El reporte anual 2025 de World Weather Attribution advierte que el planeta atraviesa una nueva etapa de extremos climáticos persistentes. Olas de calor récord, sequías, inundaciones e incendios impactaron con mayor fuerza en las poblaciones más vulnerables y profundizaron brechas entre regiones.
Por Patricia Escobar
@argentinaforest
ARGENTINA (2/1/2026).- Desde Periodistas por el Planeta difundieron el informe con los principales hallazgos del reporte anual 2025 de World Weather Attribution (WWA), una de las iniciativas científicas de referencia a nivel global en el análisis del vínculo entre cambio climático y eventos extremos, y que estos demuestran.
“Cada diciembre nos hacen la misma pregunta: ¿fue un mal año para el clima extremo? Y cada año, la respuesta se vuelve más inequívoca: sí”, señalan en el reporte que traza una radiografía contundente de 2025: un año atravesado por olas de calor récord, sequías prolongadas, inundaciones, tormentas e incendios forestales que afectaron de manera desproporcionada a las poblaciones más vulnerables, ya que se cobraron vidas, destruyeron comunidades y arrasaron cultivos.
Lejos de tratarse de episodios aislados, los estudios muestran cómo el cambio climático ya está empujando a millones de personas hacia los “límites de la adaptación”, incluso en países que cuentan con políticas de reducción de riesgos.
A escala global, 2025 se ubicó entre los tres años más cálidos jamás registrados, aun bajo la influencia de condiciones de La Niña, que suelen moderar las temperaturas.
El promedio térmico de los últimos tres años superará por primera vez el umbral de 1,5 °C, una referencia central del Acuerdo de París. Para la comunidad científica, este cruce confirma que cada fracción adicional de calentamiento se traduce en impactos cada vez más severos y difíciles de gestionar.

América Latina: impactos, desigualdad y brechas de información
América Latina ocupa un lugar destacado en el análisis. De los 22 eventos extremos estudiados en profundidad por WWA durante 2025, siete ocurrieron en las Américas, incluidos episodios de calor extremo en México y Argentina.
En ambos casos, los estudios atribuyen al calentamiento global un aumento significativo tanto en la probabilidad como en la intensidad de estas olas de calor.
En Brasil, amplias regiones atravesaron uno de los años más secos registrados, con efectos directos sobre la disponibilidad de agua, la producción agrícola y el riesgo de incendios forestales. El informe subraya que estos impactos no solo son climáticos, sino también sociales y económicos, al profundizar desigualdades preexistentes.
Uno de los aspectos más relevantes del reporte es la atención puesta en una desigualdad menos visible pero decisiva para la región: la brecha científica.
En amplias zonas del Sur Global —incluida América Latina— la escasez de datos meteorológicos y las limitaciones de los modelos climáticos dificultan los análisis de atribución.
Esta falta de información no reduce los daños, pero sí limita la capacidad de demostrar con precisión cómo el cambio climático los intensifica, lo que tiene consecuencias directas en la toma de decisiones políticas y en el acceso a financiamiento para la adaptación.

Cifras destacadas del informe
· 157 eventos climáticos extremos con impacto humanitario durante 2025
· 22 eventos analizados en profundidad; 17 mostraron una clara influencia del cambio climático
· 7 eventos ocurrieron en las Américas
· Olas de calor hasta 10 veces más probables que en 2015
· El promedio global de temperatura superará por primera vez el umbral de 1,5 °C
En 2025, los fenómenos meteorológicos extremos continuaron ocurriendo a niveles preocupantes.
Aunque los modos naturales de variabilidad climática, como El Niño, se encontraban en una fase más fría, las emisiones de gases de efecto invernadero impulsadas por el ser humano provocaron temperaturas globales excepcionalmente altas.
Estas temperaturas elevadas intensificaron las olas de calor prolongadas, empeoraron las condiciones de sequía y el clima propicio para los incendios, y aumentaron las precipitaciones y vientos extremos asociados con tormentas e inundaciones severas que causaron miles de muertes y desplazaron a millones de personas.
Los eventos de 2025 demuestran los crecientes riesgos ya presentes con aproximadamente 1,3 °C de calentamiento antropogénico y refuerzan la urgente necesidad de acelerar la transición hacia el abandono de los combustibles fósiles.
Desde 2015, cuando se firmó el Acuerdo de París, el calentamiento global ha aumentado 0,3 °C. Este aumento aparentemente pequeño ya ha hecho que el calor extremo sea significativamente más frecuente, añadiendo 11 días calurosos adicionales por año en promedio, y se proyecta que se intensifique drásticamente con un mayor calentamiento.
Si las políticas se implementan plenamente, el Acuerdo de París ha ayudado a reducir el calentamiento proyectado de 4 °C a 2,6 °C, una disminución sustancial que, no obstante, crearía un mundo peligrosamente caluroso.
Al revisar algunas de las olas de calor recientes estudiadas en años anteriores, como el calor extremo en la Amazonia o en Burkina Faso y Mali, descubrimos que estos eventos se han vuelto casi diez veces más probables desde 2015, lo que pone de relieve que cada fracción de grado importa.

Voces de la ciencia
“2025 nos mostró que ya estamos en una nueva era persistente de clima extremo y peligroso. Este año también vimos un retroceso hacia la inacción climática y el desfinanciamiento de iniciativas esenciales de información climática. La evidencia de los impactos severos y reales del cambio climático es más clara que nunca, y es fundamental actuar para frenar las emisiones de combustibles fósiles y ayudar a las poblaciones más vulnerables a prepararse para los efectos devastadores de un clima cada vez más extremo”, afirmó Theodore Keeping, investigador del Imperial College London.
En la misma línea, Sjoukje Philip, investigadora del Instituto Meteorológico Real de los Países Bajos (KNMI), advirtió: “El aumento continuo de las emisiones de gases de efecto invernadero ha empujado al clima a un nuevo estado, mucho más extremo. Incluso pequeños incrementos de la temperatura global están generando impactos desproporcionadamente severos. Las olas de calor, tormentas y lluvias intensas que vemos hoy superan ampliamente lo que explicaría la variabilidad natural. Estamos ingresando en una etapa donde lo que antes era una anomalía se está convirtiendo rápidamente en la norma”.
Crisis climática y género
El estudio también realizado en Sudán del Sur destacó que las mujeres se ven desproporcionadamente afectadas por el calor extremo debido a su concentración en trabajos informales y expuestos al calor, como la agricultura y la venta ambulante, además de tener recursos limitados y bajas tasas de alfabetización.
A nivel mundial, las mujeres soportan una carga desigual, por ejemplo, debido a su escasa representación en puestos de liderazgo y a las responsabilidades de cuidado no remuneradas, lo que a menudo aumenta su exposición a temperaturas peligrosamente altas y los riesgos asociados para la salud a largo plazo.
El calor extremo perturba aún más la educación, provocando el cierre de escuelas que refuerzan las desigualdades de género.






