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Bioeconomía regional para reducir la dependencia de recursos fósiles: enseñanzas del conflicto bélico en Medio Oriente

La actual crisis asociada al conflicto en el Golfo Pérsico es considerada una de las más severas desde el punto de vista económico en la era moderna. Frente a este contexto internacional, Nicolás Clauser y María Cristina Area analizan la necesidad de nuevas estrategias económicas basadas en los recursos renovables para garantizar el abastecimiento, el control local y el desarrollo socioterritorial sostenible.

ARGENTINA (25/4/2026).- Las crisis globales, como el actual conflicto en Medio Oriente, evidencian la necesidad de avanzar en el desarrollo de economías regionales basadas en recursos renovables. Este enfoque permite reducir la dependencia de recursos fósiles, cuya disponibilidad y precio están sujetos a escenarios de alta incertidumbre y escaso control local.

La actual crisis asociada al conflicto en el Golfo Pérsico es considerada una de las más severas desde el punto de vista económico en la era moderna. Aproximadamente entre el 20 y el 25% del transporte marítimo de petróleo atraviesa el estrecho de Hormuz, lo que ha generado volatilidad de precios e inseguridad en el abastecimiento.

Esta situación pone de manifiesto la fragilidad de las economías dependientes del petróleo, donde un conflicto geopolítico puede desestabilizar incluso a los sistemas más robustos.

Este fenómeno no es nuevo: el precio de los combustibles fósiles ha mostrado alta variabilidad en las últimas décadas como consecuencia de distintas crisis internacionales.

En el contexto actual, el precio del barril de petróleo ha registrado incrementos superiores al 50% en determinados períodos. Asimismo, derivados como gasolina, diésel, combustibles de aviación y plásticos se han visto significativamente afectados.

De manera similar, el gas natural y productos asociados, como los fertilizantes, han experimentado aumentos considerables. En este escenario, resulta pertinente revisar las decisiones adoptadas por distintos gobiernos y reforzar la búsqueda de fuentes alternativas basadas en biomasa y materiales renovables, en el marco de la bioeconomía.

 

Bioeconomía para reducir la incertidumbre

La integración de cadenas productivas de base renovable, que ya constituyen alternativas comercialmente viables en diversas regiones del mundo, puede mitigar la incertidumbre de economías fuertemente dependientes de recursos fósiles.

Sin embargo, la bioeconomía aún se encuentra en etapas relativamente tempranas de desarrollo a escala global.

Su consolidación requiere planificación estratégica, incluyendo la estandarización de conceptos, la cuantificación de recursos disponibles y cadenas productivas, el desarrollo de marcos regulatorios, políticas públicas, incentivos financieros y formación de recursos humanos.

Organismos internacionales como el Global Bioeconomy Summit promueven estrategias integradas, fomentando la cooperación entre países, la armonización normativa y la incorporación de la bioeconomía en la formación de profesionales. Esto evidencia que su desarrollo requiere la articulación de múltiples actores.

Bioeconomía en el mundo

En los últimos años, numerosos países han avanzado en la definición de estrategias de bioeconomía. Mientras que en 2015 alrededor de 20 países contaban con lineamientos específicos, en la actualidad más de 60 han desarrollado estrategias concretas, lo que refleja una rápida expansión de este enfoque.

A nivel global, la bioeconomía representa entre el 3 y el 4% de la economía mundial (aproximadamente USD 4 trillones), con proyecciones que indican una posible duplicación en los próximos años.

En economías como Estados Unidos, China y la Unión Europea, su contribución se sitúa entre el 4 y el 6% del PBI. En la Figura 1, se muestra de manera esquemática la potencialidad de la bioeconomía.

 

En América Latina, países como Brasil y Argentina muestran una participación estimada entre el 15 y el 25% de sus economías.

No obstante, estas cifras requieren una mejor delimitación metodológica, dado que algunas actividades agroindustriales intensivas pueden generar impactos ambientales negativos si no se gestionan adecuadamente.

Figura 1. Aspectos promisorios de la bioeconomía para los próximos años.

 

Estrategias para reducir la incertidumbre

Frente a la actual coyuntura, diversos países han implementado medidas para estabilizar el abastecimiento energético. En Estados Unidos se autorizó temporalmente un aumento en la proporción de etanol en combustibles del 15% o más, mientras que en Argentina se adoptaron medidas similares vinculadas a biocombustibles, permitiendo cortes con bioetanol del 12% al 15%.

En este contexto, Brasil constituye el caso más exitoso gracias a su madurez en la bioeconomía. Mientras que en EE. UU. la gasolina subió más del 30% en marzo de 2026 debido al conflicto en Medio Oriente, en Brasil el aumento fue de apenas un 5%, gracias a su desarrollo tecnológico y a políticas sostenidas en biocombustibles.

El gobierno brasileño está evaluando elevar la mezcla obligatoria de bioetanol en la gasolina hasta un 32% para la primera mitad de 2026. Este ejemplo evidencia el valor estratégico de invertir de manera sostenida en bioeconomía.

América Latina presenta condiciones altamente favorables para este desarrollo, debido a su abundancia de recursos naturales y a la fortaleza de sus sectores agroindustrial y forestal.

La implementación de estrategias regionales, junto con la cooperación internacional, permitiría aprovechar este potencial de manera eficiente y sostenible.

Las perspectivas de la región NEA

El nordeste argentino posee un marcado perfil foresto-industrial y agroindustrial, lo que lo posiciona como un territorio estratégico para el desarrollo de la bioeconomía.

La biomasa disponible puede destinarse a la generación de energía (eléctrica y combustibles líquidos como bioetanol o combustibles de aviación), así como a la producción de bioproductos, incluyendo productos químicos, alimentos y fármacos.

El aprovechamiento integral de estos recursos, articulado mediante políticas públicas, inversión en infraestructura y fortalecimiento de capacidades técnicas, constituye la base para consolidar una bioeconomía regional competitiva.

Iniciativas regionales como el proyecto BioNA (Biorrefinerías del Norte Argentino) representan avances concretos hacia la transformación de recursos locales y su integración en la matriz productiva nacional, reforzando las oportunidades de desarrollo en la región.

En este contexto, la bioeconomía deja de ser una alternativa y pasa a constituir una estrategia central de desarrollo. Apostar por biorrefinerías y cadenas de valor basadas en biomasa no solo permite diversificar la matriz productiva y energética, sino también reducir la exposición a crisis externas, generar empleo local y agregar valor en origen.

Para gobiernos y empresas, esto implica una oportunidad concreta: transformar recursos disponibles en ventajas competitivas sostenibles.

Las regiones que logren anticiparse, articulando políticas, inversión e innovación, no solo mitigarán los impactos de futuras crisis globales, sino que se posicionarán como actores clave en una economía cada vez más resiliente, soberana y competitiva.

 

(*) Autores

Clauser, Nicolas Martin: Investigador del CONICET. PROCYP, FCEQyN, IMAM (CONICET-UNaM), Posadas, Misiones, Argentina. Profesor Adjunto de la Facultad de Ingeniería (FIO-UNaM), Oberá, Misiones, Argentina.

Area, María Cristina: Investigadora Superior del CONICET. Profesora Titular FCEQYN, UNaM. Directora del Instituto de Materiales de Misiones (IMAM, CONICET – UNaM). Directora del Centro BioNA (Biorrefinerías del Norte Argentino) 

 

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