Ciencia en acción por los bosques: Diego Varela, junto al equipo de investigadores del CeIBA, aportan conocimientos estratégicos para la conservación de la biodiversidad del Bosque Atlántico

El profesional del CONICET inició en 2002 desde la ONG Conservación Argentina el proyecto del Corredor Biológico que conecta las áreas protegidas y reservas privadas entre los Parques Provinciales Urugua-í Foerster, hoy un ejemplo de restauración de la selva misionera en América Latina. Y desde hace 15 años, junto al equipo del Centro de Investigación del Bosque Altlántico (CeIBA) -asociación de participación voluntaria y no remunerada- llevan adelante además diferentes acciones, como el Proyecto Yaguareté, el Proyecto Carayá Rojo, Genética de la Conservación, la Red Argentina de Monitoreo de Fauna Atropellada a nivel nacional y el proyecto Tatú Carreta, en la región chaqueña.

Por Patricia Escobar 

@argentinaforest 

 

MISIONES (23/3/2020).- En el marco del Día Internacional de los Bosques promovido por Naciones Unidas (FAO) – celebrado el sábado 21 de marzo- este año la propuesta es valorizar el rol de su conservación ante la vital importancia que tiene para preservar la biodiversidad y los servicios ambientales para la humanidad. En Misiones, tenemos el privilegio de contar con “guardianes de los bosques”, personas que en silencio pero con gran vocación, conocimiento y compromiso social,  desde diferentes ámbitos le dedican su vida a proteger los recursos naturales para la sostenibilidad ambiental y la seguridad alimentaria.

En el ámbito de la Ciencia y la Tecnología, desde ArgentinaForestal.com realizamos una entrevista con el Licenciado en Ciencias Biológicas Diego Varela, quien junto al equipo de profesionales del Centro de Investigación del Bosque Altlántico (CeIBA) llevan adelante diferentes proyectos de investigación en conservación de la biodiversidad, de flora y fauna de la Selva Misionera.

Desde el año 2004 el profesional reside en la ciudad de Puerto Iguazú, desde donde impulsó el proyecto de conservación y restauración del Corredor Biológico Uruguaí – Foerster, junto a la ONG Conservación Argentina, recibiendo el apoyo del Conservation Leadership Programme, el comité holandés de la IUCN y la Fundación Vida Silvestre Argentina. Es socio fundador de la Asociación Centro de Investigaciones del Bosque Atlántico (CeIBA) y actualmente trabaja en el Instituto de Biología Subtropical (IBS) con sede Puerto Iguazú, integrando el Grupo de Ecología y Conservación de Mamíferos (GECoMa). Profesional del CONICET, miembro de los Grupos de Especialistas de IUCN en Cérvidos y Tapires. Además, ejerce como consultor independiente en temas relacionados a ecología de rutas, evaluaciones ambientales y conservación de la biodiversidad.

El Bosque Atlántico o Selva Paranaense es uno de los ecosistemas del país de mayor biodiversidad. En lo personal, Varela cuenta que “desde pequeño sentí una atracción especial por la Selva Amazónica, y por Misiones, junto a las Yungas en el NOA, que son las regiones de mayor exponente de las selvas en Argentina.  La situación del Bosque Atlántico a nivel global es crítica, por la pérdida y fragmentación de los bosques nativos, como también por el proceso de reducción de la fauna que está sufriendo. Misiones, todavía mantiene uno de los mayores extensiones de Bosque Atlántico subtropical a nivel global, y por eso es importante estudiar y monitorear su biodiversidad, trabajar en su conservación y restauración”, reflexiona el investigador.

Fue uno de los promotores de la creación del CeIBA, espacio institucional que cumple 15 años en el presente 2020. En la actualidad, el centro reúne a más de 50 investigadores, becarios, educadores ambientales y naturalistas entre sus socios. Si bien la gran mayoría reside en Iguazú, también integran la asociación algunos representantes en las provincias de Córdoba, Corrientes y Buenos Aires.

Varela nació en la ciudad de Necochea, en la Provincia de Buenos Aires, pero su infancia la vivió en el norte del Gran Buenos Aires. Estudió Biología en la Universidad de Buenos Aires, y desde su etapa de estudiante ya empezó a trabajar en conservación. Primero, trabajando en el Delta del Paraná, en el proyecto de conservación del Ciervo de los Pantanos, del cual sigue vinculado hasta la actualidad. Al egresar de la universidad, decidió vivir en Misiones y en 2002 impulsó el proyecto de conservación del Corredor Biológico Urugua-í Forester, hasta que finalmente se decidió por radicarse en la provincia.

“En el corredor biológico se realizaron las mejores obras del país en mitigación del impacto de las rutas , con la creación de pasos de fauna y el primer ecoducto de América Latina”. Diego Varela

 

AF: ¿Con qué fin fue creada la Asociación Centro de Investigaciones del Bosque Atlántico (CeIBA) y cuántos investigadores la integran en la actualidad?

El CeIBA fue creado en el año 2005 por un grupo de biólogos radicados en Puerto Iguazú, los cuales trabajábamos de forma independiente, en distintos grupos. La meta inicial del grupo fue aunar esfuerzos para poder tener un centro de investigaciones en ecología, biodiversidad y conservación en la ciudad de Iguazú.

Los objetivos fundacionales fueron, en primer lugar, buscar los caminos para generar conocimiento científico sobre la ecología, la conservación y el manejo de la Selva Paranaense o Bosque Atlántico del Alto Paraná, para contribuir con el desarrollo sustentable regional.

En segundo lugar, buscamos promover la formación de recursos humanos en estas temáticas; y promover también la conservación y el desarrollo sostenible de la Selva Paranaense.

Además, desde este espacio fomentamos la colaboración interinstitucional para la conservación y el manejo de los recursos naturales y promovemos la comunicación y la transferencia de conocimiento científico a la comunidad.

Este año el CeIBA cumple 15 años, y reúne a más de 50 investigadores, becarios, educadores ambientales y naturalistas entre sus socios. Si bien la gran mayoría reside en Puerto Iguazú, Misiones, también tenemos representantes en las provincias de Córdoba, Corrientes y Buenos Aires.

AF: ¿Cómo se vincula el trabajo del CeIBA con el del Instituto de Biología Subtropical (CONICET-UNaM)?

La historia del CeIBA y el IBS Nodo Iguazú (instituto dependiente del CONICET y la Universidad Nacional de Misiones) son paralelas. Uno de nuestros objetivos fundacionales fue crear un instituto o centro de investigaciones en Iguazú, y para lograrlo trabajamos durante los primeros 4 años desde el CeIBA para llegar a ese objetivo.

En 2009, comienza a funcionar formalmente el IBS, gracias a un acuerdo entre el CONICET y la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), creando un instituto de doble dependencia. Actualmente, más del 80% de los socios del CeIBA tienen su lugar de trabajo formal en el IBS, ya sea como investigadores, técnicos o becarios de CONICET o como docentes de la UNaM.

 

AF: ¿Y qué promovieron desde CeiBA desde su creación al 2020?

Muchos proyectos son fruto del trabajo conjunto entre el CeIBA y el IBS, por ejemplo proyectos emblemáticos como el Proyecto Yaguareté y el Proyecto Carayá Rojo, y también iniciativas más recientes como la Red Argentina de Monitoreo de Fauna Atropellada, a nivel nacional o el proyecto Tatú Carreta, en la región chaqueña.

Además de promover la creación del IBS y los proyectos mencionados, desde el CeIBA se han organizado numerosos talleres de conservación y congresos científicos. En 2016 fue uno de los organizadores, junto al IBS, de la Reunión Argentina de Ecología en Puerto Iguazú, donde participaron casi 700 personas.

En tanto, tenemos programado -si las circunstancias del país ante la pandemia del coronavirus y sus consecuencias logran estabilizarse- para fin de 2020 organizar en la provincia las Jornadas Argentinas de Mastozoología, un Congreso Nacional que reúne a todos los profesionales que trabajan en el estudio y la conservación de mamíferos en el país.

 

AF: ¿Las investigaciones que llevaron adelante han tenido un impacto directo en resultados en la toma de decisiones de parte de la gestión pública o en el territorio? Fuiste el promotor desde la ONG Conservación Argentina de llevar adelante la restauración de la conexión de la selva misionera en el Corredor Biológico Urugua-í – Foerster, consolidando el compromiso de propietarios de reservas privadas y articulando acciones con el Estado Provincial, logrando indicadores de recuperación de fauna en el Bosques Atlántico, por ejemplo.

La conservación de la biodiversidad necesita del trabajo conjunto entre el Estado, los investigadores, las ONGs y los propietarios privados para tener resultados concretos y medibles. Sin esa interacción y articulación es muy difícil revertir la situación de nuestros ecosistemas.

Desde el CeIBA intentamos aportar desde la investigación, el monitoreo, la educación ambiental, la capacitación y también proponiendo acciones concretas.

El proyecto Yaguareté (CeIBA/IBS), por ejemplo, contribuyó en que en Misiones la población de la especie, que se encuentra En Peligro Crítico, comience a revertir su situación en el norte de la provincia.

El monitoreo de la población está mostrando una tendencia en crecimiento, después de su caída hace más de una década. Esto es gracias al monitoreo que nos permite medir la eficiencia de las acciones de conservación que llevan a cabo el estado provincial, ONGs y propietarios privados.

Entre ellas, se ha logrado la protección dentro de plantaciones forestales certificadas FSC y la creación de reservas privadas.

El Corredor Biológico Urugua-í – Foerster es también otro claro ejemplo de éxito, en el que estoy involucrado hace 18 años. Primero desde la ONG Conservación Argentina y actualmente desde el CeIBA. En este proyecto, por ejemplo, se suman esfuerzos del estado provincial (Ministerio de Ecología, Dirección Provincial de Vialidad), de las ONGs (CA, FVSA, CeIBA) y de propietarios privados (San Sebastián de la Selva, Yateí, Los Tatetos, Reserva Yvytú, Bio-Reserva Karadya).

Considero que esta iniciativa del Corredor Biológico Urugua-í – Foerster es uno de los mejores ejemplos de implementación de un corredor biológico, con creación de numerosas áreas protegidas privadas, áreas protegidas públicas, monitoreo de biodiversidad y crecimiento del ecoturismo.

Además, el corredor biológico podemos apreciar una de las experiencias más hermosas de restauración y regeneración de la Selva Paranaense en Misiones y las mejores obras de mitigación del impacto de las rutas realizadas hasta el momento en el país, con la creación de pasos de fauna y el primer ecoducto de América Latina.

AF: ¿Hacia futuro, cuáles considera son las líneas de investigación prioritarias a seguir realizando desde CeiBA?

Hay que seguir generando conocimiento sobre las especies amenazadas, incorporar nuevas tecnologías para el monitoreo de biodiversidad (bioacústica, cámaras trampa, drones) e impulsar la ciencia ciudadana. También son importantes los estudios que pongan en valor la biodiversidad y promuevan su uso sustentable, y promover las buenas prácticas ambientales en los paisajes productivos y urbanos (forestal, agrícola, ganadero, infraestructura), maximizando la biodiversidad y sosteniendo servicios ambientales importantes.

 

AF: ¿Y el financiamiento para llevar adelante estos proyectos, dependen del CONICET o son externo?

El financiamiento es diverso. El CONICET es esencial ya que sostiene los salarios de los investigadores, técnicos y becarios, gracias a ello existe una importante masa crítica de biólogos, veterinarios e ingenieros forestales trabajando en biodiversidad en Puerto Iguazú. Los fondos para los proyectos son más escasos, pueden venir de donaciones privadas, subsidios de investigación nacionales (escasos), subsidios para proyectos de investigación y conservación que vienen del exterior, apoyo de ONGs locales como Fundación Vida Silvestre o servicios de monitoreo de biodiversidad que realizamos para algunas empresas.

En imágenes, parte del grupo de investigadores del CeIBA en Iguazú:

 

 

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