En un extenso conversatorio, con cerca de tres horas de debate, referentes del ámbito público, privado y académico intercambiaron visiones sobre el impacto de las certificaciones FSC y PEFC en el acceso a mercados internacionales y abrieron un frente común de trabajo por la transparencia y sostenibilidad del sector forestal argentino.
Por Patricia Escobar
@argentinaforest
MISIONES (20/4/2026).- Representantes del sector forestal argentino dieron un paso decisivo en busca de lograr su u prestigio internacional en el mediano y largo plazo. En el marco de la 20ª edición de las Jornadas Técnicas Forestales y Ambientales (JOTEFA 2026), la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM) fue sede el miércoles 15 de abril de un encuentro de tres horas caracterizado por la profundidad del debate y un espíritu de colaboración sin precedentes.
El Conversatorio sobre Certificaciones Forestales FSC® (Forest Stewardship Council) y PEFC (Programme for the Endorsement of Forest Certification) se presentó como un espacio fundamental para demostrar que la actividad forestal en el país se sustenta sobre pilares de buenas prácticas, legalidad y responsabilidad socioambiental. Son sistemas voluntarios con un esquema de trazabilidad global y transparencia.
La organización del evento estuvo a cargo de la Facultad de Ciencias Forestales (UNaM) y el INTA, contando con el respaldo directo de FSC y PEFC en Argentina.
En la actualidad, en el país hay un patrimonio de 1,2 millones de hectáreas de plantaciones forestales, de las cuales un total de 560.000 hectáreas se encuentran auditadas y certificadas bajo gestión forestal sostenible.
El bloque central del conversatorio se estructuró sobre las inquietudes reales de los asistentes, abordando temas críticos como:
1. Beneficios tangibles: ¿Cómo se traduce la certificación en competitividad?
2. Diferencias técnicas: Contrastes prácticos entre los esquemas FSC y PEFC.
3. Trazabilidad: El funcionamiento de la cadena de custodia desde el monte hasta el consumidor.
4. Impacto social: La integración de la consulta previa y el respeto a las comunidades locales.
5. Sistemas voluntarios: ¿Qué diferencias prácticas existen hoy entre FSC y PEFC?
6. Asistencia técnica: ¿Qué rol cumple el/la profesional forestal en estos procesos?
7. Transparencia: ¿Cómo se incorporan los aspectos sociales, ambientales y la consulta previa?
La certificación como eje de la gestión moderna
Lejos de ser interpretada como una mera carga administrativa o un sello comercial, la certificación emergió en el debate como una herramienta estratégica de gestión. Los especialistas coincidieron en que estos sistemas permiten:
- Ordenar procesos internos y generar evidencia auditable.
- Profesionalizar las prácticas operativas en el terreno.
- Fortalecer la trazabilidad, garantizando el origen legal de la madera.
- Promover la mejora continua dentro de las estructuras organizacionales.
Entre las principales dificultades mencionadas durante el encuentro, aparecieron los costos de implementación, la necesidad de asistencia técnica, la complejidad de sostener registros y evidencias, la presión competitiva de segmentos no formalizados, y las particularidades del trabajo territorial en contextos sociales complejos.
A la vez, varios participantes coincidieron en que muchas de las exigencias de la certificación remiten, en realidad, al cumplimiento de marcos legales y buenas prácticas que deberían tender a generalizarse en el sector.
Si bien se reconoció que el proceso demanda inversiones y esfuerzos técnicos significativos, su valor reside en ser el pasaporte indispensable para la permanencia en mercados globales que hoy priorizan la sostenibilidad como un factor innegociable.
Superar las barreras de la informalidad
Uno de los puntos más honestos de la jornada fue el reconocimiento de los obstáculos que enfrentan las pymes y los pequeños productores. El conversatorio identificó que la complejidad de sostener registros, los costos de implementación y la presión de sectores no formalizados representan desafíos vigentes.
No obstante, se subrayó que gran parte de las exigencias de certificación no son más que el cumplimiento de los marcos legales vigentes, los cuales deberían ser el estándar para todo el sector.
Durante el intercambio, compartieron sus experiencias representantes las empresas certificadas y surgieron varias conclusiones relevantes. Desde la perspectiva empresarial y productiva, expusieron Lilian Ayala (PINDO), Martín Vargas (Pomera Maderas), Darío Stevens (Papel Misionero), Carlos Scarnichia (Puerto Laharrague SA y presidente de la Regional Misiones de AFOA) y Mario Ochoa, implementador FSC.
Un diálogo plural con representación federal
El encuentro rompió con el formato tradicional de ponencias magistrales para apostar por una dinámica horizontal y participativa. Con una asistencia de 86 protagonistas, la diversidad de actores reflejó la complejidad del sector: 25 estudiantes (el futuro relevo profesional); 17 representantes de empresas forestales e industrias (certificadas y no certificadas), 15 profesionales independientes y consultores, 14 integrantes de organismos públicos; 9 docentes e investigadores; y auditores, productores, referentes de pueblos indígenas y comunicadores sectoriales.
La moderación estuvo a cargo de Diego Chifarelli (INTA – FCF UNaM), con la coordinación general de Silvia Korth (FCF – UNaM) y la facilitación de Flavia Wegert (FCF – UNaM).
El equipo organizador se completó con Viviana Rambo, Marina Madoery (FCF) y Marcela Benítez (Agencia de Extensión Rural INTA Eldorado).
Durante la apertura, los organizadores destacaron que la intención no era solo informar sobre certificaciones, sino también “abrir una puerta” para seguir construyendo espacios de conversación entre el sector científico-tecnológico, el sector productivo, las instituciones públicas y las organizaciones vinculadas a la gestión forestal.

Voces protagonistas en la mesa de debate
El intercambio contó con la participación de figuras institucionales de primer nivel, incluyendo a Florencia Chavat (PEFC Argentina) y Esteban Carabelli (FSC Argentina).
La propuesta combinó una contextualización inicial sobre ambos sistemas de certificación con testimonios concretos de empresas certificadas y profesionales vinculados a la implementación y auditoría.
Desde PEFC y FSC se presentaron las características generales de cada esquema, sus alcances en gestión forestal y cadena de custodia, sus diferencias de gobernanza y los avances logrados en Argentina.
Posteriormente, las experiencias empresariales permitieron aterrizar esas definiciones en la práctica, mostrando cómo la certificación impacta en la organización interna, la mejora continua, la trazabilidad, la relación con proveedores y la proyección comercial de las empresas.
Por la Secretaria de Agricultura de la Nación, participó Sabina Vetter, directora Nacional de Desarrollo Foresto-industrial. Luis María Mestres, secretaría de Desarrollo Foresto-industrial de Corrientes, y Lorna Saks (Dirección Forestal de Entre Ríos.
Claudia Peirano, Directora Institucional de AFoA y especialista en políticas públicas, Pamela Kruszelnicki (Programa Jurisdiccional REDD+ de Misiones), Milton Morán, director de Bosques Nativos de Misiones, Tabita Giménez , diseñadora industrial y representante del Ministerio de Industria de Misiones. Diego Broz, vicedecano de la FCF y Mariano Di Stasi (FCF-UNaM). De las organizaciones ambientales, estuvo presente el presidente de Fundación ProYungas, Alejandro Brown.
Durante el conversatorio, el análisis de mercado ocupó un lugar preponderante. Se planteó que la certificación es una carta de presentación que garantiza transparencia en un escenario global marcado por el Reglamento Europeo contra la Deforestación (EUDR) y el acuerdo Mercosur–Unión Europea.
En este contexto, la superficie certificada en Argentina no es solo un número, sino un activo estratégico para ganar protagonismo en las cadenas de valor más exigentes del mundo.
«Se planteó que, más que garantizar un mejor precio, la certificación suele operar como un requisito de acceso o diferenciación, especialmente en mercados externos y en cadenas que demandan transparencia. En ese sentido, se destacó la importancia estratégica de la superficie certificada argentina y su potencial de posicionamiento internacional, en un escenario atravesado por nuevas exigencias comerciales como el Reglamento Europeo contra la Deforestación (EUDR) y el acuerdo Mercosur–Unión Europea», resumieron los coordinadores.
La apertura comercial entre la Unión Europea y el Mercosur proyecta un escenario en el que la madera proveniente de bosques certificados y cadenas de custodia verificadas tenderá a ganar protagonismo, en línea con las crecientes exigencias de trazabilidad, sostenibilidad y acceso a mercados internacionales.
Desde esa mirada, la certificación apareció como parte de una agenda más amplia vinculada a competitividad, confianza y proyección sectorial.

Conclusiones y agenda abierta
El conversatorio también dejó en claro que el sector enfrenta desafíos que requieren seguir profundizando el debate: la certificación del bosque nativo, el rol de las políticas públicas, la necesidad de construir mayor demanda interna de productos certificados, la formación de profesionales especializados, la articulación entre certificación, biodiversidad y servicios ecosistémicos, y el vínculo con comunidades, vecinos y pueblos indígenas en territorios donde la gestión forestal se entrecruza con realidades sociales complejas.
Entre las principales conclusiones, en primer lugar, se remarcó que la certificación no debe pensarse únicamente como un sello o una exigencia comercial, sino como una herramienta de gestión, que permite ordenar procesos, generar evidencia, profesionalizar prácticas, fortalecer la trazabilidad y promover mejoras continuas dentro de las empresas y organizaciones.
En segundo lugar, se destacó que, si bien certificar implica costos y esfuerzos de implementación, también abre oportunidades de acceso y permanencia en mercados cada vez más exigentes, particularmente en contextos donde la trazabilidad, la legalidad y la sostenibilidad comienzan a ocupar un lugar estratégico.
Y en tercer lugar, se puso en evidencia que persisten barreras importantes, especialmente para pymes, pequeños productores y actores que operan en contextos de alta informalidad.
«La jornada cerró con un balance sumamente positivo, dejando en claro que el sector forestal no es un compartimento estanco, sino un ecosistema donde confluyen la biodiversidad, la legalidad y el desarrollo humano. Quedaron pendientes temas para profundizar, como lograr la certificación en bosques nativos y la creación de una mayor demanda interna de productos sostenibles», precisaron a ArgentinaForestal.com.
En la JOTEFA 2026 se logró, mediante este diálogo, ordenar las prioridades de una industria que se percibe a sí misma como motor de la economía verde en Argentina.

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