Líderes latinoamericanos se pronuncian por un futuro sostenible para América Latina en tiempos de pandemia y crisis planetaria

Un grupo de líderes latinoamericanos entre los que se encuentran los ex Presidentes de Chile, Ricardo Lagos, y de México, Felipe Calderón, y que incluye a ex ministros del ambiente, miembros de la academia, del sector privado y de la sociedad civil, lanzaron  la declaración «Principios para un futuro sostenible de América Latina en tiempos de pandemia y crisis planetaria».

Fuente: LatinClima 

El planeta se enfrenta a la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial y los Estados intentan responder a la emergencia sanitaria y económica. Para promulgar una recuperación verde sin retroceder en los avances en materia ambiental en Latinoamérica, un grupo de líderes latinoamericanos  lanzaron hoy la declaración de ‘Principios para un futuro sostenible de América Latina en tiempos de pandemia y crisis planetaria’.

La declaración, dirigida desde América Latina hacia el mundo, pone énfasis en el carácter sistémico e interdependiente de las políticas públicas y privadas y promueve un conjunto de recomendaciones para el renacimiento sostenible de la región, donde el conocimiento científico, la solidaridad, una nueva forma de hacer empresa, la cooperación y complementariedad, además de un Estado moderno e inclusivo, se propongan avanzar hacia una economía del bienestar y no sólo del crecimiento.

Mientras el mundo se enfrenta a la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial y los Estados intentan responder a la emergencia sanitaria y económica, la pandemia ha puesto en evidencia una crisis sistémica sanitaria, climática y de pérdida de biodiversidad, resultado de la relación de la especie humana con la naturaleza.

Esto devela la interdependencia entre naciones y ecosistemas y la fragilidad a la que estamos expuestos, tal y como lo señala un grupo de líderes latinoamericanos  en la declaración de «Principios para un futuro sostenible de América Latina en tiempos de pandemia y crisis planetaria».

La situación actual muestra elementos comunes entre los países latinoamericanos, como su alta vulnerabilidad y su escasa capacidad para enfrentar crisis sistémicas. Sus sistemas de salud son precarios y el acceso al agua potable y a los servicios de saneamiento son limitados. Además, alrededor del 50 % de la fuerza laboral trabaja en condiciones de informalidad y sin red de contención social. Más del 80 % de sus habitantes viven en zonas urbanas y generan una demanda irracional de recursos, con patrones de producción y consumo insostenibles que revelan el desconocimiento o desinterés por los límites del planeta.

Sin embargo, esta crisis también se presenta como una oportunidad. Ante la emergencia, los Gobiernos están promoviendo y adoptando medidas sanitarias y económicas fundamentales.

Entre ellas, se están impulsando nuevas ideas y reflexiones respecto a los modelos de producción y consumo; se está valorando la infraestructura natural, sus bienes y servicios, así como sus límites; y la ciencia se ha visto reivindicada en las decisiones políticas.

 

Asimismo, se profundiza en el debate de cuáles son aquellas actividades económicas capaces de responder a los desafíos sociales y ambientales actuales y futuros, y a considerar diversas soluciones basadas en la naturaleza. Por último, hay una mejor comprensión de la importancia de otras crisis sistémicas de largo plazo, como el cambio climático y la acelerada pérdida de recursos naturales; y se reconoce que en medio de la incertidumbre surgen reacciones de solidaridad.

En este nuevo escenario, un grupo de líderes de América Latina, provenientes de la academia, la empresa privada, la sociedad civil, además de exautoridades ambientales y de la cultura suscriben la declaración «Principios para un futuro sostenible de América Latina, en tiempos de pandemia y crisis planetaria», que promueve un conjunto de recomendaciones para un renacimiento sostenible de la región latinoamericana.

Los principios enfatizan el conocimiento científico; la solidaridad, la cooperación y la complementariedad entre naciones y sugiere que los planes de estímulo económico incluyan consideraciones climáticas y de respeto a los límites de la naturaleza. Un instrumento esencial para ello, se señala, es renovar los compromisos climáticos y de biodiversidad en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

La declaración reconoce que el mundo post pandemia no será igual y que las crecientes demandas sociales enfatizan la necesidad de crear «un nuevo acuerdo por la naturaleza y las personas» que plantee los compromisos de los Estados y otros actores hacia un marco efectivo para revertir los procesos de pérdida y deterioro de las condiciones naturales del planeta.

América Latina tiene enormes potencialidades y una responsabilidad singular en la tarea de reconectarnos con la naturaleza y el sistema de la vida pues comparte elementos culturales, lenguaje, un patrimonio y conocimientos ancestrales heredados de sus pueblos originarios así como un capital natural que le ofrecen condiciones favorables para desarrollar una estrategia regional de cooperación.

Como parte de las acciones complementarias a esta declaración, sus promotores han anunciado que se fomentará el diálogo a través de eventos virtuales bajo el formato de webinars de alcance regional, cuya organización y fechas se comunicarán en breve.

Señalan que con esta declaración pretenden iniciar un proceso de reflexión profunda sobre una nueva manera de mirar la región y generar una visión colectiva y sostenible para ella.

En declaraciones que hiciera recientemente en Costa Rica Christiana Figueres, ex secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y una de las firmantes de la declaración, en los próximos 18 meses se decidirá el destino de las mayores inversiones globales, que definirán el destino del planeta en cuanto a la recuperación económica y el cambio climático.

“Debemos enfrentar estas tres crisis simultáneamente, haciendo converger las soluciones”, señaló.

 

Listado de impulsores

  •  Yolanda Kakabadse, Ecuador, expresidenta UICN y WWF
  • Jorge Caillaux, Perú, presidente de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental
  • Manuel Pulgar Vidal, Perú, líder global de Clima y Energía, WWF Internacional
  • Rafael Asenjo, Chile, expresidente Tribunal Ambiental de Santiago de Chile
  • Pedro Tarak, Argentina, cofundador Sistema B.
  • Miguel Pellerano, Argentina
  • Juan Dumas, Argentina, Meliquina Ltd.
  • Ramiro Fernández, Argentina, director Cambio Climático, Avina
  • Ignacio Pérez, Ecuador, Seriva

 

Sobre la declaración

Se trata de sentar las bases para un nuevo “acuerdo por la naturaleza y las personas”, que plantee los compromisos de los Estados y otros actores hacia un nuevo marco efectivo para revertir los procesos de pérdida y deterioro de las condiciones naturales del planeta. América Latina tiene un papel, enormes potencialidades y una responsabilidad singular en la tarea de reconectarnos con la naturaleza y el sistema de la vida.

«Desde nuestra singularidad queremos enfatizar la necesidad de revisar sustancialmente el orden actual y adoptar el contrato social necesario para sustentar la paz, dignidad, integridad y la vida de las personas con la promesa de un desarrollo sostenible y duradero», plantea el grupo

1. El conocimiento científico debe sustentar las decisiones. 
La ciencia, como base de conocimiento para la gestión de riesgos y amenazas globales, debe orientar la cooperación y las decisiones políticas, económicas y ambientales. La inversión en investigación y desarrollo, tanto en la prevención de estos riesgos planetarios, así como en las soluciones posibles debe estar en el centro de las prioridades económicas de entidades públicas y del sector privado.

2. La solidaridad debe guiar la respuesta ante las crisis globales.
Para un renacimiento sostenible, debemos reconocer nuestra interdependencia entre seres humanos y con la naturaleza, y promover la salud del sistema Tierra, basados en la solidaridad, la cooperación y la complementariedad entre nosotros.

3. Avanzar hacia una economía del bienestar, no sólo del crecimiento. 
Para un renacimiento sostenible, las decisiones sobre “los planes de estímulo económico” en las estrategias de salida de la crisis económica generada por esta pandemia son definitorias. Es necesario asegurar que fortalezcan nuestra capacidad de resiliencia, restauren los sistemas naturales y aceleren la transición hacia una economía del bienestar dentro de los límites planetarios.

4. Renovar los compromisos climáticos y de biodiversidad en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Debemos reforzar el ciclo de ambición del Acuerdo de París, la reformulación de las metas de Aichi a través del Marco Global para la Biodiversidad Post-2020 del Convenio sobre la Diversidad Biológica y el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible como un compromiso central hacia 2030. La postergación temporal de ambas Conferencias de las Partes no altera la responsabilidad climática ni la requerida para enfrentar la pérdida de naturaleza, especies y ecosistemas. Es prioritario vincular los planes económicos de recuperación con las Estrategias de Largo Plazo de “Emisiones netas Cero”, acelerando la transición energética, las soluciones basadas en la naturaleza y el desarrollo de una sociedad resiliente y dentro de los límites del planeta.

5. Poner el desarrollo de la tecnología al servicio de las soluciones
y encuadrada en los principios democráticos, el respeto a los derechos humanos y el derecho a la privacidad de la información.

6. Revisión del rol del Estado y de la gobernanza 
a todo nivel asegurando el fortalecimiento de las instituciones democráticas y republicanas.

7. Desarrollar nuevos modelos de negocios que integren objetivos económicos, ambientales y sociales.
En el renacimiento de una nueva economía que aspire a ser sostenible, el papel del sector empresarial es crucial. La existencia de miles de empresas que se han propuesto redefinir el sentido del éxito de sus negocios, integrando a su actividad económica objetivos ambientales y sociales, es una señal de que es posible encaminarnos hacia una economía circular donde nada sobre. Es hora de invertir decididamente en el ingenio humano y en las tecnologías de la regeneración, donde la empresa aporte capital financiero y humano, consciente de su enorme capacidad y responsabilidad de generar al mismo tiempo rentas sociales, ambientales y bienestar económico.

La nueva realidad que nos trae esta crisis global pandémica demuestra que sí es posible realizar cambios estructurales.

El mundo no será igual al salir de esta pandemia. «Confiamos en la capacidad y sensibilidad de las actuales y futuras generaciones de crear condiciones para alcanzar un futuro común radicalmente diferente, en el cual la especie humana asuma su responsabilidad del cuidado de la naturaleza y de nuestros semejantes a partir del conocimiento científico de las leyes naturales, de nuestra capacidad creadora y del privilegio de vivir en un planeta capaz de generar y regenerar sus sistemas de vida», afirman en el grupo.

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