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FAIMA conformó un Comité de Crisis para la Foresto-industria: madereros operan a menos de un 50% de su capacidad y hay miles de empleos en riesgo

Tras un primer semestre complejo frente a un «cóctel explosivo» de altos costos, falta de financiamiento, paralización de la construcción pública y privada, y desplome del consumo interno, la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA) creó un espacio para llevar adelante un monitoreo, información actualizada y planificación posible frente a los distintos escenarios de la cadena foresto-industrial. La crisis está llevando al endeudamiento de las empresas, cierre de establecimientos y la pérdida de empleos.

 

Por Patricia Escobar

@argentinaforest 

 

BUENOS AIRES (8/8/2025).- En la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA) se mantienen en alerta tras un duro primer semestre del año en el mercado interno ante la baja del consumo y altos costos, que derivó en una drástica reducción de la capacidad de las industrias madereras en el país, con una caída de más de un 50%.

Frente al panorama negativo para la actividad, decidieron crear un Comité de Crisis para la Foresto-industria, una medida drástica que evidencia la profunda recesión que golpea a este sector vital para las economías regionales.

Pequeñas y medianas empresas (PyMEs) de todo el país se enfrentan a un cóctel explosivo de altos costos, restricciones de financiamiento y una caída abrupta del consumo, que amenaza con desmantelar una de las principales cadenas productivas de la Argentina, de la que dependen miles de familias y pequeños y medianos emprendedores.

El pasado 30 de julio, en reunión de la Comisión Directiva de FAIMA, se dio un consenso unánime para dar el paso a formalizar la creación de este comité de crisis. Su objetivo es articular una respuesta coordinada con las 28 cámaras empresarias que representan a la industria a nivel nacional, abarcando desde las provincias con mayor actividad forestal como Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Chaco, Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires, Formosa, hasta otras con menor, pero significativa para la economía local como Salta, Tucumán, Tierra del Fuego, presencia del sector.

La situación es crítica y progresiva, como se viene reflejando en reiteradas publicaciones desde hace más de un año, y en la actualidad aseveran que la situación es «asfixiante» para los eslabones de la primera transformación y la remanufactura de la madera, que son la base de la producción de muebles, insumos para la construcción y otros bienes de consumo.

Ricardo García, miembro del Comité de Crisis de FAIMA, se refirió en una entrevista con ArgentinaForestal.com al panorama complejo de la industria. «No es fácil decirlo, pero hay cierre de aserraderos. También empresas como Forestadora Tapebicua atraviesan un momento muy complicado con suspensiones y pagos de personal en cuotas. En el norte del país, algunos aserraderos han suspendido turnos o enfrentan serios problemas para sostener la actividad», explicó el empresario.

La raíz del problema, según el directivo, es la compresión de márgenes: «Los precios de venta están muy bajos, pero los costos no ceden. La materia prima, la energía, el gas, el combustible y los salarios han sufrido aumentos. Esto hace cuesta arriba mantener la industria funcionando sin margen de ganancia. Esta es la realidad con la que convivimos».

Para mantenerse a flote, las empresas están asumiendo deudas, incluso solicitando créditos en julio para poder pagar el aguinaldo.

García calificó la situación como «una de las crisis más graves que enfrenta la foresto-industria, y será difícil salir».

El directivo manifestó su preocupación por la falta de reacción de las autoridades: «No vemos que quienes pueden tomar decisiones para revertir este escenario estén reaccionando y viendo estas cosas para modificar algo».

El empresario enfatizó que el problema tiene raíces macroeconómicas que exceden la capacidad de gestión de las empresas y las provincias. «La inflación de julio dicen que es 1,6%, pero estamos pagando una tasa de interés del 5% mensual. Esto hace que las empresas estén pasando por una situación muy compleja», explicó.

El directivo detalló la difícil ecuación financiera del sector: los costos internos y los servicios siguen aumentando, pero no pueden trasladar esos incrementos a los precios de venta. Al mismo tiempo, deben enfrentar altas tasas de interés. «Las cuentas no están cerrando por ningún lado», sentenció.

Advirtió que, dado que muchas empresas ya se endeudaron para pagar el aguinaldo, el próximo semestre será aún más difícil si no se revierte la recesión actual.

Los datos de la encuesta de FAIMA confirman la recesión

La Federación realizó una encuesta reciente a sus miembros que pone en números la magnitud de la crisis:

  • Producción: El 78% de las empresas reportó caídas en sus niveles de producción durante el primer semestre de 2025. De ese grupo, un 20% experimentó una retracción superior al 40%, y otro 20% sufrió una caída de entre 30% y 40%.
  • Ventas: En línea con la producción, el 78% de las empresas registró una caída en sus ventas, y un 45% de ellas señaló un retroceso de más del 30%. Solo el 20% de los encuestados logró mantener sus ventas estables.
  • Expectativas: El panorama para el segundo semestre es pesimista. Solo el 20% de las empresas espera una mejora, mientras que el 46% no proyecta cambios y un preocupante 34% anticipa una caída aún mayor a la sufrida en el primer semestre.

 

Sostenimiento del empleo bajo presión

A pesar de la caída productiva, las empresas están haciendo un gran esfuerzo por sostener sus planteles. No obstante, las medidas para reducir costos de personal son evidentes en los resultados de la encuesta:

  • El 90% de las empresas tuvo que adelantar vacaciones.
  • El 91% implementó suspensiones de personal.
  • El 99% redujo las horas de trabajo de sus empleados.

«Detrás de estos datos, hay un gran esfuerzo para sostener el empleo en el sector y mucha presión del sindicato, lo que complejiza la toma de decisiones para hacer frente a esta crisis», concluyó García.

La industria de la madera enfrenta a nivel país un escenario desolador, marcado por:

  • Parálisis de la obra pública y retracción de la construcción privada: La falta de proyectos y el encarecimiento de los materiales han impactado directamente en la demanda de madera.

 

  • Restricción al crédito: Las elevadas tasas de interés dificultan el acceso a financiamiento productivo, limitando la capacidad de inversión y de capital de trabajo para las empresas.

 

  • Caída del consumo interno: Con la demanda local representando cerca del 80% del destino de la producción, su abrupta contracción es el principal factor de la crisis.

 

  • Adversidad en el mercado externo: La inestabilidad global en precios y volúmenes de exportación ha mermado las oportunidades para las empresas que buscan colocar sus productos fuera del país.

El resultado de este panorama es que la capacidad instalada del sector opera actualmente al 50%, un umbral insostenible que ya está provocando el cierre de establecimientos y suspensión del personal –formado y capacitado para el oficio- y la erosión del capital patrimonial de las empresas.

Si bien las industrias han resistido hasta ahora a la necesidad de despedir personal, desde FAIMA se advierte que la sostenibilidad del empleo está en riesgo si no se toman medidas urgentes.

Un plan de acción para mitigar el desastre

El Comité de Crisis se ha propuesto ser un canal de diálogo, información , monitoreo y planificación, que unifique criterios y guíe las respuestas para las industrias madereras.

Sus funciones principales serán:

  1. Monitoreo y diagnóstico constante: Recopilar datos en tiempo real sobre la situación del sector para comprender la magnitud del problema.
  2. Formulación de propuestas: Diseñar soluciones concretas para presentarlas ante organismos provinciales y nacionales, buscando alivio fiscal y financiero.
  3. Coordinación de acciones: Promover medidas que mitiguen la vulnerabilidad de las empresas y garanticen su supervivencia.

Desde FAIMA, remarcan la importancia de preservar esta industria nacional y de arraigo cultural: «Reafirmamos nuestro compromiso con la defensa y el fortalecimiento del entramado productivo nacional, y convocamos a todos los actores públicos y privados a trabajar articuladamente para preservar una industria que es motor de desarrollo en muchas regiones del país.»

La gravedad de la crisis para las economías regionales

La parálisis de la industria forestal no es un problema aislado, sino un terremoto que sacude el corazón de economías regionales enteras. Provincias como Misiones, Corrientes , Entre Ríos y otras tantas, dependen en gran parte de esta cadena de valor para su desarrollo económico y social.

En estas regiones, los bosques nativos y las plantaciones forestales no son solo paisajes, sino fábricas a cielo abierto que generan empleo directo e indirecto.

La actividad forestal es la base de un ecosistema que incluye a productores forestales, aserraderos, fábricas de muebles, carpinterías y transportistas, un entramado que, en su conjunto, da trabajo a decenas de miles de personas. La crisis actual amenaza con romper este círculo virtuoso:

  • Desempleo masivo en PyMEs: La caída en la producción pone en riesgo miles de puestos de trabajo, lo que impactaría directamente en el sustento de familias enteras en las zonas más vulnerables.
  • Éxodo rural: La falta de oportunidades laborales podría impulsar a los trabajadores a migrar a las grandes ciudades, desarticulando las comunidades locales y generando una crisis social.
  • Contracción de la economía local: Con el cierre de empresas, el efecto dominó se expande, afectando a comercios, proveedores de servicios y toda la cadena de consumo local. El valor de la madera, que en circunstancias normales se transforma en salario y consumo, se detiene, secando la liquidez en la provincia.

La industria forestal no es solo una proveedora de madera; es un pilar que sostiene a las economías regionales. El Comité de Crisis de FAIMA busca dar visibilidad a la problemática sectorial y dar una respuesta, pero principalmente, hace un llamado de atención a las autoridades locales, provinciales y nacionales, para unirse en acciones que permitan evitar el colapso de un motor productivo que, de desmantelarse, dejaría cicatrices profundas en el tejido social y económico de varias provincias argentinas.

 

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