Ciencia: la Antártida era una selva tropical hace 90 millones de años

Investigadores del Reino Unido y Alemania descubren recientemente en el fondo marino de la Antártida algo que no esperaban: los restos de una antigua selva tropical del Cretácico. Las densas concentraciones de CO2 atmosférico habrían creado temperaturas globales mucho más altas.

Fuente: El Confidencial 

ESPAÑA (2/4/2020).- Investigadores del Reino Unido y Alemania acaban de descubrir en el fondo marino de la Antártida algo que no esperaban: los restos de una antigua selva tropical del Cretácico, hace 90 millones de años.

Desde tiempos inmemoriales, los polos de la Tierra son tierras baldías congeladas donde la vida apenas puede sobrevivir por lo complicado de su meteorología. No obstante, no siempre fue así, al menos según un último estudio que investigadores europeos acaban de publicar en la revista científica ‘Nature’.

A mediados del período Cretácico, hace unos 90 millones de años, las densas concentraciones de CO2 atmosférico habrían creado temperaturas globales mucho más altas, derretido capas de hielo polares y hecho que el nivel del mar fuera 170 metros más alto que en la actualidad.

 

Temperaturas medias de 12 grados

Un equipo de investigadores perforó el suelo bajo el fondo marino de la Antártida Occidental, cerca de la ubicación de los glaciares Pine Island y Thwaites, y a sólo unos 900 kilómetros del Polo Sur. Y encontraron raíces, el polen y las esporas en perfecto estado de conservación, lo que demuestra que en aquellos momentos el mundo era mucho más cálido de lo que se pensaba hasta ahora, con bosques tropicales en la Antártida. “Los numerosos restos de plantas indican que la costa de la Antártida Occidental era, en ese entonces, un denso bosque templado y pantanoso, similar a los bosques que se encuentran en Nueva Zelanda hoy en día“, señala a Science Alert el paleoecólogo Ulrich Salzmann, de la Universidad de Northumbria en el Reino Unido.

Fruto de sus análisis, los científicos estimaron que había un clima templado en esa época a menos de 1.000 km del Polo Sur, con temperaturas medias anuales de unos 12 grados, algo notable si tenemos en cuenta la larga noche polar de cuatro meses de duración, que negaba la luz solar, y su aporte de calor, durante un tercio de cada año. Aquí tenía un papel clave la concentración de CO2.

Torsten Bickert, geocientífico de la Universidad de Bremen (Alemania) y otro de los autores de la investigación, señala que “antes de nuestro estudio, la suposición general era que la concentración global de dióxido de carbono en el Cretácico era de aproximadamente 1.000 partes por millón. Pero en nuestros experimentos basados en modelos, la concentración llegó a niveles de 1.120 a 1.680 partes por millón, algo necesario para alcanzar las temperaturas medias de ese momento en la Antártida”.

“Los numerosos restos de plantas indican que la costa de la Antártida Occidental era, en ese entonces, un denso bosque templado y pantanoso”

Hay mucho que estudiar todavía sobre estos nuevos hallazgos, pero lo que es seguro es que proporcionan a los investigadores una comprensión mucho mayor de los profundos lazos entre la concentración de CO2 y los climas polares en tiempos prehistóricos cuando los dinosaurios todavía vagaban por la Tierra. Es una lección de historia que podría tener un gran significado para el futuro del planeta, dada la forma en que los niveles contemporáneos de CO2 se están disparando actualmente y que hay que intentar reducir.

Impactante deshielo

La Antártida está sufriendo un deshielo que está sorprendiendo a los propios científicos. Prueba de ello es una imagen publicada por la NASA en la que se ven los terribles efectos del calentamiento global en el continente helado.

La temperatura media anual de la zona central de la Antártida es de -57 grados centígrados, con las áreas costeras donde el termómetro suele rondar los -10 grados. No obstante, las últimas mediciones están alarmando a los científicos.

El pasado 6 de febrero, la estación meteorológica de la base Esperanza en la Península Antártica, el extremo más septentrional del continente, registró la temperatura más caliente jamás registrada en la zona: 18,3 grados centígrados, un récord que superaba los 17,5 grados medidos el 24 de marzo de 2015. Esta última ola de calor duró alrededor de una semana y unas imágenes tomadas por el Operational Land Imager, un instrumento de detección remota montado en el satélite Landsat 8, reflejan el tremendo impacto que esto ha provocado en el hielo de Eagle Island, una isla cercana a la Antártida.

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