En lo forestal, sumar sería multiplicar (II Parte)

Por Adrián Lerer, Abogado (UBA), Master en Administración de Empresas (IAE). Ex directivo de empresas forestoindustriales.  Ex Presidente de AFoA. Ex Presidente del CerFoAr. Ex Vocal de Fsc Argentina. Asesor y Consultor en temas Forestales a nivel nacional y provincial. 

 

ARGENTINA (13/11/2020).- En un artículo anterior postulaba que duele comprobar que, pese a contar con excelentes condiciones (una considerable superficie forestada y con potencial forestal, excelentes tasas de crecimiento, años de experiencia en muchos actores empresarios y profesionales) el desarrollo forestal hacia industrias de escala y exportación generadoras de divisas, en una cadena de valor donde todos ganen y el trabajo sea digno, sea aún una asignatura pendiente[2].

Las ideas necesitan pasar de su estado “gaseoso” (el de su postulación teórica) a un estado “sólido”: el de la implementación práctica; si no, pasarían como un mero sueño, como algo inasible por naturaleza. Mucho se habla del “qué” hacer. Pocos de “´cómo” hacerlo. Sabemos fehacientemente que la Argentina en general y el NEA en particular están destinados al desarrollo forestal, y el no lograrlo genera mucha frustración e impotencia.

Decía, además, que la cuestión forestal requiere ser considerada, al ser una actividad que requiere del largo plazo (crecimiento de los árboles), como una política de estado. Lo que falta demostrar, más allá de los discursos, si los actores realmente quieren avanzar en ese sentido. 

Como señalaba, todo lo que se necesita es apalancarse en herramientas que hoy tenemos disponibles; pero como se infiere de una antigua frase que se le atribuye indistintamente a Mark Twain, Benjamin Franklin y a Albert Einstein, para obtener resultados distintos, hay que hacer cosas diferentes.

Y para plantear qué “hacer” y “hacerlo”, creo que una cuestión clave es quiénes tomarían un proyecto de desarrollo distinto, y llevarlo adelante.

 

La misión es clara: generar una industria forestal mucho más grande e importante que la actual, con más trabajo decente, con pautas y elementos de seguridad adecuados para aumentar la protección a los trabajadores, con salarios dignos, respetando el medio ambiente. Y generando un clima de negocios propicios para el crecimiento sostenible del sector en la Argentina, contribuyendo positivamente al desarrollo regional.

Hacia una ADF

Creo que es ineludible para avanzar con “efectividades conducentes” la generación y puesta en marcha una Agencia de Desarrollo Forestal (llamémosla provisoriamente “ADF” por comodidad) autónoma y con gran apoyo de todos los sectores.

Como señalé, es fundamental generar “capital social” y armar una estructura legal sólida; y contar con habilidades de negociación para generar acuerdos de buena fe con los diversos actores.

Y un plan para llevar adelante la misión planteada. Acuerdos que no queden en una foto y en un discurso. Acuerdos que generen negocios en forma efectiva y sostenible. En definitiva, sentar las bases para que “las cosas pasen”.

Esa ADF debe surgir de un “Pacto de la Moncloa Forestal”, con participación de todos los actores: industriales, sector público nacional y provinciales (con compromiso de pedir adhesión de los municipios para temas fiscales), sindicatos; y donde se establezca que el sector se considera estratégico para el desarrollo sostenible del país y por lo tanto, que contará con políticas que serán respetadas por todos los sectores políticos y económicos en el tiempo; con un plan de trabajo concreto y objetivos claros de desarrollo. Podría trabajarse por cuencas, con planes específicos y coordinación estratégica general, lo que podría también dar economía de escala. Y también, pensar en que esté incluido el manejo sostenible del bosque nativo, para retomar la visión global que se perdió en las últimas décadas. Y podría comprender también la producción y comercialización de los productos no maderables de los bosques.

Como buena práctica, y para marcar la diferencia con intentos anteriores del estilo, que en general hicieron “tala rasa” (valga la locución forestal) de lo que se trabajó en el pasado, tomar como punto de partida los planes estratégicos sobre los que se vino trabajando intensamente en el sector, con mucho esfuerzo y dedicación desde lo público y lo privado en forma articulada.

Pero ese “input” clave debe traducirse en modelos de negocios adecuados para cada cuenca forestal, adecuados a este tiempo, y saliendo de los paradigmas de la existencia de un solo modo de hacer las cosas. Y desde ya, integrando a los productores primarios al negocio, ya que -lo repito- es ineludible salir del laberinto actual el garantizar la participación sostenible y justa en beneficios de todos los actores de la cadena; y que eso implica que deben participar de la propiedad del proyecto completo (desde la plantación hasta la industrialización y comercialización) y contar con los beneficios de la escala

Los instrumentos están al alcance de la mano, y están incluso previstos en la “ley marco de promoción forestal” que desde 1998 está vigente con sucesivas renovaciones (una muestra de que cuando queremos podemos establecer políticas de estado sostenibles): la ley 25.080: me refiero a los “fideicomisos”.

Un fideicomiso no es nada más -ni nada menos- que una ficción jurídica que permite manejar un patrimonio de terceros, que ceden en propiedad (“dominio fiduciario”) esos activos. El origen etimológico de la palabra remite a “fide” (fe, buena fe).

El manejo operacional de un fideicomiso (que como señalé podrían ser varios, e incluso cada uno generar emisiones según programas en función de objetivos concretos de inversión) otorgaría dinamismo y transparencia en la gestión y profesionalismo; cuidaría la seguridad en el trabajo forestal aplicando los más altos estándares, buscaría certificaciones de calidad y de gestión ambiental, y la escala generaría mejores costos (compra de insumos; contratación de servicios forestales).

Esperemos poder avanzar; el sector, su historia de pionerismo, su gente, el país, lo necesitan.

El filósofo español José Ortega & Gasset en una conferencia pronunciada en la Ciudad de La Plata el 27-11-1939, titulada “Meditación del pueblo joven”, manifestó una frase que quedó en nuestro acervo cultural:

“¡Argentinos, a las cosas, a las cosas!”

Y en esa oportunidad, explicando la frase agregó, y cabe recordarlo aquí:

“Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes el brinco magnífico que dará este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal”.[3]

En definitiva, y parafraseando a Ortega y Gasset, la convocatoria se impone:

“¡Forestales, a las cosas, a las cosas!”.

 

 

 

[1] Abogado (UBA), Master en Administración de Empresas (IAE) – Ex directivo de empresas forestoindustriales – Ex Presidente de AFoA – Ex Presidente del CerFoAr – Ex Vocal de Fsc Argentina – Asesor y Consultor en temas Forestales a nivel nacional y provincial.

[2] “En lo forestal, sumar sería multiplicar” .”. Argentina Forestal, 2-11-20 https://www.argentinaforestal.com/2020/11/02/en-lo-forestal-sumar-seria-multiplicar/

[3] Conferencia denominada “Meditación del pueblo joven”, título que luego llevaría un libro de su autoría. https://www.eldia.com/nota/2020-3-2-2-19-14–argentinos-a-las-cosas-una-frase-que-nacio-entre-diagonales-la-ciudad

 

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