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La película No a los Papelones se estrenará sólo en Uruguay

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El director Eduardo Montes-Bradley, director del film, ironiza sobre el conflicto de las pasteras. En la Argentina no se verá. «Le temen a los escraches», dijo el realizador, que no está a favor de las papeleras sino «en contra de los piqueteros».

Fuente: Diario La Razón

URUGUAY (11/1/2007).- «Gualeguaychú es una bosta». Dice Eduardo Montes-Bradley. Pero, ¿por qué opina Montes-Bradley sobre los asambleístas de Entre Ríos, a quienes llama ignorantes, xenófobos, fascistas, mitómanos, nacionalistas, piqueteros con pretensiones bucólicas idílicas de los nazis? Desde un cálido hospedaje en Montevideo, el escritor y cineasta argentino critica los cortes en Gualeguaychú, sencillamente, porque de eso habla su nueva película. Después de haber realizado más de 40 films, entre ellos uno sobre Osvaldo Soriano y otro sobre Julio Cortázar, que merecieron críticas esquivas, Montes-Bradley se prepara para el estreno de «No a los papelones», el documental-ensayo que se estrena mañana en Uruguay. Y eso que lo hizo casi de casualidad, cuando buscaba, en realidad, a un falso periodista que engañó a más de uno con un libro de entrevistas apócrifas. Nahuel Maciel, así se llama el fabulador, empujó a Montes-Bradley hasta el mismísimo corazón de una asamblea en Gualeguaychú, donde el director se topó con consignas contra las papeleras de Fray Bentos, con todas esas versiones del reclamo que terminó en la Corte de La Haya y que enfrenta a Argentina con Uruguay desde hace un buen tiempo. «No a los papelones» resultó ser una abierta crítica a las protestas de los asambleístas. El film se verá sólo en Punta del Este y Montevideo. En la Argentina por ahora no: Montes-Bradley afirma que habló con distribuidores locales y que uno de ellos —Pascual Condito— le dijo que la película «estaba bien», pero que no podía estrenarla «por temor a los escraches» (el realizador siente que eso es «autocensura», y se enoja «porque los piqueteros no sólo presionan al Gobierno, sino que además censuran el cine»). El film es irónico y logró lo que Botnia no: que de este lado y del otro del Río de la Plata coincidan en polémicas. Casi no hay voces oficiales, apenas testimonios improvisados de vecinos. En un pasaje de la película, el director dispara: «Los argentinos tenemos experiencia en eso de convertir entredichos irrelevantes en derrotas sublimes». Y agrega: «Pero la idea no es centrar la atención en Botnia, sino mostrar la falsedad ideológica, la violencia de la protesta y la extorsión de la clase media», torea. «La película es una farsa sobre la estupidez —define, contundente. Nadie la vio, y todos hablan de ella. Hice cuarenta películas sobre la inteligencia argentina, y sólo trasciende ésta, que hice sobre la estupidez». Montes-Bradley habla, ensaya metáforas. Explica que no está a favor de las papeleras sino en contra de los «piqueteros». Escandaliza: «No son asambleístas, son piqueteros. Son sediciosos. Delirantes. Ningunean la Constitución. No hay argumentos sensatos. La actitud es ilegal. Lo hacen porque están al pedo. No se puede violar la Constitución, reafirmar nuestros derechos ya nos costó 30 mil muertos», exagera hasta lo inverosímil. ¿Cómo dice? Yo no soy políticamente correcto. Soy un ciudadano y hablo por mí mismo. Muchos juzgan loables los cortes de ruta, pero no es otra cosa que una tontería. Una de las grandes mentiras del ambientalismo trucho es creer que Botnia viene a hacer acá lo que no le dejan hacen en Finlandia. Quedé fascinado con ese nivel de ignorancia, y de eso se trata la película.

Fuente: Diario La Razón

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