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La «mina de oro» biológica como ventaja competitiva : Argentina produce madera 9 veces más rápido que Europa, pero le falta industria para procesarla

En el marco de un seminario del Centro Argentino de Ingenieros (CAI), el consultor Daniel Maradei expuso las asimetrías del sector: el NEA lidera los rendimientos mundiales con 46 m3/ha/año, pero el país exporta un 80% menos de divisas que Uruguay por falta de mega inversiones y un marco jurídico estable. “El país tiene un severo cuello de botella de aprovechamiento industrial y regulatorio que frena el desarrollo de las exportaciones del sector respecto a los vecinos del Cono Sur”, señala el profesional.

 

Por Patricia Escobar

@argentinaforest 

 

 

BUENOS AIRES (1/7/2026).- . El sector forestal argentino se enfrenta a una contradicción histórica: posee ventajas biológicas únicas en el planeta, pero está atado por la falta de inversión industrial, la informalidad en la información comercial y laboral, y la incertidumbre jurídica.

Este fue el eje central de la exposición del ingeniero agrónomo Daniel Maradei, director de la consultora Maradei y Asoc., durante el seminario híbrido organizado por la Comisión de Agricultura y Alimentos del Centro Argentino de Ingenieros (CAI) en Buenos Aires, que contó con el respaldo institucional del Consejo Profesional de Ingeniería Agronómica (CPIA) y la participación del ingeniero Luis María Mestres, secretario de Desarrollo Foresto-industrial.

Durante su presentación, Maradei definió a la Argentina como una mina de oro biológica para el mercado internacional, sustentada en la altísima productividad de la tierra, la disponibilidad de agua y un avanzado desarrollo genético que permite ritmos de crecimiento imposibles de igualar para las potencias forestales tradicionales del hemisferio norte.

El «súper poder» del NEA

Los datos de crecimiento medio forestal presentados por el consultor exponen una ventaja natural imbatible. Mientras que los países escandinavos -históricos dominadores del mercado de madera y papel- enfrentan inviernos extremos y ciclos de corte de entre 60 y 80 años, el Nordeste Argentino (NEA) opera a velocidades récord.

A nivel global, la medición de metros cúbicos por hectárea al año (m3/ha. año) expone las siguientes diferencias:

Finlandia: 5 m3/ha. año
Suecia: 6-7 m3/ha. año
Sur de EE.UU.: 11 m3/ha. año
Chile: 21 m3/ha. año
Uruguay: 26 m3/ha. año
Brasil: 41 m3/ha. año
NEA Argentino (Corrientes y Misiones): 46 m3/ha. año

«En Misiones o Corrientes, un pino o un eucalipto alcanza el tamaño comercial en apenas 12 o 15 años. Producimos casi nueve veces más rápido que Finlandia», graficó Maradei. Sin embargo, el analista disparó una dura metáfora sobre el estado de la actividad: La naturaleza en Argentina va a la velocidad de un Fórmula 1, pero la industria y la economía local se mueven a la velocidad de una carreta.

El mapa de la masa forestal: entre el nativo y el implantado

Al abordar el inventario de los recursos, Maradei advirtió sobre la falta de estadísticas oficiales actualizadas y precisas. Respecto a los bosques nativos, las estimaciones varían sustancialmente: en 2005, el ex Ministerio de Ambiente calculaba unas 31,4 millones de hectáreas, cifra que ascendió a 53,6 millones en 2007 tras la implementación de la Ley de Bosques (N° 26.331).

A escala regional, el Parque Chaqueño lidera con 62 millones de hectáreas, seguido por el ecosistema de Monte (47 millones), el Espinal (33 millones), el bosque Andino Patagónico (6 millones), la Selva Tucumano-Boliviana (5,4 millones) y la Selva Misionera, que supera el millón y medio de hectáreas con especies de alto valor maderable como el guatambú, palo rosa, peteribí y cedro.

“Hoy la actividad productiva con el bosque nativo está reducida a una escala menor, concentrada en la exportación de carbón vegetal, tanino y extracto de quebracho”, detalló.

Por el lado de los bosques implantados (cultivados), el panorama estadístico de la Dirección Nacional de Desarrollo Foresto Industrial es más sólido: el país cuenta con 1.364.998 hectáreas, de las cuales un 30% corresponde a macizos maduros de más de 18 años.

El podio provincial de cultivos forestales lo lidera Corrientes, con 492.000 hectáreas (70% pino y 30% eucalipto), consolidándose como la plaza más atractiva y amigable para captar nuevas inversiones de base forestal.

En segundo lugar se ubica Misiones, con más de 400.000 hectáreas (80% pino); una provincia con un polo industrial muy consolidado pero donde las restricciones ambientales actuales vuelven compleja la proyección de macroproyectos.

El tercer puesto del podio lo ocupa Entre Ríos, destacada por sus cuencas de eucaliptos y salicáceas, hacia el Delta.

La paradoja regional: el espejo de Uruguay, Chile y Brasil

El dato más crítico de la conferencia surgió al contrastar la disponibilidad de recursos de Argentina frente al desempeño comercial de sus vecinos del Cono Sur.

Argentina cuenta con 1,3 millones de hectáreas plantadas, superando las 1,1 millones de hectáreas que posee Uruguay. Pese a tener más árboles, el impacto económico es inverso: Argentina exporta apenas entre 380 y 550 millones de dólares anuales, mientras que Uruguay genera entre 2.500 y 2.800 millones de dólares.

La explicación de esta brecha radica en las mega plantas de celulosa que se radicaron en territorio uruguayo y que procesan casi 5 millones de toneladas anuales. «Uruguay industrializó su bosque y exporta biomasa de alto valor; Argentina quedó estancada por debajo del millón de toneladas de celulosa y exporta rollizos sin procesar o productos de bajo valor agregado», sentenció Maradei.

El rezago es aún mayor frente a los líderes regionales: Chile, con 2,1 millones de hectáreas, diversificó su matriz en paneles y madera aserrada facturando hasta 6.000 millones de dólares en exportaciones. En tanto, el gigante Brasil opera en otra escala con 10 millones de hectáreas implantadas y ventas externas por hasta 15.000 millones de dólares anuales.

«En Argentina se cortan en promedio unas 35.603 hectáreas anuales (unos 350 m3 por hectárea), lo cual equivale al consumo de una sola planta de celulosa moderna en Brasil. Esto demuestra la enorme oferta de madera sólida excedente y el fuerte déficit de industrias capaces de dinamizar el clúster productivo», puntualizó.

Siete deudas estructurales que frenan al sector

Para revertir esta situación y transformar el potencial en divisas, Maradei enumeró los siete problemas principales que asfixian la competitividad del sector:

1.   Alta informalidad: El empleo en negro y el contrabando fronterizo distorsionan el mercado. Según estimaciones de la consultora, el sector registra 42.000 empleos directos formales y 69.000 indirectos (110.000 vinculados), pero la cifra real de trabajadores en el terreno se estima en los 170.000 empleos directos e indirectos.

2.   Incumplimiento de promociones fiscales: Las demoras crónicas en el financiamiento de la Ley N° 25.080 de Inversiones Forestarles dañan severamente la seguridad jurídica.

3.   Frenos a las grandes inversiones: Las trabas históricas asociadas a normativas como la Ley de Tierras (N° 26.737) limitaron el desembarco de capitales globales.

4.   Falta de financiamiento: Prácticamente no existen líneas de crédito a largo plazo para la renovación y modernización del equipamiento industrial.

5.   Costos logísticos asfixiantes: El valor del transporte interno sigue siendo uno de los mayores componentes de pérdida de competitividad.

6.   Debilidad institucional: Falta de organismos específicos con capacidad real de control y aplicación de las leyes vigentes.

7.   Vacío regulatorio en nuevos mercados: Ausencia de un marco jurídico nacional para operar de forma transparente en el mercado voluntario de carbono.

Daniel Maradei

El futuro: aliados contra el cambio climático global

Como cierre, el especialista destacó que la actividad forestal es una de las principales soluciones basadas en la naturaleza para mitigar la crisis climática actual, marcada por inundaciones y olas de calor extremas.

En un contexto global donde las potencias comienzan a aplicar aranceles e impuestos a las emisiones de carbono, Argentina ya cuenta con las primeras experiencias exitosas de certificación de créditos de carbono en regiones como Misiones, Corrientes y el Gran Chaco.

El desafío futuro, concluyó Maradei, pasa por profundizar la integración de los árboles a las actividades agrarias tradicionales mediante sistemas silvopastoriles (ganadería integrada) y plantaciones combinadas con cultivos regionales como la yerba mate, sumando valor ambiental a la rentabilidad del campo.

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