La primeras 10 lecciones que nos deja el Coronavirus en todo el mundo

Por Marcelo Almada. Periodista y Director de ArgentinaForestal.com (*)

 

Inmersos aún en el estupor que a escala planetaria generó el Coronavirus, mientras en todos los países tratamos de procesar esta inesperada realidad de encierro y de miedos con el dolor  de contar muertos de a miles y sabiendo que aún no tenemos la cura definitiva, la pandemia sin embargo ya dejó varias lecciones que conviene ennumerar:

 

1- La revalorización de la medicina, de las ciencias y de la investigación: está claro que el conocimiento es el único camino que permitirá encontrar una solución a este flagelo que azota a la humanidad, destruyendo vidas, economía y alterando costumbres.

En las últimas décadas se consagró al mundo financiero, a la especulación económica y al juego de la bolsa  y se soslayó económicamente al profesional de la salud, incluidos médicos, enfermeros y toda la primera línea de defensa que tenemos las personas en este tema.

Ya todos tomamos conciencia del valor de los profesionales de la salud, expresándolo con aplausos todas las noches, en todo el mundo. Habrá que ver si eso después, se traduce en reconocimiento económico, en mayor presupuesto para esas áreas, y en respeto jerarquizando su trabajo, y su paga.

 

2- El rol del Estado en la Salud: muchos países habían dejado la cobertura de salud de su población casi exclusivamente en manos de las corporaciones. Y hoy están pagando un alto precio por ello. Que se entienda bien. Las corporaciones son muy necesarias, la competencia de los laboratorios y las investigaciones privadas, que se financian con inversores, esenciales para un desarrollo más rápido, como ha ocurrido en los últimos 100 años, con descubrimientos que erradicaron enfermedades y alargaron la expectativa de vida de la humanidad.  El error es dejar todo en manos privadas o todo sólo en manos del Estado.

El capital, al menos hasta ahora, solo busca más capital y atender la salud de la población, especialmente a los de menores recursos no siempre es negocio.

Esta terrible pandemia esta dejando en claro que el Estado nunca debió abandonar su rol,  y que debe volver a liderar la políticas publicas y la atención primaria de la salud en todo el planeta.

 

3- La necesaria coordinación mundial: todos los sistemas de alarma fallaron. El mundo se alertó cuando ya el virus había atravesado todos los continentes. Para peor,  las primeras voces de alarma no solo no fueron escuchadas sino que incluso fueron denostadas y hasta humilladas.

También la OMS perdió autoridad y credibilidad, varios países no siguieron sus recomendaciones e incluso se jactan de haber mejorado su situación precisamente por ello.

La misma comunidad médica, puso en dudas las recomendaciones del organismo supranacional hasta por el uso del barbijo.  Y con sus marchas y contramarchas la OMS les terminó dando la razón.

El mundo tendrá que elaborar un verdadero botón rojo, ya que  muchas catástrofes amenazan nuestra existencia.

Pandemias, meteoritos, terrorismo, cataclismos… los Estados deberían poder estar de acuerdo y reaccionar en conjunto ante el llamado de una autoridad que respeten todos los países al unísono.

Observar la diversidad de las reacciones de los presidentes Donald Trump, Jair Bolsonaro, comparadas con la de los mandatarios de Taiwan y la Argentina son un ejemplo de esa necesidad de coordinación que por ahora, solo se logra en las películas de Hollywood…

 

4- En masa somos un desastre: los libros de psicología y de sociología lo describieron, y la pandemia lo confirmó a escala planetaria. En muchos países la situación se agravó por la desobediencia de sus ciudadanos, contrarios a seguir las recomendaciones de sus gobiernos o las medidas establecidas por los mismos. Con excepción de algunas sociedades mejor ordenadas, a muchos países los terminó ordenando el miedo a morir, la trágica imagen de los muertos en las calles o la severa multa económica.

También en ese campo se deberá pensar un protocolo para que el botón rojo sea indiscutible.

En este punto se deberá establecer con absoluta claridad que el límite a las libertades individuales o incremento de autoridad de los gobiernos debe ser estrictamente mientras dure la catástrofe.

 

5- Superar la brecha tecnológica es absolutamente indispensable: mientras algunos países pudieron controlar el estado de salud de sus ciudadanos con una aplicación o recibir atención médica personalizada por medios audiovisuales, en otros los enfermos ni siquiera conseguían que les atiendan el teléfono y en muchos casos directamente morían en las calles.

La necesidad de desarrollar soluciones informáticas vía aplicaciones, y alcanzar a la totalidad de la población con conectividad de alta performance es absolutamente indiscutible.

El desarrollo tecnológico no solo salva vidas, permite que el mundo siga funcionando, como por ejemplo lo hicieron las clases y el home office, el trabajo en los hogares.

 

6- La recuperación del valor del trabajo y de la producción de alimentos: asegurada la salud está claro que el segundo elemento para garantizar la vida es la alimentación y toda la gama de producción, industria, servicios y comercialización que ello conlleva.

También aquí quedó claro que la persona más pobre de recursos económicos como hasta el más exitoso millonario necesitan, finalmente, de  un simple plato de comida.

Parece que mucha gente no lo sabe pero los alimentos se producen en el campo o en las chacras, con trabajadores que siempre han estado muy mal pagos. Será difícil cambiar eso de la noche a la mañana, pero al menos hay que empezar a pensar en ello, y en la justa distribución de la riqueza.

 

7- Menos consumismo: todo el mundo se dio cuenta que puede vivir con menos de lo que necesita habitualmente. La misma ropa, los mismos zapatos, el mismo celular, pueden se usados por la misma persona mucho más tiempo que el promedio en que lo hacíamos.

Eso incluye analizar también cómo nos transportamos. Miles de vehículos se mueven cada día con una sola persona en su interior, teniendo espacio para 4 o 5.

Ahora que habrá crisis económica, las cosas no están para derrochar petróleo ni dinero y quizás aprendamos que no resulta tan mala idea viajar en el mismo vehículo con el vecino o compañero de oficina, compartiendo gastos, y ahorrando energía y ayudando la ecología.

 

8- La oportunidad del reencuentro: millones de familias volvieron a casa a pasar muchas horas juntos.

Aunque lo originó una pandemia, esta crisis trajo una nueva oportunidad para recuperar un espacio de diálogo cara a cara, para compartir tareas cotidianas y para enseñar valores en el hogar.

También para recordad el valor de la amistad, “el sabor del encuentro”, y la necesidad de compartir los afectos que tiene esta especie social que es el hombre.  Sería bueno no olvidarlo cuando esta pandemia pase.

 

9- La recuperación del planeta: la naturaleza mostró su rápida capacidad de recuperación, tanto como los humanos veníamos mostrando nuestra rápida capacidad de destrucción.

Hay aire más puro, ríos más limpios, animales mas visibles. Hemos recibido una tremenda señal que seria bueno oír. Para mejorar la vida nuestra y de las próximas generaciones en esta nuestra casa que es el planeta tierra,

 

10- Más lento: por primera vez en la historia la humanidad paró al mundo. Frenamos todo. Viajes, industrias, finanzas, educación y trabajo…

Cuando arranquemos ¿haremos las cosas de manera distintas, o todo esto no habrá servido de nada?.

No dependerá de los gobiernos, dependerá solo de usted, querido lector y del compromiso de cada uno.

 

 

 

 

(*) Director de MisionesOnline

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