Las olas de calor en crisis climática

Hay varios “ingredientes perfectos” para las olas de calor para mantenerse, durar más, intensificarse e impactar de forma más dramática en la salud y en la producción. Entonces, debemos trabajar en prevención y preparación. No esperemos a que el fuego arda.

 

Fuente: RED/ACCIÓN . Especial Planeta. Por Tais Gadea Lara

 

BUENOS AIRES (22/7/2022).- ¿Cómo el cambio climático afecta las olas de calor?. Lo primero que suele aparecer ante las olas de calor es la común expresión “no es para tanto, antes también hubo altas temperaturas”. Sí, nadie niega que antes también hubo altas temperaturas. Pero no, la situación no es la misma. El planeta no es el mismo.

El calentamiento actual del planeta se encuentra un 1,1°C por encima de los niveles pre-industriales. La creciente emisión de gases de efecto invernadero -por nuestras actividades, no olvidar- está generando múltiples cambios en el sistema climático, lo desestabiliza, lo desequilibra. Esos cambios se están dando de forma cada vez más acelerada.

Es en este contexto que hay que comprender y analizar las olas de calor que estamos atravesando. Son olas de calor en crisis climática.

Lo segundo que leí fue que, por ejemplo, en Argentina estábamos acostumbrados a temperaturas de 40°C y que los británicos “hacían mucho escándalo”. Ante ello, hay que tener en cuenta cuáles son las temperaturas promedio para cada lugar y definitivamente no son las mismas para el verano argentino que para el de Reino Unido. Piensen que recién el pasado 19 de julio, hubo en Reino Unido por primera vez desde que se tienen registros una temperatura por encima de los 40°C. Fue de 40.3°C.

¿Hubo en años anteriores temperaturas extremas? Sí. Pero a) no tan extremas, b) no tan frecuentes y c) lo que hay que comprender de este contexto de crisis climática es la aceleración. De los 10 días récord de elevadas temperaturas registradas en Reino Unido, siete ocurrieron desde el 2000. Esa es la aceleración que estamos generando con el cambio climático.

El reporte del Grupo de Trabajo I del IPCC (que analizamos) presentado el año pasado, ya era muy claro respecto de que desde 1950 las olas de calor se volvieron más frecuentes e intensas alrededor del mundo y que ello era por el cambio climático antropogénico, es decir, por nuestras actividades. Entonces, veamos más en detalle qué ocurre con las olas de calor en el contexto del cambio climático.

Las olas de calor duran más. Empiezan antes y terminan más tarde. Son más largas. Los días con temperaturas elevadas extremas son cada vez más en un episodio de ola de calor. Un planeta más caliente le da las condiciones perfectas a la ola de calor para permanecer. El aire caliente se acumula y cual, olla a presión, se presiona cada vez más hacia el planeta en lugar de liberarse. Por lo que se calienta más.

La Agencia de Protección Ambiental estadounidense (EPA) registra que en los ´60 la temporada de olas de calor en Estados Unidos duraban 25 días y que a partir del 2010 llega a durar hasta 70 días. Esto, claramente, hace que los impactos negativos de las olas de calor también se prolonguen.

Las olas de calor son más frecuentes. El IPCC muestra que los extremos de altas temperaturas que en 1850-1900 ocurrían una vez cada 10 años, ahora ocurren tres veces cada 10 años. Si logramos limitar el calentamiento por debajo del 1,5°C ocurrirán 4 veces cada 10 años. Pero, recuerden, no son olas de calor iguales a las de 1850. Estamos en un planeta más caliente y, por lo tanto, también…

 

Las olas de calor son más intensas. Los extremos de temperaturas elevadas son cada vez mayores, lo que hace que el calor ante el cual humanos, otras especies animales, la biodiversidad sea mucho más peligroso.

 

Un estudio publicado en Science muestra un dato tan ilustrativo como temeroso: se estima que una persona nacida en 1960 experimentará un promedio de cuatro olas de calor a lo largo de su vida, pero una persona nacida en 2020 atravesará, si se cumplen los compromisos anunciados por los países, 30 olas de calor a lo largo de su vida y si limitamos el calentamiento por debajo de 1,5°C, 18 olas de calor. De nuevo, estarán expuestos a más olas de calor que son más intensas.

Las olas de calor tienen impactos más dramáticos. Impactan directamente en la salud de las personas, especialmente de los adultos mayores, de quienes trabajan al aire libre expuestos al sol, de aquellas que no tienen acceso a la infraestructura necesaria para soportar el calor. Afectan hectáreas de producción que impactan negativamente en las economías locales. Dan las condiciones perfectas para la propagación de los incendios, independientemente de su causa.

Con todo esto hay que comprender que detrás de los datos hay personas, hay animales, hay toda una biodiversidad equilibrada que se ve totalmente impactada por olas de calor más duraderas, más frecuentes, más intensas. No hablamos de un daño menor, sólo en España se estima que la reciente ola de calor dejó 500 víctimas fatales. Y tenemos que evitar que ello ocurra.

 

El secretario general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) Petteri Taalas se mostró contundente ante las actuales olas de calor: “En el futuro, este tipo de olas de calor van a ser normales. Veremos extremos más fuertes. Hemos enviado tanto dióxido de carbono a la atmósfera que la tendencia negativa continuará durante décadas. No hemos podido reducir nuestras emisiones a nivel mundial. Espero que esto sea una llamada de atención para los gobiernos y que tenga un impacto en los comportamientos electorales en los países democráticos”.

Sobre la acción que estas cifras nos deben empujar a iniciar volveré en un apartado posterior.

¿Podemos esperar olas de calor de este tipo en el próximo verano latinoamericano? Ver cómo venimos nos puede ayudar a entender hacia dónde vamos. Exactamente hoy la Organización Meteorológica Mundial (OMM) dio a conocer el reporte El Estado del Clima en América Latina y el Caribe 2021. Se trata de una radiografía sobre cómo está el clima en este contexto de permanente cambio que le generamos. Ahí se expone cómo durante el 2021 se registraron olas de calor en distintas partes de la región. Sólo en Argentina, varios lugares registraron prolongadas olas de calor que duraron entre seis a ocho días seguidos.

Las olas de calor se relacionan estrechamente con los incendios en la región. En la Amazonía, la mayoría de los incendios se produjeron en la región del Pantanal durante episodios combinados de sequía y olas de calor.

Si bien la mayoría de los incendios que se producen en la Amazonía y en la región están asociados a la actividad humana -deforestación, práctica de quema, fuego mal apagado-, las llamas encuentran en la ola de calor el escenario perfecto para propagarse con mayor facilidad y hacer más difícil su contención. 

Si bien no podemos decir exactamente lo que ocurrirá en nuestro próximo verano. La OMM es muy clara al mostrarnos que la tendencia al calentamiento en la región continuó durante 2021: la temperatura media se situó por encima de la media de 1981-2010 en todas las subregiones. También nos revela -o recuerda- la intensa sequía que venimos atravesando: la sequía plurianual en la cuenca del Paraná-Plata es la peor desde 1994 y la megasequía en la región central de Chile lleva 13 años, sí, 13 años.

Todos estos son ingredientes perfectos para las olas de calor para mantenerse, durar más, intensificarse e impactar de forma más dramática en la salud y en la producción. Entonces, en vistas de estos datos en particular y de los mencionados en el apartado anterior, debemos trabajar en prevención y preparación. No esperemos a que el fuego arda.

Hay esperanzas

¿Qué nos demuestra todo esto o qué nos debería empujar a hacer? La ciencia climática dedica cada uno de sus más recientes reportes a urgir la acción que la crisis demanda, acción que aún es posible porque tenemos una ventana de oportunidad. Es una ventana que se cierra cada vez más ante la inacción o acción insuficiente, pero es una ventana que aún tenemos y que no podemos, no debemos dejar de aprovechar.

Entonces, ¿qué hacer ante olas de calor intensificadas por el cambio climático? En una entrevista radial de esta semana, la científica climática argentina Inés Camilloni fue muy contundente al mencionar los dos aspectos clave que hacen a la acción climática.

  • “Hay que acelerar la descarbonización de la economía”. Sí, sé que es difícil leer esto en el marco de crisis económicas aquí y allá, pero es necesario. Piensen que el cambio climático es esa ola más grande detrás de la ola de la crisis económica que encima alimenta -para mal- la económica y que sólo nos impactará peor después si no actuamos hoy.

Salir del actual modelo de producción y consumo basado en la explotación de combustibles fósiles y modelos intensivos es lo que debemos hacer para reducir las emisiones y lograr limitar el calentamiento.

En pocas palabras: para que las olas de calor no continúen intensificándose. Recordemos que las transformaciones en todos los sectores deben hacerse con la inclusión y la justicia como ejes transversales.

  • “Hay que incrementar y acelerar las estrategias de adaptación”. Sí, porque no es apocalíptico decir que los efectos del cambio climático ya están con nosotros y que son más intensos que hace cincuenta, treinta, diez años atrás. Es realista. Y ante ello debemos adaptarnos mejor. Queda claro que no lo estamos haciendo correctamente y que hay mucho por mejorar.

El reporte del Grupo de Trabajo II del IPCC sobre impactos, adaptación y vulnerabilidad (que analizamos), fue muy claro al decir que “a nivel mundial, la exposición de la población a las olas de calor seguirá aumentando con el calentamiento adicional, con fuertes diferencias geográficas en la mortalidad relacionada con el calor si no hay una adaptación adicional”.

 

¿Qué implica adaptarnos?

Por ejemplo, ante las olas de calor, los tomadores de decisión deben impulsar políticas que contemplen el impacto que significa quedar expuestos a un calor cada vez más peligroso, intenso, frecuente y duradero. ¿Tienen las personas sistemas de refrigeración? ¿Está el sistema energético preparado para soportar un mayor consumo? ¿Tienen las personas acceso a agua segura para hidratarse? ¿Hay que cambiar los horarios de ciertas actividades laborales para que no haya empleados trabajando bajo el sol? ¿Estamos construyendo los nuevos edificios pensando en la ventilación, la refrigeración y la calefacción? ¿Estamos rediseñando los existentes con eso en mente?

Todo esto no puede olvidar algo: hay personas que se encuentran en mayores condiciones de vulnerabilidad. El cambio climático profundiza las vulnerabilidades ya existentes, por lo que no es lo mismo cómo atraviesa una ola de calor alguien con determinadas facilidades que alguien sin acceso a agua, sin siquiera un ventilador. Y esto no sólo se trata de la diferencia entre países del Norte y del Sur. Claro que hay notables diferencias entre ambos, pero también dentro de los países del Norte hay grupos que están en condiciones de mayor vulnerabilidad que otros.

Son muy especialmente las voces de estas personas las que deben ser escuchadas y consideradas en las mesas de toma de decisiones de esas estrategias de adaptación. De lo contrario, serán estrategias poco efectivas en su implementación.

La adaptación es especialmente importante para América Latina. El informe de la OMM subraya que América del Sur es una de las regiones con mayor necesidad de fortalecer los sistemas de alerta temprana para adaptarse con efectividad ante eventos climáticos extremos. Es decir, tenemos mucho trabajo por delante.

Claro que todo esto no es fácil ni de un día para otro. El reporte del Grupo de Trabajo II del IPCC sobre mitigación (que analizamos), evidencia cómo la adaptación a olas de calor más intensas llevarán a mayores necesidades de refrigeración, mayor consumo de energía y mayores emisiones. De allí que todas las estrategias deben ser pensadas con esa doble mirada de reducir emisiones y adaptarnos para tener el mejor resultado.

Esto no significa no colocar aires acondicionados, por supuesto que no. Sí significa anticiparnos a los impactos del cambio climático y ser lo más eficientes posibles en las estrategias a implementar. El IPCC menciona: “Los espacios refrigerados compartidos con soluciones de refrigeración altamente eficientes se encuentran entre las estrategias de mitigación que pueden limitar el efecto de las olas de calor esperadas en la salud de las personas”.

En pocas palabras: la alerta de la situación crítica actual tiene que traducirse en acción, porque todavía tenemos una ventana de oportunidad y porque es la responsabilidad moral que tenemos como especie responsable del problema. 

 

 

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