Sobre ecólogos y borrachos, reflexiones de un fin de semana

Por Alejandro Brown (*)

SALTA (15/4/2018).- Recientemente el Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación mencionó que ….”la distancia que hay entre un ecólogo y un ecologista es la misma que existe entre un enólogo y un borracho”. Obviamente dicha expresión generó el repudio de muchos ambientalistas que se consideraron agraviados o ultrajados.

Textual, publicado en Página 12, bajo el título Borracho, publicaron:  que el martes se reunió en Tucumán el Consejo Federal de Ciencia y Tecnología. Allí, el ministro Lino Barañao escuchó las inquietudes de las autoridades provinciales en su área. Una de ellas fue, según relató el diario La Gaceta, acerca de lo que fue mencionado como el  “fundamentalismo” de los grupos ambientalistas. El ministro de Ciencia y Tecnología hizo entonces una encendida defensa del uso de los agroquímicos y de la producción de soja y sorprendió con una comparación: “La diferencia entre un ecólogo y un ecologista es la misma diferencia que hay entre un enólogo y un borracho”.

Sin duda hemos perdido el sentido del humor y deberíamos tomar estos comentarios con cierta diversión y cierto sentido del grotesco, sin interpretar linealmente lo dicho. No podemos vivir en guerra con el mundo entero, a la defensiva, atentos desde la trinchera, listos para saltar a la yugular…..

Este comentario en el contexto que se realizó, en el ámbito de una reunión del Consejo Federal de Ciencia y Técnica, refleja una preocupación importante del Gobierno Nacional y de los gobiernos provinciales, por una escalada de demandas ambientales que dificultan o entorpecen muchos procesos de inversión productiva, que el país requiere para avanzar en la generación de empleos, riqueza que posibilite cierta estabilidad y crecimiento económico. Ciertamente el ambientalismo se ha convertido en un escollo que los sucesivos gobiernos no han sabido o podido manejar adecuadamente, sumado a la poca credibilidad que el Estado posee para el grueso de la Sociedad.

El ecólogo es un profesional de las ciencias naturales que estudia e interpreta los ciclos de la naturaleza, de los ecosistemas y paisajes, de sus componentes y la interacción entre ellos. Es decir su objetivo es estudiar y comprender científicamente al ambiente.

El ecologista por el contrario, es un ciudadano que le gusta y le interesa el ambiente y milita a favor del mismo desde el sentimiento, el compromiso social y muchas veces como excusa para canalizar la natural y juvenil rebeldía, cuando no su ideología contra capitalista. Ambos son útiles y necesarios para una administración correcta de los recursos naturales, unos generando información y otros expresando los temores y muchas veces la desinformación de la Sociedad.

Del mismo modo, el enólogo es un profesional de la vitivinícultura, su profesión está destinada a cualificar la calidad de los vinos. El borracho, beodo, kurda (no confundir con el alcohólico que es una enfermedad como recalca Landriscina), por el contrario, ha hecho del objeto de estudio del enólogo su pasión, muchas veces desmedida! Y en eso radica la similitud de la metáfora que Barañao eligió para referirse al tema, sin equivocarse, pero quizás de manera políticamente incorrecta.

Soy Licenciado en Ecología (1981) y Doctor en Ciencias Naturales (1986) de la Universidad Nacional de La Plata, y como muchos colegas nos gusta disfrutar de unos buenos vinos cada vez que se da la oportunidad, sin importar muchas veces la cantidad …gusto que muy posiblemente compartimos con los ecologistas.

Más allá de la terminología, metáforas, insultos y ofendidas, el tema en cuestión no es menor. El Norte Grande de la Argentina, la franja subtropical norteña de nuestro país, concentra una buena parte de los grandes proyectos de inversión energética, vial y de producción de alimentos y materias primas. Pero también concentra gran parte de la diversidad biológica, de ecosistemas críticos y la mayor concentración y diversidad étnica de nuestro país (más de 1300 comunidades originarias de unas 20 etnias).

El desarrollo de un proceso necesario de planificación territorial, que implica combinar armoniosamente los objetivos de intensificación productiva, de atender las reindivicaciones sociales y de preservación ambiental, requiere de profesionales, entre otros como los ecólogos, que asesoren técnicamente a quienes deben tomar las decisiones en materia de políticas públicas. También es necesaria la participación ciudadana, informada y comprometida, como la que encarnan los ecologistas,  para manifestar sus temores e incertidumbres. Pero no debemos confundir los roles y capacidades, porque de otro modo nuestro futuro como país estará seriamente comprometido.

 

(*) Presidente Fundación ProYungas

 

 

 

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