| Debate sobre certificación forestal en Argentina |
Desarrollo Forestal dialogó en exclusiva con Pablo Yapura, ingeniero forestal que actúa como nexo entre FSC internacional y la Argentina, tras la reunión que organizaron Fundación Vida Silvestre Argentina y la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable el 4 de agosto. Yapura explicó que antes de contactar una firma certificadora, es necesario comenzar con una autoevaluación de cada empresa particular y ver si se cumple con los requisitos de los manuales de Manejo Forestal. “Este paso es fundamental para ahorrar dinero. La certificación comienza por la decisión de uno mismo y el conocimiento de los recursos de su propia empresa”, dijo.
Fuente: Desarrollo Forestal
BUENOS AIRES (Agosto 2005).- ¿Es complicado certificar en la Argentina? – Sí, porque hay muchas condiciones que son muy difíciles de cumplir. Por ejemplo, que nadie demande productos certificados. Es una herramienta de mercado que puede producir muchos beneficios sociales y ambientales, además de los económicos. Lo que sucede es que debemos buscar al comprador, alguien que pida esos productos y que especialmente premie esa actitud de los productores y fabricantes, que es la parte más difícil y a la que debemos apuntar, por lo menos, en nuestro país. Me refiero a llegar a la situación en que haya dos productos, uno certificado y otro no, y que se elija el primero al mismo precio y calidad del segundo. En estas circunstancias están en juego mucho valores culturales, por eso esto funciona en países como Holanda y el Reino Unido, donde el consumidor es responsable y donde estas ideas se propagan con facilidad entre los habitantes. No es el caso de los Estados Unidos, porque allí importa más la responsabilidad social corporativa -es decir el comerciante minorista o “retailer”- que el consumidor final. – ¿Y por qué no sucede lo mismo en países sudamericanos como Bolivia o Brasil que tienen grandes extensiones boscosas certificadas? – La diferencia, básicamente, es que sus bosques están certificados no porque haya un consumidor responsable, sino porque la madera de sus bosques se enfoca mayoritariamente a la exportación en países donde interesan estas cuestiones de las que habla FSC. Allí son otros los intereses que impulsan la certificación. En el caso de Brasil, la industria forestal tuvo un despegue exportador excepcional y por eso hoy por hoy tiene casi 4 millones de hectáreas certificadas. No ocurrió lo mismo con la certificación del bosque amazónico, porque Brasil posee el centro consumidor de maderas tropicales más grande del mundo, que es la ciudad de San Pablo. – ¿Qué costos tiene certificar? – La certificación de “Manejo Forestal” cuesta 50 centavos de dólar por hectárea para operaciones grandes, de aproximadamente 50 mil o 70 mil hectáreas. Y entre 4 y 5 dólares para operaciones menores a mil hectáreas. De todos modos, es muy difícil que certifiquen operaciones chicas, porque los costos se elevan considerablemente. En Sudáfrica existe un esquema en el cual las dos empresas papeleras más grandes tienen un programa de crecimiento de bosques denominado “Outgrowers”, mediante el cual a una serie de productores nativos -mayoritariamente de caña de azúcar- se les facilitan los plantines para que produzcan árboles. Estos productores individuales no llegan a una hectárea de plantaciones, y sin embargo entraron en un grupo más grande que está certificado. – ¿Cómo se manejó en Argentina la situación de los pueblos indígenas? – La experiencia indica que los inversores buscan seguridad sobre las tierras, no por cumplir con los principios morales sino porque no van arriesgar su dinero en un lugar donde no haya seguridad para retirar su producción. En nuestro país hubo problemas: recuerdo un caso de Misiones, en la reserva de Yabotí, donde una comunidad no quiso que una maderera funcione en la zona. Lo mismo puede ocurrir en el Chaco, Salta y Jujuy, aunque en menor medida. – Durante la charla de esta tarde hablaste de madera certificada y de madera controlada, ¿cuál es la diferencia? – La diferencia entre ambas se da en los tipos de requerimientos que deben evaluarse en las unidades de “Manejo Forestal”. En el caso de la madera certificada, lo que se evalúa son los 10 principios y los 56 criterios de FSC. Es decir, que para que una madera tenga la etiqueta debe cumplir en su totalidad los principios y criterios de la organización. En el caso de la madera controlada, es una categoría de materia prima legitima que formará parte de un producto con etiqueta del FSC, pero hace sólo eso: acompañar un producto certificado. Todos los productos etiquetados tienen que tener una cantidad mínima de cada tipo de madera. Existen proporciones establecidas de madera certificada y de madera controlada. – ¿Entonces no puede haber productos con el 100 por ciento de madera certificada? – No, eso sí puede darse. Lo que no puede existir nunca son productos con 100 por ciento de maderas controladas. Estas son maderas que sólo llevarán etiqueta si forman parte de un producto con un porcentaje de madera certificada. – ¿Por qué se emplea este método? – Esto surgió por un necesidad de la industria forestal y sobre todo la cadena de procesamiento porque existen serias dificultades de conectar la oferta y la demanda de productos certificados. La realidad indica que la mayor parte de la demanda de productos certificados está insatisfecha y es por eso que se optó por este mecanismo. – Se podría decir que lo que se debe hacer, entonces, es crear un mercado de consumidores conscientes y responsables para que el empresario entienda que es una ventaja certificar. – Si se lo ve del lado del consumo, es así. Los clientes son los únicos que tiene el poder de decisión a la hora de comprar y deben ser ellos quienes elijan qué consumir. Nosotros buscamos que la persona que tenga dos productos enfrente, uno etiquetado y el otro no, compre el que tiene etiqueta. Esto le da la pauta de que esa madera proviene de bosques certificados, que se pagaron las cargas sociales de los trabajadores, que no se violaron los derechos indígenas, que no corren peligro especies amenazadas, etc. cursiva/Más información en Desarrollo Forestal de agosto (año XIV, número 138)./cursiva


