Con caídas de ventas de hasta el 50 %, márgenes casi nulos y fuerte presión de costos, el sector foresto-industrial enfrenta la peor crisis de su historia reciente. Gabriel Marangoni, ex presidente de AMAYADAP y socio de NEA Gestión, analiza el cierre de 2025, los riesgos para las PyMEs y las estrategias que el sector proyecta hacia 2026, con foco en crédito, alivio fiscal y una campaña nacional para promover el uso de la madera.
Por Patricia Escobar
@argentinaforest
MISIONES (1/1/2026).- La industria maderera argentina, y en particular la radicada en Misiones y Corrientes, atraviesa un escenario crítico que combina caída del consumo, falta de financiamiento y pérdida de rentabilidad. “Hay que mejorar la accesibilidad al crédito financiero, reducir la carga impositiva y promover el consumo.
Desde FAIMA, a partir de una propuesta de AMAYADAP, se aprobó un plan de difusión agresivo para 2026, orientado a exponer y difundir el uso de la madera, sus beneficios y tecnologías, para que la sociedad tenga presente este material al momento de remodelar sus casas, oficinas o construir de forma sostenible”, sostuvo Gabriel Marangoni, ex presidente de AMAYADAP y socio de NEA Gestión (Eldorado).
Consultado sobre qué tipo de empresas podrán sostenerse frente al actual contexto económico, político y social, Marangoni fue cauto: “Es difícil dar una respuesta precisa, porque estamos atravesando la peor crisis que registra el sector. Por ahora, las que mejor la llevan son aquellas que tienen materia prima propia y las que pudieron hacer inversiones de capital antes de la crisis; en general, medianas y grandes empresas”.
En ese sentido, explicó que hacia abajo, en la escala empresarial, “muchas realmente se quedaron sin recursos financieros. Las ventas cayeron casi un 50 % y ya no pueden reducir más sus gastos; llegaron al límite. El otro paso sería el cierre”.
En una entrevista con Visión Misionera, el anuario de Misiones Online, Marangoni analizó el balance de 2025 y las perspectivas a mediano plazo.
VM: El sector foresto-industrial cierra un 2025 complejo por el mercado y crítico desde lo económico para las PyMEs misioneras. ¿Cuál es su análisis del año para la industria de la madera?
GM: Coincido, y quizá sea más duro de lo que cuentan muchos empresarios. Muchos están usando ahorros propios para sostenerse o, como dije antes, utilizan su propia materia prima, que es lo mismo: como se dice en la calle, “se están comiendo la cola”. El escenario es incierto y depende de cómo evolucionen los mercados, tanto el nacional como los externos.
La pregunta que hoy no tiene respuesta es hasta cuándo durará la crisis. Ese plazo determinará quiénes y cuántos quedarán en el camino. Por ahora, podemos decir que los aserraderos chicos serán los primeros en caer, como ya sucedió en varios casos en Misiones y Corrientes.
VM: ¿Qué fue lo que más impactó en las empresas y qué medidas requieren para salir adelante?
GM: La crisis viene por el lado de los mercados, es muy simple. Hay otros problemas estructurales propios de la industria y del llamado “costo argentino” que, cuando bajan las ventas, se agrandan.
De parte de los industriales, en medio de esta crisis, más que bajar costos no queda mucho por hacer. Si se recuperan los mercados, entonces sí deberían encarar una reingeniería urgente hacia el futuro.
Desde los gobiernos, deberían dar una mano, por ejemplo con la reducción de cargas sociales, como ocurrió en el gobierno de Menem, al menos hasta salir de esta mala coyuntura.
Desde las cámaras empresarias se están elevando este tipo de reclamos y, en el seno de FAIMA, a propuesta de AMAYADAP, se comenzará a trabajar en programas de difusión hacia la sociedad sobre el “mayor y mejor uso de la madera”. Argentina tiene margen para aumentar el consumo per cápita, que hoy es muy bajo.
VM: ¿Qué información manejan sobre producción, ventas, empleo y quiebras?
GM: Se habla de una caída de ventas de entre 40 y 50 % en promedio, tanto en el mercado nacional como en el externo. La diferencia es que en el mercado interno directamente no hay pedidos; en el externo hay demanda, pero los precios no cierran contra los costos. Son exportaciones que se hacen para generar caja, con poca o nula rentabilidad.
Hay despidos, la mayoría aplicados para bajar costos. Las quiebras, por ahora, son escasas.
VM: ¿Cuáles son las principales barreras para incrementar exportaciones?
GM: Los mercados externos siempre están, con oscilaciones, pero están. El problema es la rentabilidad. Desde afuera te pagan lo que marca el mercado, entonces hay que bajar costos. En este punto, la logística es clave y en Argentina es muy cara para poner la mercadería en el barco. Una buena posibilidad es el uso de las hidrovías; en estos días hay una empresa de Estados Unidos interesada en reactivar el puerto de Eldorado.
VM: Se habló de crisis todo el año y del esfuerzo para evitar cierres y despidos. ¿Este escenario se profundizará en 2026?
GM: Es difícil saberlo. Si nos atenemos a los análisis macroeconómicos, indican que la economía podría crecer un 5 % y la construcción entre un 12 y 14 %. Si fuera así, tendríamos un respiro hacia mitad de año. La construcción es la que mueve la aguja en términos de consumo de madera, en cualquier país del mundo.

Materia prima y rentabilidad
VM: Según informes del INFOPRO, la tasa forestal no incide de manera importante en el costo de la industria. ¿Qué opina?
GM: La materia prima incide, y mucho, en el costo industrial. Los principales ítems para producir una tabla de madera son la materia prima y la mano de obra, y luego el resto. Por eso, y no porque sea algo bueno, en períodos de crisis la industria aplasta el precio de los rollos, siempre que haya suficiente oferta. Es un juego de oferta y demanda. Para el productor forestal tampoco es un buen momento: hoy tienen muy baja rentabilidad.
VM: El consejo asesor del INFOPRO indica que el productor forestal estaría hoy un 8 % por debajo de su rentabilidad. ¿Cuál es el margen de la industria maderera?
GM: Hoy la rentabilidad es muy baja para el productor forestal y nula o casi nula para la industria. Quizás se salve el subsector de servicios, que también bajó sus pretensiones, pero si no tuviera un pequeño margen, en pocos meses se quedarían con los equipos parados en el monte por falta de mantenimiento y reparaciones.
Una crisis cruzada y sin precedentes
Marangoni definió el contexto actual como una crisis local y global. “Hubo otras crisis, como la de 2001 o la subprime de Estados Unidos en 2008, el tipo de cambio que nos resta competitividad internacional, el dólar planchado, la falta de créditos. Pero esta es la peor porque es cruzada y con caída del consumo de madera”.
Aclaró además que, si bien durante la pandemia se habló de una gran recuperación, “no fue tanto para la madera, sino para celulosa y papel, que eran esenciales. La madera se benefició de rebote, porque la gente se quedó en su casa y remodeló. Eso permitió una recuperación parcial de la crisis que se arrastraba desde 2015, hasta caer nuevamente en la crisis de 2023, que a la fecha no repunta: no hay inversiones, no hay financiamiento y no hay mercado porque no hay consumo”.
Hacia adelante, algunos analistas proyectan mejoras recién para el segundo semestre de 2026. “El rumbo del gobierno nacional es correcto, pero es difícil sostenerse sin medidas que impulsen el consumo. Por eso, desde FAIMA se analizó el tema en el Comité de Crisis y se aprobó una propuesta de AMAYADAP para lanzar una fuerte campaña de uso de la madera. El problema es la falta de ventas, los altos costos logísticos y la necesidad de reducirlos con acciones de mediano plazo. En eso hay que trabajar en 2026”, subrayó.
El cierre deja una advertencia clara: “Nadie quiere cerrar. Sin dudas habrá industrias que quedarán en el camino; desaparecerán, sobre todo, los informales. La brecha entre la gran empresa y la chica es cada vez mayor y el escenario es complejo. El sector privado está intentando sostener sus estructuras, pero el desafío es enorme”.





