El operativo coordinado entre guardaparques del Parque Nacional Río Pilcomayo, fuerzas de seguridad y autoridades de fauna provinciales permitió la contención, evaluación médica y posterior liberación del cánido más grande de Sudamérica. «El aguará guazú ya regresó a su hábitat natural, en un ambiente apto para su conservación», informaron las autoridades del área protegida con profunda satisfacción, destacando que la articulación entre organismos es la herramienta más eficiente para proteger la biodiversidad de la región.
Por Patricia Escobar
@argentinaforest
FORMOSA (24/5/2026).- Una llamada de emergencia movilizó este fin de semana a los equipos de conservación del norte argentino tras detectarse la presencia de un ejemplar de aguará guazú (Chrysocyon brachyurus) en el patio de una vivienda de la zona urbana de Laguna Blanca.
El sorpresivo hallazgo activó de inmediato un riguroso protocolo de rescate interinstitucional para garantizar la integridad de los habitantes y la preservación del animal, considerado una especie en peligro.
Ante la alerta, los guardaparques del Parque Nacional Río Pilcomayo se trasladaron al lugar y lideraron las tareas de contención junto a especialistas de la Dirección de Fauna provincial, personal de la Policía de Formosa y el cuerpo de Bomberos local.
Tras un examen veterinario rápido que constató que el ejemplar se encontraba en óptimas condiciones físicas y sin heridas, se procedió a su traslado seguro.
«El aguará guazú ya regresó a su hábitat natural, en un ambiente apto para su conservación», informaron las autoridades del área protegida con profunda satisfacción, destacando que la articulación entre organismos es la herramienta más eficiente para proteger la biodiversidad de la región.

El «zorro grande»: un emblema de los pastizales inundables
El aguará guazú -cuyo nombre en guaraní significa «zorro grande»- es el mayor de los cánidos de América del Sur. En Argentina, su área de distribución está en las provincias de Corrientes, Formosa, Chaco, norte de Santa Fe y Córdoba y este de Santiago del Estero.
Con su pelaje rojizo, crines negras en el lomo y patas largas y oscuras que le otorgan una fisonomía estilizada, es una bellísima especie, adaptada morfológicamente para desplazarse con facilidad entre los pastizales altos y los terrenos anegadizos típicos del Gran Chaco y el complejo Iberá.
A pesar de las leyendas populares que históricamente lo persiguieron de forma injusta, es un animal solitario, tímido y desconfiado que no representa peligro alguno para los seres humanos ni para el ganado mayor. Su dieta es omnívora y generalista: se alimenta de pequeños roedores, aves, ranas e insectos, complementando su nutrición con frutos silvestres (especialmente el «fruto del lobo» o Solanum lycocarpum).
Actualmente, la especie se encuentra catalogada como «Amenazada» a nivel nacional y está incluida en el Apéndice II de la Convención CITES. Sus principales amenazas son la fragmentación y pérdida de su hábitat debido al avance de la frontera agropecuaria, el atropellamiento en rutas, la caza furtiva y los ataques de perros domésticos.
Parque Nacional Río Pilcomayo: refugio crítico para la biodiversidad chaqueña
El destino elegido para la liberación del ejemplar no fue azaroso. El Parque Nacional Río Pilcomayo, ubicado en el noreste de la provincia de Formosa y creado en el año 1951, constituye uno de los bastiones de conservación más importantes del país para resguardar la ecorregión del Chaco Húmedo o Chaco Oriental.
Con una superficie que supera las 51.880 hectáreas, el parque protege un mosaico ambiental de altísima diversidad compuesto por esteros, cañadas, lagunas estacionales, selvas en galería que bordean el río Pilcomayo y extensos palmares de caranday (Copernicia alba).
Esta variedad de ecosistemas le valió la designación internacional como Sitio Ramsar, un reconocimiento que resalta la importancia global de sus humedales para la supervivencia de aves migratorias y mamíferos amenazados.
El área protegida funciona como un santuario no solo para el aguará guazú, sino también para otras especies emblemáticas de la fauna argentina como el lobito de río, el yacaré overo y el negro, el oso hormiguero grande y el tapir.
La presencia de estos grandes mamíferos ratifica el buen estado de conectividad ecológica del parque, consolidándolo como el entorno ideal para que el ejemplar rescatado pueda continuar su ciclo biológico de forma segura y en total libertad.

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