La promoción de los Productos Forestales no Madereros como política económica para las comunidades más vulnerables 

Un análisis con especial referencia al caso de la Goma Brea y las comunidades Wichí del chaco salteño, presenta en presente artículo de opinión de Chris van Dam, de AFoPe SALTA. 

 

SALTA (Julio 2020).- En 2008, la discusión en torno a las retenciones a la producción sojera develó la inexistencia de una política económica para los verdaderos “pequeños productores”, que no eran precisamente los que producían granos en 100 o 300 ha. en la zona núcleo, sino aquellos otros, ocupantes precarios o propietarios de pocas ha., que tenían (y siguen hoy teniendo) una economía de subsistencia, venden algunos excedentes e incluso venden estacionalmente su mano de obra.

Para ellos lo que existía en ese entonces eran ‘políticas sociales’, como los Planes Jefes y Jefas de Hogar, o un enfoque de proyectos acotados en el tiempo (cómo los que implementaba el Programa Social Agropecuario, luego la Secretaría de Agricultura Familiar), pero no ha existido una política consistente, basada en instrumentos económicos de largo alcance, que los apoye en su producción y en la cadena de valor, con una política de precios –léase subsidios- que los discrimine positivamente, entendiendo que con ello no sólo se favorecen las economías regionales, sino a un sector social sumido en la pobreza desde hace mucho tiempo, y para quienes el mercado –en su configuración actual- no les ofrece demasiado.

No ha existido en la Argentina una política de subsidios cruzados (cf. Verbitsky[1]), por la cual algunas producciones que tienen circunstancialmente excelentes condiciones en el mercado internacional, permiten vía retenciones, apoyar producciones que son estratégicas desde una perspectiva regional, social y cultural, pero no “competitivas”.

Aunque los pueblos originarios no pueden ser considerados pequeños productores, muchas comunidades indígenas viven en áreas rurales y dependen para su subsistencia de su producción agrícola y pecuaria, o de la recolección, la caza y la pesca. O de la artesanía.

Para ellos tampoco hay políticas económicas proactivas, solo, según las circunstancias y los gobiernos,  pequeñas ayudas como los planes de empleo mínimo o la AUH, por ejemplo. En el caso del Chaco salteño, esta falta de oportunidades ha llevado a que las comunidades se vean obligadas al posteo, a la tala ilegal, conchabados por madereros de ciudades vecinas, con lo cual aceleran la destrucción de su propio bosque del cual históricamente dependieron para su subsistencia.

Este documento pretende mostrar que el Estado si podría tener políticas económicas pensadas para estos sectores, basadas en criterios sociales. Aunque se centra en proponer políticas para el caso de los Productos Forestales no Maderables,  tomando como caso particular la Goma Brea, estas políticas, con variantes, podrían implementarse para muchas otras producciones tanto de indígenas, como de pequeños productores y comunidades campesinas de nuestro país.

La importancia de los Productos Forestales No Maderables para la conservación del bosque y las comunidades de pueblos originarios

En las últimas décadas la FAO y otros organismos como CIFOR e ICRAF han recalcado la importancia que tienen los productos forestales no madereros (PFNM) para las poblaciones que viven dentro del bosque y del bosque. Esto también ocurre en Argentina, en las Yungas, la Selva Misionera, los bosques Andino-Patagónicos y en especial en el Monte Chaqueño, donde los pueblos indígenas aprovechan en diversos grados los productos distintos a la madera que les ofrece el bosque. Pero hasta ahora han sido pocos los productos que, con el apoyo del Estado, han permitido que estas  comunidades puedan aprovechar esos recursos, en forma sostenible y con un rédito económico significativo. Una notable excepción es el Proyecto Élé que ha permitido a la vez mejorar la conservación del bosque, el manejo de la fauna (el loro hablador (Amazonia aestiva)) y las condiciones de vida de quienes hoy manejan sosteniblemente este recurso.

Ello es así, porque estos ejemplos suelen ser mirados en forma anecdótica y hasta folclórica, sin ver la importancia económica y social que pueden tener para quienes viven en cada lugar y región y tienen pocas alternativas económicas.

La Goma Brea es uno de estos PFNM. Esta goma es la exudación de un árbol, la Brea (Cercidium praecox). Este árbol tiene, además,  la particularidad de crecer en suelos pobres, siendo una planta colonizadora, pionera, es decir con la capacidad de, una vez instalada, albergar otras plantas y recuperar así suelos desertificados. Lo que le otorga a la Brea una calidad ambiental única.

Adicionalmente, la recolección o cosecha del producto requiere de mucha mano de obra (las ‘lagrimas’ que exudan los árboles deben ser recolectadas a mano cada 20 días), lo cual hace que sea especialmente apropiado para poblaciones de recolectores-cazadores, como son muchos de los pueblos indígenas del Chaco. Dado el precio, tiene para estas comunidades una relación costo-beneficio que no puede ser igualado por ningún otro producto del monte. De allí el enorme impacto social y económico que podría tener la goma brea para las comunidades rurales del chaco semi-árido, hoy la población con mayor nivel de pobreza del país.

¿Cuál es la importancia de la Goma Brea?

La goma brea es un sucedáneo de la goma arábiga, es decir que tiene sus mismas propiedades físico-químicas, un hidrocoloide empleado en la industria alimenticia, y en menor medida (un 15%) en usos no alimenticios (excipiente farmacéutico, adhesivos y pinturas, tintas y gráfica).

“Las exportaciones de goma arábiga sin elaborar o semielaborada casi se triplicaron en los últimos 25 años, pasando de un promedio anual de 35.000 t en 1992-1994 a 102.000 t en 2014-2016. Asimismo, las exportaciones de goma arábiga elaborada se triplicaron con creces durante el mismo período, y pasaron de 17.000 t a 53.000 t.[2] (https://unctad.org/es/Paginas/PressRelease.aspx?OriginalVersionID=451)

La Argentina importa anualmente alrededor de US$ 3’400 000 de goma arábiga[3]. Esa goma proviene mayormente del Sudán, a través de intermediarios de Europa y de EEUU. La mayoría de esa goma (o dicho de otro modo, para la mayoría de los usos de esa goma) podría ser reemplazada por la goma brea. Es decir existe ya un mercado natural para esa goma, como lo han demostrado varios estudios (del INTI, de la Universidad Nacional de Salta, y varios otros trabajos científicos. Ello sin tomar en cuenta los mercados de exportación, como en el caso del Brasil o de México que importan anualmente cerca de US$ 5’800 000 de goma arábiga cada uno, o Chile y Uruguay (1’4 millones anuales cada uno).

Hoy la goma brea solo hace parte de circuitos marginales , y el precio que se paga por ella es muy bajo: mientras la goma brea se paga entre US$ 1.20 y US$ 2 por Kg.,  el precio FOB de la goma arábiga se sitúa entre US$ 4 y US$ 11 el Kg.

¿Porqué esa diferencia de precios? La Goma Brea, a pesar de estar en el Código Alimentario Nacional desde el 2013 (RESOLUCION CONJUNTA 222/2013331/2013 de la SAGPyA), no ha sido promovida para ser utilizada por la industria, y tampoco ha sido desarrollada la cadena productiva, a pesar de que es vox populi que ha sido utilizada como Goma arábiga desde hace décadas (por ejemplo en los ’70 cuando, cerraba  la importación, fue utilizada bajo el nombre de Goma Arábiga Argentina por empresas como ARCOR y Georgalos).

Estando la  goma brea en el Código Alimentario, buena parte del consumo de goma arábiga sería reemplazado por goma brea, lo cual en teoría permitiría pagar un precio justo por esta goma, y que muchas más comunidades Wichí, pudiesen tenerla como actividad productiva. Decimos en teoría porque, en ausencia de una política regulatoria del Estado que favorezca a las comunidades indígenas,  probablemente aparecerían acopiadores e intermediarios de todo tipo que serían quienes se apropiarían del valor producido por este nuevo nicho de mercado.

En ese sentido las políticas económicas que se diseñen para las economías regionales y a favor de estos sectores sociales más vulnerables, no pueden ser medidas aisladas: antes bien, deben contemplar varios factores, como la equidad y la inclusividad en la cadena de valor, la sostenibilidad en el tiempo, y las características sociales y culturales de los actores a quienes se quiere beneficiar.

La importancia de una política proactiva por parte del Estado

Como sabemos el mercado no es un buen regulador de los recursos, menos aún de los recursos naturales, y aún menos si se originan en comunidades vulnerables (con las dificultades que tienen de insertarse en condiciones de equidad a esos mercados).

Considerar también a las comunidades de pueblos originarios sólo como sujetos de políticas sociales, en general asistencialistas, tampoco conduce a la autonomía y al autogobierno, derechos consagrados en el Convenio 169 y  la Declaración de Naciones Unidas sobre Pueblos Indígenas.

Es importante, entonces, que el Estado tenga políticas económicas concretas, que discriminen positivamente a las poblaciones indígenas, para protegerlas de acopiadores e intermediarios, y apoyarlas y acompañarlas en la comercialización de una de las pocas producciones que pueden generarles un ingreso monetario sin destruir su ecosistema (como lo son hoy el posteo y la tala ilegal o la pesca con fines comerciales.).

A titulo de ejemplo algunas políticas económicas podrían ser:

º        Una política de subsidios hasta tanto su producción sea competitiva (existen varios antecedentes, como el Fondo Especial del Tabaco o el Fondo Especial del Algodón, que fueron pensados por el Estado como mecanismos para favorecer a los productores tabacaleros y algodoneros).

º        medidas de protección a su producción (una suerte de denominación de origen)

º        impulso a programas de investigación  (en el INTA, en el INTI, en las Universidades) para resolver algunas cuestiones técnicas en la cosecha, acopio y transformación, cómo en adecuar procesos industriales al sustituir la goma arábiga por goma brea.

º        disposiciones tributarias de excepción que les permita comercializar su producción en forma mucho más sencilla.

La Goma Brea es sólo un ejemplo. Los pueblos originarios proveen a la sociedad y al mercado numerosos otros productos forestales no madereros (y también madereros como la artesanía) sin que el Estado acompañe este esfuerzo con políticas económicas que mejoren las condiciones en las cuales se insertan. Sin mencionar los servicios ambientales que también proveen sus bosques (biodiversidad, carbono, servicios hídricos)  y que en la Argentina no les son ni reconocidos ni compensados.

Políticas públicas que merecen ser consideradas

Fondo Especial para los Productos Forestales No Madereros

Como se ha mencionado, tanto el Fondo Especial del Tabaco como el Fondo Algodonero Nacional fueron pensados como herramientas que permitían mejorar el precio de producciones, básicamente en manos de productores pequeños, y que permitían mejorarles el precio en forma sustancial.

Con la misma lógica, uno podría crear un Fondo Especial para Productos Forestales No Madereros, que mejorara los ingresos obtenidos por las comunidades indígenas y comunidades campesinas  que hagan un uso responsable o de baja intensidad de su bosque, por el cual el Estado otorga un plus a los  productos forestales no madereros comercializados  (como la goma brea, la harina de algarroba, la miel, el chaguar, etc. en el caso de los pueblos chaquenses).

Los recursos para este Fondo provendrían ya sea de las retenciones a la soja (el principio del subsidio cruzado que promueve Verbitsky), pero también podrían provenir del pago por resultados por la reducción de emisiones (como el fondo que recibirá la Argentina de parte del Fondo Verde del Clima).

Obligación para la industria de sustituir progresivamente Goma Arábiga por Goma Brea

El Estado podría perfectamente trazar un plan de sustitución de importaciones, concertando con la industria una propuesta que permitiera progresivamente esa sustitución, a medida que van adecuando los procesos productivos para esta sustitución. Cada empresa tendría la obligación de utilizar un “x” porcentaje de goma brea en lugar de goma arábiga,  otorgándole un plazo para ello. Existen muchos antecedentes de medidas similares, como las que han permitido incorporar biodiesel en los combustibles, o en el caso de la industria maderera, la incorporación de especies “no comerciales” en la producción de laminados (como el caso de Mikro en Chetumal, México).

El Estado podría tener un programa de financiamiento para apoyar estas reconversiones tecnológicas.

Denominación de Origen

Aunque la brea se extiende a lo largo y ancho de nuestro chaco árido y semi-árido, y podría ser recolectado y apropiado por una gran diversidad de otros actores (puesteros, población criolla, etc.) es importante “proteger” la goma brea como un producto para los pueblos indígenas del Chaco, entendiendo que hoy estas comunidades  tienen muy pocas otras alternativas de generar un ingreso monetario.

La goma brea, al igual que la algarroba, requiere es mano de obra intensiva en la recolección, y por ello se adecua perfectamente al modo de vida de los pueblos indígenas del  Chaco, que son cazadores y recolectores.. No existe otro producto para las comunidades chaquenses que tenga una relación costo/beneficio tan positiva como la goma brea.

La goma brea tendría entonces una denominación de origen.

Otras posibles medidas de política

  • Apoyo financiero para el establecimiento de pequeñas plantas para el procesamiento de la goma brea, para producir goma brea en polvo (que es como lo consume la industria)
  • Acompañamiento a comunidades, a través de proyectos de extensión (p.ej a través de la SAF o del INTA) para que puedan organizarse y realizar su actividad productiva en forma asociativa.
  • Definición de precios de referencia y garantizar condiciones de equidad en la comercialización.
  • Retomar el monotributo social agropecuario que les permita comercializar en forma legal sus PFNM
  • Aprobación por el Instituto Nacional de Vitivinicultura como aditivo en la producción vitivinícola (el 20% de la goma arábiga es usada en la elaboración de vinos).

 

[1] https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-95594-2007-12-02.html y otros artículos escritos al calor de la discusión de la Resolución 125/2008
[2] Los ingresos procedentes de la exportación de goma arábiga en crudo aumentaron de un promedio anual de 95,4 millones de dólares de los Estados Unidos en 1992-1994 al de 150,3 millones de dólares en 2014-2016. En ese mismo período, los ingresos procedentes de las exportaciones de goma arábiga elaborada aumentaron de 74,4 millones de dólares a 192 millones de dólares, el 90% de los cuales correspondía a países exportadores europeos
[3] https://www.veritradecorp.com/es/Brasil/importaciones-y-exportaciones/goma-ar%C3%A1biga/130120

 

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