La “deforestación importada”, un flagelo que impacta el clima, la biodiversidad y la gente, además de golpear a la foresto-industria

Se necesitan con urgencia acciones más inclusivas y coherentes a nivel mundial para reducir la pérdida de bosques y los impactos climáticos. La deforestación y la degradación forestal impactan enormemente en la biodiversidad, el clima, y la gente. Si bien la creciente demanda mundial de productos agrícolas es el principal motor de la pérdida de bosques nativos, existe una falta de gobernanza forestal mundial que sea eficaz para abordar el tema”, señalaron científicos miembro de IUFRO (Unión Internacional de Organizaciones de Investigación Forestal) en una conferencia de prensa virtual desde Viena para sensibilizar sobre el tema a la sociedad y explicar su importancia a periodistas internacionales.

 

Por Patricia Escobar

@argentinaforest

 

VIENA Y ARGENTINA (21/10/2021).- Tras décadas de innovación y de gobernanza forestal fallida, los científicos de las áreas política y ambiental sugieren algunas soluciones para los responsables de la formulación de políticas, los líderes de la industria, agentes del conocimiento y otras partes interesadas.

El martes 19 de octubre, un grupo de científicos ofrecieron una conferencia de prensa organizada por IUFRO (Unión Internacional de Organizaciones de Investigación Forestal), con la colaboración de REVOLVE, como un camino previo hacia la COP 26. Los periodistas interactuaron con cuatro científicos políticos e investigadores de bosques y usos de la tierra de renombre internacional sobre las complejidades y realidades de la “deforestación importada”: Metodi Sotirov (Universidad de Friburgo en Alemania); Sarah Lilian Burns (Universidad Nacional de La Plata en Argentina y Coordinadora de Grupo en el Instituto de Silvicultura Internacional y Productos Forestales de la Universidad Técnica de Dresde, Alemania); Pablo Pacheco, Jefe de Bosques del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF); la Dra. Connie McDermott, profesora asociada de Uso de la Tierra y Cambio Ambiental en la Universidad de Oxford, de Reino Unido.

Para los especialistas, el tema central es entender el concepto de “deforestación importada”, ya que consideran es un tema central para la acción climática global. “Lo que se consume en las áreas urbanas tiene un impacto en los bosques de otras partes del mundo; la procedencia de los productos básicos de riesgo forestal y cómo conservar y proteger mejor los bosques es un aspecto clave del nexo ciudad-bosque”, fundamentaron en la convocatoria de prensa.

 

La deforestación importada es la deforestación causada por la producción de bienes que son consumidos por una población en otro lugar. Los mayores importadores son los países de altos ingresos, China e India, principalmente a través de la importación de productos agrícolas, pulpa y papel, energía y minerales.

 

En la oportunidad afirmaron que al abordar la crisis climática global, hay mucho que aprender de los fracasos y las historias de éxito de la política forestal internacional.

La deforestación y la degradación forestal, principalmente debido a la expansión agrícola, provocan la pérdida de aproximadamente 9 millones de hectáreas de bosque natural por año. Y esto tiene graves consecuencias sociales, económicas y ambientales, incluyendo la dramática pérdida de biodiversidad, ya que los bosques albergan el 80% de toda la biodiversidad terrestre.

Entre algunos de los  datos brindados del informe de FAO 2020, indicaron que  en el período 2007- 2016, alrededor del 23% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono procedían de la deforestación y la degradación de los bosques, lo que contribuye significativamente a la acuciante crisis climática.

Desde 1990 se han perdido 420 millones de hectáreas de bosque por la conversión a otros usos del suelo, aunque la tasa de deforestación ha disminuido en las últimas tres décadas.

Entre 2015 y 2020, la tasa de deforestación se estima en 10 millones de hectáreas por año, por debajo de los 16 millones de hectáreas estimados anuales en la década de 1990. La superficie del bosque primario en todo el mundo ha disminuido en más de 80 millones de hectáreas desde 1990.

Mientras que el hemisferio norte y los países con altos ingresos están aumentando su cubierta forestal, el sudeste asiático, el África subsahariana y América Latina siguen perdiendo tierras forestales a un ritmo alarmante. En 2010-2020, África tuvo la mayor tasa anual de pérdida neta de bosques, con 3,9 millones de hectáreas, seguida de América del Sur, con 2,6 millones de hectáreas.

África tuvo la mayor pérdida neta de superficie forestal en 2010-2020, con una pérdida de 3,94 millones de hectáreas por año, seguida de América del Sur con 2,60 millones de hectáreas por año. Desde 1990, África ha reportado un aumento en la tasa de pérdida neta, mientras que las pérdidas de América del Sur han disminuido sustancialmente desde 2010 .

La tasa mundial de pérdida neta de bosques disminuyó sustancialmente durante los períodos 1990-2020 (7,8 millones de hectáreas al año), 2000-2010 (5,2 millones de hectáreas al año) y 2010-2020 (4,7 millones de hectáreas al año) debido a la reducción de la deforestación en algunos países y al aumento de la superficie forestal en otros mediante la forestación y la expansión natural de los bosques. Sin embargo, el ritmo de disminución de la pérdida neta de bosques se redujo en la década más reciente debido a la reducción de la tasa de expansión forestal.

Según un informe de Nuestro Mundo en Datos  2021, los países con altos ingresos económicos fueron los mayores“ importadores ”de deforestación, con un 40% de la misma. Esto significa que estos países fueron responsables del 12% de la deforestación mundial .

“Si sumamos la deforestación importada de los países por grupo de ingresos del Banco Mundial, encontramos que los países con altos ingresos económicos fueron responsables del 40% de la deforestación importada; los países con ingresos medios-altos, del 25%; los países con ingresos medios-bajos, del 20%; y los países con ingresos bajos, del 5% ”, indican en el estudio

Además, los gobiernos, las empresas responsables y los agricultores locales están perdiendo miles de millones de dólares cada año debido a la mala gobernanza de los mercados internacionales.

Los científicos de IUFRO afirman que, aunque se han desarrollado muchos instrumentos innovadores de política forestal pública, privada y mixta a nivel regional y local, “estos esfuerzos se ven frustrados por un régimen de política forestal altamente fragmentado, incompleto e ineficaz a nivel mundial”.

La COP26 como una oportunidad para enfrentar la “deforestación importada”

Con miras a la próxima Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26), existe una oportunidad para que los responsables de las políticas climáticas globales aprovechen algunas de las lecciones clave aprendidas de los errores y las historias de éxito de la política forestal internacional.

“La mayor parte de la deforestación tiene lugar en la región Sur global, y es impulsada no solo por los mercados domésticos, sino también por los mercados internacionales y la demanda de productos agrícolas, bioenergía y otras necesidades de la bioeconomía en el Norte global. Nos referimos a esto como ‘deforestación importada’”, explica Metodi Sotirov, de la Universidad de Friburgo en Alemania.

Si bien el uso ilegal o insostenible de madera sigue siendo un importante factor de deforestación, la expansión agrícola para la ganadería y el cultivo de soja, aceite de palma, etcétera es mucho mayor.

Sin embargo, las políticas y la gobernanza internacionales aún no abordan los problemas en juego: aún existe la necesidad de una respuesta política global eficaz y coordinada que abarque todos los productos básicos relacionados con la deforestación (madera, productos agrícolas de riesgo para los bosques, bioenergía, minería, etc.) y desafíos políticos, de mercado, sociales y ecológicos que deben abordarse para reducir la desaparición de los bosques del mundo.

En las últimas tres décadas se han desarrollado un gran número y variedad de iniciativas e instituciones de política forestal mundial; cada una de ellas aborda diferentes aspectos de los bosques y su manejo, pero también hay superposiciones.

“La gobernanza forestal mundial está muy fragmentada”

Como resultado, la gobernanza forestal mundial está muy fragmentada y fuertemente influenciada por ciertas políticas clave, como son las políticas climáticas internacionales, incluida la Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de los bosques (REDD+), y los esfuerzos globales para combatir el comercio de madera de origen ilegal, incluida la Aplicación de la Ley Forestal, Gobernanza y Comercio (‘FLEGT’ por sus siglas en inglés).

“Muchas de las iniciativas internacionales dirigidas a detener la deforestación, como la certificación forestal y los mecanismos de legalidad de la madera, o REDD +, consideran la deforestación como un problema del sector forestal debido a la gestión de manejo forestal y la tala. Sin embargo, la gran mayoría de la deforestación se debe a la conversión para la agricultura, que en gran medida no se aborda en las iniciativas internacionales de gobernanza forestal”, explica Sarah Lilian Burns, profesora asistente de la Universidad Nacional de La Plata en Argentina y Coordinadora de Grupo en el Instituto de Silvicultura Internacional y Productos Forestales de la Universidad Técnica de Dresde, Alemania.

“Instrumentos basados en el libre mercado para la gobernanza forestal mundial, como son la certificación forestal (incluyendo el Forest Stewardship Council – FSC y el Programa para la Aprobación de la 3 Certificación Forestal – PEFC), REDD+ y las cadenas de suministro libres de deforestación, no resuelven las desigualdades existentes en el comercio de madera entre grandes y pequeños productores. Por el contrario, estos instrumentos incluso tienen el potencial de reforzar tales desigualdades”, explica la investigadora argentina.

“Aquí es donde entra en juego el papel crucial de los Estados, ya que los gobiernos tienen un potencial considerable para corregir fallas del mercado relacionadas con conductas ecológica o socialmente inaceptables”, reflexiona Burns.

Lo que sabemos sobre la deforestación y la gobernanza forestal

La deforestación tiene muchas consecuencias socioecológicas y económicas con impactos devastadores a largo plazo, como por ejemplo la destrucción de estilos de vida tradicionales y creencias religiosas, el colapso de las instituciones sociales o la invasión de comunidades indígenas que resultan en enfrentamientos violentos.

Económicamente, la deforestación no solo representa una pérdida de capital forestal (valorado en USD 45 mil millones en 2007) sino que también desaparecen todos los potenciales ingresos futuros y el empleo futuro que podrían derivarse de la gestión sostenible de productos maderables y no maderables.

Una de las consecuencias más graves de la deforestación es la pérdida de biodiversidad, con una extinción anual estimada de 50.000 especies.

La deforestación también es un contribuyente importante al calentamiento global con una contribución de aproximadamente del 23% al considerar las emisiones totales de gases de efecto invernadero (C02, CH4, N2O), esto interrumpe los patrones climáticos creando un clima más cálido y seco, afecta la calidad y el flujo del agua y contribuye a la degradación del suelo y la desertificación.

El Dr. Pablo Pacheco, Jefe de Bosques del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) explica: “Se han probado múltiples soluciones, incluidas regulaciones públicas (por ejemplo: prohibiciones, moratorias) y mecanismos basados en el libre mercado (por ejemplo: certificación, pagos por servicios medioambientales, trazabilidad), así como ambiciosos compromisos tanto públicos como privados para detener la deforestación y mejorar el manejo forestal. Sin embargo, tan solo se ha logrado un éxito limitado debido a la falta de regulaciones más estrictas, medios financieros e incentivos de mercado para hacer de la deforestación una opción poco atractiva, o implementar buenas prácticas en tierras ya convertidas”, explicó.

Desde la Ciencia se han identificado tres desafíos y deficiencias principales en la gobernanza forestal mundial: un problema de complejidad, un vacío regulatorio y una brecha de implementación.

-La complejidad se debe a demasiados procesos regulatorios públicos y privados en los niveles global, transnacional y nacional;

-El vacío regulatorio se debe a las regulaciones públicas y privadas que abordan solo una pequeña parte de los factores que impulsan la deforestación, como es el aprovechamiento maderero, pero no los denominados productos agrícolas de “riesgo forestal”;

-La brecha de implementación se debe a que estas regulaciones no se implementan de manera eficiente ni se coordinan de manera efectiva.

“Esta desconcertante variedad de instrumentos normativos y de mercado, en lugar de mitigar, crea conflictos entre políticas y mercados, deforestación desplazada (deforestación que se evita en un lugar, pero se crea en otro lugar en el que no existía) y vacíos legales”, señaló Pacheco.

“Estos enfoques múltiples e incoherentes obstaculizan la efectividad de los diversos arreglos de gobernanza forestal; la situación actual permite a los usuarios de la tierra, las empresas y los países buscar en distintos foros el instrumento más adecuado para sus intereses (económicos), comprometiendo las acciones eficaces contra la deforestación”, explicó, por su parte, el profesor Sotirov.

La Dra. Connie McDermott, profesora asociada de Uso de la Tierra y Cambio Ambiental en la Universidad de Oxford, Reino Unido, añadió al debate otro aspecto importante: “Estamos midiendo el cambio forestal con una precisión cada vez mayor, pero seguimos sin aplicar cambios ni evaluar el costo humano y ambiental de nuestros esfuerzos hasta ahora. Muchas iniciativas de gobernanza mundial ‘nuevas’ se basan en gran medida en estrategias existentes que refuerzan las desigualdades de poder. En lugar de transformar el status quo, prometen hacer más de lo mismo, simplemente de una forma más rápida y más dura”, remarcó.

Soluciones y enfoques constructivos sugeridos

“¿Qué pasaría si desviáramos más atención y recursos de las métricas globales, los modelos y la fijación de objetivos, para evaluar seriamente cómo la gobernanza global está afectando a la población local y a la biodiversidad, y para apoyar – o al menos no obstaculizar – los esfuerzos locales para fomentar el cambio?”, plantearon los científicos.

La Dra. McDermott expresó que “las ciencias sociales pueden ayudarnos en este sentido, estudiando la dinámica del poder a distintas escalas, cómo funciona la gobernanza en el contexto local, cuáles son las perspectivas de la población local y cómo podemos aprender de ellas. Podemos ayudar a ‘ampliar’ estas iniciativas, respaldando redes y aprendiendo entre los diferentes esfuerzos, en lugar de esperar que se ‘amplíen’ y se conviertan en una estrategia global homogénea”, planteó.

Desde la visión del Dr. Sotirov, una acción eficaz internacional y de la UE contra la deforestación y la degradación de los bosques requerirá una combinación de medidas políticas del lado de la oferta dirigidas a los países productores y a los operadores económicos (en regiones tropicales como Brasil, África Central y el Sudeste Asiático), con medidas políticas del lado de la demanda dirigidas a los países y a las empresas que importan a los mercados de la UE (y a las regiones consumidoras/comercializadoras como Estados Unidos, China, India, Vietnam, etc.).

Entre las soluciones más importantes que propone el Dr. Sotirov se encuentra la necesidad de hacer más coherentes las acciones y la cooperación en materia de políticas forestales internacionales, y de integrar las acciones fuera del sector forestal (por ejemplo, en la agricultura, la bioenergía y la minería) con las del sector forestal, y viceversa.

Además, agregó: “Es necesario abordar y gestionar de manera más explícita y honesta los conflictos y sinergias subyacentes entre la protección medioambiental relacionada con los bosques, la equidad social y el desarrollo económico en la búsqueda de sostenibilidad a nivel mundial”.

Connie McDermott aportó una visión más crítica sobre el papel de las distintas partes interesadas: “La comunidad internacional no es el ‘héroe’ que salvará los bosques tropicales. No saldremos del apuro interviniendo como expertos armados con estadísticas globales para evitar que los malos talen árboles, basados en un conocimiento asombrosamente escaso de los bosques que estamos tratando de salvar o de las personas a las que estamos tratando de detener. No saldremos del apuro con palabrería política sobre los problemas de otros países, compromisos de productos “deforestación cero”, o el Big Data. Un cambio real y duradero no puede imponerse simplemente desde fuera: tiene que funcionar para las personas que están siendo directamente afectadas, y para quienes tienen un amplio conocimiento y un compromiso con determinados bosques como algo más que estadísticas globales”, recalcó la investigadora.

La investigación dirigida por el Dr. Pacheco habla de la importancia de la alineación normativa. “Tener normas más estrictas en los países consumidores para evitar la deforestación importada es un complemento importante para construir acuerdos y mecanismos institucionales en los países productores y en los ecosistemas productores para detener la deforestación, apoyar un mejor uso de la tierra y la agricultura regenerativa, y restaurar los paisajes forestales”, explicó.

En este sentido, sostuvo que será necesario “avanzar en los enfoques jurisdiccionales, incluyendo los acuerdos y asociaciones de múltiples partes interesadas en ecosistemas o jurisdicciones específicas (como, por ejemplo, provincias, municipios) para crear sinergias entre las empresas (por ejemplo, en la trazabilidad, los servicios a los proveedores), los inversionistas y los bancos (por ejemplo, la selección, la gestión de riesgos), y los organismos estatales (por ejemplo, la planificación, el reconocimiento de la tenencia, los servicios de extensión) para crear impactos positivos en la naturaleza, y hacerlos coincidir con las necesidades de los agricultores y las comunidades locales”, dijo Pacheco.

“Se puede hacer todo este proceso, pero la voluntad política de hacerlo tiene que ser mucho mayor que en el pasado. Y no hay una única solución que resuelva el problema de la gobernanza forestal y la deforestación. Las soluciones necesitan tanto de los países consumidores como de los países productores, y una asociación más fuerte con las partes interesadas en los ecosistemas productores”.

Los cuatro expertos que participaron en la conferencia de prensa contribuyen a la labor de la International Union of Forest Research Organizations (IUFRO), en español, Unión Internacional de Organizaciones de Investigación Forestal en diversas funciones.

La IUFRO es una organización mundial dedicada a la investigación forestal y ciencias afines. Sus miembros son instituciones de investigación, universidades y científicos individuales, así como autoridades con poder de decisión y otras partes interesadas en los bosques y los árboles.

 

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