En el marco del Seminario de la Industria Forestal del Cono Sur 2026, el secretario de Desarrollo Foresto-industrial de Corrientes, Luis María Mestres, dialogó con ArgentinaForestal.com sobre el impacto de la inversión de US$ 2.000 millones de ARPUL SA. El funcionario repasa cómo pasaron de ser «traidores a la patria» por mirar a la industria de celulosa desde en 2003, a liderar la mayor transformación industrial del sector del país.
Por Patricia Escobar
@argentinaforest
CORRIENTES (10/5/2026).- Hay momentos en la historia de una provincia que marcan un antes y un después. Para Corrientes, ese momento ocurrió en abril, con el anuncio oficial del gobernador Juan Pablo Valdés sobre la instalación de una modera planta de celulosa Kraft y Fluff en el Parque Industrial de Ituzaingó. Pero para entender este presente, hay que escuchar a quien estuvo en todas las mesas de negociación desde 2002: el ingeniero forestal Luis María Mestres, actualmente secretario de Desarrollo Foresto-industrial del gobierno provincial.
Con la voz pausada de quien conoce la actividad y tiene convicción de su potencial, Mestres se sienta a conversar sobre tecnologías para la industria, mercado y precio de la materia prima y, sobre todo, sobre la perseverancia política en generar las condiciones para que el inversor privado decida instalarse en la provincia, y encuentre el clima de negocio que necesita.
Mestres confirmó que la dinámica de inversión en Corrientes está acelerada. Y mencionó, en primicia, la inminente puesta en marcha de un nuevo aserradero en Santo Tomé, orientado a partes de muebles mediante un convenio con una empresa de Brasil.
A pesar de su «camiseta» correntina, durante la entrevista el funcionario defendió la integración regional como única salida competitiva frente al mundo. «Yo siempre tuve una visión regional. El mejor socio que tiene Misiones es Corrientes, y el mejor socio de Corrientes es Misiones. Tenemos que aprender de los uruguayos y brasileños; si estamos bien integrados, podemos posicionar nuestros productos certificados en Asia o EE.UU. bajo nuestras propias condiciones y no solo como tomadores de exigencias europeas».

La tecnología como puente hacia la competitividad
AF: En el seminario se escucharon ponencias de vanguardia tecnológica. ¿Cómo ves a la industria de Corrientes frente a este nivel de automatización y uso de la Inteligencia Artificial que se presentó?
Luis María Mestres (LMM): Mirá, lo que estamos viendo hoy es el primer nivel mundial. La precisión, la automatización y el uso de IA son la nueva etapa de nuestra industria. Mientras escuchaba las conferencias, no podía evitar comparar con nuestra realidad. Si bien tenemos empresas en Corrientes que están en un nivel tecnológico excelente, exportando y compitiendo muy bien, el desafío está presente en los estratos medios y pequeños.
AF: ¿Cuál es el principal obstáculo para que ese sector dé el salto?
LMM: La competitividad hoy se mide al milímetro: cómo sacás del rollo la mayor productividad. Para que nuestras PyMEs accedan a esa tecnología, necesitamos financiamiento y bajar el riesgo país.
Por ello, considero que es fundamental que el sector público participe en estos eventos, no podemos vivir en un frasco. Si no conocemos lo que hay disponible en el mundo, no podemos proponer políticas públicas que funcionen.
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El anuncio de ARPUL SA: un proyecto que comenzó hace 20 años
AF: El seminario se vio atravesado por una noticia histórica para el sector: la inversión de US$ 2.000 millones en Ituzaingó en una planta de celulosa a escala. ¿Es este el «despertar» del que tanto hablaste?
LMM: (Sonríe) Siempre dije que Corrientes era un gigante verde dormido. Yo creo que ya se despertó. Pero esto tiene una historia. Este proyecto que hoy es ARPUL SA pasó por el interés de Pecom en 1998, luego por Tompkins, luego por el fondo de Harvard… Siempre estuvo en carpeta, pero faltaba que el industrial y la materia prima se alinearan.
AF: ¿Qué significa para el productor correntino que esta planta se concrete?
LMM: Significa valor. Hoy ponemos un número simbólico por dar un ejemplo práctico: la tonelada en pie en Corrientes vale 20 dólares, cruzás el río y vale el doble o el triple en Brasil o Uruguay. ¿Por qué? Porque allá tienen el clúster completo.
Cuando tenés a todos los actores de la cadena—celulosa, tableros, aserraderos, biomasa—, el árbol se aprovecha íntegro.
Hasta ahora, nosotros en Corrientes hacíamos «hamburguesas con lomo»: usamos un rollo de calidad para hacer energía porque no hay el mercado de consumo que necesitamos.
Con el proyecto de ARPUL operando (2030-2031), el «puchero valdrá como puchero y el lomo como lomo». Eso va a elevar el precio y será el mejor incentivo para volver a plantar fuerte en la Mesopotamia.
De «traidores» a referentes: la memoria de la gestión
AF: Llevás más de 20 años en este sector en gestión de políticas públicas. ¿Cómo recordás los inicios de esta búsqueda de inversión celulósica?
LMM: Me fui 20 años atrás mientras hablaba con colegas. En 2006, plena crisis de Botnia por el conflicto con Uruguay, acompañé al entonces gobernador Arturo Colombi a Chile para ver las fábricas de CMPC.
Nos trataron de «traidores a la patria» por querer traer una inversión de celulosa.
Pero el Gobierno de Corrientes siempre fue claro: queríamos industria, queríamos desarrollo forestal.
Mantuvimos esa línea con Ricardo Colombi, con el ex gobernador Gustavo Valdés, y ahora con Juan Pablo Valdés. Esa seguridad jurídica, esa coherencia de 20 años, es lo que finalmente el inversor valora.
AF: ARPUL no tiene plantaciones propias, se va a abastecer de terceros. ¿Eso va a movilizar el mercado de la madera?
LMM: Va a generar una competencia sana. La planta industrial está diseñada para producir pulpa fluff (para pañales y productos higiénicos) de alta pureza de fibra de pino. Eso va a demandar un volumen que hoy, la realidad, es que está tirado en el bosque. El inversor dijo: «Acá hay un gobierno que hace 20 años me dice lo mismo, hay una planificación para poner operativos puertos, hay parques industriales y, sobre todo, hay materia prima disponible».
El futuro está en agregar valor y diseño
AF: No todo es celulosa. Mencionaste convenios con el Politécnico de Milán. ¿Hacia dónde va ese camino?
LMM: El diseño es el último eslabón. Recibimos al rector del Politécnico de Milán, Francesco Zurlo, y estamos trabajando con la UNNE para integrar el diseño a nuestra madera.
Me encantaría ver un polo mueblero fuerte, aprovechando nuestra cercanía con Brasil. No se trata solo de vender tablas; se trata de vender productos con identidad.
AF: ¿Cuál es tu conclusión final tras estos días de debate sobre el Cono Sur?
LMM: Que el mejor socio de Misiones es Corrientes y viceversa. Siempre tuve una visión regional. Y ahora la integración es el camino para tomar fuerza para la madera argentina al mundo. Tenemos que dejar de ser tomadores de lo que Europa nos impone y empezar a generar nuestros propios modelos.
Corrientes hoy planta 25.000 hectáreas por año en promedio; mi sueño es que plantemos 50.000.
Si hay materia prima, la industria viene sola. El mejor incentivo para forestar es que sea un negocio. El gigante ya no duerme; ahora está trabajando.
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