contamos para generar valores de referencia de carbono en los distintos reservorios del bosque?

Para ello recurrimos a los inventarios de carbono, que permiten estimar la reserva acumulada a partir de un relevamiento de datos de campo y posteriores trabajos de laboratorio y gabinete.

Para que los inventarios puedan ser comparados entre sí y puedan reflejar la cantidad real de carbono almacenado por el ecosistema, es importante que los datos que se obtengan sean confiables, basándose en principios, procedimientos, muestreos, análisis específicos y capacitación adecuada de quienes los ejecuten.

Las metodologías para la medición y monitoreo de reservas de carbono en bosques nativos deben contemplar cuatro aspectos (Figura 1).

Figura 1. Representación esquemática de una propuesta metodológica integrada para la cuantificación de carbono almacenado en bosques.

¿A qué consideramos madera muerta y carbono orgánico del suelo?

La madera muerta es toda la biomasa leñosa muerta que no forma parte de la hojarasca, y que puede estar en pie o sobre la superficie, incluyendo las raíces muertas y los tocones. Constituye un componente básico en la estructura y funcionamiento de cualquier ecosistema forestal.

Sin embargo, el desconocimiento por parte de la sociedad, ha llevado a considerar éste recurso como desecho o basura, lo cual es totalmente erróneo, puesto que provee hábitat y alimento a muchos animales, plantas y hongos, forma parte activa del ciclo de nutrientes y agua; y representa un verdadero indicador de biodiversidad y reserva de carbono, representando un 14 a 40% del reservorio total en los ecosistemas boscosos.

Las determinaciones de tenores de carbono constituyen una parte esencial de la metodología de cuantificación y monitoreo de carbono en la madera muerta.

Muchos estudios asumen que el tenor de carbono acumulado en la madera muerta representa un valor de 0,5 o 50% del peso seco de la biomasa. A pesar de no ser una aproximación del todo errónea, ella no es universalmente verdadera y más frecuentemente representa una grave sobreestimación del carbono almacenado. Muchas determinaciones en laboratorio sugieren que los tenores varían según la especie, fracción de biomasa, y raramente contienen 50%, situándose generalmente en un rango de 40 a 45, excepcionalmente llegando a 48%.

Por su parte, en el suelo se acumula carbono orgánico en la materia orgánica. Esta última además de brindar estabilidad, proporciona nutrientes a las plantas, mejora la disponibilidad de agua así como la fertilidad del suelo.

La materia orgánica contiene aproximadamente el 55-60 por ciento de carbono en masa.

El carbono orgánico es dinámico no obstante los impactos antropogénicos pueden convertirlo en un sumidero de carbono o una fuente neta de gas de efecto invernadero a la atmósfera.

El carbono orgánico del suelo (COS) se estima a partir de cuatro variables: profundidad, concentración o proporción del carbono orgánico, densidad aparente y fracción de fragmentos gruesos (IPCC 2006).

 

Experiencia piloto

Sobre la base de 28 parcelas circulares permanentes de 1.000 m2 instaladas durante el Segundo Inventario Nacional de Bosques Nativos, se adaptó un dispositivo de muestreo, para el estudio de madera muerta y suelo en bosques de la región chaqueña. Del total de parcelas evaluadas, la mitad correspondió a la ecorregión Chaco Seco y la restante al Chaco Húmedo.

Para la cuantificación del stock de carbono total de madera muerta se definieron cinco tipos que incluyeron; madera muerta en pie (diámetro a la altura del pecho (DAP) mayor o igual a 5 cm), tocones, madera muerta fina (diámetro < 2,5 cm), madera muerta mediana (diámetro > 2,5 cm y < 7,5 cm) y madera muerta gruesa (diámetro > 7,5 cm), mediante el método de parcela y líneas de intersección.

Cada muestra fue pesada en fresco a campo y colocada en una bolsa rotulada con el fin de estimar su densidad básica en laboratorio, mediante el método de desplazamiento de volumen de agua.

Las muestras fueron secadas en estufa a 75 °C hasta peso constante (48-72 horas aproximadamente) y con el peso y el volumen se calculó la densidad básica de cada muestra. Luego se realizó el molido de las muestras mediante el uso de un molino de seis cuchillas de 50 a 6.000 rpm con tamices metálicos de 0,2 a 6,0 mm. Finalmente se realizó la determinación del porcentaje de carbono mediante el método de combustión total en seco con un analizador elemental.

Para medir el contenido de carbono orgánico del suelo, se colectaron muestras en áreas limpias de materia orgánica. Dentro de la parcela circular se tomaron muestras sobre líneas paralelas, situadas a 2 m de la línea N-S, dentro de 4 cuadrantes.

Las muestras fueron extraídas usando un barreno de 2 cm de diámetro, a los 0-20 cm y 20-50 cm de profundidad. En laboratorio, las muestras fueron tamizadas mediante un tamiz de 2 mm.

Se estimó la densidad aparente relacionando la masa y el volumen de la muestra, teniendo como referencia el volumen del barreno y los intervalos muestreados.

Para la determinación del porcentaje de carbono orgánico se utilizó un analizador elemental mediante el método de combustión total en seco.

Finalmente, se llegó a determinar el carbono orgánico de la muestra, utilizando la estimación de densidad aparente y el porcentaje de carbono obtenido en laboratorio.

 

Valores obtenidos en la experiencia

De acuerdo a los resultados obtenidos los reservorios de Madera Muerta y Carbono Orgánico del Suelo variaron según la ecorregión analizada.

En la Ecorregión del Chaco Húmedo, el valor de carbono acumulado en madera muerta fue de 16,7 t/ha; mientras que el valor de carbono en el suelo fue de 60 t/ha (Figura 2).

En el Chaco Seco, el aporte de carbono de madera muerta fue de 9.02 t/ha (incluyendo el aporte de los distintos tipos de madera muerta), mientras que el reservorio carbono orgánico del suelo (acumulado hasta los 50 cm) fue de 40 t/ha (Figura 3).

En su mayoría los sitios muestreados corresponden a bosques bajo categoría amarilla, bosques de mediano valor de conservación según el ordenamiento territorial de bosques nativos (Ley Nacional Nº 26.331).

Figura 2. Valores promedio de carbono en madera muerta y suelo en la ecorregión Chaco Húmedo.

Figura 3. Valores promedio de carbono en madera muerta y suelo en la ecorregión Chaco Seco.

Aprendizajes

Con lo aportado por este estudio piloto, se disponen hoy de valores de referencia correspondientes al carbono acumulado en los reservorios de Madera Muerta y Suelo, para la región analizada.

Al comparar ecorregiones se observó como el Chaco Húmedo presentó mayor variabilidad de los valores de carbono acumulado en ambos reservorios.

Para la obtención de los datos y la sincronización de las tareas de campo y laboratorio, fue sumamente importante el trabajo en equipo y la articulación interinstitucional (FCF UNSE, Programa Nacional ONU-REDD, Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MAyDS) de la Nación, Dirección Provincial de Bosques y Fauna de Santiago del Estero y ejecutores del Segundo Inventario Nacional de Bosque Nativo).

Debido al aporte de los reservorios Madera Muerta y Suelo en la acumulación de carbono total, recomendamos incluirlos al monitoreo de bosques y así contar con valores actualizados que reflejen el estado de los mismos en un contexto de cambio de uso del suelo.

Cabe destacar que esta información presentada al Programa Nacional ONU-REDD, servirá de insumo para otros estudios así como el diseño de acciones, políticas y medidas tendientes a reducir emisiones de carbono provenientes de la deforestación y degradación forestal; dentro de las medidas para mitigar el cambio climático.

 

Autores:

  • Dr. Ing. Ftal. José Antonio Díaz Zirpolo – Laboratorio de Anatomía de Madera – Cátedra de Dendrología – Instituto de Silvicultura y Manejo de Bosques – Facultad de Ciencias Forestales – Universidad Nacional de Santiago del Estero.
  • Dra. Ing. Ftal. María de los Ángeles Basualdo – Cátedra de Ecología Forestal – Instituto de Silvicultura y Manejo de Bosques – Facultad de Ciencias Forestales – Universidad Nacional de Santiago del Estero.

 

 

Este artículo forma parte del espacio mensual de la REDFOR.ar, en ArgentinaForestal.com, que busca divulgar y generar debate sobre la problemática forestal del país. Las opiniones pertenecen a los autores.

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