La importancia del censo forestal del arbolado urbano

Escribe: Dra. Ing. Forestal Ana Clara Cobas,  del Laboratorio de Ensayo de Materiales y Estructuras (LEMEJ), Centro Asociado de la CIC, Universidad Nacional del Noroeste de la provincia de Buenos Aires (UNNOBA).

 

ARGENTINA (Enero 2020).- Cuando oímos la palabra “bosque”, las primeras imágenes que vienen a nuestra mente están generalmente vinculadas a los bosques nativos, formaciones boscosas cercanas, Parques Nacionales. Relacionamos este término con la idea de un conjunto de árboles de diversas especies que crecen naturalmente en espacios abiertos e interaccionan con la flora y fauna natural. Sin embargo, en nuestras ciudades también tenemos nuestros propios bosques urbanos constituidos por el arbolado de alineación y el de las plazas y parques.

La estructura de estos bosques es muy diferente a los naturales, ya que se encuentran atravesados por la arquitectura urbana, las necesidades vecinales y las continuas modificaciones del hábitat donde crecen. Sin embargo, los beneficios que brindan los árboles son los mismos, sin importar el contexto.

Los árboles urbanos constituyen un patrimonio verde y natural de las ciudades.  Además de embellecer y dar color a las calles y veredas, aportan oxígeno y   desempeñan un papel importante en la mitigación del cambio climático, puesto que un árbol maduro puede absorber hasta 150 kg de gases nocivos al año. Pero sus beneficios no se agotan en éstos: funcionan como filtros para los contaminantes urbanos, tales como el polvo, la suciedad y el humo.

Por otra parte, actúan como cortavientos que reducen los requerimientos de calefacción en invierno.

A la vez, brindan sombra en los meses de verano, ayudando a enfriar el aire entre 2 y 8 grados centígrados, lo cual reduce el uso de los aires acondicionados.

En definitiva, contribuyen a crear un ambiente más sustentable y a mejorar la calidad de vida urbana, pues vivir cerca de áreas verdes puede beneficiar la salud física y mental.  Hasta impactan en el sector inmobiliario, ya que los paisajes urbanos que incluyen árboles aumentan el valor de la propiedad hasta en un 20%.

Por eso, es importante y necesario tomar medidas adecuadas para el correcto cuidado y mantenimiento del arbolado urbano. En este sentido, el Censo es un instrumento que brinda información estratégica y de utilidad para la planificación de la gestión del arbolado de alineación.

El Censo del Árbol Urbano constituye una actividad estadística que tiene por objetivo el relevamiento de un conjunto de datos básicos asociados a las características físicas y de localización de la población de árboles. Como no es una actividad frecuente, es natural asociarlo a los aspectos de estructura, tales como el conteo e identificación de la totalidad de árboles existentes en el área urbana y su ubicación geográfica. Sin embargo, también se puede emplear para evaluar el estado sanitario de los ejemplares, el deterioro de las veredas por acción de las raíces, los lugares posibles de plantación de nuevos ejemplares que puedan cubrir áreas despejadas.

Estos datos se compilan con el fin de obtener un conjunto de estadísticas básicas y oficiales sobre la estructura, estado, distribución y ubicación de la población, los cuales serán utilizados para la planificación de las acciones necesarias para mantener y mejorar el arbolado.

Para llevar a cabo el censo, se deben definir a conciencia los parámetros a medir, asociándolos al objetivo que se pretende lograr con esta información.

La metodología tradicional implica que las personas que realizan las mediciones / observaciones (censistas) recorran las calles de la ciudad, deteniéndose en cada árbol de alineación que haya en cada cuadra, identificándolo con el nombre de la calle y el número de casa en cuya vereda está plantado.

Luego, se identifica la especie, se mide el diámetro del fuste y la altura, se evalúa el estado del ejemplar (presencia/ausencia de pudrición, grado de inclinación, necesidad de poda) y el tamaño de cazuela o estado de la vereda. Toda la información recolectada en papel es posteriormente ingresada a una base de datos.

Para facilitar la toma de información, muchos de los parámetros son codificados. Por ejemplo, cada especie se identifica con un número particular, se realizan escalas de grado de pudrición, de inclinación del fuste y de deterioro de veredas, como así también prioridad de extracción o poda (FOTO 2).

Foto 2: Posible codificación de parámetros.

Es importante remarcar que los conceptos aplicados deben estar claros y ser uniformes para todos los censistas, de manera tal que la toma de datos sea lo menos subjetiva posible. Esto se logra a partir de la capacitación y de pruebas de campo preliminares al censado.

Tanto la preparación, como la medición y transcripción de los datos lleva mucho tiempo. Para poder disminuirlo muchas veces se opta por tomar menos valores en detrimento de la evaluación general del arbolado.

Actualmente, el avance de la tecnología permite acortar algunos de los tiempos de trabajo, como es el caso del pasaje de la planilla en papel a Excel usando directamente en el censado una aplicación (App) para la carga de datos. Por ejemplo, con el programa Qgis, el censista puede subir los datos en un dispositivo móvil y georreferenciar el ejemplar evaluado, de manera que la información se guarde automáticamente en un formato digital que puede convertirse en una planilla Excel (FOTO 3).

Foto 3: Los puntos amarillos indican los árboles que fueron censados.

Otro de los beneficios de estos programas es que son capaces de generar mapas con la información obtenida, permitiendo contar con imágenes del estado fitosanitario de los árboles o de la distribución de las especies sobre el ejido urbano, facilitando así la toma de decisiones (FOTO 4).

Foto 4: Mapa de la distribución de Fresno y Fresno Dorado, ciudad de Junín. Realizado por Ing. Agr. Paula Melilli, INTA-Junín.

 

Los conceptos de sostenibilidad, calidad de vida, cuidado del medioambiente que están en la mira de la comunidad influyen sobre la idea de manejo del arbolado urbano, tendiendo a que se apunte a una gestión sostenible.

En efecto, empieza a tener relevancia la selección de especies adecuadas, con énfasis en el uso de plantas nativas de cada ecorregión, las técnicas de plantación y poda como estrategias de adaptación al espacio urbano (y no solamente por sacar las ramas que molestan).

Dentro de este contexto, cobran importancia los datos que aportará un censo forestal que haya sido correctamente planificado, en el que se haya empleado la tecnología como herramienta de medición y evaluación del arbolado de alineación. No solo se trata de “juntar números” y saber cuántos árboles tiene un municipio, sino que también esto sirva para planificar las acciones a realizar en el corto, mediano y largo plazo.

En el corto plazo se podrían realizar las podas y extracciones que tengan prioridad de “urgente”, tratando de evitar situaciones más graves en un futuro cercano. En el mediano plazo, se repondrían ejemplares o se plantearían las potenciales zonas de forestación.

En el largo plazo, la planificación debe continuar, definiendo un modelo de arbolado urbano a seguir, determinando qué especies se van a utilizar para la reforestación de árboles extraídos o para las nuevas urbanizaciones, definiendo de manera regular la poda de mantenimiento, capacitando a los operarios que realizan las podas, actualizando las ordenanzas municipales e integrándolas con las leyes provinciales sobre arbolado (Ley 12.276/99 Buenos Aires; Ley 13.836/19, Santa Fe; Ley 7.873/08, Mendoza; Ley 5478/04, San Luis; Ley 7172/13, Chaco), entre otras acciones posibles.

Cuando se observa el arbolado urbano no solo tendría que importar la cantidad de “verde” sino también su calidad. El censo sirve como una de las herramientas que permite evaluar estos dos parámetros.

Las mejoras que puedan llevarse a cabo en el método de censado, medición y análisis de datos servirán para tener una mirada más integral, permitiendo que sea posible para el gobierno local gestionar y planificar el arbolado urbano y, con ello, contribuir en la calidad de vida de los ciudadanos.

 

(*) Laboratorio de Ensayo de Materiales y Estructuras (LEMEJ), Centro Asociado de la CIC, Universidad Nacional del Noroeste de la provincia de Buenos Aires (UNNOBA).

 

 

Este artículo forma parte del espacio mensual de la REDFOR.ar, en ArgentinaForestal.com, que busca divulgar y generar debate sobre la problemática forestal del país. Las opiniones pertenecen a los autores. 

 

 

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