Últimas noticias

Opinión

Estados Unidos | Intensas llamas en Arizona y Utah generan “nubes de fuego” que crean su propio clima errático

Desde el 13 de julio luchan al oeste de Estados Unidos con incendios forestales, y las intensas llamas alimentan formaciones atmosféricas peligrosas, agravan la emergencia y obligan a evacuar comunidades enteras, al crear nubes pirocúmulos, también conocidas como “nubes de fuego”.

 

Fuente y foto: AP

 

ESTADOS UNIDOS (1/8/2025) – En el oeste de Estados Unidos, dos incendios forestales de magnitud descomunal no solo arrasan miles de hectáreas, sino que han comenzado a alterar la atmósfera: están generando nubes pirocúmulos, también conocidas como “nubes de fuego”, capaces de crear su propio sistema meteorológico errático, poniendo en riesgo a bomberos y comunidades enteras.

En Arizona, uno de los incendios destruyó el histórico Grand Canyon Lodge, y ha consumido más de 424 kilómetros cuadrados. Actualmente, solo un 9% del fuego ha sido contenido, convirtiéndose en el incendio más grande en territorio continental de EE. UU.

En paralelo, otro siniestro avanza sin control en Monroe, Utah. Desde el 13 de julio ha arrasado 194 kilómetros cuadrados y está contenido apenas en un 11%. Las autoridades ordenaron evacuaciones en múltiples ciudades, y los incendios provocaron cortes de electricidad al quemar postes del tendido eléctrico en la zona centro-sur del estado.

 

“Nubes de fuego”: una amenaza que viene del cielo

Una de las mayores complicaciones que enfrentan los equipos de emergencia son las nubes de convección pirocúmulos: formaciones imponentes que emergen sobre los focos de incendio, generadas por el aire extremadamente caliente que asciende en grandes columnas de humo.

Según se define técnicamente, un pirocúmulo (o pyrocumulus) es una nube del tipo “cumulus” que se forma debido al calor generado por un incendio forestal (u otra gran fuente de calor, como un volcán), según el glosario de El Batefuegos.

Su proceso de formación es prácticamente el mismo que el de las tormentas de verano. A nivel de superficie tiene que haber un foco de calor de grandes dimensiones. El aire cálido es menos denso que el frío y asciende a gran velocidad, junto al resto de partículas que se desprenden del incendio (o de un volcán). Pero llega un momento en el que ha ascendido tanto que toda esta masa de aire se encuentra con otra mucho más fría, provocando la condensación del vapor de agua que está ahí presente.

En este momento se forma una nube en la parte superior a la columna de humo. Ocasionalmente, puede llegar a producir precipitaciones en forma de agua y/o descargas eléctricas.

Durante siete días consecutivos, se han observado estas nubes sobre el incendio de Arizona, alimentando las llamas con vientos secos y poderosos, según explicó Lisa Jennings, oficial de información de incendios. Estas formaciones pueden alcanzar varios kilómetros de altura, visibles desde grandes distancias, y adoptar la forma de un yunque o una lanza que perfora el cielo.

Su versión más extrema, conocida como piro-cumulonimbus, es una tormenta eléctrica generada por el fuego.

Esta semana, una de ellas colapsó sobre sí misma en Utah, provocando vientos violentos en todas direcciones y forzando a varios equipos de bomberos a replegarse por razones de seguridad.

“Cuando estas nubes colapsan, pueden generar corrientes descendentes extremadamente peligrosas que propagan el fuego con rapidez. Es un fenómeno que vigilamos de cerca porque representa una amenaza directa para quienes trabajan en el terreno”, explicó Jennings.

 

Tornados de fuego y el “dragón que escupe fuego”

l fenómeno es tan potente que la NASA lo ha apodado “el dragón de nubes que escupe fuego”. De hecho, una nube de este tipo provocó recientemente un tornado de fuego en el este de Utah, con ráfagas de viento estimadas en 196 km/h, arrasando un vecindario entero.

“Podemos imaginar el fuego como un globo aerostático: genera flotabilidad, y eso hace que el aire ascienda violentamente”, explicó Derek Mallia, científico atmosférico de la Universidad de Utah. “Lo que se forma es una tormenta eléctrica gigante sobre el fuego, con vientos intensos debajo. Y como ocurre en el Oeste, esas tormentas son muy secas, lo que complica aún más el panorama”.

Según Mallia, este tipo de nubes podrían volverse más frecuentes a medida que el cambio climático intensifica las temporadas de incendios, prolonga las sequías y desencadena fenómenos meteorológicos extremos. “Estamos viendo cómo el fuego ya no solo consume tierra y bosques, sino que también altera el cielo, creando su propio clima. Eso hace que combatirlo sea mucho más impredecible y peligroso”.

La gravedad de la situación ha puesto en alerta máxima a las autoridades. Además del impacto ambiental y humano inmediato, los incendios plantean interrogantes urgentes sobre la adaptación climática y la necesidad de reforzar las estrategias de prevención y respuesta ante desastres cada vez más extremos.

Artículos relacionados