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El desarrollo foresto-industrial debe ir acompañado de la eficiencia en el uso de los recursos

Artículo de opinión

Réplica del Lic. Gustavo Braier (*), en respuesta al Ing. Alejandro Larguía sobre el debate que se plantea en Misiones por las dificultades en el abastecimiento de la materia prima. “Voy a dejar de lado los conceptos que considero ofensivos y me voy a centrar en los importantes aportes que hace a un debate que se debe encarar y que considero debiera institucionalizarse, analizarse y perdurar en el tiempo: qué tipo de desarrollo foresto-industrial queremos”, convocó el especialista. BUENOS AIRES (14/1/2005).- En primer lugar quisiera hacer una aclaración respecto del reportaje original que me hiciera Patricia Escobar y de la respuesta del ing. Larguía. El reportaje de Patricia fue hecho después de una presentación conceptual que hiciera en el marco de la Feria Forestal Argentina 2004 y, de alguna manera, mis respuestas se insertaban dentro de ese contexto. Con esto no quiero decir que no sea lo que haya expresado, sino que se hubiera entendido mejor dentro de ese contexto. En lo que se refiere a la respuesta del ing. Larguía, diría que voy a dejar de lado los conceptos que considero ofensivos y me voy a centrar en los importantes aportes que hace a un debate que se debe encarar y que sería deseable que, como dije en mi presentación en la Feria, se vuelquen en un Plan Forestal que sea seguido por una comisión permanente multisectorial con presencia del sector privado y del sector público. Lo que el ingeniero Larguía menciona como desubicación lo traduciría en decir que se trata de diferentes enfoques que permiten visiones alternativas que suman al debate: la del que está en la lucha cotidiana, y por lo tanto vive más la coyuntura; y la del analista, que puede tener puntos de vista más amplios, tanto geográfica como temporalmente. Más allá de todo, cualquier planteo puede estar errado. Se ha instalado por medios gráficos, presentaciones y diálogos particulares un debate que creo que debiera institucionalizarse, analizarse y perdurar en el tiempo: qué tipo de desarrollo forestoindustrial queremos. En este análisis, sin duda, debe actuar el gobierno, pero también los integrantes del sector, cada uno desde su posición particular. Desde mi punto de vista afirmaría que no hay desarrollos buenos o malos. Hay desarrollos diferentes con distintas implicancias para sus integrantes. Sí creo que hay condiciones básicas a respetar de las cuales el enojo con el mundo no nos pude eximir. La forestoindustria básica: pulpa, papel, tableros y tablas exigen hoy una eficiencia y una escala de producción insoslayable. Además, su desarrollo debe mirarse en el largo plazo. Mi preocupación y mi impulso a participar en el debate surgieron de ver que se estaba generando en el sector foresto-industrial argentino, dentro de su cuenca más madura, una corriente de opinión contraria al desarrollo de inversiones de gran escala. Esto lo percibo como una amenaza mortal al desarrollo forestoindustrial argentino y a su potencial exportador. En este sentido siento una responsabilidad social que me impulsa a invertir tiempo en participar de este debate, para que el sector foresto-industrial no viva, figurativamente, su propia República Cromagnón. Estos problemas ocurren pero se gestan durante largos años con la complicidad de todos. La experiencia vivida en Misiones mostraría que no está definido el desarrollo foresto-industrial que se busca, pero sí está implícito en algunos deseos. Por medio de esos deseos es fácil advertir que hay dos desarrollos alternativos: uno, es el asociado a un cluster que involucre empresas grandes, medianas y pequeñas; y otro, es a la exclusión de empresas grandes. Existe, inclusive, un trabajo desarrollado por la consultora brasileña STCP encargado por la Secretaría de Agricultura en esta segunda opción. Para lograr competitividad internacional en el mundo de hoy (única salida razonable para Misiones) sólo existe una alternativa y es la primera. Enoje o no. Además, se trata de generar con recursos que de algún modo son de todos, aunque estén gestionados mediante la propiedad por algunos de nosotros, el mejor resultado posible. Esto no es ideológico; es real. Acá no hay un discurso filosófico vacío, es la realidad más cruda. Si alguien puede sacar un 30 por ciento más de pies de madera utilizable que otro productor y de mejor calidad, para luego venderla a buen precio en el mercado internacional, va a poder pagar mejor el recurso fibroso, un mejor salario, sus impuestos, va a poder seguir mejorando su tecnología o escala de producción. Y si no lo hace, es probable que lo haga con políticas adecuadas. Cuando se habla en forma generalizada de que las Pymes empujan el crecimiento económico, no se está hablando de empresas pequeñas o medianas y punto. Se está hablando de su dinamismo, de su adaptación y de su eficiencia. Eso las hace importantes. Muchas veces, una empresa grande, para tomar una decisión o un cambio de rumbo puede tardar años; una pyme, por el contrario, da la posibilidad que su dueño o el gerente se suban a un avión y cambien en 48 horas el perfil empresarial por seguir. Esa es su fortaleza y de ahí el aprecio que se les tiene en el mundo. No por la simpatía de ser pequeñas. Infelizmente, la empresa grande que forma parte de esa cuenca: Alto Paraná, no tiene vías de comunicación y respeto con la comunidad que permitan el desarrollo tranquilo de la cuenca bajo el primer desarrollo planteado. No vivo en Misiones y mi contacto con el tema, por lo tanto, no es continuo; pero si existen tantas quejas y quedan de manifiesto a veces algunos hechos poco felices, es que algo está pasando. De hecho, hay un factor que ya hace que a Alto Paraná (y a otros aserraderos desarrollados de la zona) aparezca como antipática para una parte de la población y del aparato productivo local. La mayor productividad de los aserraderos modernos permite pagar un precio mayor por cada tonelada de madera. Ese mayor precio genera el primer problema (anterior a una eventual escasez de madera) que es que el valor de la madera establecido en función de la productividad de ese transformador industrial eficiente deja sin margen de ganancia al productor menos eficiente que, tal vez, no sólo obtiene menos pies cuadrados de esa misma cantidad de madera, sino que los obtiene de peor calidad y los puede vender a un menor precio. En síntesis, el problema que hoy viven algunas Pymes en Misiones. Entonces, ¿la conclusión por sacar es que es malo que haya empresas eficientes en la cuenca? Obviamente no. En este contexto, si existe sobreoferta de madera (como casi siempre aconteció en Misiones) puede producirse o bien una segmentación de mercado o bien que el operador grande consienta que el precio de la madera sea bajo. Téngase en cuenta que el operador foresto-industrial grande (monopsonista: monopolio del lado de la demanda) una manera fácil que tiene de hacerse de la renta de la región, apropiándosela, es pagar un bajo precio por la madera que compra. Para ello cuenta también con la situación de que si no se le vende la madera a él, no se le puede vender a nadie. Ninguna cuenca forestal puede construirse sobre la falta de rentabilidad de los forestadores. Cuando la madera es más escasa la situación cambia, porque la oferta marginal, la más lejana, probablemente tenga menor calidad y rendimiento industrial y, además, esté más lejos y contenga un mayor costo de flete. Es difícil aceptar que las plantaciones mal hechas nunca vayan a ser utilizadas. Aquellas plantaciones denostadas hace algún tiempo por estar lejos (respecto de otras) ahora ayudan a paliar la situación. Recuerdo que en 1986 cuando hice un trabajo para el sector con el objeto de conocer las necesidades de plantación de aquellos años para ser aprovechados hoy, se me hablaba de que existía un porcentaje de indisponibilidad de la madera del 30% y eso fue incluido en el cálculo. Recién iniciaba mi desarrollo en el sector y aceptaba el criterio como acepté tantos otros que tanto me enseñaron. Hoy me parece un criterio absolutamente inaceptable. La pregunta que cabe entonces es: ¿está mal que exista ese productor grande? Sin duda podemos señalar que las respuestas extremas están mal: que no se instale jamás un productor eficiente y grande y que haya sólo un productor eficiente y grande que paga poco a sus proveedores de cualquier tipo (madera, servicios, mano de obra, tierra) que se queda con toda la renta de la región con un comportamiento monopsonista. Sin embargo, diría que la única posibilidad de desarrollar eficiente y competitivamente una región es mediante la presencia de empresas grandes. Miremos, si no, al resto de la Argentina, a Uruguay, a Chile o a Brasil. ¿Dónde está la respuesta, entonces? Seguramente en un punto intermedio. Mi principal preocupación como ciudadano e integrante del sector foresto-industrial argentino es que no se genere un consenso «de rabia» en oposición a la instalación de grandes inversores internacionales. Esto sería un suicidio para el desarrollo foresto-industrial argentino. Desde mi óptica personal, lo mejor es que no sólo haya un grupo grande, sino que haya más de uno y que los chicos se unan o se especialicen para producir y vivir mejor, integrados con los grandes en un proceso sinérgico. Sin dudas, como pasa en cualquier economía del mundo, al productor grande hay que observarlo para que no abuse de su poder. Estoy totalmente de acuerdo con ese accionar, pero me gustaría destacar que hay varias formas de hacerlo y rechazaría enfáticamente aquellas que lo que logran es reducir la eficiencia del productor grande como principal efecto. Creo que lo mejor sería buscar las formas de que la renta que la región consiente en otorgarle a ese productor grande para que la gerencie, se reparta mejor en la región. Pero siempre promoviendo su eficiencia. Cuanto más valor agregado haya más vamos a tener para repartir. Y esto hasta el punto de no ahuyentarlo (realmente y no por amenazas), en su presencia o en sus inversiones. A tales efectos, el sector público debiera contar con mecanismos de análisis lo suficientemente buenos como para sacar sus propias conclusiones y no tener que basarse en la sensación respecto de la natural presión que ejercerá ese productor grande. Ejemplos de esto ocurren en el mundo como se puede ver en el trabajo que relata, por ejemplo, lo realizado por la provincia de Québec en Canadá (The Québec Ministry of Natural Resources Uses Linear Programming to Understand the Wood-Fiber Market, A. Gautier et al, INTERFACES 30: 6 November–December 2000 (pp. 32–48). No sé si es antipático, pero a mi me gustaría sin lugar a dudas que el precio de la tierra en Argentina alcance precios internacionales como consecuencia de que los principales actores del sector foresto-industrial mundial advierta que Argentina es uno de los mejores lugares del mundo para la foresto-industria. Me gustaría que cada actor se haga de tanta remuneración a su aporte como sea posible, sin ahogar a otro eslabón de la cadena en su funcionamiento rentable. Este objetivo se logra, creo, mediante el mencionado Plan Forestal Nacional o provincial y su seguimiento continuo. En este sentido destaco como positivo que sea uno de los puntos a desarrollar en el Congreso Forestal que se realizará durante septiembre de 2005 en Corrientes. Es un importante marco adicional en el que podemos seguir trabajando en conjunto en busca de posicionar a la Argentina como una de las futuras potencias foresto-industriales del mundo, con todo lo que ello significa. negrita/(*) Consultor privado/negrita

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