Llegó la hora de la sostenibilidad

Por César José Galarza, director de Apostillas Ambientales Consultora de Sostenibilidad (*)

 

ARGENTINA (Enero 2020).- Uno de los principales problemas con los que se encuentra la protección del planeta es su falta de financiamiento e inversión privada al considerársela como obstáculo a la producción y al desarrollo económico, y carente de rentabilidad. Concepción que da origen a su vez ideas fuertes que obstaculizan aún más la canalización de la inversión privada en el tema. Como ser, por un lado, la creencia de que el impulsar cualquier acción de protección ambiental en la empresa (más allá de la obligación legal) resulta en una inútil desviación de recursos -con nulos o escasos beneficios- que deberían dedicarse a solventar los costos del negocio. Y por otro, que la propiedad de tierras con alto valor para la conservación de la naturaleza resulta, tarde o temprano, en una suerte de “maldición inmobiliaria” de la que hay que desprenderse so riesgo de inmovilidad productiva. Como consecuencia de esto, no pocos empresarios consideran a la sostenibilidad y la protección del ambiente como algo bonito, idealista, lleno de buenas intenciones, pero que debe ser dejado a los verdes o románticos amantes de la naturaleza.

Sin embargo, estas ideas están lejos de ser acertadas. Muy por el contrario, la protección del planeta y sostenibilidad pueden convertirse para las empresas en la codiciada llave que les dé acceso a nuevas oportunidades de negocio y les permita superar las crisis económicas. El hacerse con dicha clave no requiere de fórmulas mágicas, pero si un cambio de paradigma que implique innovación en la usanza tradicional de hacer negocios. El Siglo XXI, globalizado, empapado de nuevas tecnologías, de novedosas formas de comunicación y criterios de oferta y demanda y, por, sobre todo, integrado por una sociedad cada día más preocupada por el planeta en que vive, requiere el abandono de aquellas metodologías que, si bien exitosas para nuestros abuelos, poco futuro tienen en la nueva realidad.

La gran mayoría de los problemas ambientales que afectan al planeta tierra tienen sus orígenes en causas económicas, por ende, son sin duda los instrumentos económicos los más idóneos para luchar contra ellos. En esta línea, es sin duda el momento preciso para que empresas y organizaciones abandonen la oxidada idea de la contradicción entre desarrollo económico y protección del ambiente, y acepten los desafíos que este mundo nuevo les presenta, convirtiéndose en empresas más preocupadas por el planeta, por sus empleados, por la sociedad, y por la transparencia, convirtiendo a su vez todo ello en oportunidad de optimización de procesos, reducción de costos y generación de nuevos mercados. En definitiva, constituirse en empresas sostenibles, capaces sobrevivir a largo plazo, con y gracias a su entorno. Quienes no sean aptos para adaptarse rápidamente a los cambios perderán competitividad, y estarán condenados, lamentablemente, a quedar en el camino.

 

Al contrario de lo que parece, las herramientas para el logro de la sostenibilidad están al alcance de todas las empresas y organizaciones, ya sean grandes, medianas, pequeñas, o incluso individuales. En este sentido, la Agenda 2030, con sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), constituye una fácil, pautada y segura guía para avanzar en este camino. Sus tres pilares: el social/laboral, el económico, y ambiental, apuntalan a las empresas para implementar cambios internos y externos reales que traerán la eficacia y eficiencia que asegure a aquellas su sobrevivencia a largo plazo. Pero los cambios debe ser reales y permanentes, puesto que, si solo constituyen un maquillaje, los beneficios no se concretarán y la sostenibilidad no se alcanzará.

Estos beneficios económicos de la sostenibilidad se traducen en mayores y mejores negocios y ganancias; y en la optimización de los procesos productivos, lo que a su vez redundará en:

a) ahorros de costos,

b) apertura a nuevos mercados, c) personal más contento -y por ende más eficiente-,

c) mayor publicidad indirecta,

d) fidelización de clientes y proveedores,

e) prevención y anticipo de erogaciones exigidos por la adaptación a nuevas normativas y tecnologías que responden a la nueva realidad social, ambiental y climática; y

f) el acceso a nueva rama de financiamiento: las finanzas sostenibles.

Se puede señalar, asimismo, que también aquellos que poseen tierras con alto valor de conservación para la naturaleza pueden acceder a los beneficios de la sostenibilidad. En esta línea, existen más de 30 tipos de incentivos económicos para la protección de la naturaleza, cada uno con su peculiaridad. Si bien en razón de la brevedad de este artículo, se deja el ahondamiento sobre cada caso en particular para otra oportunidad, se puede mencionar algunos, entre los mismos a:

1) los puertos seguros o santuarios de naturaleza,

2) los acuerdos de candidatura,

3) las exenciones normativas,

4) las servidumbres de conservación,

5) los acuerdos restrictivos voluntarios,

6) los acuerdos de intercambio de mayordomía,

7) las tarifas de uso,

8) el eco-turismo,

9) las certificaciones y eco-etiquetas,

10) los bancos de mitigación,

11) los bancos de hábitat,

12) los mercados de derechos y permisos,

13) los mercados de servicios ecosistémicos,

14) los pagos por servicios ecosistémicos o ambientales (PSA/PSE),

15) los REDD+,

16) los seguros de conservación,

17) el aprovechamiento de subsidios y ayudas de costo compartido,

18) los arrendamientos de tierra y agua,

19) los contratos de conservación,

20) la condonación de deuda,

21) el aprovechamiento de ayudas al cumplimiento legal,

22) los bonos y prestamos verdes,

23) la donación por productos financieros,

24) los beneficios tributarios, y

25) los incentivos facilitadores (educación, información, asistencia técnica, administración y organización, reconocimiento social-comunitario-cultural)

Cabe señalar, sin embargo, que ya sea por la novedad del tema, o la aparente facilidad de obtención de los beneficios provenientes de las acciones verdes, se ha generado una profusión de acciones empresariales “aparentemente verdes” que lo son únicamente a los fines publicitarios, de acceso a los beneficios económicos establecidos para ellas, o como intento de “blanqueo o encubrimiento” de otras acciones degradadoras del ambiente de la empresa. Operaciones solo superficiales que carecen de un fondo real de protección del planeta o sostenibilidad. A estas prácticas falaces se las conoce como “lavado verde” (greenwashing), las cuales, lamentablemente mucho han contribuido a erosionar la credibilidad empresarial y de la comunidad en la sostenibilidad. Es mismas circunstancias, también han dado ocasión a la aparición de algunos asesores inescrupulosos que, aprovechando la confusión, y con fines únicamente comerciales, aconsejan o proponen planes a sus incautos clientes con poco fundamento técnico, lo cual flaco favor hace al cuidado del planeta ya que, la falta de resultados concretos y comprobables de las medidas sugeridas, termina “quemando” y haciendo perder la confianza en el tema a la comunidad.

No obstante, viendo el vaso medio lleno, tales acciones inescrupulosas, al menos han colaborado -sin querer- a posicionar a la temática en la mesa de muchas negociaciones. Es de esperarse a su vez, que las medidas “falsamente verdes” no tengan una continuidad en el tiempo, ya que su carencia de sustento técnico las hará decantarse por si solas, y el mercado las iras expulsando al ir exigir éste resultado verificable como condición indispensable para el apoyo económico. Es así, que sólo las empresas y organizaciones que se embarquen y persista en una sostenibilidad seria y real serán capaces de aprovechar verdaderamente los beneficios económicos de ésta.

¿Y qué debe hacer una empresa para tomar este camino? Los pasos a seguir no son otros que: 1) tomar la decisión política de abordar la sostenibilidad, 2) priorizar temas de trabajo; 3) planificar (mediante el diseño de programas, planes y proyectos), 4) implementar, monitorear y evaluar, y 5) finalmente comunicar lo realizado. Pero el nuevo paradigma de negocios, requiere de empresas innovadoras, capaces de emprender acciones que no sólo beneficien a ellas mismas, sino también al planeta y la sociedad. El esquema es ganar-ganar (win-win). Todos salen beneficiados y nunca uno solo.

En definitiva, ratificando lo expresado al principios de estos párrafos: 1) no existe una contradicción entre la protección del planeta y el desarrollo económico y empresarial; 2) la sostenibilidad en general, la acción climática y la protección de los recursos naturales en particular, pueden significar una inmejorable oportunidad a empresas y organizaciones para aumentar la eficiencia y eficacia de sus actividades y negocios; 3) existen numerosos beneficios e incentivos económicos (tanto en dinero como en especie) que pueden ser aprovechados por las empresas y organizaciones que realicen acciones sostenibles y verdes; y 4) si bien existe -y puede ser que exista aun un tiempo- cierta confusión en el tema, lo cual es aprovechado por empresarios y asesores inescrupulosos, ello se irá decantando en el punto de seriedad y responsabilidad que exige la proporción de resultados concretos y verificables.

 

(*) Reseña del profesional
Fundador y director de Apostillas Ambientales. Consultora en Sostenibilidad. 
Doctor por la Universidad de Santiago de Compostela, España (donde recibió el premio extraordinario de doctorado por la tesis “La tributación de las actividades ilícitas”), Magister en Diseño, creación y gestión de proyectos, Especialista en Consultoría Ambiental, Especialista en Derecho Tributario, abogado, Técnico en Derecho Ambiental y Diplomado en Cuestiones legales del cambio climático. Se ha capacitado en distintos aspectos del ambiente, el cambio climático, la sostenibilidad, y la gestión de proyectos en diversas Universidades e Institutos de Iberoamérica, temas en los que ha tiene más de 20 publicaciones en Argentina, Perú, México, España e Inglaterra y ha realizado más de 50 exposiciones en congresos, jornadas, conferencias, mesas redondas y workshops en Argentina y el extranjero

 

Publicado en Visión Misionera 2020, el 31 de diciembre de 2019, bajo el título: Llegó la hora de implementar estrategias en la que ganen todos: ambiente, sociedad y empresa

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