Las empresas agroindustriales y forestales: ¿Parte del problema o de la solución?

Por Alejandro D. Brown, presidente de la Fundación ProYungas

 

ARGENTINA (Diciembre 2021).- Permanentemente, y cada vez con más  fuerza se escuchan y se visualizan campañas mediáticas bien establecidas y difundidas, que ponen en el tapete y sobre todo ponen en duda la responsabilidad con la que los argentinos producimos alimentos, para nosotros y para exportar al resto del mundo.

Y de paso, se pretende establecer un límite tajante entre los “agronegocios” y la agroecología, como si esta última no fuera un negocio. Seguramente si no es un negocio tampoco será sustentable.

Estas dicotomías, entre producción intensiva con un objetivo claro de exportación y aquellas destinadas a un mercado más local, si bien poseen marcadas diferencias en la forma de producir, es una dicotomía claramente falsa en términos de sustentabilidad.

Ambas dependen de los ecosistemas, de los insumos, de la tecnología, del mercado y por supuesto depende de la sustentabilidad financiera. Ambas formas son útiles y complementarias en un país que necesita exportar para generar divisas y necesita asegurar la soberanía alimentaria y energética.

Una disputa inútil, alimentada y viralizada por quienes poco saben sobre producción de agroalimentos y sobre ambiente, campañas que en general están fustigadas desde una mirada contra capitalista y contra mercados y obviamente urbana.

Una disputa que está a contramarcha de una estrategia del país para crecer económicamente, para disponer de los recursos económicos necesarios para aliviar la pobreza, para generar trabajo genuino e incluso para generar los recursos económicos destinados a asegurar la protección de la naturaleza y para enfrentar los riesgos del cambio climático.

En este contexto de vincular activamente producción con protección de los bienes y servicios de la naturaleza, hemos desarrollado el concepto de “Paisaje Productivo Protegido”.

Una iniciativa de ProYungas destinada a la planificación territorial, promover las buenas prácticas, el monitoreo socioambiental, la comunicación efectiva y la construcción de alianzas territoriales.

Muchas empresas del Norte Grande se han sumado a este concepto y hoy tenemos incluidas en el mismo más de 700.000 hectáreas, la mitad destinadas a producción intensiva y la otra mitad a la conservación de la naturaleza.

Y vamos por más…estimando para fines del año próximo alcanzar las 2 millones de hectáreas de PPPs.

Es también destacable que muchas empresas que están trabajando con nosotros o que están en proceso, son empresas líderes de la región y del país en materia de producción de azúcar, papel, bioetanol, madera y pulpa, cítricos, yerba mate, granos y carne vacuna. También son empresas premiadas por altos estándares de calidad, de eficiencia y de compromiso ambiental y social.

En definitiva, hay otra realidad que es necesario darle más visibilidad, la sociedad necesita creer que un futuro mejor es posible.

Necesitamos que esta demanda de la sociedad de más y mejor naturaleza, sea también asociada con la necesidad de más y mejor producción.

 Es nuestra apuesta institucional para un año 2022 que se viene embebido de muchas dudas, pero con la convicción de dejar a estos dos últimos francamente atrás.

Necesitamos imperiosamente construir una agenda positiva, creíble y transparente orientada a posicionar a nuestro país como uno de los territorios donde se generan productos de alta calidad y donde se conservan los bienes y servicios que nos provee la naturaleza.

 

 

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