| La visión del Fondo Monetario y el Banco Mundial |
La recesión norteamericana afectará a Brasil y la Argentina, que crecería un 4,5% en 2009 y se reducirá al 3% en 2010, aun cuando se beneficie de los elevados precios de los alimentos que exporta, según los economistas del FMI. En tanto, para ambos países el Banco Mundial pronostica un impacto postergado e «indirecto».
Fuente: La Nación
WASHINGTON (11/4/2008).- .- La Argentina y el resto de América latina sufrirán una desaceleración de su crecimiento durante los próximos meses, que se acentuará en 2009 a raíz de la contracción económica que afecta a Estados Unidos y amenaza con extenderse a Europa, China y la India, según las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial difundidas ayer. La merma podría reducir el crecimiento del 8% que promedió la Argentina durante los últimos años en cerca de un punto porcentual este año, pero el crecimiento bajará al 4,5% en 2009 y se reducirá al 3% en 2010, aun cuando se beneficie de los elevados precios de los alimentos que exporta, según los economistas del Fondo. La previsión coincide con la del equipo del Banco Mundial, que expuso el «impacto heterogéneo» que podría mostrar la contracción norteamericana en América latina. Mientras los países con más vínculos estrechos con Estados Unidos -como México y Costa Rica- mostrarían «efectos directos» e inmediatos, la Argentina y Brasil -con exportaciones más diversificadas- sufrirán un impacto postergado e «indirecto». «Lo que ocurre en Estados Unidos no golpeará a la Argentina directamente, sino que ocurrirá con el correr de los meses y a través de Europa y China, que sufrirán una retracción posterior», explicó a LA NACION el economista jefe para América latina del Banco Mundial, Augusto de la Torre. Su colega Marcelo Giugale, director de Programas de Política Económica y Reducción de la Pobreza para la región, señaló otras claves que podrían afectar a la Argentina y al resto del hemisferio, como «la retracción de los flujos de capital, en especial financieros», lo que podría conllevar un retroceso de «al menos» un punto porcentual. Pero también aclaró que confía en que la turbulencia en Estados Unidos pueda agotarse en un año o menos y el impacto en América latina sea menor, quizás 0,5 puntos porcentuales. El Gobierno confía, además, en la solidez de la economía, apoyada en los superávits gemelos (fiscal y comercial), las reservas y las menores necesidades de financiamiento, entre otros ejes que expuso el ministro de Economía, Martín Lousteau, en las últimas semanas. Pero ayer fue el director gerente del Fondo, Dominique Strauss-Kahn, quien expuso el riesgo de un impacto en dos tiempos. Por un lado incluyó a la Argentina dentro del puñado de «grandes beneficiarios» de los precios más altos de las commodities , ya que su balanza comercial mejoraría más de un punto porcentual de su producto bruto interno (PBI). Así lo hizo durante su conferencia de prensa de ayer. Pero también alertó que los mercados emergentes «no son inmunes» a la situación global. «Hielo y fuego» «El diagnóstico de conjunto es que las economías resistentes [de la región] serán aguadas pero no sobrepasadas por la desaceleración en Estados Unidos y otras economías avanzadas y los traspasos de los mercados financieros internacionales», expuso el Fondo en su informe semestral. Pero aclaró que sus propias previsiones para la región «quizá se reduzcan otros 1-2 puntos porcentuales, dependiendo de la extensión del derrame financiero». La visión del FMI y el Banco Mundial va en línea con la expuesta por el Instituto Financiero Internacional (IIF) en su último reporte sobre América latina, cuyo crecimiento estimó que «continúa robusto, pero se espera que se desacelere» del 5,3% de 2007 a un 4,4% este año y al 4,1% en 2009. En el caso de la Argentina, el centro de estudios que congrega a los principales bancos privados del mundo estimó que la expansión bajará al 6,8% este año y al 4,2% en 2009. Es decir, menos de la mitad del observado en 2007, cuando llegó al 8,7%. El IIF también cargó contra las estadísticas oficiales, las que «en general se cree que reducen la inflación por un amplio margen», mientras que el Gobierno impone «controles de precios en un intento de contener la inflación oficial, creando distorsiones sustanciales». La amenaza de la inflación promete extenderse -aunque en tasas inferiores a la argentina- a los mercados internacionales por el precio ascendente de los alimentos y los combustibles, en una extraña coincidencia con el riesgo de una desaceleración generalizada. Strauss-Khan resumió esa combinación como la presencia simultánea de «hielo y fuego» y con incluso China y la India manteniendo ritmos de crecimiento «más bajos que antes», y con los emergentes viéndose quizás afectados por los «mayores costos financieros» y eventuales «flujos de capital más bajos». La Argentina ya padeció un anticipo de lo que pueden provocar los mercados más sensibles durante el último cuatrimestre de 2007, cuando al igual que Rusia afrontó algunos baches de liquidez y volatilidad solucionados por sus respectivos bancos centrales. Por Hugo Alconada Mon Corresponsal en EE.UU. de La Nación


