En busca del manejo sustentable de los algarrobales de la ecorregión del Monte

Por Juan A. Alvarez y Pablo E. Villagra, de IANIGLA-CONICET y Facultad de Ciencias Agrarias UNCUYO

LA PROBLEMÁTICA DE LOS BOSQUES DE ZONAS ÁRIDAS

Los bosques nativos son ecosistemas insustituibles para preservar la diversidad de vida de nuestro planeta, sin embargo, es notoria la pérdida de su superficie y degradación. Esto tiene consecuencias en el clima, y en la disminución de la biodiversidad y la provisión de servicios ambientales imprescindibles. Cerca de un 40 % de los bosques se encuentran en zonas áridas y semiáridas y una proporción importante de los bosques en retroceso se encuentran en ellas.

La baja biodiversidad y una menor cantidad de recursos naturales existentes los han ubicado históricamente en una situación marginal con respecto a otras regiones boscosas más productivas. Sin embargo, estos sistemas suministran variados productos y servicios que sirven directamente a los pobladores locales del bosque. El ordenamiento forestal sustentable puede integrar los objetivos de conservación de los recursos y aprovechamiento de los productos del bosque, asegurando la provisión de los variados servicios ecosistémicos. Este enfoque combina intereses que pueden ser contrapuestos ya que considera para la planificación no solo la magnitud de los recursos forestales, sino también la diversidad, la vitalidad, las funciones productivas y protectoras, las funciones socioeconómicas del bosque, y el marco jurídico e institucional.

Si bien esta visión es muy tentadora, en bosques de zonas áridas las bajas tasas de regeneración y productividad hacen que el desafío de lograr un manejo sustentable desde el punto de vista ambiental, económico y social sea más difícil que en otras áreas, al menos a escala local o predial. Esto lleva a pensar en la necesidad de considerar la variabilidad espacial del potencial productivo y la posibilidad de integrar manejos a una escala más amplia, incluyendo desarrollo de políticas territoriales que contribuyan con la sustentabilidad social del manejo.

Los algarrobales de la región forestal del Monte, en el oeste árido argentino, se encuentran entre los bosques con mayores limitaciones ambientales del país. Discutiremos a continuación los determinantes ambientales y de historia de uso que limitan su potencialidad productiva, y las estrategias territoriales y de manejo que pueden contribuir a aumentar la sustentabilidad de su aprovechamiento, y la conservación y recuperación de los bosques degradados.

 

¿Árboles en el desierto?

La región forestal del Monte es la región más desértica de nuestro país, ubicándose al Oeste, al pie de la Cordillera de Los Andes. Como en otras zonas áridas a nivel mundial, el Monte presenta escasas lluvias anuales (entre 30-350 mm) y las temperaturas medias son elevadas provocando déficit hídrico la mayoría de los meses del año (entre 13-18ºC de media). Esta característica climático-ambiental define principalmente 3 tipos de vegetación: a) arbustiva “jarillas y retamos”, b) plantas asociadas a suelos salinos, arenosos, arcillosos o de márgenes de ríos y c) los bosques abiertos o algarrobales en zonas con acceso al agua. Los algarrobales están dominados por especies del género Prosopis, que forman poblaciones de distinta magnitud en el fondo de valles y bolsones. Los bosques se encuentran desde Salta a La Pampa y son en los que nos centraremos en nuestra discusión (Figura 1).

Fig. 1. a) Distribución de los bosques de algarrobos en el Monte. Variación estructural en sentido latitudinal b) Algarrobal en el Bolsón de Pipanaco, Catamarca. c) Algarrobal en el Bolsón de Villa Unión, La Rioja. d) Algarrobal de General Alvear, Mendoza (fotos P. Villagra)

 

Tradicionalmente, los algarrobales han sido fuente de subsistencia principal para los pobladores del desierto del Monte al proveer alimento, forraje, madera, postes, sombra y otros productos. El manejo aplicado desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la actualidad trajo consecuencias desde el punto de vista ambiental, económico y social. Al utilizar los recursos sin considerar su tasa de regeneración, el algarrobal sufrió una retracción de su superficie y una degradación de sus parámetros estructurales, presentando distintos grados de desertificación, en algunos casos irreversibles, al haber alterado procesos funcionales claves. La pérdida de productividad forestal y ganadera de los bosques, y la disminución de la demanda de productos del bosque desde los oasis hizo que se acentúen las diferencias entre las posibilidades económicas de los pobladores del desierto y los de los oasis irrigados.

Maderas, artesanías, mieles, carnes, delicias confitadas del Monte y mucho más….
Estas regiones soportan condiciones ambientales muy estresantes para el desarrollo de la vegetación, y su relación también ha generado fuertes adaptaciones de estas plantas a extremas condiciones de aridez y mayores temporadas de crecimiento en el norte, que en los bosques del sur del Monte.

La resultante es un gradiente estructural y de crecimiento en sentido latitudinal.  Si se compara el tamaño total de los arboles los del norte tienen el doble de altura total media a los del sur (Figura 1), entre 6,5 y 8,7 m versus 2,5 y 4,2 m respectivamente. El aumento anual del diámetro del tronco en el norte es entre 5,2 y 8 mm de promedio versus 2 y < 4 mm respectivamente.

En cuanto a la cantidad de madera producida en un tiempo y espacio determinado, la productividad maderable de estos bosques, al norte 0,8 m3 y en el sur 0,2 m3 por hectárea y por año.

Estas diferencias en la estructura y productividad forestal determinan el manejo potencial que se puede pensar para cada región. Las poblaciones del norte pueden ser consideradas para manejo donde el uso forestal sea un componente importante, por el contrario, en los bosques más australes el componente forestal puede ser solamente un complemento de otras actividades económicas. La ganadería caprina y, en menor medida, la vacuna es una parte sustancial de la economía doméstica de los pobladores de estos bosques. Además, otros productos del bosque se pueden incluir en proyectos integrados de manejo forestal sustentable. Por ejemplo, el uso de los frutos de algarrobo como reserva de forraje o para consumo humano a través de la producción de harina para ser incorporado como insumo de múltiples productos. También hay proyectos de producción de miel y polen, el junquillo para escobas y cestería, y algunas experiencias de turismo alternativo (Figura 2).

Figura 2. Productos del Monte: ganadería, harina de algarrobo, ecoturismo y leña. Fotos de C. Fernández, J. Alvarez y P. Villagra

Enfoques para el ordenamiento forestal sustentable

El conocimiento de los procesos que permiten la regeneración natural de los bosques y cómo reaccionan estas poblaciones a disturbios que pueden comprometer su permanencia y su capacidad para seguir produciendo como mínimo los mismos bienes ambientales.

A los elementos básicos del funcionamiento de los bosques, sumamos un análisis territorial de los bosques a través de herramientas geográficas y modelado matemático que permitan determinar diferentes aspectos/características/condiciones de estos algarrobales. Conceptualmente, esta aproximación se basa en la definición de la distribución potencial de los bosques, así como los cambios en su distribución histórica y actual. La distribución potencial representa la disponibilidad de áreas con las condiciones ambientales adecuadas para el desarrollo de los algarrobales, la distribución histórica representa las áreas donde efectivamente hubo bosques y la distribución actual es producto de la interacción entre las potencialidades del ambiente, el establecimiento del bosque, y la historia de uso y disturbios de cada región.

El enfoque descrito puede ayudarnos a planificar el uso del territorio en un ordenamiento forestal sustentable. De esta forma, aquellas regiones con alta probabilidad ambiental de ocurrencia de bosques y que presentan una estructura actual conservada y un uso histórico forestal, definen áreas con potencialidad de uso de forestal maderero sustentable. Por el contrario, regiones en condiciones ambientales subóptimas pueden presentar baja respuesta de recuperación ante el uso forestal, por lo que sería recomendable actividades de conservación del bosque reforzadas con tareas de restauración ecológica que permita restablecer los procesos funcionales adecuados para el ecosistema. En relación con este tema, es interesante desarrollar técnicas de revegetación que incluyan otras formas de vida más allá de los árboles. Cuando la probabilidad de existencia de bosques es baja o nula y no existen datos de su existencia histórica, estas regiones pueden considerarse sin vocación forestal, por lo tanto, no se sugiere la inversión en planes de reforestación, excepto que se cuente con herramientas especiales como la aplicación de riego artificial.

El manejo moderno de bosques de zonas áridas debería entonces equilibrarse entre las condiciones productivas de estos algarrobales, estrategias sustentables de ordenamiento territorial y los condicionantes que determinan su regeneración y perdurabilidad. En las regiones áridas argentinas los avances incipientes están reflejados en los planes de ordenamiento forestal en los que en muchos casos faltan completar datos primarios referidos al avance o pérdida de la superficie forestal, el estado de la regeneración natural o sus posibilidades productivas. Cuando se integran las necesidades de los pobladores a los temas antes descriptos, surgen factores socioeconómicos como cambios en el uso de la tierra, cambios políticos y sociales, mejoras en infraestructura y servicios, apertura de mercados, entre otros, que pueden inducir modificaciones en la forma y distribución del manejo del bosque.  Estas modificaciones pueden generar mejoras en la calidad de vida a los pobladores, pero también producir pérdida de sustentabilidad de los sistemas cuando no se tienen en cuenta aspectos ambientales, incluso terminando en el posterior abandono de la tierra. Entonces, la integración de las diferentes actividades productivas como la maderera, la ganadería y otros bienes y servicios, debe considerar el uso de indicadores ambientales que aseguren la permanencia de estos sistemas naturales y las poblaciones humanas que conviven en ellos.

El potencial aprovechamiento debería estar asociado a la organización territorial de estos bosques. Un intento de esta iniciativa es la aplicación en el territorio de la Ley Nacional 26.331 de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos, con el ordenamiento territorial de los bosques en cada provincia. A una década de los inicios de la aplicación de esta normativa, se observa cómo las administraciones provinciales pueden promover diferentes OTBNs aunque compartan similitudes ambientales. El futuro es promisorio, dado que la forma de conocer los algarrobales, donde se encuentran y sus principales potencialidades se está mejorando en la actualidad. Es necesaria la incorporación planificada de las actividades económicas, sin comprometer la provisión de los servicios ecosistémicos que brindan estos sistemas naturales.

 

*Trabajo original: esta nota tiene su origen en la discusión planteada en el trabajo “Villagra y Alvarez. 2019. Determinantes ambientales y desafíos para el ordenamiento forestal sustentable en los algarrobales del Monte, Argentina. Ecología Austral 29: 146-155”

 

Contacto con los autores:

jalvarez@mendoza-conicet.gob.ar

villagra@mendoza-conicet.gob.ar

 

Este artículo forma parte del espacio mensual de la REDFOR.ar, en ArgentinaForestal.com, que busca divulgar y generar debate sobre la problemática forestal del país. Las opiniones pertenecen a los autores. 

 

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