Energía eólica: una solución limpia a la crisis energética

EL LUNES COMIENZA EN BUENOS AIRES LA COP10

Los vientos de la Patagonia representan un potencial de energía diez veces mayor a la que utiliza todo el país. Pero Argentina tiene muy pocos molinos instalados.

Fuente: Diario Clarín

BUENOS AIRES(3/12/2004).- A partir del lunes Buenos Aires se convertirá, por segunda vez, en la sede de Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 10). Ya pasaron poco más de 10 años de aquella primavera berlinesa en la que se hizo la primera edición, y en todo ese tiempo el diálogo pasó de una discusión teórica, para convertirse en el marco ideal donde establecer políticas concretas para evitar la emisión de los gases contaminantes que producen el efecto invernadero. El gran logro está cerca: en febrero del 2005 entrará en vigencia del Protocolo de Kyoto. Pero sin esperar, varios países del mundo ya están utilizando energías renovables y limpias. Según los técnicos, nuestra Patagonia tiene 300.000 MW potenciales de instalación de una sola de esas energías: la eólica. La energía eólica se obtiene de la fuerza que genera el viento a través de molinos o aerogeneradores: sistemas mecánicos con una, dos o tres palas, los cuales giran con el viento y que, acoplados a un generador eléctrico, producen la energía. Por ejemplo, con un molino de 1 MW de potencia podría abastecerse eléctricamente a una pequeña ciudad. La Patagonia es la región que posiciona al país como uno de los de mayor potencial para la generación de energía eólica del planeta. Los expertos hablan de 300.000 MW (megavatios). ¿Qué significa este número? Para medir su dimensión basta con decir que la potencia eléctrica instalada en nuestro país es del orden de los 25.000 MW. La matriz energética argentina está conformada en más de la mitad de su volumen por energía térmica (centrales que funcionan con derivados del petróleo), luego por energía hidráulica (represas) y, en menor proporción, por energía nuclear (ver infografía). Los 300.000 MW son sólo potenciales. De hecho en nuestro país hay apenas 27 MW de energía eólica instalada. Pero si de imaginar se trata: ¿qué significaría ese volumen efectivamente instalado? Llamado a realizar la comparación, el ingeniero y especialista en energías renovables Alejandro Zitzer le dijo a Clarín.com: “podrían abastecer al país, generar hidrógeno que reemplazaría al petróleo (la energía sucia más utilizada), construir centrales combinadas que utilizaran energía hidráulica y eólica y aún quedaría algo como para exportar, por ejemplo, a Chile”. “Tiene que haber un apoyo fuerte por parte del Estado, ese es el único modo de empezar a trabajar en serio con energías renovables. Es primordial tener en cuenta que más allá de la no emisión de gases contaminantes, en la Argentina todavía hay dos millones de personas que viven sin energía eléctrica y 4.000 establecimientos de servicios públicos como escuelas, hospitales y comisarías. Estas energías son capaces de abastecer zonas a las que no llega la energía eléctrica”, advierte Zitzer. “Se trata de un recurso sumamente útil para mejorar la calidad de vida. Hay lugares donde los niños mueren porque no tienen las vacunas necesarias por carecer de energía eléctrica para los refrigeradores de los hospitales”, ejemplifica. Hasta hace un tiempo -no muy lejano- a las energías renovables se las llamaba alternativas. Hoy, con Alemania a la cabeza, ya son un hecho en varios países del mundo. También en Argentina, aunque a pequeñísima escala, la energía eólica y la solar ya están en pleno funcionamiento. Se trata de la utilización de fuentes posibles de energía que sean limpias y renovables que reemplacen a las que emiten gases contaminantes, como las que se generan con la quema de derivados del petróleo. Los recursos que se utilizan son los rayos del sol, el viento, las olas, la marea, la actividad de los volcanes, los residuos, entre otros, y las energías que generan son: la solar fotovoltaica y térmica, la eólica, la hidráulica, la mareomotriz, la geotérmica, el hidrógeno y la biomasa. Por eso es necesario, ante todo, evaluar cada región de nuestro país porque los recursos disponibles son diferentes. Pero muy abundantes. En el Noroeste de nuestro país el recurso solar es fundamental y la región Andina es fuerte en geotérmica que se extracta de los vapores de agua a alta temperatura provenientes de las profundidades de la tierra. En la Puna, por ejemplo, la energía solar fotovoltaica ya está siendo útil para acercar energía a poblaciones aisladas. En la Patagonia el recurso más importante es el viento, pero también la costa atlántica del sur ofrece olas o grandes diferencias de mareas que podrían ser capitalizadas como energía mareomotriz. La potencia que se logra obtener de los generadores eólicos es proporcional al cubo de la velocidad del viento. Por eso, en los recursos eólicos, se debe tener en cuenta que el lugar en el que se instalen los aerogeneradores tenga buena calidad ventosa y que sea constante en el tiempo. Los vientos patagónicos son ideales. A su vez, los lugares óptimos para instalar los molinos son los terrenos planos y la Patagonia tiene grandes extensiones de mesetas. Esta característica del suelo abarata también los costos de instalación de los aerogeneradores. En Europa son colocados principalmente off shore, porque carecen de espacio. Alemania, por ejemplo, tiene muchos molinos mar adentro. Pero en ese caso, la instalación es mucho más costosa que si se hace en la superficie terrestre. La Patagonia tiene grandes extensiones desérticas, lo que evitaría una de las principales desventajas de este tipo de energía: el entorpecimiento del paisaje (de alto impacto visual). Pero además, este tipo de energía es sumamente útil para épocas en las que crece el consumo y se producen picos de demanda. Estas instalaciones permiten inyectar energía a la red eléctrica para cubrir la demanda y evitar el colapso. En España, tercera potencia mundial tras Alemania y Estados Unidos en energía eólica, por cada aerogenerador instalado los particulares perciben 2.000 euros de subsidios estatales. Esto hizo que zonas españolas recónditas y pobres se revitalizaran muchísimo económicamente. “Otra política fundamental por parte del gobierno debería ser la creación de una industria nacional para construir la maquinaria necesaria para explotar esta energía”, agrega Zitzer. “Hoy los daneses siguen siendo líderes en la materia y gran parte de la maquinaria que se utiliza alrededor del mundo procede de ese país. Esto, a largo plazo, disminuiría muchísimo los costos” asegura el ingeniero. Por ejemplo, el valor de un aerogenerador instalado, de 1 MW de potencia, es de 800.000 a 1 millón de dólares. ¿Más allá de la contaminación visual, la energía eólica presenta alguna otra desventaja? “Otro de los problemas que hay que estudiar es el tema de las aves: cómo les afectaría y si la instalación de aerogeneradores traería inconvenientes con las corrientes migratorias. Pero sólo es cuestión de estudiarlo y buscar una solución”, afirma el ingeniero Zitzer. La reunión, que empieza el lunes próximo, convocó a representantes de 190 países del mundo y se discutirá el impacto del cambio climático en el planeta. Se hablará de la energía eólica y de las otras energías renovables. Aseguran que los hoteles de Buenos Aires ya están colmados y que La Exposición Rural, donde se realizará el evento, estará a pleno. Es una buena oportunidad para que la Argentina empiece a pensar seriamente en la implementación de energías renovables, como la eólica. Una solución limpia para la crisis energética. negrita/Lo que el viento no se llevó/negrita Durante la última década del siglo XX la discusión sobre el cambio climático y las fuentes de energía renovables estuvieron en la agenda de los principales países del mundo. Sin embargo, un siglo antes, ya se hablaba de esto. El metereólogo danés Poul la Cour, que vivió entre 1846 y 1908, fue el principal pionero de lo que hoy se conoce como energía eólica. Preocupado por buscar un modo de almacenar energía, instaló los primeros aerogeneradores para producir electrólisis y obtener así hidrógeno para las lámparas de gas de su escuela: la Askov Folk High School, en Askov, Dinamarca. Por Julia Tortoriello. informedeldia@claringlobal.com.ar

Fuente: Diario Clarín

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