Los vivos colores de los surucuáes se destacan en la selva misionera

Junto con los tucanes, los tangaráes y los bailarines, los surucuáes forman parte de la excéntrica paleta de colores de la selva misionera. En Misiones hay dos especies, el Surucuá Común y el Surucuá Amarillo. En esta nota, te contamos más sobre las características de estos luminosos pajaritos.

Fuente: Misiones Online

 

MISIONES (Marzo 2020).- A través de una alianza con Aves Argentinas, la centenaria organización ambientalista que impulsa su Programa Bosque Atlántico, compartimos en forma semanal algunos de los secretos sobre la biodiversidad de las especies de aves del país, y de nuestra Maravilla Natural Argentina, la Selva Misionera. Exclusivo de Misiones Online.

Los surucuáes pertenecen a la familia Trogonidae, siendo los parientes más australes de los impresionantes Quetzales de Centroamérica. En la provincia de Misiones existen dos especies de surucuá: el Surucuá Común y el Surucuá Amarillo, el primero bastante más frecuente y abundante que el segundo, pero igualmente hermoso.

Se trata de aves pasivas que suelen posar en ramas despejadas desde las que observan curiosos a los caminantes de la selva.

 

Fotos:  Nicolás Pavese (Surucuá Común) / Dante Rektor (Surucuá Amarillo)

Se trata de aves de unos 27 cm de largo, de postura vertical, pico muy corto y ancho, ojos grandes y una larga cola rectangular de aspecto muy firme. Ambas especies presentan dimorfismo sexual. El Surucuá Común macho tiene el vientre de color rojo brillante, con cabeza, lomo y dorso de la larga cola de un tono azul verdoso iridiscente. La cara ventral de la cola es blanca y negra. La hembra, en cambio, tiene una coloración gris ceniza en casi todo el cuerpo y el vientre rojo un poco más claro que el macho. El Surucuá Amarillo macho, en cambio, tiene el vientre color amarillo intenso y cabeza, dorso y cola de un verde metalizado brillante. La cara interna de la cola tiene un delicado barrado blanco y negro. La hembra tiene el vientre amarillo bastante más pálido y el resto de su cuerpo es de tono ocre.

Foto: Carlos Dietz (Surucuá Común)  /  Marcelo Javier Wioneczak (Surucuá Amarillo)

Las dos especies nidifican en huecos, generalmente encuentran huecos de árboles a no menos de 2 metros de altura, aunque también pueden construir sus nidos escarbando ellos mismos en termiteros arbóreos. Para esto escarban con sus fuertes patas cortas que tienen dos dedos orientados hacia adelante y dos hacia atrás, mientras se apoyan verticalmente con la cola como soporte. Ponen 3 o 4 huevos y los pichones son alimentados por ambos padres. Su dieta se basa principalmente en insectos y larvas, también frutos.

Estas dos especies son típicas de la selva, aunque el Surucuá Común también puede hacerse presente en áreas abiertas como chacras, capueras, bordes de arroyos o caminos. Ambos suelen posar estáticos en ramas del estrato medio o alto de la selva, desde donde hacen vuelos cortos mostrando su particular y grácil silueta de cola larga y alas cortas, muchas veces aprovechando para capturar insectos en el aire.

Fotos: Laura Dodick

Además de sus plumas de colores vibrantes, sus vocalizaciones no pasan desapercibidas: el Surucuá Común emite una serie de entre 8 y 14 silbos algo aflautados, acelerados, mientras que el Surucuá Amarillo suele hacer series de 4 o 5 silbos un poco más prolongados y espaciados entre sí.

Los Surucuáes son, sin dudas, una parte del elenco de la selva misionera que no podemos pasar por alto.

 

 

Por Laura Dodick / Aves Argentinas

 

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