Una mirada a la sequía en América del Sur

Países como Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Chile no son ajenos a las sequías.  Sus habitantes tampoco desconocen los impactos de la disminución de agua para consumo humano, riego o generación de energía hidroeléctrica.  Incluso han experimentado eventos extremos, como severas olas de calor que afectan a su salud y producen las condiciones para incendios que devastan enormes superficies de ecosistemas. A continuación presentamos algunos ejemplos de los efectos de la sequía en la región.

 

Fuente: UICN 

 

AMÉRICA LATINA (5/10/2022).- Los efectos del cambio climático se sienten con mayor fuerza a través del agua: cuando se desbordan los ríos por las lluvias extremas o las poblaciones se ven obligadas a migrar porque la tierra ya no es capaz de soportar los cultivos.

En América del Sur, estos eventos suelen estar relacionados con el Fenómeno de El Niño (El Niño Southern Oscillation ENSO – Niña) que modifica las temperaturas del océano y, en consecuencia, los patrones de precipitación.  Sin embargo, sus efectos se ven exacerbados por el cambio de uso de suelo, deforestación y degradación de los ecosistemas, así como las inadecuadas prácticas de consumo.

En los últimos años, los eventos de sequía no solo han incrementado en frecuencia o duración sino también en intensidad, provocando el surgimiento de zonas que ahora se consideran como “áridas” por efectos del cambio climático, entre las que se encuentran algunas partes en la Cuenca del Río de la Plata o el centro y sur de Chile (a diferencia de zonas tradicionalmente áridas como el Desierto de Atacama).

Durante las primeras dos décadas del siglo XXI, la Amazonía ha experimentado 3 amplias sequías, de las cuales se gatillaron grandes incendios forestales.  Los eventos de sequía se están volviendo cada vez más frecuentes en la Amazonía, debido al uso del suelo y cambio climático, que están relacionados.  Si la deforestación de la Amazonía continúa, es probable que el 16% de los bosques que quedan en la región se quemen para el 2050.

El Informe AR6 del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, 2022), estima, en la mayoría de regiones, un crecimiento en la superficie de terreno afectada por sequías extremas entre 2010-2019, con respecto a 1950-1959.  Subregiones como el noreste de América del Sur (costa de Brasil) y el oeste de la cuenca amazónica (Bolivia y Brasil) podrían experimentar hasta 6 meses de sequía (mirar cuadro).

Photo: IPCC WGII Sixth Assessment Report

En el Río de la Plata, por ejemplo, desde inicios de 2019, se detectó indicadores de una sequía severa en la parte alta de la cuenca (Río Paraguay – Brasil y Bolivia). Para finales de año, varios estados brasileños, así como partes de Paraguay y Argentina ya sentía los efectos del déficit de precipitaciones.  En 2020, se incorporó a esta dinámica más territorio argentino y partes de Uruguay.  Los efectos de esta prolongada sequía todavía no pueden ser cuantificados, ya que se espera que el Fenómeno La Niña de 2021 continúe durante el 2022. Sin embargo, por su severidad, intensidad y duración, se considera que éste es uno de los cinco eventos de sequía más importantes desde 1950 para la Región.

 

Un estudio del Observatorio Global de Sequías indica que si comparamos el periodo 2011-2020 con la data de referencia (1981-2010), los valores promedio de precipitación se han reducido entre 30% y 90% en el este de Brasil, las costas de Venezuela, Ecuador y Perú, y el sur de Chile y Argentina.

 

Los efectos de la sequía sobrepasan la escasez de agua. Algunos reportes indican impactos graves en la agricultura, navegación por ríos, producción de energía, abastecimiento de agua para consumo humano y degradación de los ecosistemas por incendios forestales y cambios en las condiciones hidrológicas de base.

El Pantanal, uno de los humedales más importantes de América del Sur, fue fuertemente impactado entre 2019 y 2020, con importantes consecuencias para la biodiversidad y las comunidades que dependen de la movilización de sus productos agrícolas a través de las hidro-vías.

Los Andes y el noreste de Brasil están entre las regiones más sensibles a migraciones y desplazamientos relacionadas al clima (sequías, tormentas tropicales, huracanes, lluvias torrenciales e inundaciones), un fenómeno que se ha incrementado entre el reporte AR5 y AR6 del IPCC.

Cuando la disponibilidad de agua se restringe, se mueven todos los mecanismos de gobernanza.

Por ejemplo, el Plan de Emergencia contra la Sequía del Gobierno de Chile (2021), que para su formulación convocó, desde el 2019, a varios actores públicos y privados a una mesa técnica en donde se plantearon propuestas de solución para mejorar la eficiencia de uso y aumentar la disponibilidad del agua para consumo humano y producción de alimentos.  Medida urgente tras 13 años de escasez hídrica que han dejado a los reservorios de agua a un tercio de su capacidad.

El plan incluye medidas tradicionales como la construcción de nuevas represas y tecnificación del riego y otras más innovadoras como la desalinización, re-uso de aguas residuales y cobros diferenciados de tarifas.  Sin embargo, a partir de la información disponible, no se logró evidenciar que contenga elementos de conservación de ecosistemas reguladores de servicios hidrológicos que serían indispensables para garantizar la provisión de agua.

Este país también está promoviendo importantes cambios a nivel institucional y normativo para gestionar mejor los (escasos) recursos hídricos de Chile, en donde se espera que se supla esta falencia.  A pesar de todos los esfuerzos, en abril de este año, se anunció la necesidad de considerar racionamientos de agua para la ciudad de Santiago.

En Brasil, cerca de 60 millones de personas, de las cuales 70% habita en áreas urbanas y con altos niveles de pobreza, están expuestas a sequías y hambrunas.  Cerca del 94% de la región noreste de América del Sur tiene un riesgo moderado – alto de desertificación.

El aumento en intensidad y escala geográfica de la sequía es un resultado de la crisis climática y pone en riesgo nuestra capacidad de adaptación a las condiciones climáticas futuras.  No es un fenómeno aislado o ajeno en América del Sur, es parte de nuestra realidad.

En estos párrafos se ejemplifican algunos de los efectos de la sequía en la región.  Se podrían relatar muchos más.  Urge considerar la gestión integrada del agua y los ecosistemas como pilar fundamental en las estrategias de adaptación y mitigación al cambio climático, así como la gestión de riesgos en todos los países de la región.

UICN es socia de la Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación y la Sequía desde 2011, apoyando el progreso hacia políticas y programas que brinden neutralidad en la degradación de la tierra (NDT), a través de la aplicación de soluciones basadas en la naturaleza (NbS).

En la 15ta conferencia de las de las partes (UNCCD Cop 15), que tuvo lugar en mayo del presente año, la UICN propuso los siguientes mensajes clave:

  • Adoptar Soluciones basadas en la Naturaleza (SBN) para lograr la Neutralidad en materia de Degradación de las Tierras (NDT).
  • Aumentar y mantener la acción y el compromiso para la restauración de pastizales
  • Adoptar enfoques basados en la salud de las tierras y los ecosistemas en los marcos y estrategias nacionales para la gestión del riesgo de sequía.
  • Involucrar a las organizaciones de pueblos indígenas (OPI), las organizaciones de mujeres, el sector privado y las organizaciones de la sociedad civil (OSC) en el logro de la NDT.
  • Fortalecer y hacer operativas las sinergias con las otras Convenciones de Río y otros acuerdos y procesos pertinentes.

 

Publicado en UICN. Para mayor información: María Laura Piñeiros, laura.pineiros@iucn.org y Fabricio Astudillo, fabricio.astudillo@iucn.org

 

 

 

 

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