Desde Fundación Temaikèn comparten la historia del rescate de tres casos de crías huérfanas y el desafío de ayudar a sobrevivir a los animales que por diferentes circunstancias se quedan sin su mamá, siempre intentando que vuelvan a la naturaleza.
Fuente: Fundacion Temaikèn
BUENOS AIRES (29/4/2026).- Cada año, el Hospital Veterinario de Fundación Temaikèn recibe crías de animales silvestres que llegan huérfanas, muchas veces en estado crítico. En el Día del Animal, la Fundación pone el foco en una pregunta :¿qué ocurre con ellas después del rescate?
Desde el primer momento el equipo del Hospital Veterinario de Fundación Temaikèn trabaja con un objetivo claro: garantizar la supervivencia del animal sin generar dependencia de las personas, respetando siempre sus comportamientos naturales.
El proceso se inicia con una evaluación del estado general de la cría —con especial atención a su temperatura— y continúa en el área de Nursery, donde se definen pautas de peso y alimentación, entre otras. Veterinarios, cuidadores y nutricionistas trabajan en conjunto para acompañar cada etapa del desarrollo.
Un concepto clave en este proceso es la llamada “improntación”: el vínculo que un animal puede desarrollar con el primer ser con el que interactúa, confundiéndolo con su madre.
Evitarlo es la prioridad del equipo, que desde el primer momento diseña estrategias para que el animal no asocie a las personas con su cuidado.
Los detalles son determinantes: el tipo de tetina según la especie, la temperatura exacta de la leche y otras técnicas como el uso de máscaras para evitar que reconozcan rostros humanos o la incorporación de peluches que simulan el cuerpo de la madre y le brindan contención al animal.
“Para nosotros, una crianza exitosa es cuando el animal no asocia la comida ni el cuidado con el ser humano para que pueda volver a su hábitat natural», explica Martín Gaubeca, asistente de veterinaria de Fundación Temaikèn.
Casos de crianza bajo cuidado humano
· Salvarle la vista a un zorrito
Uno de los casos recientes es el de un zorrito que fue encontrado en el fondo de un pozo de una quinta. Llegó con temperatura muy baja, larvas de moscas en el cuerpo y sin respuesta al entorno. Una vez estabilizado térmicamente y con las primeras señales de alerta, el equipo evaluó su visión: el animal no seguía los reflejos visuales correctamente. Se inició un tratamiento con antibióticos, antiinflamatorios y vitaminas, y con el correr de los días su evolución fue favorable. Hoy se encuentra próximo a ser reinsertado en su hábitat natural.
· Un murciélago abandonado por la madre
Otro es el de un murciélago de la población del Bioparque, que fue abandonado por la madre y cuya crianza requirió recrear condiciones muy específicas. Como estos animales se alimentan boca abajo, el equipo diseñó un dispositivo que simula a su madre: un muñeco de PVC y látex del que la cría se cuelga, replicando su comportamiento natural. Esta estrategia no solo garantiza su desarrollo adecuado, sino que evita que el animal identifique a las personas como fuente de seguridad.
· Gatitos monteses rescatados de un incendio
También se destaca el caso de dos crías de gato montés rescatadas por brigadistas durante un incendio en el Parque Nacional Ciervo de los Pantanos, en Campana. Ingresaron al Hospital Veterinario con apenas 15 días de vida y 200 gramos de peso. Permanecieron en la Nursery recibiendo alimentación asistida con tetina especial adaptada a la especie. Tras dos meses de cuidados, permanecieron en un espacio acondicionado con vegetación y refugios, aprendiendo a alimentarse por sus propios medios y desarrollando conductas evasivas ante la presencia humana —un indicador clave de que el animal está listo para volver a la naturaleza—. A los seis meses, ambos cachorros fueron reinsertados en el parque donde habían nacido.
Si bien estos ejemplos son de emergencias evidentes, no en todos los casos la acción humana es necesaria. «Muchas veces estos animales llegan porque alguien los tocó, los trasladó o intervino sin saber. Por eso, el mejor cuidado que podemos darles es no intervenir: no tocarlos, no alimentarlos y no sacarlos de su entorno», agrega Gaubeca, resaltando la importancia de llamar a las autoridades y especialistas ante estas situaciones.





