Últimas noticias

Opinión

Misiones | El aserradero Linor cierra definitivamente sus puertas en Azara y deja a más de 130 familias madereras en el desamparo absoluto

La quiebra de una de las principales fábricas de pallets de la región del NEA marca el inicio de una crisis terminal para las pymes forestales misioneras. Desde el martes, la vigilia de sus operarios frente a la fábrica busca evitar el vaciamiento de la planta, deudas millonarias con ARCA y una profunda emergencia de salud mental en un pueblo que se queda sin su motor económico. Azara tiene 2.000 habitantes, y más de 600 vinculados al aserradero histórico de Don Lorenzo. Este viernes comenzarán con cortes de rutas parciales, adelantaron.

Por Patricia Escobar
@argentinaforest
 

MISIONES (21/05/2026). – En Colonia Azara, en Apóstoles, existe una pequeña localidad del sur de Misiones de apenas 2.000 habitantes. En su paisaje, se reconoce al aserradero Linor SRL con orgullo, una de las principales fábricas de pallets del NEA.

Pero esta semana, llegó la peor noticia. No hay solución para la crisis terminal que enfrenta desde fines de 2023, y el propietario del aserradero confirmó que cesaron sus maquinas para siempre.

No es un cierre más; es el derrumbe de una estructura que durante casi tres décadas sostuvo el tejido social y el arraigo de la comunidad.

Hoy, 130 operarios directos, y el sustento de unas 600 familias por el efecto multiplicador de la actividad dependen de la maderera, enfrentan el despidos y aún sin saber sobre el pago de sus indemnizaciones.

Linor quedó atrapada en un laberinto de deudas fiscales, retroceso del mercado interno y altos costos de energía y salarios.

Para los operarios, lo más preocupante es el abandono de una patronal con tanta antigüedad, y de los organismos estatales, tanto provinciales como municipales, que no intervienen para dar respuestas a las familias madereras.

Desde hace dos noches, el frío del monte misionero se combate con fogatas frente a los portones de la planta instalada sobre la ruta provincial 94. Los trabajadores sostienen una vigilia permanente tras detectar maniobras que interpretan como un intento de vaciamiento. La tensión llegó a su punto más alto cuando los empleados interceptaron camiones que intentaban trasladar maquinaria pesada.

Bloqueo frente al portón: «Las máquinas son nuestra única garantía de pago»

«Un compañero pasó frente a la empresa y vio que estaban cargando dos cargadoras frontales, las que se usan para mover los rollos de madera», relató Daniel Giménez, encargado del aserradero, vocero de los trabajadores y una de las voces más antiguas de la fábrica, con 26 años ininterrumpidos.

Los operarios buscan evitar los traslados de equipos y exigieron el retorno de otras maquinarias que ya habían sido retiradas del predio, como una despuntadora, una taquera y sistemas de aspiración.

«Eso es lo único que nos queda como garantía para cobrar lo que nos deben», afirmó en diálogo con ArgentinaForestal.com.

La realidad de las familias de Azara es desesperante. Tras un esquema de licencias forzadas y vacaciones adelantadas implementado por la administración de la firma fundada por Juan Carlos Lorenzo -en sociedad con Norberto Arhndt-, los trabajadores recibieron la confirmación de la quiebra definitiva este martes.

«Hace dos meses que subsistimos con entregas de apenas 100 mil pesos que nos dio la empresa. Estamos sobreviviendo con las últimas moneditas, las familias no tienen ni para comer. El señor Lorenzo solo nos dice: ‘No tengo plata’, pero nosotros sospechamos que la intención detrás de esta quiebra es mudar la actividad a otro lado bajo otra razón social», denunció Giménez.

Entre los clientes de Linor figuran gigantes de la industria nacional y la exportación como Arcor, Loma Negra, Ledesma, Quilmes y Papel Misionero.

La deuda fiscal de ARCA, costos fijos y el «apagón» del consumo

La historia del cierre de Linor condensa las variables macroeconómicas que están arrastrando al estrangulamiento de las pymes foresto-industriales en el NEA.

Los balances de la empresa comenzaron a mostrar signos críticos a partir de 2024, alcanzando un punto de no retorno debido a tres factores concurrentes:

1.    La ejecución fiscal de ARCA: La Agencia de Recaudación y Control Aduanero judicializó una deuda fiscal acumulada que supera los 500 millones de pesos. El proceso avanzó hacia el embargo preventivo de las cuentas bancarias de la sociedad en diciembre, bloqueando cualquier flujo de caja para el pago de salarios o la compra de materia prima.

2.    Disparada de costos regulados: Las sucesivas intimaciones por mora en el servicio de energía eléctrica, sumadas a las tasas de interés prohibitivas para el financiamiento de capital de trabajo, licuaron la rentabilidad del pallet, un producto de estrecha relación con el consumo masivo.

3.    El freno de la cadena logística interna: Al contraerse la actividad económica general y el despacho de mercaderías a nivel nacional, la demanda de tarimas y bases de madera sufrió una parálisis que impidió absorber los incrementos de costos operativos.

Emergencia social y el vacío de la contención pública

Más allá de los números rojos de la quiebra, el costado más agudo de la crisis se vive en la salud de los trabajadores. La incertidumbre prolongada y la falta de aportes a la obra social del Sindicato de Obreros de la Industria de la Madera de Posadas (SOIMP) han detonado un cuadro de vulnerabilidad social extremo.

«Esta situación lleva más de un año. Tenemos compañeros con crisis severas de salud mental, con depresiones profundas. Hay muchachos que manifiestan abiertamente intenciones de quitarse la vida porque están sumergidos en deudas que no pueden afrontar», alertó Giménez con crudeza, reflejando el impacto del desempleo en comunidades pequeñas donde no existen fuentes alternativas de trabajo.

Ante este panorama, las respuestas de los distintos estamentos del Estado han desnudado una profunda falta de sensibilidad territorial.

Según relataron los propios delegados, el Ministerio de Trabajo provincial participó de las audiencias informativas con la presencia del propietario sin ofrecer herramientas de contención ni activar los programas de asistencia psicológica previstos por la provincia para situaciones de crisis emocional y situaciones traumáticas.

La respuesta del municipio local tampoco trajo alivio: ante el pedido urgente de bolsones de alimentos o subsidios de emergencia para las familias que no perciben ingresos desde abril, la réplica oficial del intendente hacia los obreros fue un seco: «La municipalidad está peor que ustedes».

Por el momento, la subsistencia en el campamento de vigilia de Azara depende de las donaciones particulares y de las redes de solidaridad que los propios vecinos de la zona sur han tejido para acercar mercadería.

Para este viernes, los trabajadores anunciaron la realización de un corte parcial sobre la ruta provincial 94, buscando visibilizar un conflicto que amenaza con transformarse en la primera ficha de un efecto dominó sobre los aserraderos de la provincia si no se articulan medidas urgentes de salvataje para la industria nacional.

Artículos relacionados