Hacia un comercio exterior más verde y finanzas más sostenibles

En el reciente informe publicado sobre “Transición hacia una economía verde, una oportunidad internacional para encarar la pospandemia”, de autoría del director del  Centro de Desarrollo Sustentable de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, Marcelo Corti, marcan lineamientos sobre la transición justa como paradigma de una recuperación inclusiva y sostenible para la Argentina, en el contexto de la pospandemia. Fue elaborado en el marco del proyecto PAGE (Alianza para la Acción por una Economía Verde, por sus siglas en inglés), una iniciativa interagencial de las Naciones Unidas.

 

Por Patricia Escobar

@argentinaforest

 

ARGENTINA (15/6/2022).- Un documento sobre “Transición post Covid-19 hacia una economía verde” fue publicado recientemente, de autoría del director ejecutivo, Marcelo A. Corti, y se da en el marco del proyecto PAGE (Alianza para la Acción por una Economía Verde, por sus siglas en inglés), una acción conjunta de cinco agencias de las Naciones Unidas: ONU Medio Ambiente, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), el Instituto de las Naciones Unidas para Formación Profesional e Investigaciones (UNITAR) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Del estudio, participaron también como coautores Julián Gabriel Leone, Luis Fernando Couto y Julián Corres. Por otra parte, colaboraron Juan Manuel Rodríguez Repeti, María Eleonora Botello, Leandro Sánchez y Sofía Ayelén Caruana.

“Este estudio muestra los desafíos que se plantearon a nivel mundial como consecuencia de la pandemia y es un aporte para lograr una transición justa, inclusiva y sostenible. Pretende también ser de utilidad a los tomadores de decisión que son quienes deben tener en cuenta, mediante indicadores y fundamentos, las distintas alternativas que guíen a la sociedad en esta transición justa hacia un mundo mejor y más equitativo”, resumen en el documento.

La dimensión verde tiene mucho para aportar en un sendero de recuperación sostenible, y es a fin de ubicarse como prioritaria a la hora de diseñar una estrategia nacional de integración comercial. Es en esta línea donde resulta importante llevar adelante un proceso de transición justa con sustentabilidad ambiental que tenga en cuenta los sectores clave del comercio exterior nacional.. 

El impacto del COVID-19

La crisis sanitaria a causa del COVID-19 a partir del 2020 sumado a la problemática del cambio climático, puso al mundo, y en particular a Argentina, en un estado de alerta que tenía como prioridad resguardar la vida de las personas. La principal consecuencia del contexto fue la desaceleración económica. Ante la oportunidad de tener que reconfigurar el modelo de crecimiento, la agenda del trabajo decente surge como un motor para el desarrollo sostenible y la generación de empleos verdes como su complemento.

En este sentido, el estudio publicado propone un aporte significativo a los principales desafíos del país y la región para reubicar los compromisos ambientales como ejes prioritarios de cara a una inserción comercial plena y sostenible. Además, suma fundamentos para encarar la urgente transición bajo sistemas de información estratégica que permitan tomar decisiones e implementar políticas públicas más inteligentes y efectivas.

Para elaborar este documento, se tuvo en cuenta el estado de la situación económica argentina prepandémica, los impactos socioeconómicos derivados de esta crisis en los diferentes sectores de nuestro país, sus consecuencias en la población, y específicamente en el empleo, y las políticas públicas implementadas. Por lo tanto, busca demostrar que la transición justa debe ser, y es, el puente por el que se debe transitar para asegurar que las medidas que acompañen la innovación tecnológica, la recuperación verde y el futuro del trabajo sean compatibles con los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS) en sus distintas dimensiones.

Principalmente, este documento pretende ser de utilidad a los tomadores de decisión que son quienes deben tener en cuenta, mediante indicadores y fundamentos, las distintas alternativas que guíen a la sociedad en esta transición justa hacia un mundo mejor y más equitativo. Asegurarla requiere de un conjunto de incentivos y beneficios para las personas trabajadoras, basados en educación y la protección de los derechos humanos como base para encarar la recuperación inclusiva, sostenible y ajustada a los objetivos climáticos.

En el análisis de este estudio, se demuestra el rol fundamental del sistema internacional para promover y conformar mecanismos financieros que desalienten el endeudamiento, principalmente en países en vías de desarrollo, en procesos no sostenibles de extracción de recursos naturales (generación energética o producción), impulsando a su vez fuentes de financiamiento que promuevan una recuperación verde. Pero también, es deber del propio Estado impulsar la transición hacia una economía inclusiva, baja en emisiones y en consecuente equilibrio con la sociedad y el ambiente.

En palabras del autor, Mg. Marcelo A. Corti: ”…la recuperación económica pospandémica en Argentina debe basarse en un proceso social y ambientalmente sostenible, considerando las limitaciones presentes (reducido espacio fiscal y disponibilidad de divisas), las exigencias de los mercados internacionales (acceso a la inversión y crédito externo condicionados por factores ambientales), las posibilidades derivadas del uso eficiente de los recursos naturales y la economía circular para mejorar la competitividad, y el considerable potencial de generar empleos verdes en aquellos sectores más afectados por la crisis.”

Continuando, Corti destacó: “Ha quedado en evidencia que “nadie se salva solo”, por eso necesitamos terminar con la grieta que sólo favorece a unos pocos sectores y construir un Acuerdo Estratégico Integral amplio que defina el futuro de nuestro país en beneficio de toda nuestra población. Argentina una vez más dispone de todo lo necesario para recuperar protagonismo en el mundo global: recursos naturales diversos como pocos países del mundo (desde litio e hidrocarburos, hasta fuentes renovables, biodiversidad y agua), un sistema científico tecnológico de los más destacados a nivel global y un capital humano envidiado y aprovechado por las potencias más desarrolladas. ¿Cuántas oportunidades más vamos a dejar pasar?”

Oportunidad internacional de avanzar hacia una economía verde

En la estructura productiva argentina, las actividades “verdes” son relativamente pequeñas y constituyen subsectores dentro de complejos productivos mayores que –ya sea por responder a los requerimientos para exportar, las regulaciones o la promoción asociada con políticas públicas– se fueron consolidando con un mayor grado de sustentabilidad. Uno de los principales desafíos para el país y la región es reubicar sus compromisos ambientales como ejes prioritarios de cara a
una inserción comercial plena y sostenible.

Una posible fuente de inserción sustentable de la Argentina en el comercio internacional podría derivarse a través de los servicios, los cuales en los últimos años presentan una tendencia creciente dentro de las exportaciones: su nivel se incrementó en casi un 81 por ciento entre 2006 y 2020. Teniendo en cuenta que los servicios son aquellos productos de la economía en donde se presenta mayor utilización de capital humano y remuneraciones medias superiores a la de la producción de bienes, además que el requerimiento de insumos e impacto ambiental es menor.

  • Turismo, servicios basados en el conocimiento y bonos verdes

Dentro de ellos, el turismo representa el 37 por ciento de las exportaciones de estos, por lo cual es importante perfilar prácticas amigables con el ambiente en el turismo.

Además, los servicios intensivos en conocimiento fueron tomando una relevancia notable en las últimas décadas en las exportaciones argentinas de servicios, pasando a ser en promedio el 57 por ciento de estas. De hecho, durante el mes de diciembre 2020 el gobierno ha reducido al 0 por ciento los derechos de exportación de los servicios basados en el conocimiento, en el marco de la
reglamentación de la Ley de Economía del Conocimiento, a través del Decreto Nº1034/PEN/2020.

Con relación a las lecciones y posibilidades en los mercados financieros, las finanzas sostenibles y los bonos verdes representan una oportunidad de recuperación inclusiva y sostenible que ha avanzado progresivamente en los últimos años, aunque todavía existen desafíos para que se conviertan en la mayor corriente de financiamiento para las empresas.

Entre esos desafíos cabe mencionar: concientizar al sector privado de lo imprescindible de su rol; estandarizar el lenguaje a escala global, categorizando actividades y productos sostenibles; lograr la transparencia en la comunicación de las empresas con respecto a información no financiera, a través de indicadores mensurables, fiables y comparables; integrar a las pymes, desarrollando mecanismos adecuados para que progresen en materia de sostenibilidad; y destinar fondos específicos para el cumplimiento de los ODS y la Agenda 2030 (Pacto Global 2020).

Argentina cuenta con diferentes iniciativas que buscan dar un salto cuantitativo en cuanto al rol que las finanzas deben desempeñar dentro de la economía. Por un lado, en junio de 2019 tuvo lugar la firma del Protocolo de Finanzas Sostenibles de la Industria Bancaria en Argentina, del que participaron 18 bancos, cuyo objeto es facilitar y fomentar en entidades financieras la implementación de las mejores prácticas y políticas internacionales que promuevan una integración entre los factores económico, social y ambiental hacia un Desarrollo Sostenible (Centro de Desarrollo Sustentable Geo 2021).

Durante el 2020 existieron experiencias promisorias dado que varios firmantes colocaron bonos verdes, como el caso del Banco Santander para financiar un parque eólico o del lanzamiento de la línea de créditos para empresas sustentables y de triple impacto del Banco Galicia.

Al mismo tiempo, la Comisión Nacional de Valores (CNV), que ya en 2019 aprobó los “Lineamientos para la emisión de valores negociables sociales, verdes y sustentables en Argentina”, pretende promover el desarrollo de emisiones con impacto ambiental y social, con la idea de que aquellos que recurren al mercado de capitales lo hagan considerando un enfoque sustentable y de triple impacto (CNV, 2020).

Al respecto se lanzó en enero de 2021 un procedimiento de elaboración participativa de normas para un régimen especial de productos de inversión colectiva, sostenibles y sustentables. Asimismo, se pusieron a disposición las guías “Inversión socialmente responsable en el mercado de capitales argentino”, “Emisión de bonos sociales, verdes y sustentables” y “Evaluadores externos de bonos sociales, verdes y sustentables” (MECON 2021).

  • Bioeconomía

La bioeconomía representa una oportunidad de relanzar sectores tradicionales de la economía Argentina, como la agricultura y la ganadería, permitiendo rediseñar estas actividades en términos más sustentable, aprovechando la creciente demanda de productos amigables con el ambiente.

Se define globalmente a la bioeconomía como “la producción, utilización y conservación de recursos biológicos, incluidos los conocimientos, la ciencia, la tecnología y la innovación relacionados, para proporcionar información, productos, procesos y servicios en todos los sectores económicos, con el propósito de avanzar hacia una economía sostenible” (GBS 2018).

Las diversas actividades asociadas a la bioeconomía no necesariamente son sinónimos de sustentabilidad. Se debe garantizar el desarrollo de la bioeconomía con un propósito de sostenibilidad e inclusión social, mediante el rediseño de políticas productivas que promuevan la implementación de una estrategia de bajo carbono, conservando los ecosistemas, la biodiversidad y el control de la contaminación.

En virtud de este nuevo paradigma productivo derivado de la bioeconomía, se destacan la agroecología y la agricultura orgánica, la industria forestal, así como las oportunidades en medicina y farmacéutica, donde la biotecnología podría representar la producción de antibióticos, fármacos o vacunas más seguras.

La Argentina presenta, en términos de bioeconomía, una oportunidad de desarrollo sustentable vinculado a la explotación del sector agropecuario en general y en particular de uno de sus principales activos, el suelo. El desarrollo del presente sector puede tener un efecto derrame en términos económicos vinculados a economías regionales y la demanda de mano de obra.

El crecimiento y desarrollo de la bioeconomía en el país puede verse promovido por los actores vinculados a la generación de conocimiento científico y tecnológico (con un rol destacado durante la pandemia de la COVID-19) siendo importantes tanto las instituciones públicas (universidades nacionales, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) e Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA),
entre otros), así como también el sector productivo (empresas relacionadas con los sectores de alimentos, forestal y energía) (PAGE 2020).

  • Economía circular

La economía circular se ha posicionado en los últimos años como una de las perspectivas sistémicas más importantes para pensar el rediseño de los esquemas abordando el manejo eficiente de los recursos. Su objetivo es que el consumo de bienes y servicios no dependa de la extracción de recursos vírgenes, asegurando bucles cerrados que eviten la eventual disposición de bienes consumidos en vertederos. Con el fin de generar ciclos de producción cerrados, resulta fundamental que se proporcionen los incentivos económicos necesarios para garantizar que en el consumo posterior los productos se reintegren corriente arriba en el proceso de fabricación.

Si bien en los últimos años el cambio tecnológico ofrece mejores herramientas para la migración hacia la economía circular, y los marcos regulatorios de algunas economías se han orientado a limitar y a poner valor a las externalidades negativas (precios a la contaminación), la Argentina no ha avanzado aún con planes o programas nacionales orientados por este paradigma. Aunque en algunas jurisdicciones la legislación en materia de gestión integral de residuos está guiada por objetivos de prevención, disminución y reciclado, el país no cuenta con una regulación integral que aborde la producción y el consumo sostenible orientada bajo este paradigma.

Tampoco lo hace con normas bajo la responsabilidad extendida del productor (REP)21, especialmente en corrientes de residuos como los envases y embalajes, residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, neumáticos, demolición, etc., legislación que sí existe en numerosos países de la región.

Transición energética, transporte y movilidad

La reorganización del sector energético aparece como uno de los desafíos más destacados para la “nueva normalidad”. Con una contribución aproximada del 2 por ciento del PBI y una participación del empleo registrado en torno al 1,3 por ciento (73 mil empleos aproximadamente) la pandemia brinda al sector enormes oportunidades en materia ambiental.

En primer lugar, los combustibles fósiles, una de las principales fuentes convencionales de energía, vieron desplomar sus cotizaciones a los mínimos más bajos de la historia. Si bien su impacto en la Argentina resultó menor, la rentabilidad de proyectos como Vaca Muerta se veía reconfigurada, mientras el sector requería el auxilio de la administración pública. Aunque la paulatina recuperación económica traería una recomposición en la demanda, deja un gran interrogante en torno al dinamismo en su oferta y el reajuste en su producción, pudiendo significar esto último una clara oportunidad para un esquema sustentable.

Al mismo tiempo, las oportunidades, podrían traducirse en dos principales líneas futuras a impulsar por las políticas públicas. Por un lado, la adaptación de distintas industrias y procesos a una base de eficiencia energética. Por el otro, la reconversión de una matriz energética hacia una creciente participación de fuentes sustentables y de generación de energías limpias.

El crecimiento de la generación de las energías renovables, que han triplicado su participación entre los años 2018 y 2020, forma parte de una política nacional que busca su fomento. La Ley 27.191 de Fomento de Energías Renovables establece objetivos de cobertura del consumo total de energía eléctrica: 8 por ciento al de diciembre de 2017 y en forma ascendente hasta llegar al 20 por ciento al 31 de diciembre de 2025.

Asimismo, el transporte de personas durante la COVID-19 ha significado un desafío en sí mismo, en una primera instancia por la restricción de posibles traslados masivos como potencial foco de contagio, pero además por un cambio de hábitos derivado de ello, a partir del uso de opciones más sustentables en una lógica de ciudades con servicios cercanos.

También su volumen ha sido afectado por el teletrabajo que llegó en tiempos de pandemia, pero que en muchos rubros se planea establecer como una opción durable.

La planificación urbana impulsada por paquetes económicos que ayuden a desarrollar el proceso de descarbonización, minimizando las distancias entre hogares y trabajo, puede ser una herramienta clave en la transformación del sistema de transporte. En el caso particular de América Latina, la electrificación del sistema de transporte podría ser un potencial instrumento no solo para limpiar el aire de las ciudades, sino también para aumentar la eficiencia en el transporte y generar nuevos empleos verdes (UNEP 2020 b).

El turismo es un sector muy importante para la creación de empleo, empresas y trabajo principalmente para los jóvenes. Se estima que el turismo es responsable de alrededor del 5 por ciento de las emisiones de CO2, además de que se aprovecha de un conjunto de bienes públicos (ambientales y culturales) promoviendo conflictos con el uso de la tierra, la “gentrificación” y la contaminación. Esto se debe, en parte, a la fragmentación del sector que genera des-coordinación en el uso eficiente de recursos (OIT 2019).

En este contexto, el turismo natural, rural y de cercanía, que estaban en creciente auge como prácticas en el mundo, se han resignificado de cara no solo a la pospandemia sino también a la actualidad, dada la mayor seguridad sanitaria de las actividades al aire libre. Es por ello que el programa Ruta Natural Argentina del Ministerio de Turismo y Deportes, que propone el desarrollo del turismo de naturaleza, con el componente de sostenibilidad, educación ambiental y divulgación, surge como una opción representativa del sector para la nueva normalidad.

 

Fuente: Extraído del resumen ejecutivo del  informe “Transición justa: un paradigma de recuperación inclusiva y sostenible en la Argentina pospandémica”

 

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