El ubajay, un recurso forestal no maderable subutilizado con gran potencial de diversificación y producción sostenible

Ignacio Povilonis, Silvia Radice y Miriam Arena, de la Universidad de Morón (UM) y CONICET, están investigando diversos aspectos de la especie Hexachlamys edulis, tales como su fisiología, genética, reproducción y en particular sus propiedades nutracéuticas. Consideran que es Ubajay debería pasar de ser una de las cientos de miles de especies subutilizadas a la lista de cultivos comestibles para su uso sostenible.

 

BUENOS AIRES Y ENTRE RÍOS (19/7/2022).- Quizás el lector haya escuchado el nombre Ubajay en referencia al pueblo entrerriano ubicado sobre la ruta nacional 14. Lo cierto es, que el pueblo debe su nombre al árbol del ubajay: un frutal comestible endémico del NEA. Aunque también, está ampliamente distribuida en áreas tropicales y subtropicales de Sudamérica.

Precisamente, desde el Bosque Atlántico se extiende por los ríos Paraná y Uruguay. Incluso, existen referencias en la Selva Paranaense y río Paraguay. En nuestro país se encuentra en las provincias de Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fe, Formosa y Chaco.

Fue bautizado como iva hay por los guaraníes, y al probarlo se puede comprobar su significado etimológico, el cual se traduce como “fruto ácido”.Sin embargo, esto no es necesariamente siempre así, su sabor, así como otros atributos sensoriales,cambian de árbol en árbol.

De esto, se deduce que el fruto del ubajay no es apto para timoratos.

En una rueda de degustación pudimos construir la siguiente afirmación: “El fruto del ubajay es parecido a una ciruela amarilla de apariencia jugosa y medianamente carnosa; suave y afelpado al tacto, con aroma genuino algo similar al durazno y sabor ácido”.

Claro está que esto puede variar con el momento de cosecha, el sitio, el ejemplar y por supuesto la apreciación subjetiva de quién lo degusta. Y para aquellos que buscan algo más dulce también lo pueden encontrar en el ubajay; dada su gran variabilidad fenotípica -es decir la variación de sus rasgos o características observables y mensurables- también se encuentran frutos notablemente más dulces. Sabemos que ha sido recolectado y consumido por guaraníes y mocovíes, lo cual indica algún atractivo, pero no hay referencias de su cultivo y no está domesticado; es decir, no hay una variedad “dulce”, “para jugo” o “criolla” de ubajay.

Una cuestión que no deja de despertar curiosidad es el desconocimiento generalizado de las especies comestibles. De unas 300.000 especies de plantas potencialmente comestibles en el mundo sólo utilizamos unas 200 y a su vez de esas 200 sólo 15 explican el 90% de la energía alimentaria que consumimos.

¿Por qué en vista de tamaña diversidad nos conformamos con tan poco? Algunas respuestas, que merecen continuar su discusión, explican que las especies que consumimos hoy están asociadas a aquellas que domesticamos hace más de 12.000 años allí por el Neolítico y en adelante. Las más exitosas, a su vez, son aquellas que tienen una forma de reproducción sencilla como las anemófilas y entomófilas (especies que se polinizan por viento e insectos, respectivamente). Y si bien otra limitante de las especies no domesticadas es que pueden contener metabolitos secundarios (compuestos sintetizados por la especie) que son tóxicos para nuestro organismo, esto puede ser revertido y hoy es más factible su adopción.

Entre tantas especies subutilizadas ¿Por qué el ubajay?. Hay muchas especies subtropicales atractivas por su potencial como alimento funcional. Incluso, de la misma familia (Myrtaceae) encontramos la pitanga, el arazá, el guaviyú o los guayabos,entre muchísimas otras. Las motivaciones de su estudio radican en suvasta presencia en los márgenes de los ríos Uruguay y Paraná y por ende en su adaptación al ambiente, en el gran tamaño de su fruto en comparación con otros de la misma familia, en resultados promisorios obtenidos en trabajos previos y en su versatilidad para su utilización como producto forestal no maderable, además de ser nativo de Argentina.

La especie es sin dudas prominente debido a todos sus usos potenciales. Por ejemplo, las infusiones de hojas en tisanas, o incluso en el mate, son utilizadas para el tratamiento de bronquitis, tos, tos ferina y además para el tratamiento de la diabetes. En éste último caso el extracto de hoja provoca una respuesta significativa en los niveles de glucosa en sangre debido a su rico contenido en flavonoides y taninos. A su vez, las hojas del ubajay son recomendadas como tratamiento médico para reducir la hiperuricemia.

Por su parte, el consumo del fruto favorecería el combate de cálculos renales, además de su funcionalidad preventiva dada por su perfil nutraceútico –combina propiedades nutritivas y beneficiosas para la salud-, sobre el cual aún estamos profundizandolos estudios para comprobar sus efectos.

Entre otras variables, el fruto maduro se destaca por su concentración de carotenoides, en promedio se obtuvo un valor de 706 µg de carotenoides por cada gramo de peso seco del fruto. El consumo de éstos compuestos carotenoides tienen efectos beneficiosos para la salud humana, incluida la protección contra el cáncer y enfermedades cardiovasculares, afecciones asociadas con el envejecimiento y al estrés oxidativo y previene la degeneración macular.

Una especie de producción comestible

De todo lo expuesto decanta nuestro objetivo: quitar de la lista a una de las cientos de miles de especies subutilizadas y agregarla-para su uso sostenible- a la lista de cultivos.Para alcanzar este objetivo el grupo de investigación aborda estudios de variabilidad que se concentran en poblaciones de individuos localizados en la provincia de Entre Ríos.

Puntualmente, en Concordia, en el Parque Nacional El Palmar y en Gualeguaychú se observan rasgos morfológicos, genéticos, fisiológicos y químicos que se estudian durante al menos tres años. A su vez, se aísla la variabilidad ambiental dada por las condiciones meteorológicas de cada temporada y las características edáficas (de suelo), para obtener genotipos (árboles) candidatos para su multiplicación y posterior cultivo.

Parte de estos estudios son financiados por la Universidad de Morón y por el FONCYT a través de diversos proyectos de investigación.

Paralelamente estamos estudiando la conservación poscosecha, pruebas de reproducción agámica (clones de un mismo individuo), caracterización del ciclo de floración, pruebas de polinización, el seguimiento de la formación y el crecimiento del fruto como así también la época de maduración (octubre a diciembre) y su perfil de carotenoides, fenoles, poder antioxidante, fibras, carbohidratos, ácidos orgánicos, cationes, sólidos solubles y acidez total titulable.

Es importante destacar la red de colaboración que se ha trazado en torno a este proyecto. Los resultados de éstos estudios son consecuencia del trabajo en equipo entre la Universidad de Morón, CONICET, Productores regionales (p.e.: Pampa Azul), INTA Concordia, Reservas privadas (p.e.: El Potrero de San Lorenzo), Administración de Parques Nacionales, Viveristas, PLAPIQUI, Universidad de Florencia (Italia), Universidad de Lomas de Zamora y Universidad de Buenos Aires, entre otras instituciones.

Finalmente, estos estudios serán un aporte fundamental para la conservación, posterior mejoramiento y aprovechamiento sustentable de esta especie, hecho que permitirá generar nuevas alternativas productivas a las actividades agropecuarias y forestales, no solo en el área de influencia de la especie, sino también en otras regiones.

Estos estudios despertarán el interés de los productores que buscan adecuar sus agroecosistemas hacia la producción sostenible y ser una alternativa de diversificación, hecho que trae ventajas en términos de servicios ecosistémicos y nuevas posibilidades de comercialización.

 

 

Este artículo forma parte del espacio mensual de la REDFOR.ar, en ArgentinaForestal.com, que busca divulgar y generar debate sobre la problemática forestal del país. Las opiniones pertenecen a los autores.

 

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